Archivos diarios: febrero 24, 2014

ABELARDO MENA SOBRE EL CINE CUBANO DE LOS OCHENTA

Querido Juani,

He disfrutado muchísimo el texto de Tabio. Él pone el dedo en la llaga: la crítica de arte, si va a ser aplicada sobre períodos históricos, debe primero "mojarse" a fondo con los hechos y los datos, y no levantar presunciones infundadas. Primero hay que cavar, desenterrar huesos, antes que generalizar a diestra y siniestra. En Cuba además tenemos la costumbre de refritar criterios previos, sin confrontarlos con los documentos primarios. Y esto ocurre, con demasiada frecuencia, no solo en las historias del cine cubano sino en las historias de todo el arte cubano.

Cuando Tabío revela que Adorables Mentiras y Fresa y Chocolate, se comenzaron a gestar en los 80 y fueron los dos últimos proyectos aprobados por Julio y por los Grupos de Creación” le da un sonoro galletazo a la visión maniquea de una época, que además contó con joyas como Una Novia para David (1985), Clandestinos (1987), Vampiros en La Habana (1985), Un hombre de éxito (1986), El Desayuno más caro del mundo…… amén de los Noticieros ICAIC realizados por Francisco Puñal, que nos sacudían cada semana con su visión de una Cuba burocratizada y anómala, sin dejar fuera una heterodoxa Cecilia, o Papeles Secundarios (1989), donde se unen plástica de los 80 y nuevos conceptos dramatúrgicos… ¿cómo sepultar esa década bajo consideraciones tan mezquinas?

Voy a proferir una provocación impetuosa, pero en realidad, ni la "década prodigiosa de los 60" ni incluso la producción de las últimas dos décadas, han contado con una batería de filmes tan variados, y que alcanzaran –ohh elitistas!- una resonancia tan amplia en su publico natural. Y es lógico! En los 80 el ICAIC accedió- por acumulación de capital humano y de producción previos- a su cumbre creativa más alta. Sencillamente, si se consulta el Índice Cronológico de tu libro “Guía Critica del Cine Cubano de Ficción”, y se revisan los filmes por años, tendremos ante nuestros ojos el despliegue magnífico de un universo aun inexplorado…

Aun habrá que recoger las historias de vida de los Grupos de Creación, que han resurgido- como "la mala hierba"- en los números colectivos de creación independientes que matizan el panorama fílmico actual. Nadie sabe para quién trabaja, nadie adivina cuándo sus semillas volverán a resurgir.

Ahora sí, me asalta una curiosidad malsana: ¿qué reprochaba Guevara al cine de los 80? ¿Qué matiz en su pensamiento lo separaba de la producción de aquellos jóvenes? ¿No sería, realmente, un celo rencoroso por lo que habían logrado efectivamente como creadores de una República grupal no sometida al verticalismo castrador? Solo los testigos podrían satisfacer mi curiosidad…

Sin otras riflexiones, un abrazo de siempre,

Abelardo

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CARTA DEL CINEASTA JUAN CARLOS TABÍO A J. A. GARCÍA BORRERO

Le hicimos llegar a Juan Carlos Tabío (Se permuta; Plaff; El elefante y la bicicleta; Fresa y chocolate, entre otras) una invitación con el fin de que participara en el venidero XX Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica. La idea era que, junto a Rolando Díaz y Fernando Pérez (que ya confirmaron su disposición a asistir) nos brindara la mirada del cineasta que desde la institución ICAIC, contribuyó a la producción de eso que hoy llamamos “cine cubano de los ochenta”.

Lamentablemente Tabío no puede asistir, pero me envió esta reflexión que ya de paso me autorizó a compartir con los amigos del blog. Creo que es una buena manera de ir entrando “en Taller”.

JAGB

CARTA DEL CINEASTA JUAN CARLOS TABÍO A J. A. GARCÍA BORRERO

Querido Juan Antonio:

Celebro tu empeño en organizar este encuentro de debate en torno al cine cubano de los 80.

Como te dije en mi correo anterior, lamento muchísimo no poder estar con ustedes, contigo, con Rolando, con Fernando y con todos los amigos. Por supuesto que te agradezco de todo corazón que me incluyeras en este recuerdo.

El cine cubano de los 80 se parece mucho a una herida mal cerrada. No por casualidad La Gaceta acaba de publicar, en su número de noviembre-diciembre el dossier “La larga década de los 80” en el que aparece el muy lúcido e incisivo ensayo de Arturo Arango “Entre Cecilia y Alicia” y que me parece una referencia obligada para abordar el tema que nos ocupa.

Aunque sea llover sobre mojado, déjame comenzar por el principio. Julio García Espinosa entra a dirigir el ICAIC en el año 82, en el 87 crea los Grupos de Creación (y me perdonan la redundancia, pero no se me ocurre otra forma de decir esto).

Julio solamente participaba en la aprobación de la idea sobre la cual se escribiría el guión y ya al final al revisar el primer corte de la película montada. Fue un momento extraordinario en el ICAIC, algo así como una “República Cinematográfica”. Un inaudito episodio de “descentralización” en la Cuba de del 87. Aquello no duró mucho. Alicia en el pueblo de Maravillas (realizada dentro de uno de los Grupos de Creación) fue acusada de contrarrevolucionaria y pasó lo que todos sabemos. Lee el resto de esta entrada

XX TALLER NACIONAL DE LA CRÍTICA CINEMATOGRÁFICA (Del 11 al 15 de marzo del 2014, Camagüey, Cuba)

Del 11 al 15 de marzo del año en curso estaremos celebrando en Camagüey el XX Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica. Veinte ediciones ya. Se dice rápido, pero ha sido una larga y a veces agónica carrera de fondo.

En esta ocasión estaremos dedicando las sesiones teóricas a la evaluación de la crítica de cine en Cuba, dos décadas después de creado el evento, y a la reflexión sobre lo sucedido con el cine cubano en los años ochenta.

Lo de la aproximación al ejercicio crítico en la isla pareciera redundante, tomando en cuenta que en la edición anterior seis jóvenes nacidos precisamente en los ochenta, expusieron argumentos desde su perspectiva generacional, acerca de este oficio del siglo XX que alguna vez heredaron. Sin embargo, he aquí un tema que en el caso de quienes ejercemos esta función nunca estará agotado su análisis. Todo lo contrario: en la misma medida en que, gracias a las nuevas tecnologías, se democratiza el acceso a los espacios públicos de enunciación, será preciso que los críticos actualicen sus estrategias de trabajo.

En cuanto al análisis del cine cubano producido en los ochenta, pienso que sería un asunto casi virgen. El escritor Arturo Arango acaba de publicar en “La Gaceta de Cuba” un excelente ensayo que tituló “Entre Cecilia y Alicia”, y donde inicia el conjunto de sus reflexiones del siguiente modo:

Mirada desde la Historia, la década de los 80 en Cuba comenzó con el éxodo del Mariel (abril de 1980) y terminó con la desaparición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (proceso acentuado a partir de agosto de 1991 y que finalizó en diciembre de ese año). Concebida desde el cine, dio inicio con la polémica en torno a Cecilia, la película de Humberto Solás (1982), y concluyó con el caso que tuvo como centro Alicia en el pueblo de Maravillas, de Daniel Díaz Torres (1991). Dentro del ICAIC, el primero de estos sucesos implicó que Alfredo Guevara, el presidente fundador del Instituto, fuera reemplazado por Julio García Espinosa, uno de los cofundadores. El segundo suceso, que García Espinosa fuera sustituido por Guevara”.

Las observaciones son correctas, pero a los efectos de lo que entiendo por cine cubano todavía deja en las sombras dinámicas presentes en la sociedad de entonces, y que interactuaban también con la producción del ICAIC. Lo que quiero decir es que el cine cubano de los ochenta es también lo producido por los Estudios Fílmicos de la Televisión (Te llamarás inocencia o Madrigal del inocente, por ejemplo), los Estudios Fílmicos de la FAR (La gran rebelión o Algo más que soñar), los cine-clubes de creación (con Tomás Piard realizando un largometraje como Ecos), el Taller de Cine de la Asociación Hermanos Saíz (de cuyo legado productivo Jorge Luis Sánchez nos ha dejado más de un testimonio), o las producciones iniciales de Juan Carlos Cremata (Oscuros rinocerontes enjaulados) o Arturo Sotto (Talco para lo negro). Lee el resto de esta entrada