COLOR Y DIRECCIÓN DE ARTE EN EL AUDIOVISUAL CUBANO

El uso del color, y en sentido general, la dirección de arte, es algo que todavía espera un estudio profundo en las investigaciones relacionadas con el audiovisual cubano. Lo cual no es justo, pues si bien en las películas del patio ha predominado el llamado realismo, con esa tendencia a retratar la realidad de un modo casi periodístico, abusando de los diálogos, y los conflictos explícitos puestos en boca de los personajes a la manera del melodrama radiofónico, ya existen varios ejemplos de creación de universos autónomos.

El uso creativo del color en el cine cubano, por ejemplo, habría que comenzar a localizarlo en los años sesenta, con ese excelente documental de José Massip titulado Historia de un ballet (Suite Yoruba)/ 1962. A propósito de estos experimentos fundacionales, el talentoso director de fotografía Raúl Rodríguez ha apuntado:

Visto años después se ve como algo novedoso en la utilización del color y en el montaje. Hay un trabajo en la iluminación que no ha envejecido. Y en el caso de Jorge Herrera con Los días del agua, hizo una película muy experimental desde el punto de vista del color y de la imagen. El cine cubano en color se caracteriza, y estas dos películas son ejemplos de ello, por su anticonvencionalismo”.

Del audiovisual cubano más reciente se podrían señalar varios ejemplos de uso notable. En lo personal, pienso que una película como Papeles secundarios (1989), de Orlando Rojas, marcó un antes y un después en cuanto al protagonismo del director de arte dentro de la película. Esa senda (que evidentemente le debe mucho a Erick Grass) ha sido transitada y enriquecida por Fernando Pérez, pero también por realizadores más jóvenes como Juan Carlos Cremata, Arturo Sotto, o Esteban Insausti, quien en Larga distancia nosha regalado en este rubro uno de los trabajos más sólidos del cine cubano de todos los tiempos.

Iba a decir espectacular, pero este término podría sugerir el equívoco de creer que la dirección de arte, mientras más artificiosa, más trascendente. Cuando en verdad, a veces conseguir un entorno minimalista, apegado al espíritu de lo que se quiere contar, resulta más arduo de lograr que si se intentara en pantalla una mala réplica de lo que Hollywood a diario nos propone con sus presupuestos millonarios.

Por otro lado, el uso del color exige un rigor y una sutileza que rara vez se aplica de la misma manera que se atiende al guión, por ejemplo. Y ya lo decía de modo magistral Baudelaire: “Los grandes coloristas saben hacer color con un traje negro, una corbata blanca y un fondo gris”.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el abril 25, 2014 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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