LAS (RE)INVENCIONES DE LA CIUDAD

Ayer se concedieron los premios y menciones del concurso de audiovisuales “La imagen viva”, convocado por la Oficina del Historiador, y ahora que se terminó el proceso de evaluación de los materiales, puedo revelar algunas de mis consideraciones más personales, ya no como miembro del jurado (cuya opinión nunca pasará de ser eso: una opinión fácilmente olvidable y cuestionable), sino en todo caso como el espectador que busca en la pantalla el reconocimiento de esa ciudad que habita a diario.

Lo primero que quiero enfatizar es que me parece importantísimo un evento como este, que supo dejar bien claro desde sus bases, cuáles eran sus objetivos, y cito: “la conservación del patrimonio cultural cubano, cómo identificarlo, proteger, conservar, revalorizar, comunicar y transmitir a las futuras generaciones así como su relación con el actuar ciudadano conforman las motivaciones fundamentales del concurso”.

En lo personal, me queda la impresión de que el grueso de los materiales (documentales, reportajes, promocionales, video-clips) fueron enviados a la lid no tomando en cuenta las bases, o realizados directamente para el concurso, sino porque tenían relación de algún modo con la ciudad, y sobre esa base, pues podía “encajar” en el concurso.

En tal sentido, la peor parte la llevó la Televisión Camagüey, con esa usanza casi fetichista del término “ciudad” en los títulos, y donde el uso y abuso de una fotografía edulcorada, entrevistas amables, exaltación dócil de sitios y monumentos legitimados por la tradición, nos dejan la impresión de que vivimos, no ya en el mejor de los mundos posibles, sino en el mismísimo paraíso.

Sé que debo argumentar mucho mejor mis quejas, sobre todo porque las está emitiendo alguien que se siente a gusto viviendo aquí. Pero por ello mismo, lejos de encontrarse una contradicción en lo que digo, me gustaría que se entendiera que mi insatisfacción va contra el modo sesgado en que se ha representado a esta ciudad en muchos de esos materiales, en franco olvido de aquello que señalaba Martí: “las ciudades son como los cuerpos, que tienen vísceras nobles, e inmundas vísceras”.

Ayer por la mañana, y como parte de un conjunto de charlas programadas en el evento, expuse algunas de esas ideas, digamos incómodas, en el restaurante La Isabela. Festejar la ciudad, alabarla, no significa que, necesariamente, tengamos que cubrirla todo el tiempo de elogios, de visiones paradisíacas que lo único que consigue, al final, es deshumanizarla. Camagüey tiene cosas maravillosas allí donde falta el lujo del centro y los monumentos que han llegado hasta nosotros.

Solo que, en una época como la nuestra, que Bauman calificaría en su momento de “modernidad líquida”, la posibilidad de registrar esa diversidad de matices y escenarios se hace a ratos desgastante. Se prefiere, entonces, reflejar aquello que queda más a la vista, lo que siempre estaremos “viendo”. Por eso preguntaba en esa charla: cuando retratamos la ciudad, ¿la miramos de verdad, o es la ciudad que hemos heredado, la que nos mira y nos impone su propio régimen de visibilidad?

Yo creo en el valor histórico de todo documento audiovisual. En este sentido, comparto las observaciones de Pierre Sorlin, cuando anota: “Todos los filmes son históricos, incluso los pornográficos, todo filme tiene una sustancia histórica. (…) “la cámara revela el comportamiento real de la gente, la delata mucho más de lo que se había propuesto. Descubre el secreto, exhibe la otra cara de una sociedad, sus lapsus”.

Por eso me siento frustrado con esos materiales donde la ciudad aparece falsificada, posando para una cámara que dentro de medio siglo nos dejará al borde del ridículo colectivo. Y fíjense que no hablo de apelar al tan cuestionable “realismo”, porque al final, todo buen cineasta, desde el momento en que convierte a las ciudades que mira en personajes de sus filmes, sabe que las está reinventando, que las está insertando en un texto donde ya deja de convertirse en un referente externo, para formar parte del verosímil fílmico. Allí están las ciudades inventadas de Blade Runner o El año pasado en Marieband. Inexistentes, pero creíbles.

Quién sabe si algún día apreciemos un filme de ciencia-ficción rodado en Camagüey, y alcancemos a vernos casi como si estuviéramos frente a un espejo colectivo, con nuestros más auténticos valores, nuestras virtudes, nuestros valores patrimoniales, y también nuestras sombras, que también se integran en forma de arquitecturas invisibles a la gran ciudad en la que vivimos.

Juan Antonio García Borrero

PD: No obstante las observaciones anteriores, felicito a los ganadores, y comparto con los amigos los nombres de los premiados.

PREMIOS Y MENCIONES:

MENCIONES: Hay Candita pa’rato, de Verónica Fernández y Pepe Castillo,y al programa televisivo Iglesia y convento de La Merced, de Jorge Campanería.

PREMIO: Spot “Ciudad 500”.

PREMIO: Pensando al Camagüey, de Jorge Campanería.

PREMIO: Entre la leyenda y la luz, del realizador Orestes G. Casanova.

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Publicado el febrero 6, 2014 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

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