MIS AÑOS EN “ADELANTE”

He tenido mucha suerte en mi vida profesional, sobre todo porque a estas alturas de mi existencia sigo trabajando en lo que me gusta. No siempre las personas reciben un salario (así sea el más precario) por hacer algo que le reporte placer. Puede ocurrir que ganen un gran sueldo (de hecho, lo más lógico es que las personas se pasen su vida intentando mejorar la situación económica, y se sientan felices si lo logran), pero la remuneración espiritual sea nula.

Tuve la dicha de comenzar a escribir de modo sistemático en un medio de prensa cuando aún era muy joven. José Antonio García Gradaille y yo todavía estudiábamos Licenciatura en Derecho en una misma aula de la Universidad de Camagüey, y ambos colaborábamos con la revista “Resonancias” que por aquellos tiempos se había creado en el recinto académico. Tengo entendido que fue nuestro profesor de filosofía Jorge Luis Varona el que le habló de nosotros a Manuel Villabella, entonces responsable de la sección “Visión cultural” del periódico camagüeyano “Adelante”, y por allí comenzó el vínculo semanal con ese medio.

La primera crítica que entregamos fue a propósito de Una novia para David (1985), de Orlando Rojas. A Villabella no le pareció impublicable, pero propuso que en vez de firmar con nuestros respectivos nombres lo hiciéramos con el más impersonal J. A. García, aprovechando la coincidencia de las iniciales y el primer apellido. Fue el inicio de una aventura que recuerdo con mucho cariño, porque me ayudó de un modo decisivo a conformar esa vocación que aún conservo por mostrar en la esfera pública mis opiniones y someterlas a debate.

Por otro lado, siempre he insistido en que se reconozca la participación de José Antonio García Gradaille en esa etapa del periódico, porque al menos en mi devenir intelectual, sus contribuciones fueron decisivas: en aquel período a mí apenas me interesaba la cinefilia; en cambio, a José Antonio le decíamos en la Universidad “el Poli” porque su sed de saber era insaciable, y lo mismo te hablaba de Derecho que del arte culinario. Creo con firmeza que mientras duró la colaboración entre nosotros, yo aprendí mucho más de él que lo que seguramente pude aportarle.

Todo esto me viene a la mente con las celebraciones que por estos días hace el periódico Adelante en virtud de sus 55 años. Para mí fue una morada entrañable e inesperada, sobre todo porque en aquel momento el periódico salía todos los días, y uno podía encontrar allí las firmas de los intelectuales más reconocidos de la ciudad (Luciano Castillo, Roberto Méndez, Jorge Santos Caballero, por mencionar algunos), y eso para nosotros (muy jóvenes aún, y recién iniciados en el giro) resultaba todo un desafío.

Sospecho que mi actual condición de bloguero no fuera posible si no hubiese existido en mi vida el precedente de “Adelante”. Como respeto tanto la profesión del periodismo, jamás me ha dado por venderme como practicante de ese oficio. Para ser periodista se necesitan muchas virtudes, y yo apenas me considero un grafómano compulsivo e insomne (supongo que exista algo de redundancia en lo anterior, pero sirve para enfatizar la imagen que quiero dar) que siente placer cuando expresa sus opiniones. Y en ese sentido ese periódico fue y sigue siendo una formidable escuela. Eso es lo que explica que hayan pasado un montón de años, pero la gratitud siga intacta.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el enero 23, 2014 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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