Archivos Mensuales: enero 2014

JOSÉ MARÍA VITIER SOBRE SU EXPERIENCIA EN “FRESA Y CHOCOLATE”

El cine cubano ha contado con las contribuciones de excelentes músicos. Sin embargo, los resultados de esa colaboración habría que medirlos no tanto por la excelencia del músico, como por la complicidad creativa que su oficio conseguiría establecer con el filme en su totalidad.

Lamentablemente no abundan los textos que, desde la perspectiva de los músicos, nos expliquen las peculiaridades de ese vínculo. Sí han nacido textos hoy clásicos, como la carta que en su momento le enviara Titón a Leo Brouwer, explicándole lo que quería lograr con la música de La última cena. Pero no abundan las reflexiones teóricas de los creadores musicales. Por eso he querido compartir estas ideas de José María Vitier, a propósito de su experiencia en Fresa y chocolate (1993), también de Gutiérrez Alea.

JAGB

FRESA Y CHOCOLATE. MI EXPERIENCIA

Por José María Vitier

Cuando, hace ahora más de 5 años, recibí el ofrecimiento de hacer la música para Fresa y chocolate, la noticia no podía ser más excitante. Se trataba de trabajar con Titón, una de las leyendas vivas de nuestro cine, que, por demás, tenía justificada fama de profundo conocedor de la música, músico él mismo y creador de filmes, cuyas bandas sonoras, casi siempre asignadas al gran maestro de nuestra música contemporánea Leo Brouwer, eran un ejemplo de austeridad sonora, sentido del espectáculo, e intencionalidad. Probablemente lo primero que un compositor para cine debe plantearse es qué lugar debe ocupar la música en el montaje general de un filme. Y de eso trataron nuestras primeras conversaciones. Titón era capaz de explicar con precisión musicológica (con detalles de estilo, tempo y orquestación) qué necesitaba para cada secuencia. Y sabía que añadir música a una escena es una operación delicada cuya regla de oro podría sintetizarse así: si no es imprescindible, probablemente estorba. También poseía la rara capacidad de comprender la banda sonora como un todo, integrando diálogos, efectos, música y… silencios. Lee el resto de esta entrada

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LA VACA DE MÁRMOL (2013), de Enrique Colina

La vaca de mármol y las Memorias del Pseudodesarrollo

Por Antonio Enrique González Rojas

Entre las filas de los creadores cubanos de todas las épocas postcoloniales, desde el decimonónico Ramón Meza (“Mi tío el empleado”) y Jorge Mañach con sus “Estampas de San Cristóbal”, hasta Eduardo Robreño, Enrique Núñez Rodríguez y Ciro Bianchi, quienes se han dedicado a viviseccionar a sangre fría e ironía indistintamente caliente, el cosmos cotidiano nacional, forjando la compleja filigrana de la microhistoria crítica cubana, tiene un lugar bien ganado el crítico de cine y realizador Enrique Colina. Afortunado sujeto es entre sus semejantes, por confluir en su acervo las destrezas analíticas, pedagógicas (no menos que una en verdad efectiva "universidad para todos" del cine fue su antológico programa “24 x segundo”) y creativas, sellando por una vez la (no siempre) maledicente sentencia de que un crítico audiovisual es un realizador frustrado.

…sigamos un poco más con el preámbulo, quizás necesario.

Ingeniosas e hilarantemente amenas obras documentales como Estética (1984), Vecinos (1985), Más vale tarde…que nunca, Jau y Chapucerías (los tres de 1986) definieron junto con ficciones contemporáneas como Se permuta, Plaff o Demasiado miedo a la vida (Juan Carlos Tabío, 1983 y 1988) y Los pájaros tirándole a la escopeta (Rolando Díaz, 1984), una corriente lúdico-deconstructiva de ciertos estratos y procesos sociales cubanos que delataban rasgaduras superficiales de la Utopía, a unas dos décadas de la revolución de 1959. El marcado sesgo de inmediatez e intenciones reporteriles de las piezas facturadas por Colina, más allá del empleo de recursos fictivos como deliberadas puestas en escena en pos de metáforas efectivas acerca de los planteamientos de marras (sobre todo en Más vale tarde…), ya venía delatando las carencias de una prensa hegemonizada por la oficialidad ergo el optimismo apologético, el escamoteo de enormes zonas problémicas. Todo esto sólo se ha agudizado más y más en el presente, con el consecuente canje de roles entre los periodistas oficiales y los realizadores casi siempre independientes. Lee el resto de esta entrada

SOBRE LA NOVELA “EL HOMBRE QUE AMABA A LOS PERROS”, de Leonardo Padura

El escritor camagüeyano José Rey Echenique me hace llegar esta nota que escribió a propósito de la novela “El hombre que amaba a los perros”, de Leonardo Padura. Le he dicho que mi blog comenta las cosas relacionadas con el cine cubano, pero él me ha desarmado con cierta facilidad: Padura ha sido guionista de varias películas, y la novela, a ratos, tiene mucho sentido cinematográfico. Así que no lo he pensado más, y decido compartir con los amigos su nota. Que al final Cine cubano, la pupila insomne quiere ser especie de café virtual con personas compartiendo los más diversos puntos de vista.

JAGB

EL HOMBRE QUE AMABA A LOS PERROS: EL PRECIO DE NO SER.

Por José Rey Echenique

Siempre he creído que mover grandes masas de personajes, a través del tiempo en una novela, tiene sus riesgos. Todos los que hayan leído La Guerra y la paz de Tolstoi, se darán cuenta de lo que digo. Mucho más cuando la narración esta comprometida, con el elemento histórico real y, en ocasiones, ocupa las parcelas del testimonio. La novela histórica no puede evitarlo, aunque no deberá nunca ceder fuerzas ante el testimonio. Los personajes, cuando han sido objetos de biografías y de exhaustivos estudios, por parte de los investigadores (que en todo momento tratan de apartarse de la ficción) devienen complejos mundos.

He decidido comenzar estas líneas de esta forma, porque no pude evitar sentir cierto sobresalto al adentrarme, no con poco escepticismo, en las páginas de la novela El hombre que amaba a los perros, de Leonardo Padura, en su edición del año 2010, a cargo de la editorial Unión. Leonardo Padura, desde un primer momento decidió arriesgarse a novelar una figura tan conocida internacionalmente como Trosky. Una de las pesadillas de Iosiv Stalin, para quien, Trosky, representaba los peligros de un posible gobierno en la sombra. La historia es veleidosa y casi siempre oscura y la novela trata de hundir sus raíces en ese empedrado camino del infierno. Se impone que el autor posea una basta información acerca de lo que narra, para que dichas raíces no queden en la superficialidad, algo que sería lamentable en la presentación de la dramaturgia y del suspense. La novela se Padura tiene el acierto de no quedar nunca en esa superficialidad. Imagino que el autor haya dedicado largas horas al estudio de esa historia torcida, cruenta, avérnica que solo fue revelada al mundo, y no en toda su plenitud, luego de la muerte de Stalin, en el proceso de desestalinizacion protagonizado por Nikita Kuschev y que aparece en los informes generados por el XX Congreso del PCUS, los cuales figuran entre los textos mas importantes del siglo XX. Lee el resto de esta entrada

INAUGURACIÓN DEL PASEO TEMÁTICO “LA CALLE DE LOS CINES” EN CAMAGÜEY, CUBA.

Faltan horas para que quede inaugurado en Camagüey el Paseo Temático “La calle de los cines”. Esto sucederá el próximo 4 de febrero, cuando el cine Casablanca (ahora multicine) abra de nuevo sus puertas con el estreno del filme cubano de Ernesto Daranas Conducta .

CONDUCTA / Cuba / 2013 / 90’ / Dir. Ernesto Daranas Serrano / Int. Alina Rodríguez,

Armando Valdés Freire, Silvia Águila, Yuliet Cruz, Armando Miguel Gómez / Drama / 12 años

Sinopsis:

Chala tiene once años y vive solo con su madre drogadicta. No tiene otro apoyo que Carmela, su veterana y exigente maestra de sexto grado. Cuando ella se ve obligada a abandonar el aula, todo comienza a complicarse para el inquieto muchacho.

OCTAVIO CORTÁZAR SOBRE SUS INICIOS EN EL CINE

Una de las cuestiones que más me interesaría fomentar en los estudios del cine cubano es la perspectiva de conjunto a la hora de hablar de nuestras películas, su público, y su crítica. Esta es una idea que he reiterado tanto que temo parecer, al final, monotemático. Pero como se me antoja un asunto de gran importancia académica, pues insisto en la misma.

Lamentablemente, la perspectiva icaicentrista (esa que narra la historia del cine cubano como si se tratara de la historia del ICAIC), sigue dominando en nuestros enfoques y estudios. Es cierto que ya es un poco más natural encontrar indagaciones que buscan examinar lo alternativo, o lo que (puede ser que hasta de modo involuntario) ha quedado sumergido bajo el peso de “la Historia Oficial”. Pero no basta.

En lo personal me interesa dejar a un lado esa mirada demasiado frecuente que tiene a exaltar fechas únicas de fundación, para buscar en lo que me gusta llamar “la historia fangosa”. Es allí, donde todavía las sofisticadas catedrales que hoy admiramos ni siquiera se han comenzado a perfilar, donde uno puede encontrar parte de las motivaciones e intereses humanos que empujaron a un grupo de personas a hacer esto o aquello.

Llevándolo al caso concreto de los cineastas cubanos que fundaron el ICAIC, siempre me ha interesado indagar en su formación primigenia. ¿Dónde adquirieron el gusto por el cine?, ¿cuáles eran las ideas que discutían y en qué espacio ponían de manifiesto sus consensos y disensos? Más que los nombres propios, me interesa retomar el espíritu de la época. Una época que hoy es inevitable interpretar desde lo político, pero que es preciso rescatar en todas sus dimensiones, si de veras queremos obtener una imagen que deje a un lado lo maniqueo, o lo francamente caricaturesco. Dicho de otro modo, que recupere a los seres humanos que hacían posible la vida cultural de entonces, con sus luces y sus sombras. Con sus virtudes y sus limitaciones (las mismas que nos evaluarán a nosotros dentro de cinco décadas).

Este fragmento de la conversación que en su momento sostuvo el cineasta cubano Octavio Cortázar (Por primera vez; El brigadista) con Orlando Castellanos, puede ser revelador de la importancia que para no pocos (léase Tomás Gutiérrez Alea, Guillermo Cabrera Infante, Néstor Almendros, entre otros) tuvieron aquellos espíritus aglutinantes de Germán Puig y Ricardo Vigón, cuando crearon en la década del cincuenta la Cinemateca de Cuba.

Juan Antonio García Borrero  

 

OCTAVIO CORTÁZAR SOBRE SUS INICIOS EN EL CINE

Orlando Castellanos: Vamos a hablar ahora acerca de tu inclusión en este mundo de la cinematografía.

Octavio Cortázar: Bien. Como te estaba diciendo, año 50, aquella película… Te pudiera decir que ya el próximo paso fue, en el año 1952, 53, vincularme a la Cinemateca de Cuba, que comenzaba a funcionar de una manera embrionaria. Entonces los directores de la Cinemateca –Germán Puig y Ricardo Vigón-, consiguieron unas películas del Museo de Arte de Nueva York y comenzaron a dar un ciclo de películas del cine silente, en el recién creado Palacio de Bellas Artes. Allí se vio Intolerancia, El nacimiento de una nación, un grupo de películas importantes. Vi otra película que a mí me marcó: La madre, de Vsièvolod Pudovkin, que me impresionó extraordinariamente, una película muda del año 26, que es una obra maestra, ¿no? En aquel momento yo no tenía conciencia de que el cine mudo era un cine de arte, y las películas que vi en aquel ciclo, en el Palacio de Bellas Artes, me impresionaron mucho. Y en particular siempre recuerdo La madre, por el poder expresivo, y Dura Lex, de Kulechov. Las posibilidades expresivas que tenía el cine, la fuerza expresiva que tenía el cine, y para mi sorpresa, la fuerza expresiva que tenía el cine silente, lo descubrí allí. Lee el resto de esta entrada

CHELO ALONSO, UNA CAMAGÜEYANA EN EL CINE ITALIANO

Gracias a Luciano Castillo, próximamente estaremos ofreciendo en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo una muestra de algunas de las películas italianas en las que participara, a finales de los años cincuenta y en la década del sesenta, la actriz camagüeyana Chelo Alonso.

Nacida como Isabella García en el Central Lugareño (Minas, Camagüey), el 10 de abril de 1933, ganaría notoriedad internacional en la década del cincuenta, debido a sus excepcionales dotes para el baile, que le llevaría a compartir primeras planas con bailarinas como Alicia Álvarez, Ana Gloria y Celeste Mendoza.

Su incursión en el péplum (un cine de aventuras históricas que gozó de gran reputación en los años sesenta) incrementó su fama. Varias de las películas que serán exhibidas no han sido nunca proyectadas en Cuba.

JAGB

PELÍCULAS DE CHELO ALONSO PROGRAMADAS EN EL COMPLEJO AUDIOVISUAL NUEVO MUNDO.

BAJO EL SIGNO DE ROMA (Nel segno di Roma) *

Italia-Francia-Alemania Federal-Yugoslavia, 1959. Dir. Guido Brignone. Color. 98′. Int. Anita Ekberg, Georges Marchal, Folco Lulli, Chelo Alonso, Gino Cervi, Jacques Sernas, Lorella De Luca, Alberto Farnese, Paul Müller, Mimmo Palmara

En el año 272, la reina de Palmira se rebela contra Roma y vence a las tropas comandadas por un cónsul, pero comete el error de enamorarse del romano, quien le corresponde en amor, pero sigue fiel a Roma.

EL TERROR DE LOS BÁRBAROS (I terrore dei barbari) *

Italia-EEUU, 1959. Dir. Carlo Campogalliani. Color. 100′. Int. Steve Reeves, Chelo Alonso, Bruce Cabot, Giulia Rubini, Arturo Dominici, Gino Scotti, Livio Lorenzon, Luciano Marin, Andrea Checchi, Gabriele Tinti, Fabrizio Capucchi, Carla Calò

En Italia, cuando los bárbaros invaden su comunidad y matan a su padre, un hombre lidera a un grupo para vengarse de los invasores hunos, guiados por un maniático. Lee el resto de esta entrada

LA AUSENCIA (1968), de Alberto Roldán

La ausencia, de Alberto Roldán, es uno de los filmes menos comentados del cine cubano. Realizado en las mismas fechas de Memorias del subdesarrollo (1968), de Tomás Gutiérrez Alea, Lucía (1968), y La primera carga al machete (1969), de Manuel Octavio Gómez, conceptualmente estaría más cerca del filme de Titón, si bien en lo formal comparte ese espíritu dey experimentación que movilizó a la producción de ese período.

Un análisis profundo del mismo demandaría situarlo en su contexto más original. Estoy hablando no solamente de las circunstancias políticas, sino también de los debates que en el plano estético mantenían los cineastas en su búsqueda de una cinematografía más personal, menos dependiente de las recetas que podían proponer las llamadas cinematografías modernas existentes sobre todo en Europa.

Comparto con los lectores del blog algunas de las reflexiones del director Alberto Roldán en el momento en que se estrenara el filme, así como una de las críticas recibidas.

JAGB

ALBERTO ROLDÁN, DIRECTOR DE LA AUSENCIA

Nuestro público, independientemente de otras virtudes y defectos, ha sido acostumbrado a lo siguiente: a) a asumir el cine como escape de las tribulaciones cotidianas, como espectáculo de simple entretenimiento; b) a la aplicación sistemática de la línea del menor esfuerzo frente a una obra artística: carencia de disciplina para estudiar, reflexionar, cuando la obra no le es del todo comprensible, ha sido acostumbrado, en fin, a la pereza mental; c) al cine comercial en el peor sentido (melodramas, pornografía, lugares comunes, fórmulas gastadas, esquemas, etc) con cuyo cine ha adquirido un hábito especial y cuyo cine no ha favorecido el desarrollo cultural, ideológico y humano de un público que, por otra parte, tiene una intuición sui géneris para el arte y la vida en general. Lo anterior debe ser aceptado como un hecho objetivo.

Ahora bien, aceptar no implica necesariamente un sometimiento, un dejarse dominar, sino más bien un estar consciente. ¿Qué hacer a partir de esto? Creo que para el director de cine y el artista en general (si se respeta a sí mismo y respeta, consecuentemente, al público) no hay otro remedio que rebelarse, revolucionar e intentar una transformación gradual de las particularidades del público (transformación que debe ir a la par con el desarrollo artístico y las inquietudes del artista en cuestión). El artista entonces debe hacer un serio análisis de su desarrollo y sus objetivos, plantearse metas concretas, no sobreestimarse ni viceversa; en esta actitud hacia el público y hacia sí mismo, el artista no puede hacer concesiones, de lo contrario abre el camino hacia la discriminación y el paternalismo con el público, base de la demagogia artística” (Alberto Roldán). Lee el resto de esta entrada

MIS AÑOS EN “ADELANTE”

He tenido mucha suerte en mi vida profesional, sobre todo porque a estas alturas de mi existencia sigo trabajando en lo que me gusta. No siempre las personas reciben un salario (así sea el más precario) por hacer algo que le reporte placer. Puede ocurrir que ganen un gran sueldo (de hecho, lo más lógico es que las personas se pasen su vida intentando mejorar la situación económica, y se sientan felices si lo logran), pero la remuneración espiritual sea nula.

Tuve la dicha de comenzar a escribir de modo sistemático en un medio de prensa cuando aún era muy joven. José Antonio García Gradaille y yo todavía estudiábamos Licenciatura en Derecho en una misma aula de la Universidad de Camagüey, y ambos colaborábamos con la revista “Resonancias” que por aquellos tiempos se había creado en el recinto académico. Tengo entendido que fue nuestro profesor de filosofía Jorge Luis Varona el que le habló de nosotros a Manuel Villabella, entonces responsable de la sección “Visión cultural” del periódico camagüeyano “Adelante”, y por allí comenzó el vínculo semanal con ese medio.

La primera crítica que entregamos fue a propósito de Una novia para David (1985), de Orlando Rojas. A Villabella no le pareció impublicable, pero propuso que en vez de firmar con nuestros respectivos nombres lo hiciéramos con el más impersonal J. A. García, aprovechando la coincidencia de las iniciales y el primer apellido. Fue el inicio de una aventura que recuerdo con mucho cariño, porque me ayudó de un modo decisivo a conformar esa vocación que aún conservo por mostrar en la esfera pública mis opiniones y someterlas a debate. Lee el resto de esta entrada

ENRIQUE COLINA: LA OBSTINACIÓN UTÓPICA CONVIERTE LOS SUEÑOS EN PESADILLA

Muy recomendables estas reflexiones del cineasta cubano Enrique Colina, a propósito de su más reciente documental La vaca de mármol. Les dejo el link para que puedan consultar la entrevista íntegra, pero copio y pego este segmento con el cual me siento plenamente identificado.

JAGB

“La obstinación utópica convierte los sueños en pesadilla si no hay crítica, si no hay debate de ideas. Comparto las ideas humanistas de la Revolución y me rebelo obsesivamente contra la práctica de su deformación. En los ochenta hice Estética, donde abordaba el tema de la belleza como una necesidad reafirmativa de la condición humana. El socialismo, a pesar de desarrollar la instrucción y la cultura, siempre ha descuidado la educación de la sensibilidad estética en las manifestaciones del entorno vital urbano. Hoy, asociada a la pobreza, la fealdad se ha impuesto como patrón expresivo de la crisis. Vas a los lugares y todo es feo y está mal hecho, lo que también reflejaba como síntoma deformante en Chapucerías y en Yo también te haré llorar, referente a la pésima calidad de los servicios estatales. En Vecinos señalaba los conflictos de la convivencia y la indisciplina social tolerados por una irresponsable permisividad, etc… En fin, he hecho varios documentales que reflejan problemas que ya estaban desde los años ochenta  y que han  empeorado a unos niveles terribles hoy día. Más allá de considerarme un crítico pienso que soy una persona que vive en este país y que ve esta realidad sin tapujos ni prejuicios al precio de vivir una amarga decepción que lejos de paralizarme me compulsa a protestar. Me parece que no es nada excepcional lo que  hago. Tengo una opinión y es mi derecho expresarla. Es una lástima que esta actitud no esté un poco más extendida. Mi punto de vista es que nos hemos convertido en un tipo de ciudadano que no tiene desarrollado un sentido cívico elemental. Ser revolucionario ha sido históricamente en la práctica obedecer, seguir las orientaciones, cumplir las tareas asignadas y ha quedado para la retórica demagógica aquello de pensar con cabeza propia y decir y actuar en consecuencia. Pronto yo y los que dirigen nos vamos a morir. Entonces nos preguntamos ¿Qué pasará con el país? y ¿Qué responsabilidad tenemos? ¿Crees tú que puedo virarle la espalda a mi realidad  teniendo un medio de expresión? Esto es una obligación más que un derecho”.

EN VÍSPERAS DEL XX TALLER NACIONAL DE LA CRÍTICA CINEMATOGRÁFICA (Camagüey, Cuba)

En medio de todo lo que está implicando la terminación del Paseo Temático referido al cine, intentamos conformar lo que debe ser el programa teórico del XX Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica, a celebrarse en Camagüey entre el 11 y el 15 de marzo del presente año.

Me parece mentira que estemos llegando a la edición veinte. Todavía me parece ver cómo arribaban a la ciudad, en pleno “período especial”, Rafael Acosta de Arriba, Guillermo Bernal, Wilfredo Cancio Isla, Luciano Castillo, Carlos Galiano, Humberto González Carro, Antonio Mazón Robau, Mario Naito, Walfredo Piñera, Frank Padrón Nodarse, Raúl Rodríguez, José Rojas Bez, y Jorge Yglesias, para hablar de un oficio del siglo XX que entonces parecía condenado a levitar por siempre (la terminología es de Cancio) en “el reino de la oralidad”.

Este año queremos retomar la pregunta que diera lugar a aquella primera cita: ¿qué significa ser crítico de cine hoy?, ¿no tendríamos que corregir lo del apellido y en vez de cine a secas hablar de audiovisual?

Por otro lado, queremos hacer un examen a fondo de lo ocurrido con el cine cubano producido en los ochenta (y que no fue solo lo que se hizo en el ICAIC). Creo que este es un período que todavía espera por el análisis profundo, no solo porque de lo que se sigue hablando, casi siempre en términos peyorativos (populismo es el término favorito), es de la producción del ICAIC, sino porque se han dejado a un lado el uso de diversas perspectivas académicas que contribuyan a obtener una visión más compleja de lo sucedido allí.

Sé que es muy temprano todavía como para anunciar el programa. Por lo pronto, les dejo con este texto que escribí alguna vez hablando de los Talleres. La distancia me permite ahora asomarme a él como si hubiese sido redactado por un extraño, y de hecho, ya comencé a garabatear algo que he titulado “Por una crítica imperfecta, veinte años después”, donde no puedo evitar polemizar con ese alguien que alguna vez fui.

Creo que el arte de polemizar con nosotros mismos es algo saludable por aquello que anotaba Unamuno: “Todo cuanto aspira a conservar una forma determinada se hace antiguo y ridículo. Es menester no privar a las ideas de su calidad de semilla, de su posibilidad de evolucionar. Las ideas no se coleccionan”.

JAGB

LOS ECOS DE LA CIUDAD SIMBÓLICA

Por Juan Antonio García Borrero

En marzo de 1993, catorce críticos de cine y periodistas relacionados con la promoción fílmica se reunieron en la ciudad de Camaguey. Que se recuerde, precedentes de este tipo de tertulia no existían en el país. Tampoco en el continente, pues tal parece que los especialistas del medio prefieren prolongar ad infinitud la atractiva sensación de soledad que reporta una sala oscura (¿o será que, después de todo, los críticos de cine son criaturas creadas para vivir de las sombras y en las sombras?). Lee el resto de esta entrada