REVOLUCIÓN, INTELECTUAL Y CINE EN LA CUBA DE 1968

Del 21 al 24 de mayo se celebrará en Chicago un nuevo Congreso de LASA. En esta ocasión, el tema general de discusión será “Memoria y democracia”, y sus organizadores han convocado al debate académico a través de un conjunto de interrogantes que me parecen formidables, como esta que en lo personal se me antoja la más provocadora: “¿Cuál es la obligación de la actual y de las futuras generaciones para honrar las pruebas pasadas y centrarse en el análisis de los conflictos y discutir sobre las diferentes interpretaciones del pasado?”.

Sobre esa base propusimos un panel que se aproxima a la actividad audiovisual en Cuba, y que afortunadamente fue aprobado, quedando del siguiente modo:

PANEL

Session Organizer: Danae Carbonell Dieguez (Instituto Superior de Arte)

Discussant: Danae Carbonell Dieguez (Instituto Superior de Arte)

Chair: Juan Antonio García Borrero (Unión de Escritores y Artistas de Cuba)


Presenter(s):

Revolución, intelectual y cine en la Cuba de 1968

Juan Antonio García Borrero (Unión de Escritores y Artistas de Cuba)

Cineperiódico, la otra memoria filmada de la Revolución cubana

Emmanuel Vincenot (Universidad François Rabelais de Tours)

Nuevo cine cubano: La desmemoria significante

Gustavo Arcos Fernandez-Britto, (Universidad de las Artes, ISA)

¿Democracia de la memoria, es posible? Cinemateca de Cuba: Antecedentes, trayectoria y presente.

Alicia García García, (Cinemateca de Cuba)

El panel promete ser polémico, toda vez que se revisarán zonas de nuestra historia cultural que aún esperan por una mirada académica que saque a la luz, de modo ecuánime, los elementos y dispositivos que han terminado por conformar la memoria que tenemos de ese pasado que todavía nos habita.

En el caso de mi propuesta, estoy consciente de que mi interpretación del asunto puede levantar varias objeciones. Hasta ahora, hemos hablado del cine cubano de los sesenta como parte de una identidad casi incuestionable que se asocia a lo “prodigioso”, a lo “dorado”. Yo he preferido romper con ese enfoque sospechosamente armónico y hablar desde las crisis y las tensiones que latían a diario por debajo de ese discurso oficial que ha llegado hasta nosotros.

Para ello he optado por invertir el modo de aproximación al fenómeno, y en vez de disertar sobre las películas ya terminadas y su impacto sobre mí (que es lo que académicamente hemos estado haciendo hasta ahora) husmear en los antecedentes, en la intrahistoria, o en lo que llamo la historia fangosa, esa donde algunos de los actores todavía no habían alcanzado la autoridad histórica de la que hoy gozan, y otros permanecían activos en escena, aún sin conocer los rigores del olvido y la censura.

El hecho de que mi texto se ocupe de lo sucedido en la Cuba de 1968 sé que lo puede convertir en blanco de infinitas y encontradas interpretaciones. El 68 figura en el imaginario mundial como un año de gran impacto, pero en lo local, fueron doce meses muy singulares, y esas singularidades y contradicciones son las que se suelen pasar por alto cuando se interpreta aquello que se ve en el conjunto de películas estrenadas en su momento.

Nuestro 68 se inicia con el hoy olvidado Congreso Cultural de La Habana, foro donde se discutió de un modo intenso (llegando en algún momento a lo solariego) cuál debía ser el papel de un intelectual en aquellas circunstancias de rebeliones sistemáticas y procesos de descolonización, y todo ello todavía bajo el impacto que provocaría en octubre del 67 la inesperada muerte del Che.

Es el año en que se festejan en Cuba los cien años del inicio de las luchas por la independencia de España, lo que implica un peso simbólico extraordinario (algo fácil de notar en la producción cinematográfica del momento). También es el año en que Aníbal Escalante es defenestrado públicamente, acusado de encabezar la llamada “microfracción”, y el que da inicio a la hoy tan cuestionada “Ofensiva revolucionaria”. Así como el año del primer Padilla. Y, por último, pero no menos importante,es el año en que Fidel apoya la invasión soviética a Checoslovaquia, despertando los recelos y/o críticas de una parte de la intelectualidad de izquierda que hasta entonces veía en la revolución cubana un modelo de independencia ideológica.

En mi ponencia intento rastrear cuál ha sido la impronta de estas tensiones en los hombres que hicieron las películas de la época. Las que se estrenaron y las que se guardaron. Se trataría, más bien, de un esfuerzo por elaborar una suerte de “historia de las ideas” (no de “historia de las películas”) en el cine cubano de entonces. Pero no de las ideas hegemónicas (las que aparecían en los editoriales del periódico Granma y se compartían en la revista Cine Cubano), sino de las que estaban presentes y colisionaban en el plano más cotidiano, más íntimo, y que hoy podrían recuperarse a través de las consultas a fuentes hasta hace poco inaccesibles (epistolarios de Alea y Alfredo Guevara, por ejemplo).

Cuando falta una pieza clave del pasado”, nos ha dicho Michelet, “la memoria es incompleta, el presente es borroso y el futuro imperceptible”. La interrogante de los organizadores de LASA que mencioné al principio y que pregunta sobre cuál sería nuestra obligación a la hora de discutir las interpretaciones a las que ha sido sometido el pasado, encontraría parte de la respuesta allí: examinar todas las piezas que conforman ese pasado; no excluir del examen a ninguna, por inútil que nos parezca hoy o nos hayan dicho que resulta. Con ello contribuiríamos a construir una Memoria (la escribo con mayúscula) verdaderamente democrática, inclusiva, que nos permita pensar en un futuro que no reitere los mismos errores del pasado, y ayude a paliar los males de este presente cada vez más ferozmente capitalista, cada vez más de “sálvese quien pueda”.

Tengo la seguridad de que ese panel, con sus múltiples visiones, puede contribuir a ello. La mala noticia, en lo personal, es que no podré estar físicamente allí. La buena es que el ensayo, gracias al investigador Mariano Mestman, formará parte de un libro colectivo sobre los cines del 68 en América Latina, a publicarse por la prestigiosa Ediciones AKAL. Otra manera de seguir hablando y discutiendo sobre el tema.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el mayo 6, 2014 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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