Archivos diarios: noviembre 15, 2013

JORGE SANTOS CABALLERO SOBRE LA ASAMBLEA DE LA UNEAC EN CAMAGÜEY

Prohibido prohibir: las dificultades continúan.

Por Jorge Santos Caballero.

Desde que Juan Antonio García Borrero hizo circular su texto Lecciones del Gatopardo en 3D, que tiene que ver con un fragmento de la Asamblea de Balance de la UNEAC en Camagüey, durante el periodo 2008-2013, efectuada el sábado 9 de noviembre, me vi compelido a emitir mi juicio al respecto. De paso obviaré citar los nombres de todos los hablaron para ganar tiempo en lo que deseo argumentar, aunque sí debo dejar por sentado que quedé perplejo por la carencia de una proyección intelectual en un algunos de los que hablaron en esa Asamblea, que pareció por momentos una asamblea sindical, y no un debate intelectual.

Yo creía que cuando se pedía la palabra para dialogar entre artistas y escritores era para debatir en torno al arte y la cultura en los momentos que vivimos, para razonar en cuanto a los retos y desafíos de la cultura nacional ante situaciones que gravitan sobre ella, muchas veces importados de un “más allá lacerante”, que de debilidades autóctonas la cuales, en realidad, padecemos por nuestras incapacidades o por mala instrumentación de acciones, o por haber primado cierto empirismo a la hora de trazar una política determinada; o por un exagerado economicismo, o por un exceso de control con un gasto exagerado de papel para dejar evidencias de pequeños contactos en los que se chequea lo que es el trabajo obligatorio que debe realizarse y en la mayoría de las veces no se hace; amén de los juicios ejemplarizantes dados a conocer como para alertar a otros posibles comisores de delitos, o a todas las personas en sentido general.

Y no se puede olvidar que ya tuvimos una época, por cierto, cuando el llamado Sistema de Dirección y Planificación de la Economía, con un resultado desastroso al que se puso fin gracias al Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas como opción para corregir el tiro de lo que acontecía en esos tiempos. Pero mi perplejidad aumentaba a medida que se desarrollaba la Asamblea de la UNEAC en Camagüey, al observar desde la mesa en la que levantaba el acta en unión de una joven trabajadora de nuestra organización, el escuchar planteamientos cantinflescos e inconexos -por no decir insensatos-; o solicitudes pedestres ya tratadas en las reuniones previas efectuadas en las filiales de base y a las que había asistido buena parte de la membresía presente ahora en la Asamblea; o cuando alguien se “desayunó” con quiénes integraban el comité organizador para asumir las tareas preparatorias al Congreso de la UNEAC en el territorio -porque ese Comité es para trabajar por la Organización, no para beneficio o realce personal-, electo después de las propuestas y la votación de los miembros que asistieron a las reuniones previas de filiales ya citadas, por considerar que no estaba representada perfectamente la mujer. Lee el resto de esta entrada

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DEAN LUIS REYES SOBRE LA PROHIBICIÓN DE SALAS 3D Y VIDEOS JUEGOS

A propósito de la prohibición de las salas 3D y de videojuegos.

(Oda al espectador banal)

Por Dean Luis Reyes

Perdón por comenzar anecdotizando. En este caso, no tengo de otra. Corría 1997 o 1998, no recuerdo bien. Hacía el servicio social como periodista en Sancti Spiritus. En la calle posterior a donde tenía su sede la redacción del periódico Escambray, del cual era redactor, residía la sala de video más antigua de la ciudad. Desde fines de la década de 1980, allí se exhibía la programación que el ICAIC enviaba regularmente en casetes de video analógico.

Más de una década después el mismo local, bajo la autoridad del Centro Provincial de Cine –legatario de la política cultural cinematográfica nacional en cada territorio-, era regentado por un arrendador privado. Un individuo de cinefilia acaso dudosa –para mi rasero y gusto-, encargado de sostener la programación la mayor parte del año con títulos de apetencia masiva –léase películas de violencia, sexo, acciones físicas, entretenimiento.

Cada cierto tiempo, una serie de películas de presunta mayor calidad ocupaba los mismos horarios de programación, aunque ahora bajo un criterio ajeno al del arrendatario de siempre. Se trataba del grupo de títulos que el ICAIC enviaba a provincia esporádicamente y que la sala programaba en breves jornadas, a razón de una o poco más de tandas por película.

Y he aquí que me antojé de ver una de estas. Nada del otro jueves: una comedia adolescente, aquella opera prima del actor Tom Hanks que relataba la formación de una banda de rock´n roll por un grupo de muchachos de pueblo a inicios de los 60 o finales de los 50. Mírese: tan trascendente que no recuerdo su título. Tampoco debe haberme marcado en mi carrera de crítico de cine en ciernes.

Pero allí estuve, puntual. Fui a interesarme por la exhibición un rato antes de su comienzo. Entonces tuve una conversación con el arrendador privado, quien me dio las quejas por aquella semana de cine de la cual no se hacía responsable. Me comentó que esos títulos no le “daban negocio”. “Fíjate – apuntó-, ahora mismo la sala está casi vacía. Además, cada una de esas funciones son un peso para mí y otro para el Estado”.
A la media hora puse dos pesos en la boca de la taquilla. La anciana que despachaba las papeletas me preguntó que por qué quería ver la película anunciada. Uno lleva su animal didáctico dentro: le expliqué que era el debut en la dirección de un actor importante de Hollywood, que sentía curiosidad por ver cómo se las arreglaba detrás del lente –cosas de cinéfilo delicado. La mujer me comentó que era una mala película, que para qué verla. Ofuscado, insistí en que me vendiera la dichosa papeleta. Fuera de toda pose crítica, le espeté que era mi derecho entrar y su obligación venderme la entrada. Traspuse el umbral predispuesto, con la papeleta apretada entre los dedos y dispuesto a soltar una palabrota. Cuando entré a la sala vi el lunetario vacío: era el primer espectador. Ante el televisor prendido, el arrendador privado mostraba a un amigo un concierto de Julio Iglesias. De más está decir que me recibió con una mirada seca. Mi respuesta a su desdén y el de la taquillera fue: “Ahí te dejé un peso para ti y otro para el Estado”. Lee el resto de esta entrada

MARÍA ANTONIA BORROTO SOBRE PERIODISTAS E INTELECTUALES EN CUBA

Esta contribución de la ensayista camagüeyana María Antonia Borroto al blog es una de las mejores que he leído en muchísimo tiempo. No solo dice las cosas por lo claro, sino que nos obliga a repensar el concepto mismo de “intelectual” en este siglo XXI que ya va para su segunda década, y que los que participamos en la pasada Asamblea de la UNEAC en Camagüey, tengo la impresión que todavía no nos enteramos del tránsito. Gracias, María Antonia. Ojalá otros colegas se sumen al debate, aporten ideas, soluciones. Ya yo he estado tomando apuntes de la lectura, y es muy seguro que escriba algo.

JAGB

Periodistas e intelectuales: ¿divorcio a la cubana?

Por María Antonia Borroto

¿Existe acaso una escisión entre el mundo de la prensa y el mundo de la cultura, entre periodistas e intelectuales? Se trata de un abismo artificial, que tiene su expresión en muchas de las concepciones a propósito del oficio y en las rutinas productivas. Abismo artificial, es cierto, aunque palpable y doloroso: ciertos periodistas creen ofender a algunos de sus colegas llamándolos, con mohín despectivo, “los intelectuales”. No es exageración esto que acabo de escribir: con algo de pudor debo reconocer que yo fui, durante mi labor como periodista, así “descalificada”.

Asumamos, al menos provisionalmente, tal dualidad. Una pregunta salta a la vista: ¿permiten las rutinas productivas y las dinámicas de las publicaciones la participación de los intelectuales en la prensa? Esta interrogante debe ser acompañada por otra: con la crisis que la misma vive hoy en Cuba, ¿estarían los intelectuales interesados en colaborar? Y no se trata de culpar a la prensa de sus propios males: ellos son el resultado de determinadas prácticas sociales y de estrategias del poder.

Decía Ramón Meza, al prologar el Estudio sobre el movimiento científico y literario de Cuba, libro de Aurelio Mitjans, que el antídoto para los males de la prensa es la prensa misma. Enrique José Varona tiene un texto ejemplar, publicado en El Fígaro, sobre la necesidad de una prensa activa y bien informada, de amplísimo registro, para una nación civilizada. Y según Gaspar Betancourt Cisneros toda labor civilizatoria estaría incompleta sin el auxilio de las publicaciones periódicas, prueba de ellos son las memorables — divertidas y profundas— Escenas Cotidianas.

Debemos hoy, en este momento de frenesí tecnológico, de su aparente omnipresencia, repensar las relaciones entre periodismo y cultura, entre los medios y la cultura. No sé cómo enfoca el problema la UPEC, ni siquiera si lo enfoca, o si el mismo es reducido a esa fórmula que se conoce como periodismo cultural, lo que significaría cercenar el asunto y reducirlo de manera flagrante a lo más epidérmico.

También debemos repensar las estrategias de la crítica artístico-literaria cuando forma parte de las publicaciones periódicas. Tal es uno de los sitios para la educación del gusto, pues las revistas especializadas y los sitios en Internet son, por lo regular, apreciados por un público con ciertas competencias más específicas. Son también un espacio crucial para el debate intelectual, mas al respecto tengo dudas que trascienden el propio periodismo y quienes lo ejercen hoy en Cuba: ¿acaso la propia intelectualidad está interesada en el debate? Coincido en la frustración que Juan Antonio García refiere al constatar, cual punta de un iceberg, la indolencia, el laisser faire, que se adueñó de la Asamblea Provincial de la UNEAC: lo que bien hubiera podido ser un espacio de confrontación de ideas devino triste muestrario, salvo unas pocas excepciones, de miserias personales. Lee el resto de esta entrada