DE GUSTAVO ARCOS A GARCÍA BORRERO

Juany:

Añado algunas observaciones a tus palabras.

Sería iluso pensar que los eventos y sus mesas o paneles de discusión son actos que despierten un interés masivo. Se circunscriben a temas, fenómenos o saberes específicos y aunque la promoción puede jugar una rol importante a fin de hacerlos visibles, suelen convocar solo a los interesados que generalmente son una minoría. En cualquier caso, prefiero cinco receptores con ansias de pensar y exponer a conciencia un grupo de ideas, que mil cabezas amodorradas que hayan sido movilizadas por vaya a saber qué utilidad superior.

Está claro que lo que puede ser para ti o para mí, atractivo o necesario discutir hoy, no lo es para muchos otros. Por tanto, no se trata de obligar, o movilizar a punta de pistola, sino de ofrecer un grupo de opciones, alternativas o ideas lo suficientemente seductoras, capaces de generar interés y debate público. Es esencial que esas propuestas estén en consonancia con las dinámicas del pensamiento más contemporáneo, por eso es vital que los organizadores estén atentos a los problemas del presente, que no marchen a contrapelo de la vida. Al mismo tiempo me parece lamentable e incoherente con la propia política cultural del país, que tengan lugar festivales, muestras o mesas de discusión y no estén presentes estudiantes, por ejemplo de las escuelas de arte de una provincia, o que no les interese a los que, digamos, estudien en las universidades temas relacionados con el pensamiento y la cultura. Las autoridades docentes tienen que estar informadas de estos encuentros y buscar la forma de integrase a los mismos. Yo mismo he estado presente mil veces en eventos relacionados con los medios, el cine o la televisión y ni siquiera pueden encontrarse en ellos las personas que trabajan día a día en estos espacios. ¿Cómo pueden llamarse a sí mismo artistas si son incapaces de pensar en lo que hacen?. Si desconocen lo que otros colegas realizan, cuáles son sus poéticas o preocupaciones artísticas, ¿cómo pueden enfrentar sus propias angustias creativas? Tal vez esa sea la razón de que tengamos tanta mediocridad, inercia y superficialidad en nuestra prensa y medios audiovisuales.

Creo en el diálogo y la socialización del pensamiento. Creo que hay que escuchar al otro, sobre todo, si piensa diferente a mí. Respetar y oír sus argumentos, sus puntos de vista. Pero aquí, lamentablemente al que piensa diferente se le cuelga el cartel de disidente, contestatario o incómodo y por tanto se le excluye, anula y estigmatiza. Puedo también entender que una mesa de discusión, una conferencia o reunión, puede ser para muchos, una opción carente de sentido, en tanto se ha practicado demasiado en nuestro país con muy pocos resultados. Aun hay demasiado verticalismo y también demasiado miedo a discrepar con la autoridad o el orden establecido, porque a fin de cuentas, todo sigue igual. Hay una estructura y un sistema de entender y conducir la nación, en el plano de las ideas, que permanece inamovible.

Esta última certeza me lleva a la conclusión de que no importa lo que los jóvenes digan, piensen o cuestionen, el estado de cosas permanece igual. De ahí su nihilismo, su falta de compromiso. Ahora mismo tiene lugar la edición número 13 de la Muestra Joven. Hay más de cincuenta filmes, muchos de los cuales y como ya es habitual, reflejan de manera crítica, males de nuestra sociedad. Imágenes honestas y realistas que desde el terreno artístico, representan cómo vivimos, quienes somos o soñamos ser. Son en cualquier caso, y desde una perspectiva joven, formas de expresión, modos de interpretar la sociedad. Como sabes, la mayor parte de esos filmes, una vez concluida la Muestra se convertirán en fantasmas, en imágenes invisibles y olvidadas que no serán estrenadas, ni transmitidas por la televisión. Ahí tienes un vacío en esa Política Cultural de la que tanto se habla. Te digo más, tú y yo sabemos y conversamos hoy de la Muestra, pero puedes apostar que si se hace una encuesta nacional, más del 90 % de la población cubana ni se ha enterado de que tal evento tiene lugar.

Ahora bien, esa mirada crítica… ¿de los jóvenes?, comprometida con el mundo que les rodea, rara vez se hace acompañar de un pensamiento público, un activismo social. Es una producción que rara vez trasciende el marco de su breve exhibición. Una obra sin consecuencias que solo perdurará por las acciones de algunos críticos o investigadores que las hacen circular. Recuerdo como, parte de la grandeza de los que hicieron nuestro cine en el período “dorado” del ICAIC, estaba dada por sus gestos y acciones públicas, por su militancia con el arte, sí, pero también con la nación. Pero hoy todo es distinto, el ICAIC está totalmente debilitado, no hay una industria de cine en Cuba, apenas sobreviven unas pocas salas de exhibición y las acciones de revitalización de los espacios cinematográficos, son excesivamente lentas y confusas. El grueso de la producción fílmica se hace desde entornos alternativos, pero el Estado sigue postergando la discusión y la toma de decisiones sobre esta esencial cuestión. Para los jóvenes filmar una película parece ser suficiente, hacerla, adentrarse en zonas oscuras de la sociedad o llamar la atención sobre determinados fenómenos que nos golpean, es ya, ofrecer un punto de vista. Filmar, filmar y filmar. Su discurso, ¿joven?, está implícito en sus propias obras, no en sus palabras o acciones posteriores. ¿Será que hablan a través de las imágenes? Y así, rodaran un corto hoy que será aplaudido por su valor y mañana otro, que ganará un premio y pasado…, bueno, pasado, tal vez ese joven ya no esté en Cuba.

Es muy difícil que en estas últimas generaciones se sedimente un pensamiento, que los agrupe. Tampoco aparece un núcleo sólido de ideas que los mantenga, no solo unidos, sino creando por varios años en el país que los vio nacer. Amistades, grupos de creación, estilos estéticos o productoras de nombres significativos se conforman hoy y fragmentan mañana. ¡Y ni qué hablar de que exista entre ellos algún liderazgo o programa generacional!. Pienso, que el principal problema que acompaña a ésta y las más recientes generaciones de cubanos, en cualquier esfera es que no tienen un auténtico programa de cambio. Todo el mundo critica, vocifera y rumia sus obsesiones o angustias, pero muy pocos ofrecen una alternativa real y viable para implementar ese cambio que anhelan. No basta con decir : ¡Esto está mal! Hay que saber también, responder a las preguntas ¿ Qué o Cómo lo harías tú?

El programa de los jóvenes cubanos, es un programa heredado de sus padres simbólicos o reales. Un diseño de país que no permite ser transformado, o en todo caso, que no permite que sea cuestionado por las nuevas generaciones. La parábola de Guillermo Tell con la manzana en la cabeza aún no ha sido superada.

En estos últimos meses y como consecuencia de la crisis que vive nuestro cine (hemos hablado de ello en el blog) un considerable número de cineastas y creadores del audiovisual se han reunido para elaborar un conjunto de propuestas que desemboquen en una nueva Ley de Cine, un Fondo de Fomento para la industria y un cuerpo de leyes que permitan la figura o registro del Creador Audiovisual Autónomo. Al margen de todas estas preocupaciones, demandas y justas necesidades, me llama la atención que en ese futuro del cine cubano, que ya se está intentando diseñar, el ICAIC seguirá siendo el centro, alrededor del cual, todo lo demás giraría. Comparto cien por cien la postura de los cineastas, sé cuan valiosas serán sus propuestas y acciones en aras de encauzar el cine y la cultura nacional. Lo que no me queda muy claro es cuál será la posición de la dirección del ICAIC, en caso de que siga siendo una institución que responda al aparato o la voluntad ideológica del Estado.

Me pregunto:

¿Ese ICAIC del mañana, seguirá teniendo un control total de las salas de cine? ¿Existirán otros espacios alternativos de exhibición y entretenimiento?. No hace mucho tuvimos una experiencia nefasta con la radical prohibición de los locales de 3D.

¿Las “obras incómodas”, realizadas por los cineastas independientes y ya debidamente legalizados, encontrarán espacios de exhibición o promoción en el ámbito nacional?

¿La dirección de ese ICAIC, será capaz de considerar de una y real vez como Cine Cubano, a las obras realizadas fuera de sus predios, por artistas cubanos? Me viene a la mente el caso de un filme como Memorias del desarrollo de Miguel Coyula, aun no estrenado e incluso retirado de un festival, al ser considerado por un funcionario cubano como película no cubana.

Si se organizara una muestra de cine cubano en otro país, ¿incluiría el ICAIC las obras realizadas por los jóvenes creadores independientes? Hoy, no ocurre tal cosa.

¿Cómo reaccionaría ese ICAIC ante la obra de un cineasta cubano emigrado, en cuya producción participen artistas independientes debidamente registrados en el territorio nacional, pero cuyo tema no sea del agrado del criterio oficial? ¿Se pondría al lado de los artistas, al lado del cine, o secundaría la voluntad censora del aparato estatal?

¿Protegería y conservaría el ICAIC, la obra fílmica de todos los cineastas cubanos o solo la de aquellos que producen cerca de su entorno y voluntad?

Preguntas, preguntas y preguntas que ahora mismo me dan vueltas en la cabeza. Así que, Juany, antes de marearme con ellas, ahí te las dejo para que si quieres las cuelgues en tu blog.

Un abrazo desde el Vedado

Gustavo Arcos.

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Publicado el abril 6, 2014 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Hola querido Juany: te dejo por aca, para que tambien lo compartas con Gustavo, un texto de Victor Fowler que agradeceras: http://negracubanateniaqueser.com/2014/04/05/los-hermosos-peligros-de-la-libertad/
    Abrazos
    NC

  2. Querida Sandra, gracias por el link. El texto de Víctor lo recibí por correo, pero aún no he podido leerlo con la atención que se merece. Un abrazo desde la cueva camagüeyana.

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