SOBRE LA NOVELA “EL HOMBRE QUE AMABA A LOS PERROS”, de Leonardo Padura

El escritor camagüeyano José Rey Echenique me hace llegar esta nota que escribió a propósito de la novela “El hombre que amaba a los perros”, de Leonardo Padura. Le he dicho que mi blog comenta las cosas relacionadas con el cine cubano, pero él me ha desarmado con cierta facilidad: Padura ha sido guionista de varias películas, y la novela, a ratos, tiene mucho sentido cinematográfico. Así que no lo he pensado más, y decido compartir con los amigos su nota. Que al final Cine cubano, la pupila insomne quiere ser especie de café virtual con personas compartiendo los más diversos puntos de vista.

JAGB

EL HOMBRE QUE AMABA A LOS PERROS: EL PRECIO DE NO SER.

Por José Rey Echenique

Siempre he creído que mover grandes masas de personajes, a través del tiempo en una novela, tiene sus riesgos. Todos los que hayan leído La Guerra y la paz de Tolstoi, se darán cuenta de lo que digo. Mucho más cuando la narración esta comprometida, con el elemento histórico real y, en ocasiones, ocupa las parcelas del testimonio. La novela histórica no puede evitarlo, aunque no deberá nunca ceder fuerzas ante el testimonio. Los personajes, cuando han sido objetos de biografías y de exhaustivos estudios, por parte de los investigadores (que en todo momento tratan de apartarse de la ficción) devienen complejos mundos.

He decidido comenzar estas líneas de esta forma, porque no pude evitar sentir cierto sobresalto al adentrarme, no con poco escepticismo, en las páginas de la novela El hombre que amaba a los perros, de Leonardo Padura, en su edición del año 2010, a cargo de la editorial Unión. Leonardo Padura, desde un primer momento decidió arriesgarse a novelar una figura tan conocida internacionalmente como Trosky. Una de las pesadillas de Iosiv Stalin, para quien, Trosky, representaba los peligros de un posible gobierno en la sombra. La historia es veleidosa y casi siempre oscura y la novela trata de hundir sus raíces en ese empedrado camino del infierno. Se impone que el autor posea una basta información acerca de lo que narra, para que dichas raíces no queden en la superficialidad, algo que sería lamentable en la presentación de la dramaturgia y del suspense. La novela se Padura tiene el acierto de no quedar nunca en esa superficialidad. Imagino que el autor haya dedicado largas horas al estudio de esa historia torcida, cruenta, avérnica que solo fue revelada al mundo, y no en toda su plenitud, luego de la muerte de Stalin, en el proceso de desestalinizacion protagonizado por Nikita Kuschev y que aparece en los informes generados por el XX Congreso del PCUS, los cuales figuran entre los textos mas importantes del siglo XX.

Leonardo Padura logra una estructura novelesca profusamente argumentada, que lejos de estropear el flujo dramatúrgico, lo que hace es realzarlo y favorecer el suspense. No renuncia jamás a la esencia de la novela: contar una historia y obedecer a un argumento. Pero la obra en cuestión, a mi juicio, va más allá del simple intento de entretener o de satisfacer la curiosidad informativa del lector, sin siquiera pretender invadir los predios del periodismo, aunque le deba bastante. La obra nos revela toda una amalgama de personajes, infestados con una de las epidemias más terribles conocidas por el hombre. Me refiero al miedo. El miedo como instrumento de control del poder; el miedo que desarma, paraliza, automatiza al individuo. En la psicología actual, la mayoría de los estudiosos de esta ciencia, coinciden en expresar la siguiente ecuación: un pensamiento lleva a una acción; una acción a un habito; una habito a un carácter; un carácter a un destino. El poder, me refiero al poder en todas sus aristas filosóficas, busca ocupar un espacio también en el pensamiento del individuo. Un sitio privilegiado, si nos percatamos que desde esta posición se puede controlar hasta los destinos del ser humano. La política, la economía, las religiones y otras formas de poder no solo pretenden llegar al pensamiento, sino también a lo que esta detrás del pensamiento: el espíritu, el alma tal vez. Las buenas y bajas pasiones; el amor, el odio pueden movilizar el pensamiento, confundirlo, o destruirlo. La novela de Padura describe muy bien lo que pueden hacer los individuos frente al temor, arraigado en su pensamiento, y a su vez, hiriendo el espíritu como una punzada candente que les recuerda groseramente: no te apartes del redil. ‹ Vuelvo por miedo› Había dicho Buyarin. Las descripciones de la novela, tanto la de los personajes como la de los ambientes, ciudades y acontecimientos son el reflejo del miedo racionalizado durante años, algo que ya sabemos no es una simple novelizacion, sino una imagen que acompañó a la URSS durante toda su existencia y que los URSStodoxos siempre quisieron esconder. Las delaciones, el genocidio multitudinario, las guerras clandestinas o abiertamente declaradas eran un reflejo del miedo, al que ni siquiera el Gran Timonel escapaba.

Pero el miedo solo se racionaliza, a través de otro proceso silencioso, que subyace a toda estructura social totalitaria: la llamada despersonalización, la perdida del yo, mediante la disolución del yo dentro de la masa, como nos mostró en su Psicología de la multitudes Gustave Le Bon. En un momento de la narración, el personaje de Kotov, Grigoriev asegura lo siguiente: ‹Mira, hay algo muy importante que me enseñaron nada mas entrar en la Cheka: el hombre es relegable, sustituible. El individuo no es una unidad irrepetible, sino un concepto que se suma y forma la masa, que sí es real. Pero el hombre en tanto que individuo no es sagrado y, por tanto, es prescindible. › Stalin extinguió a casi veinte millones de personas de diversas nacionalidades (las estadísticas exactas tal vez nunca las sabremos) pero también fue autor de uno de los crímenes mas terribles: el de obligar a millones de personas a no ser. ¿Y que significa no ser? Significa vivir una realidad capciosa, condenada al fracaso, a la esclavitud, a la inexistencia, a la vida amoral si es que se le puede llamar vida.

Con la lectura de este libro, transitamos a través de diferentes formas de hacer novela. El libro tiene de novela policial, de peripecias, de novela sicológica, de guión cinematográfico algo a lo que tampoco Padura es ajeno. Sin embargo detrás de toda esta estructura esta el precio de no ser. Con el desencanto de los personajes, algunos aferrados a una verdadera fe, coexiste ese mismo desencanto que daría al traste con toda una estructura social totalitaria, que no cumplió con la principal prueba que toda estructura social, económica, etc. debe cumplir, como diría Paul Samuelson, el gran economista: la de sobrevivir.

Tal vez lo que no llenó mis expectativas, fue el hecho de que no se abundara más en los años de prisión de Ramón Mercader, años que pasan como gacela que se lleva el viento y que daría materia para otra novela. El otro elemento que me incomodó, fue la solución dramática del personaje de Iván, que se me antoja débil y poco verosímil. Pero creo que estos son señalamientos remediables, ante la ingente labor realizada por Padura, que muchos agradecerán, porque creo, logrará uno de los mejores efectos que pueda provocar un buen libro: el de incitarnos a buscar otras lecturas, postergadas durante tanto tiempo y que nunca es tarde para retomar, mucho menos ahora que nos adentramos en la mitad de la segunda década del siglo XXI.

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Publicado el enero 29, 2014 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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