SOBRE “BOCCACCERÍAS HABANERAS” en Camagüey.

Boccaccerías camagüeyanas

Por Susana Vázquez Vidal

Como Giovanni Boccaccio en el Decamerón, Arturo Sotto nos dejó historias contadas dentro de un cuarto, pero con la diferencia de que no estamos en la Italia medieval bajo el acecho de la peste, ni son cien las narraciones, tan solo tres. Boccaccerías habaneras pudo suceder en cualquier lugar de la Isla, como dijo su director en la inauguración del XX Taller de la Crítica Cinematográfica, porque las escenas del largometraje muchas veces no son ficciones en la vida de los cubanos sino realidades.

La película pudo no ser bien acogida por la crítica, como dijo Sotto en la presentación del filme, pero al menos el público camagüeyano tuvo motivos para sonreír y olvidar penurias y rutinas diarias. Algunos se fueron complacidos y otros llenos de insatisfacciones, pero lo relevante no está en sentarse en una silla frente a una pantalla, sino el análisis posterior de si me gustó o no, que ayuda a mover el pensamiento.

Pese a los aciertos y desaciertos de esta comedia, hay una idea que describe parte de la forma de pensar de ciertos cubanos y me parece que atraviesa las tres historias: cada día nos vamos hundiendo más en mentalidades aldeanas y provinciales, rodeados de historias banales que se centran en necesidades económicas de las personas. Resulta difícil justificar la estreches de mente y la cuadratura de las ideas, pero no tenemos forma de impedir que la gente deje de pensar en los problemas que la agobian porque es su día a día, el despertar de cada mañana.

El largometraje sufrió aquí los avatares de mentalidades estrechas. El público tuvo que conformarse con verlo en dos pequeñas salas del recién inaugurado multicine Casablanca porque el ICAIC no pudo enviar a tiempo la pantalla grande, cosas del fatalismo geográfico. Pese a las insuficiencias, Camagüey inició el Taller de la Crítica Cinematográfica con Boccaccerías habaneras.

Al final de la noche, pese a las insatisfacciones tecnológicas o fílmicas cada cual se llevó algo de las Boccaccerías para la casa porque como concluye Boccaccio en el Decamerón:

"Cada cosa en sí misma es buena para alguna cosa, y mal usada puede ser nociva para muchas; y así digo de mis novelas. Quien quiera sacar de ellas mal consejo o mala obra, a ninguno se lo vedarán si lo tienen en sí o si son retorcidas y estiradas hasta que lo tengan; y a quien utilidad y fruto quiera no se lo negarán, y nunca serán tenidas por otra cosa que por útiles y honestas si se leen o cuentan en las ocasiones y a las personas para los cuales y para quienes han sido contadas."

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Publicado el marzo 12, 2014 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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