LA SIGNIFICACIÓN HISTÓRICO-CULTURAL DEL CINE CASABLANCA (CAMAGÜEY, CUBA).

Finalmente he podido consultar el trabajo investigativo desarrollado en julio del 2010, por Dannia Calderón Sandi, Yaremis Viltre García, Anabel Lestayo González, y Amaya Rodríguez Medina, entonces estudiantes de la Carrera de Estudios Socioculturales de la Universidad de Camagüey.

Tienen toda la razón cuando en el primer párrafo de su investigación, titulada “La significación histórico-cultural del cine Casablanca en el período 1948-1960”, afirman:

Resultan muy escasas las investigaciones teóricas relacionadas con las instituciones culturales y con el conocimiento de los procesos culturales en nuestro país, de lo cual, por supuesto, no queda exento Camagüey”.

Agradezco muchísimo la lectura de este trabajo porque, comentarlo ahora, es una manera de llamar la atención (de nuevo) sobre el gran déficit de memoria histórica que ha tenido nuestra ciudad respecto a todo su acontecer relacionado con el audiovisual. El cine Casablanca está a punto de renacer con un nuevo perfil, y todavía no hemos logrado esclarecer algo tan básico o elemental como la fecha en que el inmueble comenzó a funcionar como eso que en el siglo pasado se conoció como “cine principal de la ciudad”.

Lo ideal sería que, en su segundo nacimiento, el futuro multicine Casablanca dejara constancia en alguna parte de su fachada de cuándo empezó a operar como eso de lo que forma parte de nuestro imaginario colectivo, y cuándo como lo que será reconocido en su segunda etapa. Dicho por lo claro: allí debería figurar una placa similar a la que ahora existe en el restaurante “La Isabela”, o en la sala-video “Nuevo Mundo”, la primera de su tipo construida en el país.

El cine Casablanca ha sido uno de los grandes colosos culturales de la ciudad. De allí la necesidad de que esta investigación se lleve a fondo con urgencia, si de veras queremos que su memoria no se pierda. Las autoras de este trabajo investigativo mencionan acciones indagatorias en torno a otras instituciones, como han sido las desplegadas por Pavel Revelo Álvarez sobre el Teatro Principal, Yuldis Márquez Díaz sobre el Teatro Avellaneda, y Disley Oramas Esquivel sobre el cine Guerrero.

Hay que leer todas estas investigaciones con una perspectiva de conjunto. De allí mi insistencia en que necesitamos crear un equipo multidisciplinario que estudie el fenómeno del audiovisual en Camagüey (su producción, distribución y consumo), no como algo meramente cinematográfico, sino como parte de una red de acciones vitales que en el fondo nos estaba revelando otras cosas.

Ir al cine Casablanca en el siglo pasado no era lo mismo que ir al cine Apolo. Detrás de las fotos y estadísticas a las que como investigadores tendríamos acceso, permanece intocado un universo de canjes simbólicos que es preciso describir e interpretar con más puntualidad. Las investigaciones que hagamos de todas esas instituciones que contribuyeron a modelar nuestras actuales maneras de mirar el mundo, en verdad no están haciendo referencia a un pasado ya remoto y muerto, sino que tienen la vista puesta en lo que aspiramos llegar a ser en un futuro.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el septiembre 28, 2013 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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