EL EXTRAÑO CASO DEL DR. X & MR. JAI (2013), de Mario Rivas

El extraño caso del Dr. X & Mr. Jai: Fernanda en su laberinto

Por: Antonio Enrique González Rojas

Ser el sexto largometraje de animación en toda la historia conocida del cine cubano, además del primero no emergido de las ideas y manos de Juan Padrón, representa una carga extra sobre las espaldas de El extraño caso del Dr. X & Mr. Jai (Mario Rivas, 2013), que viene a ser hito o corolario de una de las propuestas seriadas más decorosas del animado nacional: las aventuras de la niña detective Fernanda (creada y desarrollada por Daniel Rivas) junto a toda su pandilla de pintorescos y a veces algo estereotipados secuaces; si no, ver el “negrito” Rastrillo, de hablar entrecortado y con una “bemba” olímpica, al más puro estilo de los racistas animados USA de primera mitad del siglo XX, o al “chinito” Lin Pao, al cual no le falta un solo y extemporáneo atributo pintoresquista ergo (inconscientemente) discriminatorio.

Tal esquema grupal de “pandilla” está asentado sobre precedentes de abrumadoras calidades y popularidad mundial como el Peanuts de Schultz, más conocido en Cuba como Charlie Brown, la Mafalda de Quino, el apabullante South Park de Parker & Stone; además de suscribirse explícitamente a la estética Cartoon Network (heredero contemporáneo de las clásicas UPA y Hanna-Barbera) con sus Chicas superpoderosas (creadas por Craig McCracken) de descomunales ojos y El laboratorio de Dexter (creado por Genndy Tartakovsky), para mencionar dos de las más evidentes influencias.

Mas, a diferencia de los personajes referidos al inicio, signados todos por el tono adulto de sus discursos y un elaborado aliento satírico social y político hasta los extremos más escatológicos, Fernanda opta por los públicos de las primeras edades desde una pretendido ingenio ingenuo, valga la cacofonía, más cercana en este sentido a La pequeña Lulú, en su versión HBO de 1995 y hasta el cubanísimo Matojo de Manuel Lamar (Lillo). Su trama de suspenso policial delata mayores coincidencias temáticas con la fantasiosa investigadora de lo supranatural nombrada Mona, la Vampira, de Piche & Caillon, o con los más rudos KND: Los chicos del barrio, de Warburton. Tras todos, subyace la obra literaria de una autora como Enid Blyton, con sus series de novelas siempre protagonizadas por perspicaces niños y sus mascotas.

Con la mixtura consciente o inconsciente de todos estos y más ingredientes foráneos mezclados en Fernanda, Daniel Rivas con la serie y Mario Rivas con el filme, buscan articular quizás un diálogo más orgánico no sólo con el contexto audiovisual en que se desarrollan los niños cubanos del momento, si no con zonas creativas de proba excelencia, gracejo y amenidad, sin desembarazarse de los presupuestos didactistas más que educativos, puritanos más que edificantes, que han lastrado y siguen agobiando las producciones de los Estudios de Animación del ICAIC y muchos más las del ICRT.
En esta pretendida conciliación de elementos tan irreconciliables, Fernanda y sobre todo El extraño caso… no van más allá de un empaque visual sin dudas fresco, mas para nada correspondido por otros apartados tan claves como el mismísimo guión, incapaz de concretar una historia entretenida y mucho menos conseguir el suspenso mínimo en esta trama que intenta revisitar lúdicamente la obra cumbre de Robert Louis Stevenson, desaprovechando de esta lo más importante: los intensos conflictos psico-éticos y existenciales del Dr. Henry Jeckyll, ahora renombrado Jaime, quien se ve facilista y olímpicamente relegado a mero pretexto para desarrollar la investigación. Mucho más torpe es la apresurada y desmañada resolución final del inconsistente caso, en el que apenas se presienten las “maldades” del diabólico Mr. Jai.

Las deficiencias del libreto aguzan fallos narrativos como la abundancia de escenas innecesarias, la ralentización y enrarecimiento de una historia de por sí débil, para cuyo desarrollo bastaban los minutos de cualquiera de los capítulos convencionales de la serie, siendo engrosada con elementos extensores e ineficaces.

La gelidez de unos personajes de forzado y muy débil carisma, se aguza cuando estos verbalizan chistes aún más artificiosos y casi recitados por unas voces encartonadas e inexpertas en el arte del doblaje, ya casi perdido para Cuba, sobreviviente en la casi romántica presencia de una clásica en estas lides como Ana Nora Calaza como el científico Petardo, poco discreto émulo de Dexter. Sirve la que fuera voz de la rana Cúcara y el payaso Tristolino como punto de comparación para el resto, de lo que no sale ilesa ni la también experimentada Irela Bravo como Fernanda, personaje axial pausado y flemático hasta lo insulso, cuya real significación en la trama resulta casi nula.

Vacuos y poco reveladores diálogos se mixturan en el verdaderamente extraño y poco afortunado caso de un largometraje animado cubano, con el dudoso dominio de la narración fílmica y la deficiente concepción de personajes, redundando en una producción muy irregular que se revela tropezón más que paso en el ralentizado desarrollo de este apartado, el cual se verá quizás engrosado en indefinidos tiempos por la muy postergada versión fílmica de Meñique.

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Publicado el noviembre 5, 2013 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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