Archivos diarios: enero 24, 2014

LA AUSENCIA (1968), de Alberto Roldán

La ausencia, de Alberto Roldán, es uno de los filmes menos comentados del cine cubano. Realizado en las mismas fechas de Memorias del subdesarrollo (1968), de Tomás Gutiérrez Alea, Lucía (1968), y La primera carga al machete (1969), de Manuel Octavio Gómez, conceptualmente estaría más cerca del filme de Titón, si bien en lo formal comparte ese espíritu dey experimentación que movilizó a la producción de ese período.

Un análisis profundo del mismo demandaría situarlo en su contexto más original. Estoy hablando no solamente de las circunstancias políticas, sino también de los debates que en el plano estético mantenían los cineastas en su búsqueda de una cinematografía más personal, menos dependiente de las recetas que podían proponer las llamadas cinematografías modernas existentes sobre todo en Europa.

Comparto con los lectores del blog algunas de las reflexiones del director Alberto Roldán en el momento en que se estrenara el filme, así como una de las críticas recibidas.

JAGB

ALBERTO ROLDÁN, DIRECTOR DE LA AUSENCIA

Nuestro público, independientemente de otras virtudes y defectos, ha sido acostumbrado a lo siguiente: a) a asumir el cine como escape de las tribulaciones cotidianas, como espectáculo de simple entretenimiento; b) a la aplicación sistemática de la línea del menor esfuerzo frente a una obra artística: carencia de disciplina para estudiar, reflexionar, cuando la obra no le es del todo comprensible, ha sido acostumbrado, en fin, a la pereza mental; c) al cine comercial en el peor sentido (melodramas, pornografía, lugares comunes, fórmulas gastadas, esquemas, etc) con cuyo cine ha adquirido un hábito especial y cuyo cine no ha favorecido el desarrollo cultural, ideológico y humano de un público que, por otra parte, tiene una intuición sui géneris para el arte y la vida en general. Lo anterior debe ser aceptado como un hecho objetivo.

Ahora bien, aceptar no implica necesariamente un sometimiento, un dejarse dominar, sino más bien un estar consciente. ¿Qué hacer a partir de esto? Creo que para el director de cine y el artista en general (si se respeta a sí mismo y respeta, consecuentemente, al público) no hay otro remedio que rebelarse, revolucionar e intentar una transformación gradual de las particularidades del público (transformación que debe ir a la par con el desarrollo artístico y las inquietudes del artista en cuestión). El artista entonces debe hacer un serio análisis de su desarrollo y sus objetivos, plantearse metas concretas, no sobreestimarse ni viceversa; en esta actitud hacia el público y hacia sí mismo, el artista no puede hacer concesiones, de lo contrario abre el camino hacia la discriminación y el paternalismo con el público, base de la demagogia artística” (Alberto Roldán). Lee el resto de esta entrada