PALABRAS PRONUNCIADAS POR MARIO NAITO LÓPEZ EN LA CLAUSURA DEL XX TALLER DE LA CRÍTICA CINEMATOGRÁFICA DE CA MAGÜEY

Hace poco más de veinte años tres jóvenes camagüeyanos apasionados del cine: Juan Antonio García Borrero, Luciano Castillo Rodríguez y Armando Pérez Padrón, tuvieron la feliz iniciativa de convocar a un Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica, en el cual participaron doce críticos o periodistas del sector para dialogar o discutir sobre diversos aspectos de esta controvertida profesión. Este evento ha quedado identificado como el encuentro pionero de su tipo, y devenido, en estas dos décadas, en el hecho anual más importante del país en el quehacer teórico sobre el séptimo arte.

Con una vocación romántica, en medio del clímax del Período Especial, en ese primer encuentro de críticos en Camagüey, se consiguió organizar un coloquio, que si no mostró un rigor académico, al menos sentó las pautas para enrumbar un camino hacia ese propósito, más aún cuando en la Isla no se contaba con una tradición o referente análogos.

Eran tiempos en que la prensa plana sufrió un enorme recorte en sus tiradas, así como en las sesiones o columnas dedicadas a los espectáculos culturales y, por consiguiente, al cine y a las reseñas fílmicas de los estrenos cinematográficos semanales, que decrecieron abruptamente como resultado de la crisis económica.

En la segunda mitad de la década de los años noventa, el Taller de Crítica Cinematográfica de Camagüey posibilitó que otros periodistas y críticos fílmicos del país participaran de esta actividad. A la vuelta del nuevo siglo, cuando parecía que el Taller pudiera haber entrado en una fase de agotamiento, este resurgió con ímpetu para discutir aspectos puntuales decididos de antemano, a diferencia de antes en que los temas eran algo más espontáneos, seleccionados por cada participante.

En los últimos años las discusiones teóricas en el Taller tienen ya, a mi juicio, nivel internacional, y se han logrado publicar editorialmente varias de sus memorias, con las ponencias e intervenciones de cada uno de los participantes, gracias a la gestión de Armando Pérez Padrón, quien dos décadas atrás fuera director del Centro Provincial del Cine de Camagüey, y luego pasara a ser profesor del ISA de la provincia y coorganizador con García Borrero del Taller de Crítica. Algunas de estas intervenciones han tenido en verdad un carácter académico por su profundidad y originalidad. Así se han dedicado sesiones al cine cubano de los sesenta, al de los setenta, al de los ochenta —como en esta vigésima edición—; a los mejores filmes de la historia del cine, al surgimiento de la Cinemateca de Cuba, a los 50 años de la creación del ICAIC, etcétera.

Este serio esfuerzo organizativo no habría sido posible sin el apoyo del ICAIC, del gobierno y el Partido de la provincia, de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica —creada en 1993—, y de otras instituciones que desinteresadamente han colaborado para llevar a feliz término cada edición del Taller.

En momentos en que la revolución digital ha provocado un desafío en el consumo habitual de filmes, que ya no se limita a la sala oscura, sino que se ha extendido al disfrute personal ante una computadora, o en el hogar ante una enorme pantalla plana, la crítica enfrenta nuevos retos para poder llegar al espectador. De ahí que para futuras sesiones del Taller de Crítica, sus organizadores tendrán que abordar con gran creatividad la conformación y el desarrollo de sus sesiones.

Le deseamos larga vida al Taller Cinematográfico de Camagüey, y exhortamos a que el público, los investigadores y los estudiantes continúen participando con más ahínco en estos importantes encuentros teóricos de la crítica, ya quizás expandidos a todo el mundo audiovisual.

Muchas gracias.

Mario Naito, presidente de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica

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Publicado el marzo 26, 2014 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Juany: Por primera vez accedo a tu blog. Ya leí lo de Revueltas. Felicitaciones por los logros del Taller. Las dificultades son las que hacen menos aburrida la lucha. Saludos, Esmérido.

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