CARTA DEL CINEASTA JUAN CARLOS TABÍO A J. A. GARCÍA BORRERO

Le hicimos llegar a Juan Carlos Tabío (Se permuta; Plaff; El elefante y la bicicleta; Fresa y chocolate, entre otras) una invitación con el fin de que participara en el venidero XX Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica. La idea era que, junto a Rolando Díaz y Fernando Pérez (que ya confirmaron su disposición a asistir) nos brindara la mirada del cineasta que desde la institución ICAIC, contribuyó a la producción de eso que hoy llamamos “cine cubano de los ochenta”.

Lamentablemente Tabío no puede asistir, pero me envió esta reflexión que ya de paso me autorizó a compartir con los amigos del blog. Creo que es una buena manera de ir entrando “en Taller”.

JAGB

CARTA DEL CINEASTA JUAN CARLOS TABÍO A J. A. GARCÍA BORRERO

Querido Juan Antonio:

Celebro tu empeño en organizar este encuentro de debate en torno al cine cubano de los 80.

Como te dije en mi correo anterior, lamento muchísimo no poder estar con ustedes, contigo, con Rolando, con Fernando y con todos los amigos. Por supuesto que te agradezco de todo corazón que me incluyeras en este recuerdo.

El cine cubano de los 80 se parece mucho a una herida mal cerrada. No por casualidad La Gaceta acaba de publicar, en su número de noviembre-diciembre el dossier “La larga década de los 80” en el que aparece el muy lúcido e incisivo ensayo de Arturo Arango “Entre Cecilia y Alicia” y que me parece una referencia obligada para abordar el tema que nos ocupa.

Aunque sea llover sobre mojado, déjame comenzar por el principio. Julio García Espinosa entra a dirigir el ICAIC en el año 82, en el 87 crea los Grupos de Creación (y me perdonan la redundancia, pero no se me ocurre otra forma de decir esto).

Julio solamente participaba en la aprobación de la idea sobre la cual se escribiría el guión y ya al final al revisar el primer corte de la película montada. Fue un momento extraordinario en el ICAIC, algo así como una “República Cinematográfica”. Un inaudito episodio de “descentralización” en la Cuba de del 87. Aquello no duró mucho. Alicia en el pueblo de Maravillas (realizada dentro de uno de los Grupos de Creación) fue acusada de contrarrevolucionaria y pasó lo que todos sabemos.

El Gobierno creó una “Comisión de Pleno Mandato” para dialogar con nosotros. Esta Comisión estaba presidida por Carlos Rafael Rodríguez y la formaban además Carlos Aldana y Alfredo Guevara. Comisión de Pleno Mandato (“…hasta donde la plenitud puede ser plena…”, fue lo primero que nos advirtió Carlos Rafael).

En nuestra primera reunión, Alfredo arremetió contra el cine cubano de los 80, contra la gestión de Julio como presidente del ICAIC y contra los Grupos de Creación, centrando su diatriba en la película Sueño Tropical (Fernando y Rolando lo recordarán). Eso creó una polarización extrema y la cosa pintaba fea. Afortunadamente, Carlos Rafael logró conducir salomónicamente las reuniones, y el ICAIC (o lo que queda de él) continúa en 12 y 23. (Recuerdo que entre la primera y la segunda reunión, conversaba yo con Rolando y él me decía: “Parece que Alfredo regresa a dirigir el ICAIC”; yo no estuve de acuerdo “Nunca un dirigente ha regresado al mismo lugar de donde fue tronado”.

Bueno, parece que para todo hay una primera vez. Alfredo regresó al ICAIC. Los Grupos de Creación pasaron a la Historia.

Hace cosa de un año y pico recibí un email de esos con muchos destinatarios, salido sabe dios de dónde. El email era un escrito firmado por Rafael Grillo donde dice:

“Al respecto, vale la pena advertir que, más allá del trasunto latente de una lucha de poderes en el seno del ICAIC, fue además la década del ochenta cuando el ámbito del cine cubano se acercó como nunca a los imperativos del “modelo industrial”, a su consiguiente ecuación de “relación costo-taquilla” y la premisa de “hacer un cine popular” (sería ese un período peligrosamente rayano en lo “populista”, pletórico de películas “agradables”, de un costumbrismo muchas veces ingenuo, fue una era para el estilo “Se permuta” y “Los pájaros tirándole a la escopeta”).”

“¿Relación costo-taquilla”?… No tengo el gusto de conocer a Rafael Grillo, me imagino que es una persona muy joven que piensa que en los años 80 la entrada a los cines en Cuba se cobraba en dólares, de otra manera no sé cómo se puede decir esto. Ni reuniendo todos los pesos cubanos que el ICAIC recibió por taquilla por la exhibición de toda la producción de los años 80, alcanzaba para comprar un solo rollo de negativo Kodak, que era con lo que se filmaba el cine en aquella época.

Por supuesto que no voy a hablar de Se permuta. Ahora, ¿no sería Los pájaros… la primera película cubana después del triunfo de la Revolución donde los personajes, dentro de su tono de comedia sentimental, aparecen enfrentados a conflictos con ellos mismos? Conflictos no ya entre “malos y buenos”; ni contra rezagos burgueses o machistas; ni contra la burocracia; sino conflictos existenciales, propios del individuo en cualquier sociedad del mundo, pero sin que por eso dejen de ser personajes diáfanamente cubanos.

No tengo que decirte que entiendo como un derecho irrenunciable que cualquiera piense y diga lo que le dé la gana de cualquier película y de cualquier cosa. Lo que me parece reprobable es que se trate de amañar la Historia, aunque sea una pequeña parte de la Historia.

Pero, bueno, al margen de cualquier criterio personal sobre Se Permuta y Los Pájaros… ¿alguien puede pensar en serio que dos películas (que fueron producidas simultáneamente) pueden definir toda una década del cine cubano en la que se hicieron obras tan diversas?

Pero como se tratan de criterios individuales, esto lo hubiera olvidado si no fuera por esas recurrencia que tiene la vida.

Casi al mismo tiempo en que recibo el email de Grillo, Mario Piedra me envía un trabajo de clase donde sus alumnos analizan Plaff. Así me entero que nuestra crítica cinematográfica, o al menos una parte de ella, presenta toda la década de los 80 como un colapso del cine cubano.

Al situar la película en su momento, los muchachos acuden a lo único que tienen a mano: la valoración que hace nuestra crítica de la década de los 80. Más de uno de los alumnos de Mario comienzan diciendo cosas como estas:

“Aunque mucha ha sido la polémica en torno a la producción cinematográfica ochentiana, y aun cuando la mayoría de los especialistas sentencian negativamente las comedias costumbristas que proliferaron entonces, partiendo del criterio de que se produjo ‘una suerte de obsesión por instalar las películas cubanas en la preferencia absoluta de su público natural’” (lo subrayado se refiere a un fragmento de “Los cien caminos del cine cubano” de Joel del Río y Marta Díaz.)

“No fueron pocos los críticos que tildaron la producción de los 80 como decadente. […] Sin embargo, algunos escapan a este manto que se ha tratado de tejer sobre la década prodigiosa…”

En un momento del ensayo “Entre Cecilia y Alicia” que te mencioné al principio, Arturo dice:

“Tal proceso de aproximación a la contemporaneidad, renunciando al componente épico y jerarquizando las miradas sobre el individuo y sus circunstancias cotidianas, no fue privativo del cine, y es cuando menos tendencioso que una zona importante de la crítica califique la tendencia predominante en la década como populista o banalizadora (como ha calificado esa década la enciclopedia cubana Ecured)”

Curiosamente, es la única valoración negativa en la entrada correspondiente al ICAIC.

No deja de ser significativo que una parte importante de la crítica repita en esencia la misma diatriba que 23 años antes, Alfredo, lanzara contra el cine cubano de los 80.

Ahora, me pregunto: ¿por qué esa “tendenciosidad”, como dice Arturo, por qué ese afán a ultranza de “etiquetear” a toooda una década de nuestro cine como “ingenua” y “banal”?; ¿Acaso en los 60 y 70, no se hicieron también algunas películas “ingenuas” y “banales”?. Al principio de los Tiempos, ¿no fuimos ingenuos TODOS?, ¿No fue en el tránsito, muchas veces azaroso, entre quinquenio y quinquenio (cada uno de un color distinto) que fuimos perdiendo la inocencia?

Jorge Fornet, en su ensayo “La narrativa cubana entre la Utopía y el Desengaño”, cuando se detiene en “El lobo, el bosque y el hombre nuevo” dice lo siguiente:

fue tal vez el último texto sobresaliente de una perspectiva en la que la Revolución (tal y como la conocíamos) aparecía como un proyecto viable; fue el canto del cisne de treinta años de narrativa en Cuba. Jamás volverá a repetirse en nuestras letras, ni siquiera en términos irónicos, ese final en que David, después de despedirse de Diego, sale a la calle y una fila de pioneros le cierra el paso.

¿No son contadísimas las películas de los 60 y 70 –entre las que sobresale “Memorias del subdesarrollo”- que al abordar su realidad inmediata pecaron de “ingenuidad”?; ¿No fue precisamente en los 80 cuando el cine cubano comenzó a romper con esa “ingenuidad”?.

En otro momento de “Entre Cecilia y Alicia” Arturo cita un texto de Nicolás Azcona:

<Aquellas primeras películas fueron una toma de pulso, un reconocimiento de la voz interior hacia el crecimiento definitivo, la instauración de un estilo. Plaff o demasiado miedo a la vida (1988) y Papeles secundarios (1989) son las muestras más evidentes de este proceso; Fernando Pérez demoraría un poco más con Madagascar (1994)>

(Nicolás Azcona: “De cómo se perdió la vanguardia artística y el cine cubano se hizo feliz”, en Revista Hispanoamericana de Cultura, Cali, 1997, p. 67. Citado por Arturo Sotto en “Por una agricultura sostenible”, Cine Cubano, n. 24, abril-junio de 2012 y vuelto a citar por Arturo Arango en el citado artículo “Enre Cecilia y Alicia”)

Y cierran la década dos películas: Adorables Mentiras, (que como dice Arturo es “La obra que más tematiza el oportunismo, la doblez…”) y Fresa y Chocolate. Ambas, aunque se filmaron en la década del 90, se comenzaron a gestar en los 80 y fueron los dos últimos proyectos aprobados por Julio y por los Grupos de Creación. Fueron los dos últimos proyectos de la “Década de los 80”.

Cito nuevamente “Entre Cecilia y Alicia”:

“El intento por disolver el ICAIC, a mediados de 1991, pudo tener como propósito que desapareciera el entorno cultural e ideológico que había generado aquel espejo que para algunos resultaba demasiado fiel y, para otros, deformante. En la entrevista de Ambrosio Fornet a Manuel Pérez que he venido citando, el director de El hombre de Maisinicú cuenta:

<Llegamos a un punto, varios días después del 13 de mayo [de 1991], en que frontalmente, un dirigente de la Revolución de aquel momento, me dijo que lo que de manera particular le preocupaba a él no era Alicia… sino la tendencia dominante que existía en el ICAIC…

Y ahora, como corolario de todas las reflexiones anteriores, la pregunta que “se cae de la mata”: ¿Cómo es posible entonces que para algunos esa “tendencia” sea considerada como perturbadora, incómoda, censurable hasta el punto de que haya provocado la muy seria intención de disolver el ICAIC; y para otros sea una tendencia a la banalización y a la superficialidad temática, peligrosamente rayana en lo “populista”, pletórica de películas “agradables”, de un costumbrismo muchas veces ingenuo?

Los Grupos de Creación se fueron a bolina, pero el cine cubano no dejó de fluir (entre Madagascar y Conducta– que ahora mismo se estrena en los cines), ha continuado siendo –y cada vez más- un reflejo de los conflictos y contradicciones que genera nuestra sociedad, porque el arte se hace desde abajo, las estrellas, “inclinan”, pero “no obligan”. (Aunque hay que reconocer que a veces “inclinan” con cojones.)

En fin, Juan Antonio, perdóname esta descarga, sin duda deshilvanada. Pero, al no poder asistir en carne y hueso a este necesario encuentro que tú convocas, no quería dejar pasar la posibilidad de, al menos “meter la pezuña” desde mi casa.

Un abrazo muy fuerte.

Juan Carlos.

Publicado el febrero 24, 2014 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. MIRIAM CASTILLO

    ME PARECE INTERESANTE LA OPTICA DE JUAN CARLOS A QUIEN CONOZCO PERSONALMENTE POR HABER SIDO MIEMBRO POR 28 ANOS DE ESA GRAN FAMILIA DEL ICAIC.
    LOS ARTISTAS SIEMPRE FUERON UN MUNDO CASI APARTE DEL CONTESTO QUE NOS RODEABA.

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