GUSTAVO ARCOS A PROPÓSITO DEL MENSAJE DE VÍCTOR FOWLER

Amigo Víctor,

Estoy totalmente de acuerdo contigo. El asunto tiene múltiples aristas y merece un análisis ¿en tres dimensiones?. El Congreso de la UNEAC pudiera ser un lugar, pero creo que es un debate que debe hacerse ya y en todos los espacios o medios posibles. También debe escucharse la voz de los afectados, conozco algunos y sé que tienen cosas que decir e incluso propuestas que hacer.

En efecto, creo que debe existir alguna regulación o disposición tributaria para los que deseen dedicarse a estos menesteres. Según el Estado, lo estaban haciendo bajo una figura (Operador de equipos de recreación infantil) que no los comprendía. Bueno, la dinámica del mundo real te indica que debes crearla. Si la actividad prolifera y tiene éxito e impacto social, por algo será. Pero se optó por Prohibir. En este caso, un mala señal emitida desde las instancias superiores.

En definitiva, ¿qué se entiende por equipos de recreación infantil?. Bajo esa consideración caben múltiples cosas y una de ellas pudiera ser, justamente, la de habilitar espacios privados para exhibir filmes en 3D o propiciar salones con juegos de computadoras. En ambos casos se utilizan equipos y ofrecen un servicio de recreación infantil. La medida se vuelve aún más absurda cuando se sabe que para operar dichos locales, los dueños debían mostrar a los inspectores una licencia emitida desde hace varios años por las propias instancias estatales. Si el Estado se equivocó al otorgárselas bajo una figura tan ambigua, por qué deben los particulares, que tan grande inversión hicieron para preparar y disponer de sus locales, quedarse de buenas a primeras y sin mediar ningún tipo de aviso, estigmatizados, con sus negocios cerrados y enfrentando enormes pérdidas. En este caso creo que tal acción se parece demasiado a las medidas radicales contra los ciudadanos, que tanto nuestros medios critican y que se toman en otras partes del mundo.

El tema de la banalidad, de lo que debe o no, ver “el pueblo” y las preocupaciones institucionales por “salvar la identidad y cultura nacional” no es nuevo y sus raíces podemos hallarlas, al menos en el período revolucionario, desde el mismo año 59. Algunas de esas “inquietudes morales” aparecen muy bien recogidas en el libro de la Dra Pogolotti, Polémicas culturales de los 60. Sin embargo, en el campo del cine y los medios hemos tenido una y otra vez que volver sobre ellas. En los 70 con el quinquenio gris, en el 81 tras el estreno de Cecilia de Humberto Solás, en el 91 con la histeria desatada por el filme Alicia en el pueblo de maravillas o en el 95 con Guantanamera. Pero también hemos conocido de relevantes filmes cubanos cuya exhibición en la Tv nacional fue prohibida durante largos años porque alguien estimó que eran “incómodos” o no apropiados para nuestro pueblo. Fueron las mismas voces extremistas que malinterpretaron un corto estudiantil como, El grito, exhibido en la Tv local de Bayamo, acusado de pornográfico y cuyo caso llegó a discutirse hasta en el Tribunal Supremo. Y bueno, qué decir sobre la banalidad, si nuestros medios informativos y televisivos han sido durante décadas reyes en emitir contenidos banales, intrascendentes y de escaso valor cultural o social.

En aras de salvar la identidad y cultura nacional nuestra TV ha retardado o prohibido no pocos dramatizados generados por ella misma, donde por cierto, encuentran escasa exhibición las mejores obras audiovisuales realizadas por los jóvenes. Hace muy pocos años, recordarás los enrarecidos criterios que rodearon las puntuales exhibiciones de documentales como Fuera de Liga o Revolution. La lista de las acciones emanadas por estos fundamentalistas de la cultura, estos custodios de la moral ciudadana y las buenas costumbres puede ser muy larga y no sé por qué me parece, que esta radical prohibición que ahora contemplamos, no difiere mucho de las anteriormente mencionadas. Las justificaciones son las mismas y el objeto de atención también es el mismo al volcarse sobre un espacio social, la sala de cine, perteneciente al universo del consumo y las industrias culturales. Más allá de argumentos legales o de interpretaciones sobre el ejercicio de la actividad privada en el país, estoy seguro que aquí se halla la mano del dogmatismo, del necio con poder, que sigue viviendo en una dimensión primaria, cuando el mundo, ya va llegando a la cuarta.

Por otra parte cualquiera que se hubiese acercado a los programas que ofrecían estas salas de 3D, sabe, que en la mayor parte de ellas se exhibían los mismos filmes de la Tv nacional o el circuito de estreno, solo que en versión estereoscópica, un cambio no de contenidos sino de forma, aprovechando las virtudes de una nueva tecnología. Qué alguien puso un material “inadecuado”. Bueno, hay que ver el caso, qué es hoy en día lo inadecuado, pero, ¿prohibir?.

Finalmente, el extraordinario impacto social que estos locales han producido, debe ser motivo de reflexión, no de olvido y silencio. Es preocupante, como un grupo de personas con sus iniciativas, ha sido capaz de poner en jaque al Estado que cuenta con una fuerza financiera, poder administrativo y recursos, mil veces mayor. ¿Por qué tantas familias y comunidades han acogido tan favorablemente las propuestas de esta tecnología? ¿Qué alternativas sustentables y viables ha creado el aparato del Estado para el consumo popular o comunitario de imágenes audiovisuales?. Nuestras salas de cine y video apenas existen. Las que funcionan no ofrecen propuestas atractivas y la calidad de exhibición es bastante lamentable. En el terreno de los videojuegos, ¿dónde están las ofertas cubanas? ¿Dónde, las tiendas o locales para que los jóvenes puedan adquirirlas?. Si hay juegos “nocivos”, ¿dónde están los “saludables”?. El camino de la imposición, sin diálogo, nunca salvará la cultura nacional. Pensar que la actual sociedad cubana se erige según los criterios o la voluntad de unos “sabios”, quienes siguen determinando verticalmente lo que vemos, escuchamos o consumimos, es vivir decididamente en otro dimensión.

Un saludo para ti,

Gustavo Arcos.

Anuncios

Publicado el noviembre 6, 2013 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. El mismo motivo que lleva a controlar y limitar el acceso libre a internet es que lleva a prohibir las salas de cine particulares. La prohibición no viene porque les importe la cultura ni la moral. El problema está que en esas salas se pueden exhibir material “nocivo” políticamente, o sea, “contrarevolucionario”. El control de los medios de difusión desde principios de la revolución ha permitido mantener al pueblo en el limbo, la mayoría solo tiene acceso a la (des)información “revolucionaria”.

  1. Pingback: LUCES Y SOMBRAS DEL VIDEOJUEGO EN CUBA | cine cubano, la pupila insomne

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: