GISELA ARANDIA A PROPÓSITO DEL DEBATE DE LOS 3D

A PROPÓSITO DEL DEBATE LOS 3D

Por Gisela Arandia Covarrubias

Creo en el debate con la misma certeza con la que espero la salida del sol cada mañana, aunque sea un día nublado. Por eso agradezco la provocación, inter-náutica que está circulando a propósito de la prohibición de los 3D, donde está presente una exhortación a debatir con agudeza e intensidad. En realidad me da mucha tristeza observar cómo se ha ido apagando ese sentimiento de rechazar y discutir hasta las últimas consecuencias aquellas acciones que consideramos que son erróneas.

El impacto de la censura en la sociedad cubana, forma parte de un fenómeno que atenta contra el tejido social porque lo va destruyendo. En su doble función tiene una repercusión directa como acción represiva por las consecuencias morales y espirituales de quienes son víctimas de ese procedimiento. Pero también por la reacción devastadora de su contraparte: la auto-censura.

La censura, aparece súbitamente, generalmente no tiene rostro, viene de arriba y su fundamento epistemológico no suele ser explicado. Su trayectoria cumple objetivos específicos y deja una secuela de aprensión y recelo no solo para quienes la padecen, sino que su repercusión trasciende en el espacio público creando zonas de silencio, evasión y distanciamiento del escenario en conflictos. El argot popular promovió un antídoto ante esa frustración, “no coger lucha”. Una actitud que lejos de ser una solución acarrea resultados nocivos, que se resumen en desentenderse de los problemas. El impacto de este fenómeno es diverso. ¿Miedo?, ¿Oportunismo?, ¿La combinación de ambos? Acomodamiento como dijo alguien ya entre los mensajes enviados.

La historia es que mientras un sector de la población está dando el pecho a los problemas, otras personas, están agazapadas en “el buen vivir”. En la base de la pirámide social, un segmento muy numeroso de la población padece grandes dificultades pero lo más grave es que su voz, no cuenta lo suficiente. La comunidad, tiene voz teórica en las asambleas barriales, pero esos encuentros no están diseñados para promover reflexiones, acciones o sentimientos, que puedan facilitar soluciones.

En la práctica son reuniones que no propician el debate real y terminan siendo solo compromisos para salir rápido de ese trance. ¿Ver la novela, dormir? Una pregunta pertinente sería: ¿Es que acaso ese silencio significa realmente la ausencia de opiniones inteligentes, capaces de promover soluciones? ¿O será quizás, que es el propio mecanismo el que provoca el deseo de regresar inmediatamente a nuestras casas? Sabiendo de antemano que los criterios de mayor alcance no serán tenidos en cuenta, ante un discurso a veces justificativo de los problemas no resueltos.

Además de la comunidad barrial, la de intelectuales y artística, está el mundo académico en especial el de las ciencias sociales, representado por quienes a pesar de prohibiciones – a veces irracionales- ha podido con gran esfuerzo superar dogmas, profundizar conceptos sobre aquellos tópicos que competen a la realidad contemporánea. Sin embargo, ese sector no alcanza todo el protagonismo para el cual fue preparado. Es un grupo social que en cierta medida está aislado, cada cual, por su parte, sin la posibilidad a veces, de convertir su experiencia científica, en trabajo social práctico.

Desde el contexto de la UNEAC, creo que la atmósfera de debates que surgió en 1998 colocó a la organización en una posición de vanguardia. Tal vez sería oportuno en la actualidad recuperar ese estilo de trabajo, no solo en el grupo pequeño, no discutiendo en porciones fragmentadas, sino con toda la membrecía en su conjunto. En ese sentido los 3D pudiera ser un tema de análisis con propuestas específicas para el futuro del cine cubano.

Aunque es posible observar claramente que el conflicto actual ocurre en un contexto muy diferente y va más allá de una polémica puramente cultural, porque involucra a espacios institucionales y su articulación con el conjunto de la sociedad. Uno de los síntomas que describe este doloroso marasmo, se aprecia en la falta de confianza en las opiniones de lo que llamo jocosamente “people”, es decir en la población misma.

Ya alguien alertó en estas reflexiones sobre la urgencia de sacar el debate de los espacios elites donde la cocina gourmet se prepara para una clientela selecta. Porque afuera, en la calle, en el fondo del caldero como dice un amigo mío, hay quienes siguen creyendo que existen aun oportunidades para revertir los males.

Aunque el tema del papel de la censura fue colocado con mucha fuerza en el contexto universitario al inicio de los años 1970, conserva plena vigencia porque todavía no ha logrado la capacidad de análisis requerida. En ciertos estilos de la institucionalidad cubana se aprecia que cuando el debate se organiza, transitando al revés, la opinión de “las masas” como la fuerza decisiva, solo participan al final de proceso.

En la actualidad, las propuestas se presentan en documentos muy elaborados con nomenclaturas muy complejas a los que resulta difícil quitar o añadir ideas. El objetivo entonces se resume en legitimar su contenido, incluso aunque ese no haya sido la idea original. A veces la puesta en práctica de medidas que son impopulares, es una señal de falta de confianza en los pensamientos de la ciudadanía. Quizás porque el papel de vox populi no tiene el alcance que debería.

La herencia de la verticalidad promovida por muchos años, con un enfoque donde regía la unanimidad como opción política feliz, ha impregnado una huella cultural que no desaparece de inmediato. La variable de encuentros solo entre grupos pequeños o personas asiladas pudiera ser provechosa pero no logra sustituir el debate abierto y amplio desde donde pueda fluir un consenso sólido.

A veces he pensado que si las instancias gubernamentales recibieran por escrito, las quejas y preocupaciones de la población de modo sistemático, quizás la opinión pública sería valorada de manera más positiva, pero eso es solo una hipótesis. Cuando hablo de la opinión pública, me refiero al derecho de la gente, a estar o no de acuerdo con determinadas medidas a partir de su decisión de vivir en este país, apostando su proyecto vida, no para beneficio personal sino por lealtad a la nación.

Es sabido que los cambios necesitan de un tiempo para consolidarse pero mientras las opiniones sean ideas aisladas, la sociedad no puede construir el consenso que exige el momento. Por separado cada cual sigue en su pequeño nicho, carente de fuerza y masa crítica, a veces defendiendo solo el espacio al que ha sido destinado.

El desafío debería estar en construir un estado de opinión avalado por una fundamentación política, científica, cultural que formara parte del consenso. Los grandes encuentros que dieron fuerza a la revolución poco a poco han sido eliminados, parece ese tipo reuniones, no les apetece a algunas instituciones, quizás porque no quieren escuchar una avalancha de críticas que afecta su estatus quo.

Habría que discutir primero, si el verdadero objetivo es construir un consenso nacional, debatir sobre la economía, la alimentación, el salario, la marginalidad, el racismo, el sexismo, la cultura, los jóvenes, la vivienda, las clases sociales, la prensa, la migración y el entretenimiento que como el resto de los temas es también un derecho ciudadano. Debatir junto a las instituciones del estado y la sociedad civil, con todas las organizaciones de masas. Se trata de un ejercicio político que no debería seguir postergándose.

¿O será acaso, que la unidad real de quienes integramos la sociedad ya no es importante?

Pienso con humildad que lo que nos está asfixiando aquí y ahora no es solo el bloqueo, ni las dificultades porque siempre han estado presentes, por supuesto en este momento también con el impacto de la crisis internacional, pero eso es ya historia ordinaria. Lamentablemente, el bloqueo también ha sido en determinas circunstancias una justificación en sectores que van desde la agricultura hasta los medios masivos de comunicación.

Considero y no quisiera parecer arrogante, que cubanas y cubanos hemos dado ejemplo por más de cinco décadas de estar preparados para cualquier tipo de análisis por profundo y complejo que este pueda ser. Deberíamos merecer la oportunidad de ser consultados, antes de tomar decisiones que a veces pueden ser muy costosas políticamente porque son acciones impopulares que expresan contradicciones con la señal de apertura que el país intenta mostrar. Cuba tiene la fuerza política y el prestigio para mostrar y desarrollar su democracia participativa, construyendo consensos sólidos bien articulados.

Ya una vez alguien dijo Fidel: “sacude, la mata…”. Ahora podría decirse: Raúl sacude la mata, para recuperar esa energía que está diseminada, dispersa pero todavía existe entre la gran mayoría de las personas que decidimos vivir aquí. La medida tomada a propósito de los 3D parece más una reacción rápida que el resultado de un análisis político. Sobre todo teniendo en cuanta las grandes carencias existenciales y las pocas oportunidades para tratar de combatir la angustia creada por las mismas dificultades, las que tanto afectan al cuerpo físico y a la espiritualidad.

La sociedad cubana actual demanda un debate público más profundo y con menos manipulación política, donde discrepar no sea un síntoma de oposición al proyecto. Es una urgencia que está sobre la mesa aunque no sea visto desde esa perspectiva. Me refiero a un debate orgánico, coherente, no solo para incorporar críticas sino también para incluir recomendaciones y propuestas con iniciativas populares donde las ideas de la gente de a pie tengan el peso requerido. Porque el debate público ofrece la oportunidad de analizar la sociedad como un todo, conectado con las diferentes esferas sociales. Eso no significa subestimar las valoraciones y decisiones técnicas que también son importantes.

De nuevo gracias por la provocación.

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Publicado el noviembre 19, 2013 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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