YOAN MANUEL PICO SOBRE EDUCACIÓN Y CULTURA EN CUBA

Agradezco muchísimo esta otra contribución al blog que me hace llegar el escritor camagüeyano Yoan Manuel Pico, la cual fue su intervención en el recién concluido Congreso de la AHS. Tema polémico, y al mismo tiempo, fascinante, me deja con deseos de incorporar nuevas ideas (algunas ya han sido manejadas en el sitio). Pero por lo pronto lo comparto con los amigos.

JAGB

EDUCACIÓN EN CUBA: LLOVER SOBRE LO MOJADO.

Por Yoan Manuel Pico.

“Dos estudiantes son convocados a una guardia. Justo al salir de sus casas un torrencial aguacero comienza a caer sobre la ciudad. Uno de los alumnos decide cumplir con su deber, el otro opta por la comodidad del hogar. ¿Cuál actuó mejor?”. La anécdota no está tomada de ningún libro de narrativa cubano, por supuesto. La escuché hace tres años en un Seminario Nacional para Educadores. En aquel entonces estos cursos estaban a cargo de los más competentes metodólogos y sus actividades debían servir de referente para el desempeño de cada profesor. Un canal de alcance nacional llevaba las conferencias hasta la última escuela del país y también, por qué no, a cualquier persona que a esa hora se conectara con la señal televisiva.

Pero volvamos al pasaje de la guardia. Según las predicciones de su creador, este debía desencadenar un apasionado debate, contribuyendo a la formación en valores de los alumnos, aspecto al que la escuela cubana concede una apreciable prioridad. Por supuesto que la recontextualización de Abel y Caín no funcionó como situación problémica. El metodólogo olvidó aquella frase de Pascal que un amigo repite con insistencia: “Lo que se opone a una verdad no es una mentira, sino otra verdad más profunda”.

Este aserto es ya ganancia absoluta en nuestras evaluaciones de contenido. Así, las conocidas popularmente como verdaderos o falsos, que años atrás se polarizaban hasta el delirio, hoy se diferencian por mínimos matices. Se acabaron los tiempos en que usted debía leer un texto y luego discernir su mensaje entre diez opciones: la mitad correcta y la otra, absurda. Curiosamente, las situaciones destinadas a fomentar el debate no han corrido igual suerte. Allí sigue la oposición Verdad vs. Mentira; Blanco vs. Negro, Limpio vs. Sucio, renunciamos con ello a una herramienta que también podría desarrollar el pensamiento lógico de nuestros estudiantes. ¨

Aunque duela, la verdad salta a la vista: lo que hoy llamamos formación en valores presenta una situación verdaderamente calamitosa, el último congreso de la UNEAC se detuvo en este vital aspecto. Algunos intelectuales ya habían reflexionado sobre el tema. En el año 1999 Fernando Martínez Heredia llevó a los redactores de Alma Mater un curioso artículo: “A los jóvenes no les gusta el teque”, por azares del destino el mismo fue publicado siete años después, allí el premio Maestro de Juventudes de la AHS, afirma: “Nuestros sistemas de instrucción, divulgación y propaganda acerca de la revolución y de la historia y los problemas actuales de Cuba van de medianos a pésimos. La ignorancia fomentada por esos defectos graves despoja al joven de interés por los mensajes y le quita la base que brinda lo conocido para captar lo nuevo. También, y esto es peor, cercena la capacidad de hacer preguntas. Además, el lenguaje político está devaluado y está resentida su credibilidad”[i].

El pasaje que inició mi intervención y otros muy fáciles de encontrar en el aula cubana, son un fiel ejemplo de los riesgos mencionados, demuestran también que a tres años del artículo de marras y a cinco del congreso de la UNEAC, la educación cubana necesita repensar sus estrategias de interacción con los jóvenes. Hasta los conocidos diagnósticos, esos exámenes que abren elcurso, muestran poca inteligencia para el diálogo. Preguntamos allí por lo sucedido una vez en tal año, y luego, terminada la calificación, seguimos ignorando qué saben nuestros estudiantes, sobre qué temáticas les interesaría conversar, cuáles son sus intereses y aspiraciones. “Los alumnos no leen”, repite el profesor ante la evidencia de la prueba en blanco, pero los estudiantes sí leen y descubrir sus pasiones e interactuar con ellas es el mayor desafío. No hacerlo destruiría la credibilidad del maestro y de la propia escuela.

Basta imaginar una nueva situación comunicativa, escojamos un alumno cualquiera, uno de las tantos que en el 2009 pudo discutir el texto de los escolares movilizados, imaginémoslo después, entrando a un cine para ver Suite Habana o cualquiera de las películas cubanas producidas desde el triunfo de la revolución hasta acá. Allí, con el episodio de la guardia fresco en la memoria y ante el abordaje complejo que la obra artística propone, ¿qué razonamientos se barajarían en su mente?, ¿qué palabras intercambiaría con su compañero de butaca?

Una cosa es cierta: si el arte cubano rebosa de realidad, el sistema educativo, y en particular sus espacios de reflexión y debate, necesitan de ella. No por gusto en el mencionado congreso de los artistas cubanos y después de arremeter contra “criterios y prácticas descabelladas e ignorantes de principios pedagógicos, psicológicos elementales”[ii], el siempre lúcido Alfredo Guevara afirmó que “jamás podrá construirse con solidez a partir de dogmas, empecinamiento, desconocimiento de la realidad real o ignorando los mensajes alertadores de la experiencia y de los ciudadanos[iii].

En esa búsqueda de realidad, la escuela cubana necesita del arte joven. En sus propuestas audiovisuales, literarias o plásticas, los docentes tienen un aliado y la razón es muy simple: allí se plantean los problemas de una manera creíble, intensa y no por ello menos comprometida.

Cómo entender entonces que una inquietud de la sección de literatura de la filial camagüeyana de la AHS sea el divorcio que se advierte entre la comunidad académica y el mundo de la cultura. El problema no está en la mente de los afiliados, por supuesto, sino en una realidad que muestra Ferias del Libro sin profesores y eventos culturales sin la savia imprescindible de los estudiantes. En efecto, necesitamos que nuestra producción artística irrumpa en las universidades, no la queremos en los pasillos ni en el protocolar marco de una actividad extensionista, la necesitamos en el aula, en la pizarra y óptimamente, en el espíritu de nuestros alumnos y docentes, en primer lugar porque también la clase es un acto de pasión. “La ley más hermosa de nuestra especie es que lo que se admira se olvida[iv], advierte Emile-Auguste Chartier desde las páginas de Goerge Steiner y este último nos dice que “la enseñanza y el aprendizaje se ven determinados por una sexualidad del alma humana de otro modo inexpresable[v] y “esta sexualidad erotiza la comprensión[vi].

Nada de esto se logra con textos como el que inició mi exposición, en cambio, un compendio de lo más valedero de la creación contemporánea, inteligentemente insertado en nuestros planes de estudio y en sus espacios de reflexión y debate, sí podría propiciarlo. Además, estoy seguro que las ferias, concursos, sistema de ediciones territoriales y todo lo que hoy se pone al servicio del arte joven, adquirirían un sentido mucho mayor si en la secundaria y el preuniversitario, la literatura no terminara con la locura de Alonso Quijano o el sueño intranquilo de Gregorio Samsa.

Actualizar los planes de estudio es obligatorio si queremos estar a tono con la sensibilidad estudiantil, pero también, es la consecuencia lógica de la multiplicidad temática conquistada por los artistas de hoy, diversidad que, duele reconocerlo, no ha sido asumida por las instituciones educativas. Afortunadamente los señalamientos de afuera son ya las insatisfacciones de adentro. Entre los planteamientos del recién finalizado congreso de la FEU hay dos que refuerzan lo aquí expuesto: revitalizar los festivales de artistas aficionados y convertir las clases de historia en verdaderos talleres donde los hechos del pasado se traigan al presente.

Es curioso, pero el horrible episodio de los alumnos movilizados se parece un tantito a la última escena de Habana Blues, no hay en la película maniqueísmos estériles, pero es obvio que ante los destinos contrapuestos de ambos músicos: el que abandona la Isla y el que decide quedarse, nuestras simpatías, como la cámara misma, escogen al último, el que guitarra al hombro y bicicleta Flaing Pigeon se pierde por las calles de la Habana. Se ha elegido, pero la elección tiene su precio: sudor, trabajo, separación de la familia y vaya usted a saber cuántas cosas más. Estos detalles son los que hacen atractivo al personaje y heroica a su decisión. Hagamos votos entonces para que en los próximos Seminarios Nacionales para Educadores o en una simple aula cubana, la producción artística contemporánea sea una herramienta válida para debatir nuestros problemas. La solución está en nuestras propias manos. Basta cerrar el libro de Steiner con los fantasmas de Emile-Auguste Chartier y volver los ojos a las clarividentes páginas de Varela y Luz. En este sentido, también la cultura, nuestra propia cultura, podrá ayudarnos.

NOTAS

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Publicado el octubre 24, 2013 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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