TORORICO, UN HOMBRE DE CINE (2014), de Lourdes María Recio Sánchez

Hoy, a las 3 de la tarde, se estará estrenando en el Multicine Casablanca el corto documental Tororico, un hombre de cine. Se trata de un homenaje a Fidel Recio Zayas, una de las personas que con más pasión vivió la promoción del cine en Camagüey. El documental será presentado por Armando Pérez Padrón. Aprovecho para reproducir las breves palabras que leí, hace un par de años, en la despedida de su duelo.

JAGB

TORORICO IN MEMORIAM

Si dijera que ha muerto Fidel Recio Zayas, muy pocas personas sabrían precisar de quién hablo. Si digo, simplemente, “se nos murió Tororico”, entonces medio Camagüey permanecerá treinta o cuarenta segundos en silencio. Y en ese breve lapso pasarán por su mente los momentos más intensos relacionados con el cine en la ciudad. Pues Tororico era en sí mismo una institución que asociábamos al cinematógrafo en su imagen más prístina. Su pintoresca manera de anunciar las películas, o de organizar las “colas” que se armaban en el cine Casablanca o Encanto, llegaron a formar parte del imaginario donde aún conservamos esa tradición a punto de extinguirse en la ciudad.

Hace poco este blog publicó un reportaje sobre los cines de la ciudad, escrito por tres jóvenes periodistas, donde lo mencionan y citan del siguiente modo:

“Repartidor de programas, acomodador y proyeccionista, este hombre de 75 años vive entre las memorias que lo ligan desde su adolescencia al quehacer del séptimo arte. Con cierta añoranza por el sonido del proyector, cuenta que en sus inicios existían tres compañías que manejaban y se repartían las nueve salas de la ciudad. Recuerda que se ponían dos filmes diarios y siempre había uno nuevo.

“La promoción era la clave del éxito. Los dueños inventaban cualquier cosa por llenar sus instalaciones. Se hacían concursos, tesoros escondidos, se regalaban afiches. Había una cadena de publicidad muy fuerte en todos los medios, y por ejemplo, si iban a poner King Kong yo me vestía de mono e iba por toda la calle anunciando la película”.

Sin saberlo, sin tener conciencia de ello, Tororico contribuyó a que miles de espectadores nos hiciéramos adictos del llamado séptimo arte. Ya quedan pocos promotores del cine así, por no decir que él era el último. Este hombre llevaba en vena el virus de la cinefilia, y no tuvo reparos en contagiarnos a muchos. Con sencillez, con jovialidad.

Se nos murió el Toro. Y no dudo en afirmar que este es otro de los episodios claves de esa gran saga que me empeño en llamar “Camagüey, lo que el cine se llevó”.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el abril 2, 2014 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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