Archivos Mensuales: agosto 2013

ALICIA EN EL PUEBLO DE MARAVILLAS (1990), de Daniel Díaz Torres

El otro día uno de mis jóvenes amigos que estudia dirección de audiovisuales en Camagüey, se me acercó para hablarme de Alicia en el Pueblo de Maravillas, el célebre filme de Daniel Díaz Torres.

Había visto la película por su cuenta y no entendía nada de aquel alboroto que hace exactamente veintidós años se suscitó con el estreno de la cinta. Entonces reparé que mi joven amigo tenía los mismos años de la película, o tal vez no había nacido cuando se exhibió en aquellas circunstancias. Y ahora se enfrentaba a algo que le parecía absolutamente lejano, o, en el mejor de los casos, un asunto de gente desmesurada.

Creo que una de las peores cosas que le puede estar pasando a esa generación que ahora mismo está debutando en la esfera pública es que muchas veces carece de memoria histórica. La responsabilidad, obviamente, ha de recaer en sus mayores, que no siempre les han explicado la Historia a estos “hijos del Período Especial” con toda la claridad que merecería el caso. En su momento, nadie les habló de la censura de PM, ni del Quinquenio Gris, ni de lo que estaba detrás de la polémica que sacudió a la Cecilia de Humberto Solás. Y la carencia de memoria implica el riesgo de que los eventos se repitan de un modo idéntico, y cíclicamente tengamos las mismas Alicias vestidas de otras maneras.

Este texto que comparto con los amigos del blog fue pensado en principio para un pequeño libro que ojalá algún día pueda terminar, y cuyo título provisional es Diez películas que estremecieron a Cuba. Alicia en el pueblo de Maravillas fue una de ellas.

JAGB

ALICIA EN EL PUEBLO DE MARAVILLAS (1990), de Daniel Díaz Torres

A mediados del mes de junio del año 1991, algo insólito ocurrió en la nación cubana: buena parte de los periódicos de la Isla coincidieron en reflejar corrosivos puntos de vista en torno a un filme que todavía no se había entrenado en el país. Nacía de este modo la oscura leyenda de Alicia en el pueblo de Maravillas, probablemente el filme cubano peor discutido en toda la historia del cine nacional, y una de las pocas producciones del ICAIC que aún no ha conseguido un ciclo normal de exhibición. Para entender el por qué del revuelo causado por la cinta será preciso examinar una vez más el contexto nacional e internacional, pero no solo tener en cuenta lo que en ese preciso momento estaba sucediendo, sino lo que desde mucho antes acontecía en el mundo, y también en Cuba. Lee el resto de esta entrada

OTRA HISTORIA QUE FALTA: LA HISTORIA DEL CINE CIENTÍFICO EN CUBA

Todavía sigue siendo dominante en nuestras historiografías la concepción idealista del nacimiento del cine. En nuestro subconsciente aún contribuimos a mitificar su origen, justificando su llegada con la ansiedad estética que de siempre habrían tenido los humanos para representarse la realidad de esa manera. Digamos que en ese punto seguimos rindiéndole culto al Bazin que expresara:

El cine es un fenómeno ideal. La idea que los hombres tenían estaba totalmente definida en sus cerebros como en el cielo platónico, y lo que nos afecta más es la resistencia tenaz de la materia ante la idea, que las sugerencias de la técnica sobre la imaginación del inventor. En forma similar, el cine no le debe casi nada al espíritu científico. Sus padres no son científicos”.

Las celebraciones por el centenario del cine en 1995 contribuyeron a consolidar esa reduccionista interpretación. Como en nuestras mentes modernas opera el axioma de que “el cine es un arte” (algo que se da por sentado y no habría que discutir), todo lo que precediera a ese momento único en que los Lumiére muestran en público su invento, y cuyo imprevisto uso en tanto espectáculo Griffith haría llegar a la cumbre con su propuesta de representación hoy clásica, pasaría al vago terreno de los antecedentes que hicieron posible el evento que hoy merece figurar como Kilómetro cero en la historia del cine. Pues cine, lo que se dice cine, según estas teorías, es lo que nace con el espectáculo que alcanza su coronación con el lenguaje que sobre todo Hollyood impone en el imaginario popular.

Por suerte ya no son tan contados los estudios que intentan enriquecer, o incluso subvertir, esta versión de los hechos, y proponen un enfoque menos unidimensional. Pienso en el magnífico libro de Virgilio Tozi “El cine antes de los Lumiére”, con sus cuatro tesis introductorias:

1. El verdadero nacimiento del cine no radica en la invención y realización del espectáculo cinematográfico.

2. El cinematógrafo, así como lo conocimos en los decenios gloriosos del cine mudo, después el cine sonoro y finalmente el cine a color; esto es, el espectáculo cinematográfico tradicional, incluso podría desaparecer o reducirse a un fenómeno marginal sustituido por nuevos y más globales medios audiovisuales de comunicación de masas

3. El verdadero nacimiento del cine estuvo determinado en el siglo XIX por las exigencias de la investigación científica; por la necesidad y la paulatina posibilidad técnica alcanzada de registrar la realidad física en su dinámica con fines de análisis, de estudio, de descubrimiento y por lo tanto de conocimiento.

4. El cine científico, nacido muchos años antes que el cine espectáculo, constituye la base histórica del lenguaje de las imágenes en movimiento. Representa una nueva y todavía subestimada dimensión en las posibilidades del hombre de percibir y comunicar por medio de un código que amplía los ya usados precedentemente (gestual, verbal, escrito, figurativo, representativo. (Tosi, pp 10-11) Lee el resto de esta entrada

SIN PEDIR PERMISO, de Fausto Canel

Fausto Canel tuvo la gentileza de darme a leer su libro aún inédito Sin pedir permiso, y he aquí algunas de las ideas que ha provocado en mí esa lectura.

JAGB

SIN PEDIR PERMISO, de Fausto Canel

Fausto Canel, director cubano de películas como Desarraigo, Papeles son papeles, o Juego de poder, entre otras, coloca en el frontispicio de su libro más reciente Sin pedir permiso esta idea tan inquietante de William Faulkner: El pasado nunca está muerto. De hecho, ni siquiera ha pasado.

Lo anterior más provocador no puede ser. Se supone que, en principio, su libro esté llamado a inscribirse en eso que la tradición más pura calificaría como Memorias. Hablamos de un volumen donde el narrador (el propio Canel) desgrana las numerosas experiencias que lo han vinculado al cine a lo largo de la segunda mitad del siglo XX. El lector sabe que estamos en presencia de un testigo excepcional, de alguien que con apenas veinte años formó parte de ese reducido grupo de individuos que en marzo de 1959 fundó el ICAIC.

Canel fue de los primeros en ingresar a aquel imponente edificio Atlantic que entonces pocos pudieron imaginar habría de convertirse en símbolo indiscutible de la cultura nacional, y fue también de los que decidió dejar atrás el inmueble (con todo lo que ello implicaba) a finales de aquella década fundacional. ¿Cómo entender entonces que un libro que quiere salvaguardar la memoria nos invite desde un inicio a pensar en ese pasado que se intenta recuperar como algo que en realidad nunca aconteció? Lee el resto de esta entrada

PULSIÓN

¿Qué lo impulsó a abrir y mantener un blog?, me pregunta en un cuestionario que utilizará para su tesis el joven bloguero camagüeyano Alberto Manuel León Pacheco (rector a su vez del sitio Super Cuba).

No creo que uno pueda explicar con total transparencia la motivación exacta. Las pulsiones no se explican: se padecen. En mi caso veo una mezcla de muchas cosas. Placer al escribir sobre el cine, que es una de mis pasiones. Necesidad de compartir y recibir conocimientos. Ganas de romper con la rutina intelectual, y con el autoritarismo anónimo del Uno al que aludía Heidegger.

Pero sobre todo me sigue animando la posibilidad de expresarme libremente en un contexto tan polarizado como el que se vive en Cuba. Como en los blogs no existe exactamente la censura, sino en todo caso la autocensura (dicho por lo claro: yo soy el único que decide lo que es publicable, o lo que es lo mismo, lo que no voy a publicar), he podido obtener una mayor conciencia de mi responsabilidad intelectual. Y eso es lo que me sigue impulsando a mantenerlo no obstante la desalentadora calidad de las conexiones.

Gracias a las numerosas polémicas que han tenido lugar en el sitio, también he aprendido que se puede fomentar en estos espacios lo que llamo la cultura de la polémica, esa donde es posible el intercambio civilizado de argumentos contrapuestos, sin que las diferencias de criterios terminen asociadas a la descalificación personal.

También me sigue animando a mantener el blog, luego de más de seis años de actividad, y más de 1300 entradas publicadas, el hecho de que ya ha dejado de ser un sitio estrictamente personal, para convertirse en punto de encuentro de personas que tienen visiones diversas del audiovisual cubano, y por supuesto, de la Cuba que viven, ya sea en su interior, o en la distancia.

Como intelectual (pero antes como ciudadano) una de las cuestiones que más me atrae tiene que ver, precisamente, con la posibilidad de debatir con rigor asuntos que atañen a lo público, es decir, asuntos que van más allá del interés individual o grupal. Lamentablemente, la calidad de los debates en nuestra esfera pública (en ambas orillas) está secuestrada por la mediocridad intelectual. Para nada predominan entre nosotros los debates serios sobre los temas que más nos podrían interesar en lo público (ni en los medios oficiales, ni en los espacios que se le oponen). Casi todo se ha reducido a una batalla de ideas ya cristalizadas que, confrontación bélica al fin, apenas permite percibir los matices de esa compleja realidad que nos habita, y que nunca está en reposo.

Se trata sencillamente de una guerra en donde la búsqueda de la Verdad (con todas las paradojas que esto porta) es lo primero que se sacrifica, dado que lo que interesa es vencer al enemigo de turno, al precio que sea. La Verdad es sustituida entonces, en ambas orillas, por verdades a medias que solamente estarán en función de legitimar los intereses de grupo. Ya sea para defender ciegamente una visión oficial de nuestra realidad, o para satanizarla.

En mi blog he encontrado un alivio a tantos imperativos ajenos. Este es mi sitio y como tal lo he defendido: un sitio personal e intransferible. Un sitio donde puedo hacerme las preguntas que toda confrontación colectiva sugiere de modo autoritario o sutil que se posterguen, porque no es el momento oportuno, o porque le estaría dando armas al enemigo.

Lo cual no quiere decir que me sienta satisfecho con lo que pasa actualmente en la blogosfera cubana. En lo personal, al principio de todo, me hice muchísimas ilusiones con las contribuciones que podrían aportar los blogueros a ese debate nacional que tanto estamos necesitando. E ingenuamente pensé que la famosa independencia de lo institucional garantizaría la independencia intelectual. Hoy sabemos que esa independencia está muy lejos de haberse logrado. Al contrario.

La blogosfera cubana cada vez se parece más a esos escenarios de antes donde encontrábamos antagonismos dignos de una película hollywoodense. En medio de tanta multiplicidad de voces es difícil encontrar tonos auténticamente personales. Más bien lo que encontramos son voceros de aquellos puntos de vista que ya han sido legitimados en lo público, y donde lo único que vale es estar a favor o en contra de lo que los grupos en pugna por el poder dicten. Y no hablo solamente de lo ideológico.

Desde luego que existen excepciones aquí o allá. En verdad hay blogs que son excelentes, y que ayudan a obtener una idea plural de nuestras existencias. Pero yo me refiero a la tendencia hegemónica, que es la que manda, la que va decidiendo todo. ¿Qué es entonces lo que me mantiene pegado al blog? Lo que dije al principio: la posibilidad de ensayar una manera propia de expresarme. Ni mejor ni peor, solo propia.

Juan Antonio García Borrero

CONVOCATORIA PARA LA SELECCIÓN DE FILMES CUBANOS QUE OPTEN POR PRESENTARSE A LOS PREMIOS OSCAR, GOYA Y ARIEL

Me acaba de llegar al buzón esta información que ha puesto a circular la Oficina de Creación Artística del ICAIC. Creo que es la primera vez que se convoca públicamente a este tipo de nominación, aunque en lo personal lo que más me alegra es el hecho de que la producción independiente por fin es tomada en cuenta.

JAGB

CONVOCATORIA PARA LA SELECCIÓN DE FILMES CUBANOS QUE OPTEN POR PRESENTARSE A LOS PREMIOS OSCAR, GOYA Y ARIEL

Cierre de Convocatoria: 10 de septiembre de 2013

Bases:

Podrán ser presentados al Comité de Selección todas los filmes nacionales, ya sea producidos por el ICAIC (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos) o de manera independiente.

Los filmes deben haber sido exhibidos en salas comerciales del país, durante un período no menor a 7 días consecutivos, en fecha comprendida entre el 1 de noviembre de 2012 y el 31 de diciembre de 2013.

Los filmes no deben haber sido exhibidos por INTERNET o televisión antes de su estreno en cine.

OSCAR

(Oscar a la Mejor Película Extranjera)

Acto de entrega de los 87 Premios Oscar: 2 de marzo de 2014

Última fecha de entrega de toda la documentación: 1 de octubre de 2013

Los largometrajes deben tener, mínimo, 40 minutos de duración sobre un formato de 35mm ó 70mm, ó en formatos de 24 ó 48 cuadros por segundo, a través de escaneo digital con una resolución nativa en formato no menor a 1280×720 (resolución de 2048 por 1080 pixeles). Lee el resto de esta entrada

MELAZA (2012), de Carlos Lechuga

El pasado 22 de agosto Ambrosio Fornet presentó en La Habana La Gaceta de Cuba correspondiente a los meses Julio-Agosto. A juzgar por lo que se dice en la presentación que ha llegado a mi buzón, este debe ser un número que despertará el interés de aquellos que nos preocupamos por la suerte del audiovisual realizado por cubanos. Por lo pronto, comparto con los amigos del blog el texto que escribí a propósito de Melaza, y que aparece en esa revista.

JAGB

HURACÁN SOBRE LA MELAZA

En la ópera prima de Carlos Lechuga (1983), “melaza”, además de darle título a su película, es el nombre del pueblo donde se desarrolla la trama de su largometraje. Un pueblo fantasmal en el cual, tras el cierre transitorio del central azucarero que le ha concedido vitalidad a esa pequeña comunidad durante un buen tiempo, sus habitantes han de aprender a sobrevivir con los residuos de la antigua manera de existir.

Utilizo a conciencia el término residuo porque la melaza, si nos guiamos por el contenido de la voz que la describe en el principal diccionario de nuestra lengua, remite precisamente a esa condición orgánica: “Líquido más o menos viscoso, de color pardo oscuro y sabor muy dulce, que queda como residuo de la fabricación del azúcar de caña o remolacha”. La melaza sería el aumentativo despectivo de miel, pero también lo que queda de un proceso que persigue propósitos más nobles.

En un plano más explícito, Melaza, la película,quiere hablarnos desde el drama casi minimalista de sus protagonistas, de la factura que en lo colectivo nos va dejando un pasado relativamente reciente (lo que los cubanos conocemos como “período especial”), pero en verdad, su mirada es mucho más incisiva, más ambiciosa, más universal, y por ello mismo, más inquietante. Melaza se desarrolla en el presente, pero el sentido profundo de la historia que cuenta habría que rastrearlo en un arco temporal mucho mayor. En este sentido, no he podido dejar de asociar la melaza de Carlos Lechuga al azúcar que, a propósito de su visita a Cuba en los inicios del proceso revolucionario de 1959, el gran filósofo francés Jean Paul Sartre describió bajo el zarandeo de un temible huracán.

En aquel célebre texto el pensador galo, en medio de una euforia rebelde donde era imposible no imaginar la parusía misma, nos describía el advenimiento de un mundo en que el caos prescindía de todo tipo de ideología predeterminada. Eran los pronósticos de un tiempo donde la feroz inocencia de la borrasca revolucionaria levitando sobre la isla y más allá de ella, presagiaba la configuración de un orden sin desigualdades, o al menos, sin mezquinas maneras de ejercer relaciones de poder donde determinados grupos adquieren el control absoluto de la vida de una mayoría.

Sartre no ocultaba su regocijo al declararse “curado de la maligna afección que estuvo a punto de ocultarme la verdad de Cuba: la retinosis pigmentaria”, idea que a su vez escuchara por aquellas fechas en boca del ensayista e historiador Oscar Pino Santos. “Existe”, escribía Sartre citando al investigador cubano, “una enfermedad de los ojos que se nombra retinosis pigmentaria y que se manifiesta por la pérdida de la visión lateral. Todos los que se han llevado de Cuba una visión optimista son grandes enfermos: ven de frente y nunca con el rabillo del ojo”. Lee el resto de esta entrada