JULIO GARCÍA-ESPINOSA: ¿CÓMO INSERTAR LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS EN EL CINE?

Estuve releyendo estas reflexiones de Julio García-Espinosa, leídas en febrero del 2003, cuando era el director de la EICTV de San Antonio de los Baños, y la verdad es que le encuentro una absoluta vigencia a esas ideas. Al menos mantienen intacto el ingrediente de provocación que ha de caracterizar a toda invitación al debate público.

JAGB

¿CÓMO INSERTAR LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS EN EL CINE?*

Por Julio García-Espinosa

Hace años escribí sobre la cuarta edad del cine, y hoy creo que utilizaré estas ideas, no sé hasta qué punto puedan estar vigentes, porque este es un mundo que se desarrolla vertiginosamente.

También hice un artículo titulado “Cibernautas del mundo entero, uníos”. Fue un atrevimiento mío porque no soy un especialista en la materia, sino como cineasta de alguna forma uno tiene que estar al tanto de las nuevas tecnologías. Ahora mismo soy el director de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños y estamos analizando hasta qué punto el cine tiene que acabar de asumirse como parte de una familia audiovisual y no como hace treinta años, como amo y dueño absoluto.

Desde los años 70 las salas de cine dejaron de ser patrimonio de la exhibición de películas. El 80 por ciento de la programación de las televisoras descansa en la proyección de películas. Esto crea una situación paradójica, porque los cineastas se aferran a las salas de cine y al celuloide y no a los nuevos medios de difusión como pueden ser la televisión o el video, o Internet y se aferran más al celuloide que al digital. No tienen que ver nada con la electrónica, piensan que el arte está en las salas de cine, piensan que está en el celuloide y piensan que la electrónica es un camino que les resulta ajeno desde el punto de vista artístico.

El desafío está ahí y hay que asumirlo y es una de las tareas que tenemos ahora en la Escuela, de ver cómo se integra la televisión, para ver si algún día llega a ser el octavo arte. Cómo se insertan generalmente las nuevas tecnologías en general y cómo todo esto no significa un simple concepto cuantitativo, sino una manera de articular nuevos conceptos docentes en cuanto al audiovisual y no exclusivamente en cuanto al cine.

Uno está de alguna manera vinculado con estas tecnologías que al mismo tiempo ama y teme. Yo recuerdo que en este artículo de la electrónica en la cuarta edad del cine, empezaba citando a Oscar Wilde que decía que solo los capitalistas cometen pecados capitales. Esto se refleja muy bien en el manejo que se hace de la tecnología, que puede ser para bien o para mal, como todo en la vida. No caer en la trampa de que asumiendo la tecnología estamos ya en un mundo moderno. El mundo moderno es algo más que las nuevas tecnologías. En ese artículo mencionaba una declaración de la Academia de Ciencias de los EE.UU. en la que decía que la ciencia y las nuevas tecnologías no podían garantizar, por sí solas, un mundo mejor. Que realmente el mundo mejor nada más que se podía garantizar con medidas como políticas económicas y demográficas más consecuentes, con niveles de consumo más racionales. Por lo tanto, ojo con la fascinación y el encantamiento que puedan provocar las nuevas tecnologías.

Es indispensable para nosotros los cineastas saber hasta qué punto nos benefician estas innovaciones tecnológicas, no solo a los cineastas latinoamericanos sino hasta a los propios cineastas europeos, ya que todos nos hemos vuelto cinematografías periféricas. Con un centro, desde luego, que es Hollywood. Y claro, cuando pensamos en las nuevas tecnologías, pensamos hasta dónde nos puede ayudar a salir de este espacio periférico, de este mundo cautivo, que nos impide tener presencia, tener imagen. Y todos ustedes saben que un país sin imagen es un país que no existe. Una muerte en un país con imagen se siente mucho más que una muerte en un país sin imagen.

Esto es muy delicado porque no es solo un problema artístico, es también y sobre todo un problema humano. Las nuevas tecnologías no terminan de conciliarse con el arte, sino que tampoco acaban de conciliarse con la vida.

En relación con el arte estamos obligados a escoger entre La guerra de las galaxias que está llena de nuevas tecnologías y Woody Allen, que está lleno de arte. Nos fascina posiblemente más La guerra de las galaxias; porque se trata de un cine para impresionar y, el otro, es un cine para expresar. Y el problema es que lo que impresiona nos seduce más.

Es una disyuntiva muy seria porque la electrónica sería para nosotros la posibilidad de hacer un cine más económico que en celuloide, con película de 35 mm, y que, además, nos ampliaría las posibilidades de difusión.

Pero Internet nos inquieta también porque nos está convirtiendo en ciudadanos del mundo sin acabar de ser ciudadanos de alguna parte. Son contradicciones que nos obligan a ir abriendo esta especie de selva novedosa, buscando claros para ver cómo no nos perdemos en ella.

Internet nos ofrece la posibilidad de ampliar la difusión a niveles universales, favorece la posibilidad de abrir el mundo como un mercado global. Pero en verdad, ¿nos permite abrirnos al mundo o a las transnacionales? Todos estos medios sirven finalmente para incrementar todavía más la difusión de las transnacionales. ¿O las nuevas tecnologías servirán para que logremos que el mundo se abra a la diversidad y no a la uniformidad? El problema es mayor, es con la cultura toda. Peor aún. Lo que difunden las transnacionales no es la cultura, sino una especie de seudocultura. Ese es el papel infecundo al que están destinando a las nuevas tecnologías, a la electrónica en general.

No podemos dejar de tenerlo en cuenta porque al mismo tiempo creemos en un destino mejor para las nuevas tecnologías. Pensamos que los cineastas deben asumirlas y, sin embargo, todavía hay muchos que se resisten al cambio, que se resisten a lo nuevo. Cuando el cine pasó del silente al sonoro, incluso grandes cineastas se resistieron al sonoro, porque pensaron que dejaba de ser arte. Luego vino el cine de color y, aun en esto, todavía no hay una verdadera exploración más allá del naturalismo acostumbrado. Después del color vino la electrónica y de nuevo encontramos la resistencia. Pero lo cierto es que hay una nueva generación, novísima, que ha nacido en medio de la electrónica, en medio de todos los aparatejos y a la que le hablan de moviola y no saben qué es. Es la que está naciendo alrededor de estos medios.

Hay otra generación que quiere el matrimonio entre las nuevas tecnologías y las viejas. Es lo que más se está utilizando en el cine. Es decir, se filma en 35 mm y luego se hace, mediante la electrónica, el montaje.

Y está la generación más vieja que se resiste, quiere seguir con su moviola, con su película de 35 mm. Pero creo que más allá de estas diferencias, el cineasta para ser cineasta tiene que ser un hombre cada vez más conformado por la cultura en general. Y creo que tiene que afrontar estos medios a partir de lo que pueden representar para la cultura en general.

En estos momentos la situación es bastante desastrosa. Los medios están sirviendo para fortalecer toda la gestión de las transnacionales. Habíamos hablado en el trabajo de Cibernautas del mundo entero… de la necesidad de crear redes entre todos los que estamos interesados en asumir las nuevas tecnologías a favor de la diversidad en la cultura divulgando informaciones que no tienen. Por ejemplo, de cine, ¿quién sabe el cine que se hace en Irán?, en Macedonia, en los países árabes, en África, en Asia, solamente se sabe del cine que se hace en Hollywood. Hay un desfasaje muy grande. Se ha acostumbrado a confundir la fama con el talento. La gente obedece más a la fama que al talento. Algo tiene fama y la gente cree que es bueno. Al extremo de que ya no es posible diferenciar dónde está el gato y dónde la liebre. Todo el mundo responde a un cine que es de uso y tira. Es un cine de consumo, que lo que hace es desconectar de la fatiga diaria, tú te sientes tranquilo, porque efectivamente, tú llegas cansado, extenuado y vas a buscar algo que te entretenga y Hollywood hace eso muy bien. Te olvidas de la película y vuelves a caer en la fatiga diaria.

No es un cine que apela a enriquecerte para que cada día, en la vida real, las fatigas sean menos. Inclusive hay que tratar de ver cómo la gente en lugar de obtener placer en aquello que no le hace pensar, cómo pueden obtenerlo con lo que le hace pensar. Esto es un desafío que tenemos.

Todo esto está relacionado con la actitud que debe tener el cineasta con las nuevas tecnologías y de alguna manera la red de información que podemos aprovechar. Estos nuevos medios de comunicación, de difusión, que no son solo ya difusores, hasta ahora la TV, el cine son medios que difunden a las grandes masas, pero estos difunden y producen. Existe una interactividad que no la tiene ni el cine ni la TV. Tienen, además, la posibilidad de dar información al mundo entero sobre la verdadera cultura, sobre la diversidad y la autenticidad de la cultura.

A mí me entristece mucho que en nuestro propio país, con la independencia que tiene, le estemos haciendo más promoción a los pseudoartistas de la música, de la canción y qué sé yo, igual con las películas, cuando nosotros tendríamos la posibilidad de pasar en este país a lo mejor de la música y del cine mundial. Estamos muy lejos de eso. Planteamos y difundimos a los famosos, no a los verdaderos talentos. Antes de la Revolución cobrábamos por eso, ahora lo hacemos de gratis. Divulgamos la mediocridad, gran cantidad de payaserías, confundiéndola con lo moderno, sería muy bueno promover una discusión para definir qué es exactamente lo moderno.

Esto es un problema político tan importante que habría que pensar hasta dónde una inversión de esas es indispensable para el propio desarrollo del país. No es posible que a estas alturas, después de 45 años de Revolución tengamos los mismos gustos que antes. Seguimos, por ejemplo, jerarquizando las telenovelas como hacíamos antes del triunfo de la Revolución.

Estas redes de redes podrían contribuir a una información de intercambio de información sobre dónde están las buenas películas, cuáles son. Hace pocos años, una película iraní, El sabor de la cereza, se llevó el premio a la mejor película extranjera en los EE.UU. Y así hay muchas. Se pudiera afirmar que lo mejor del cine actual se hace en los países periféricos. Salvo excepciones. Hollywood es el país que más atrasado tiene al cine. El cine es la más atrasada de las artes. La gente ha llegado a confundir las innovaciones tecnológicas con las innovaciones del lenguaje cinematográfico, con las innovaciones verdaderamente artísticas. Y son innovaciones tecnológicas. Con todo y el mérito que puedan tener, pero son solo innovaciones tecnológicas. Somos espectadores domesticados del mundo, gracias a las nuevas tecnologías y estamos respondiendo a lo que pretenden ellas.

Es muy importante la necesidad de ver de qué forma podemos divulgar estas informaciones. A lo mejor en Ecuador hay un productor al que le interesa difundir cine desconocido, pero no sabe dónde está, no sabe quién es el productor, no sabe los datos concretos y la posibilidad concreta de que puedan existir. Muchas veces está el distribuidor pero no está esa información, la tiene que estar buscando.

Eso en relación con el cine, otro tanto se podría decir de la música. Las dos niñas bonitas de las transnacionales son la música y el cine. Neutralizan el espíritu crítico del espectador. Bush puede estar cansado de decir barbaridades y luego ponen una película «bonita», y neutraliza todo lo que dice. O viene la música de moda y va creando la empatía, porque es una forma justamente para sustraerte de la realidad.

De todo esto no es ajena la tecnología. A la hora de asimilarla tenemos que colocarla de una manera que pueda favorecer el enriquecimiento del ser humano.

* Conferencia impartida el 28 de febrero del 2003 por Julio García Espinosa, guionista, teórico de cine y director de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños.

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Publicado el marzo 27, 2014 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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