Archivos Mensuales: febrero 2014

SOBRE LAS MEMORIAS DEL XVIII TALLER NACIONAL DE LA CRÍTICA CINEMATOGRÁFICA (Camagüey, Cuba, marzo del 2012)

En la recién concluida Feria del Libro de La Habana, Luciano Castillo leyó las siguientes palabras cuando presentaba El cine, el crítico y el espectador que vino a cenar, compilación de las ponencias leídas en el 18 Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica, a cargo de Armando Pérez Padrón, y publicada por la Editorial Oriente (Santiago de Cuba).

La Editorial Oriente sigue otras huellasdel cine cubano

Por Luciano Castillo

Cada edición del Taller Nacional de Crítica Cinematográfica, único de su tipo en Iberoamérica, que se realiza en Camagüey desde 1993 es una fiesta para los cinéfilos de la capital agramontina. Y, a diferencia de otros eventos, este fundado hace dos décadas por un grupo de entusiastas del Centro Provincial del Cine, al que concurrieron unos pocos adelantados en pleno período especial, cuenta con un genuino cronista. Porque Armando Pérez Padrón, uno de aquellos impulsores del núcleo fundacional ha asumido la tarea de compilar no solo las ponencias presentadas en las sesiones teóricas sobre temas cinematográficos heterogéneos, sino también de registrar la multitud de actividades (premières, ciclos temáticos, presentaciones de libros y revistas, aperturas de exposiciones…) que durante esos días de marzo convierten cada año a la ciudad en una suerte de capital del cine en Cuba. A este autor debemos Diez años que estremecieron la crítica, que apareció gracias a la editorial Ácana, y aprehende la historia de la primera década de existencia del Taller donde se gestó la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica.

Pero nada hubiera ocurrido si Armandito, como le conocemos, lograra reunir los textos luego de insistirle a los autores, por cuanto algunos optan por exponerlos sin escribirlos, si no contara con el respaldo decidido de una editorial. Cuántas gavetas han atesorado incontables libros que nunca vieron la luz. Y justamente a la Editorial Oriente le corresponde —y no ceso de reiterarlo— el mérito histórico de incluir en sus planes de producción el cine en general y cubano en particular cuando ninguna editora criolla, ni siquiera la del ICAIC, inerte por tantísimos años, se interesaba por el llamado arte del siglo XX, o de Lumière, como lo bautizara Arturo Ripstein. Su catálogo reúne numerosos títulos que han posibilitado el acercamiento de los cinéfilos de la isla a compilaciones de críticas, textos teóricos, la ineludible serie Coordenadas del Cine Cubano en colaboración con la Cinemateca de Cuba (cuyos primeros dos tomos acaba de reeditar con rotundo éxito de ventas en la 23. Feria y un tercero está a punto de entrar en imprenta) y hasta un par de obligados libros de referencia sobre los premios Oscar. No es ocioso subrayar que varios de esos libros en torno a nuestro cine acunados en Castillo Duany no. 356 atesoran el Premio de la Crítica Literaria. Lee el resto de esta entrada

DE GARCÍA BORRERO A JUAN CARLOS TABÍO

Querido Juan Carlos:

Ante todo debo agradecerte el envío de esos comentarios. Podría decir que con ellos ya hemos dado inicio al Taller, y que de esa manera comienza a cumplirse una parte de las aspiraciones que siempre hemos tenido: que el Taller consiga proyectar la huella de los debates más allá del recinto en el cual, durante tres o cuatro días, se reúnen un grupo de especialistas.

La relectura crítica de lo sucedido con el cine cubano en el período de los ochenta (o en cualquier período), implica mucho más que el inventario quisquilloso de lo visible (en este caso, de esas películas que en su momento la prensa o el público elogió, atacó, o sencillamente, condenó al olvido, haciendo apenas alusión a ella). El ensayo de Arturo Arango es ejemplar en esa dirección, como también lo son tus notas, que ponen sobre la mesa una interrogante verdaderamente inquietante: ¿cómo se explica que un conjunto de filmes que terminaron molestando a los políticos cuando terminaba la década, al extremo de propiciar la crisis que hoy asociamos a Alicia en el pueblo de Maravillas, pueda describirse de modo lacónico como un período de esencia populista?

La idea del Taller es propiciar el análisis intrahistórico. Si queremos superar esa simplificación del juicio crítico que ha terminado imponiéndose, en el cual dos o tres filmes parecieran definir a toda una década, entonces tendremos que regresar a los hechos concretos que se estaban viviendo en aquellos instantes, y sobre todo, a las relaciones humanas que conformaban aquel tejido.

Cada vez me convenzo más de que este tipo de análisis demanda un esfuerzo interdisciplinario. Dejar la responsabilidad de esa revisión apenas en manos de los cinéfilos será sencillamente seguir contribuyendo al equívoco. Las películas, en cada caso, fueron los resultados concretos de una gestión institucional, pero antes estuvieron las decisiones que tomaban los hombres de acuerdo a lo que dictaban, más allá de sus predios, otros hombres con poder. Y estaban las circunstancias mismas, que son las que hacen impredecible a la existencia. Lee el resto de esta entrada

LUCIANO CASTILLO SOBRE “FRESA Y CHOCOLATE” (1993), de Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío.

Este texto de Luciano Castillo fue publicado en La Gaceta Nro. 6 del año 2013, como parte de los homenajes al filme Fresa y chocolate, por sus veinte años de concebido. Agradezco la gentileza de su autor, al permitirme compartirlo con los amigos del blog.

LAS NARANJAS EN LOS PANTALONES[i]

Por Luciano Castillo

“DAVID: ¿Cómo que te botan?

DIEGO: Te lo iba a decir pero no quería que te enteraras tan rápido.

DAVID: ¿Quién te bota? ¿Qué has hecho?

DIEGO: Yo no he hecho nada. ¡Ser maricón!”[ii]

Estos diálogos del filme Fresa y chocolate, codirigido por Tomás Gutiérrez Alea (1928-1996) y Juan Carlos Tabío, se escucharon la noche del miércoles primero de diciembre de 1993 en la sala habanera Karl Marx, durante la inauguración del 15. Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Sin embargo, esa no era, como muchos piensan, la primera vez que el cine cubano abordaba un tema tabú, el del homosexualismo o, para ser más precisos, el de la intolerancia.

«Qué bello eres, muchacho. El único defecto que tienes es que no eres maricón»,[iii] expresa Diego, el gay culto delineado por el narrador Senel Paz. Con el fin de ganar una apuesta, en «Coppelia», la «catedral del helado» —famosa en una época por los disímiles sabores en venta y por constituir una concurrida zona de ligue—, Diego se vale de una treta infalible para llevar a su apartamento a una codiciada presa: el joven David, militante comunista por añadidura. Al estrecharse en un abrazo antológico, ovacionado por varios minutos, ya se habían exhibido en algunas muestras audiovisuales de la Asociación Hermanos Saíz dos entonces atrevidos cortometrajes de ficción. Uno mostraba el, para algunos, insólito encuentro fortuito en un ómnibus de dos hombres que deciden trascender sus miradas insistentes; y el otro, las caricias furtivas, primero anónimas, que en el baño de un bar, ofrece alguien antes de jactarse en público de su «hombría».

A poco más de cuarenta kilómetros del «Coppelia», en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (EICTV), la estudiante chicana Graciela J. Sánchez realizó en 1988 toda una audaz declaración de principios desde la propia introducción de su documental No porque lo diga Fidel Castro: «Conociendo esta represión personalmente, como latina lesbiana, cuestiono la validez sobre todo lo que he escuchado y leído sobre los homosexuales en Cuba».[iv] La producción de la Escuela de Todos los Mundos es parte de ese otro cine generado fuera del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). Por espacio de casi veintisiete años transcurridos desde su apertura, los estudiantes desde distintas ópticas, han aprehendido en documentales y en cortos de ficción una multiplicidad de temas, a veces inexplorados por el cine nacional.

No porque lo diga Fidel Castro registra opiniones de personas de diversa procedencia social, sexual o generacional, que para aludir a la homosexualidad apelan a los términos: enfermedad, vicio, deformación, defecto…, así como la de especialistas en educación sexual. Es un título pionero en plasmar ese fenómeno ancestral que es la homofobia, tan arraigada en los habitantes de la isla como el machismo —curiosamente, este último es uno de los temas más recurrentes en la filmografía del ICAIC en más de cinco décadas—. Lee el resto de esta entrada

ABELARDO MENA SOBRE EL CINE CUBANO DE LOS OCHENTA

Querido Juani,

He disfrutado muchísimo el texto de Tabio. Él pone el dedo en la llaga: la crítica de arte, si va a ser aplicada sobre períodos históricos, debe primero "mojarse" a fondo con los hechos y los datos, y no levantar presunciones infundadas. Primero hay que cavar, desenterrar huesos, antes que generalizar a diestra y siniestra. En Cuba además tenemos la costumbre de refritar criterios previos, sin confrontarlos con los documentos primarios. Y esto ocurre, con demasiada frecuencia, no solo en las historias del cine cubano sino en las historias de todo el arte cubano.

Cuando Tabío revela que Adorables Mentiras y Fresa y Chocolate, se comenzaron a gestar en los 80 y fueron los dos últimos proyectos aprobados por Julio y por los Grupos de Creación” le da un sonoro galletazo a la visión maniquea de una época, que además contó con joyas como Una Novia para David (1985), Clandestinos (1987), Vampiros en La Habana (1985), Un hombre de éxito (1986), El Desayuno más caro del mundo…… amén de los Noticieros ICAIC realizados por Francisco Puñal, que nos sacudían cada semana con su visión de una Cuba burocratizada y anómala, sin dejar fuera una heterodoxa Cecilia, o Papeles Secundarios (1989), donde se unen plástica de los 80 y nuevos conceptos dramatúrgicos… ¿cómo sepultar esa década bajo consideraciones tan mezquinas?

Voy a proferir una provocación impetuosa, pero en realidad, ni la "década prodigiosa de los 60" ni incluso la producción de las últimas dos décadas, han contado con una batería de filmes tan variados, y que alcanzaran –ohh elitistas!- una resonancia tan amplia en su publico natural. Y es lógico! En los 80 el ICAIC accedió- por acumulación de capital humano y de producción previos- a su cumbre creativa más alta. Sencillamente, si se consulta el Índice Cronológico de tu libro “Guía Critica del Cine Cubano de Ficción”, y se revisan los filmes por años, tendremos ante nuestros ojos el despliegue magnífico de un universo aun inexplorado…

Aun habrá que recoger las historias de vida de los Grupos de Creación, que han resurgido- como "la mala hierba"- en los números colectivos de creación independientes que matizan el panorama fílmico actual. Nadie sabe para quién trabaja, nadie adivina cuándo sus semillas volverán a resurgir.

Ahora sí, me asalta una curiosidad malsana: ¿qué reprochaba Guevara al cine de los 80? ¿Qué matiz en su pensamiento lo separaba de la producción de aquellos jóvenes? ¿No sería, realmente, un celo rencoroso por lo que habían logrado efectivamente como creadores de una República grupal no sometida al verticalismo castrador? Solo los testigos podrían satisfacer mi curiosidad…

Sin otras riflexiones, un abrazo de siempre,

Abelardo

CARTA DEL CINEASTA JUAN CARLOS TABÍO A J. A. GARCÍA BORRERO

Le hicimos llegar a Juan Carlos Tabío (Se permuta; Plaff; El elefante y la bicicleta; Fresa y chocolate, entre otras) una invitación con el fin de que participara en el venidero XX Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica. La idea era que, junto a Rolando Díaz y Fernando Pérez (que ya confirmaron su disposición a asistir) nos brindara la mirada del cineasta que desde la institución ICAIC, contribuyó a la producción de eso que hoy llamamos “cine cubano de los ochenta”.

Lamentablemente Tabío no puede asistir, pero me envió esta reflexión que ya de paso me autorizó a compartir con los amigos del blog. Creo que es una buena manera de ir entrando “en Taller”.

JAGB

CARTA DEL CINEASTA JUAN CARLOS TABÍO A J. A. GARCÍA BORRERO

Querido Juan Antonio:

Celebro tu empeño en organizar este encuentro de debate en torno al cine cubano de los 80.

Como te dije en mi correo anterior, lamento muchísimo no poder estar con ustedes, contigo, con Rolando, con Fernando y con todos los amigos. Por supuesto que te agradezco de todo corazón que me incluyeras en este recuerdo.

El cine cubano de los 80 se parece mucho a una herida mal cerrada. No por casualidad La Gaceta acaba de publicar, en su número de noviembre-diciembre el dossier “La larga década de los 80” en el que aparece el muy lúcido e incisivo ensayo de Arturo Arango “Entre Cecilia y Alicia” y que me parece una referencia obligada para abordar el tema que nos ocupa.

Aunque sea llover sobre mojado, déjame comenzar por el principio. Julio García Espinosa entra a dirigir el ICAIC en el año 82, en el 87 crea los Grupos de Creación (y me perdonan la redundancia, pero no se me ocurre otra forma de decir esto).

Julio solamente participaba en la aprobación de la idea sobre la cual se escribiría el guión y ya al final al revisar el primer corte de la película montada. Fue un momento extraordinario en el ICAIC, algo así como una “República Cinematográfica”. Un inaudito episodio de “descentralización” en la Cuba de del 87. Aquello no duró mucho. Alicia en el pueblo de Maravillas (realizada dentro de uno de los Grupos de Creación) fue acusada de contrarrevolucionaria y pasó lo que todos sabemos. Lee el resto de esta entrada

XX TALLER NACIONAL DE LA CRÍTICA CINEMATOGRÁFICA (Del 11 al 15 de marzo del 2014, Camagüey, Cuba)

Del 11 al 15 de marzo del año en curso estaremos celebrando en Camagüey el XX Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica. Veinte ediciones ya. Se dice rápido, pero ha sido una larga y a veces agónica carrera de fondo.

En esta ocasión estaremos dedicando las sesiones teóricas a la evaluación de la crítica de cine en Cuba, dos décadas después de creado el evento, y a la reflexión sobre lo sucedido con el cine cubano en los años ochenta.

Lo de la aproximación al ejercicio crítico en la isla pareciera redundante, tomando en cuenta que en la edición anterior seis jóvenes nacidos precisamente en los ochenta, expusieron argumentos desde su perspectiva generacional, acerca de este oficio del siglo XX que alguna vez heredaron. Sin embargo, he aquí un tema que en el caso de quienes ejercemos esta función nunca estará agotado su análisis. Todo lo contrario: en la misma medida en que, gracias a las nuevas tecnologías, se democratiza el acceso a los espacios públicos de enunciación, será preciso que los críticos actualicen sus estrategias de trabajo.

En cuanto al análisis del cine cubano producido en los ochenta, pienso que sería un asunto casi virgen. El escritor Arturo Arango acaba de publicar en “La Gaceta de Cuba” un excelente ensayo que tituló “Entre Cecilia y Alicia”, y donde inicia el conjunto de sus reflexiones del siguiente modo:

Mirada desde la Historia, la década de los 80 en Cuba comenzó con el éxodo del Mariel (abril de 1980) y terminó con la desaparición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (proceso acentuado a partir de agosto de 1991 y que finalizó en diciembre de ese año). Concebida desde el cine, dio inicio con la polémica en torno a Cecilia, la película de Humberto Solás (1982), y concluyó con el caso que tuvo como centro Alicia en el pueblo de Maravillas, de Daniel Díaz Torres (1991). Dentro del ICAIC, el primero de estos sucesos implicó que Alfredo Guevara, el presidente fundador del Instituto, fuera reemplazado por Julio García Espinosa, uno de los cofundadores. El segundo suceso, que García Espinosa fuera sustituido por Guevara”.

Las observaciones son correctas, pero a los efectos de lo que entiendo por cine cubano todavía deja en las sombras dinámicas presentes en la sociedad de entonces, y que interactuaban también con la producción del ICAIC. Lo que quiero decir es que el cine cubano de los ochenta es también lo producido por los Estudios Fílmicos de la Televisión (Te llamarás inocencia o Madrigal del inocente, por ejemplo), los Estudios Fílmicos de la FAR (La gran rebelión o Algo más que soñar), los cine-clubes de creación (con Tomás Piard realizando un largometraje como Ecos), el Taller de Cine de la Asociación Hermanos Saíz (de cuyo legado productivo Jorge Luis Sánchez nos ha dejado más de un testimonio), o las producciones iniciales de Juan Carlos Cremata (Oscuros rinocerontes enjaulados) o Arturo Sotto (Talco para lo negro). Lee el resto de esta entrada

GUSTAVO ARCOS SOBRE EL FILME “CONDUCTA” (2014), de Ernesto Daranas

Comparto esta crítica escrita por Gustavo Arcos sobre el filme Conducta, y publicado también en el sitio de IPS. Probablemente esta ha sido, hasta el momento, la única de las publicadas donde se aprecian reparos.

¿Nacer para ser felices?

Por Gustavo Arcos Fernández Britto.

Se ha hablado mucho en estos días de Conducta, la película cubana recién estrenada, dirigida por Ernesto Daranas. Las críticas en los medios y los comentarios en las redes sociales son favorables, entusiastas, emotivos.

Con las salas de cine abarrotadas y largas filas para adquirir una entrada, el ciclo de exhibición de la misma promete ser extenso y pudiera ser de mayor impacto si el país no tuviera más del 85 por ciento de sus salas clausuradas o destruidas. Al margen de su calidad estética o artística, este hecho: mover a tantos millones de cubanos hacia un espacio tan degradado en el país, es ya un evento de trascendencia cultural y social.

Ha sido habitual en nuestra cinematografía que las películas de producción nacional interpreten o reflejen la sociedad en que vivimos. Relatos, conflictos, personajes, situaciones y ambientes no se alejan mucho del mundo que nos rodea. A veces de forma metafórica (Los sobrevivientes– T.G.Alea-1978, Madagascar-F. Pérez-1994), otras utilizando la sátira y el humor (La muerte de un burócrata-T.G.Alea-1966, Plaff– J. C. Tabío-1988) el viaje al pasado (Lucía– H Solás-1968, El siglo de las luces- H.Solás-1992) el drama existencial (Memorias del subdesarrollo– T G Alea-1968, Papeles secundarios– O Rojas- 1989) o el juego con las formas y el género (Nada– J C Cremata-2001, Memorias del desarrollo– M Coyula-2009, Juan de los muertos-A. Brugués-2012) todas intentaron asomarse a la vida para interrogarla y quizás encontrar en ella, respuestas acerca de quiénes somos o quisimos ser.

Conducta, no es la excepción y aunque utilice recursos artísticos próximos al melodrama, su historia es tan fuerte, sus personajes tan cercanos y su discurso tan honesto que el espectador se olvida que está frente a una dramatización o puesta en escena. Los avatares de un niño y su maestra de escuela que deben hacerle frente a su propio destino, resultan tan reales que el filme, a ratos, parece un documental. Lee el resto de esta entrada

CONVERSATORIO HOY CON ERNESTO DARANAS EN EL MULTICINE CASABLANCA

Hoy, a las cinco de la tarde, en el Multicine Casablanca, y como parte de lo programado en el espacio “La ciudad simbólica”, estaremos conversando con el realizador cubano Ernesto Daranas. Sobre su filme más reciente, “Conducta” (2014), se ha hablado y escrito muchísimo, pero me gustaría ahora compartir con los amigos del blog esta excelente crítica, aparecida en el sitio IPS.

Everything is a remix o de cómo marcar un hito en la historia del cine cubano

Por Karina Paz Ernand

Everything is a remix

Hace poco descubrí un material perteneciente a una serie que viene realizando desde hace algún tiempo un joven cinéfilo estadounidense y que luego cuelga en Youtube para el disfrute de todos: Everything is a remix. Con un fino humor – pero sustentado en una interesante labor investigativa y un ritmo en la edición que muchos experimentados del cine quisieran llegar a lograr-, este material nos muestra una vez más que la palabra "originalidad" es ya un término caduco si de séptimo arte se trata. Efectivamente: todo es una "re-mezcla"; a diario los realizadores de cualquier latitud van tomando de aquí y de allí para conformar sus "nuevas" obras de arte.

Es por ello que, al disfrutar de Conducta, el reciente estreno del director cubano Ernesto Daranas, mi mente y mi corazón se removieron igual que años atrás, cuando viera por vez primera aquella cinta titulada Mentes peligrosas (Dangerous Minds, EUA, 1995, John N. Smith).

En Mentes…, otra maestra sensible (aunque en una etapa de vida y de experiencia diferente a la de la Carmela de Conducta) lucha, sufre y se estremece ante las "opciones" de vida de un grupo de estudiantes cuyo mayor delito ha sido venir al mundo en un barrio marginal, así como ante la incompetencia y la intolerancia de un sistema educacional caracterizado por el oído sordo y la mano dura. Ni la Michelle Pfeiffer de Mentes... es tan diferente a la Carmela de Conducta, ni aquellos adolescentes están tan distantes de estos niños, ni los barrios de la Habana Vieja dejan de ser tan opresivos y marginales como lo fuera aquella ciudad de los Estados Unidos. Una vez más: Everything is a remix. Lee el resto de esta entrada

CONVERSATORIO CON ERNESTO DARANAS, ESTE MIÉRCOLES, EN “LA CIUDAD SIMBÓLICA”

El próximo miércoles 19 de febrero, los camagüeyanos tendremos oportunidad de conversar con Ernesto Daranas Serrano (La Habana, 1961), director de las muy exitosas Los dioses rotos (2008)y Conducta (2014).

El encuentro, auspiciado por el Centro de Cine de Camagüey, tendrá lugar en el multicine Casablanca, a las cinco de la tarde. La entrada es libre.

DEBUTA EN LA FERIA ENCICLOPEDIA DE CINE LATINOAMERICANO

Con carácter enciclopédico, profusamente ilustrados y su impresionante formato,los dos tomos de Los cines de América Latina y el Caribe serán presentados el jueves 20 de febrero, a las 2:00 pm, en la Casa del Alba Cultural, sita en Línea y D, El Vedado. Coordinado por el crítico de cine e investigador panameño Édgar Soberón Torchia, desde Ediciones EICTV, de Escuela Internacional de Cine y TV (EICTV), San Antonio de los Baños, el libro contiene una historia ilustrada, que consiste en un artículo principal y una cronología dedicados a cada década.

Los textos consagrados a cada década contienen numerosas separatas sobre temas o personalidades de particular relieve, ya sea directores, actores, géneros, etapas y otras particularidades. Debido a la copiosa información contenida por cada década, los textos están divididos en dos tomos: el primero, desde los orígenes hasta la década de 1960; y el segundo, desde los años 70 hasta el presente, cada uno de 500 páginas.

Los dos volúmenes están dirigidos, en principio, a estudiantes de escuelas de cine de América Latina, pero también a especialistas, críticos o historiadores, aunque siempre se tuvo en cuenta la amena lectura, capaz de apelar al público en general. En todo caso, se propone un panorama de la evolución del cine en nuestra región, que ubique al lector de los antecedentes e hitos principales.

En la redacción de los textos principales participaron algunos destacados profesionales latinoamericanos. Entre los redactores de textos base se encuentran Édgar Soberón Torchia (orígenes), Silvia Oroz (décadas 1930 y 1940), Nelson Carro (década 1950), Luciano Castillo (década 1960), Isaac León Frías (década 1970), Emilio Bernini (década 1980), Jorge Ruffinelli (década 1990) y Joel del Río (nuevo siglo, cronologías por décadas).