PEDRO NOA SOBRE “EL PERFECTO NEOANALFABETO Y OTRAS BLOGUERÍAS”

Voy a reiterar lo mismo que hace algún tiempo escribí en el blog, a propósito de la presentación de El perfecto neoanalfabeto y otras bloguerías en el Centro Cultural Fresa y chocolate: como autor me siento sumamente complacido con lo que hasta ahora se ha escrito sobre el volumen, pues no siempre los libros consiguen llamar la atención de quienes reseñan; y mucho menos provocar meditaciones que vayan más allá de la información epidérmica, como ha ocurrido con José Raúl Gallego y Justo Planas.

Ahora tendría que sumar este conjunto de reflexiones del investigador del cine cubano Pedro Noa, donde encontramos reparos que bien valdría la pena retener, en tanto enriquecen los planteamientos iniciales del libro.

Al fin y al cabo, si asumimos como cierta  la convicción borgeana de que hay que vivir más orgulloso de lo que se ha leído, que de lo que se ha escrito, tendríamos que entender que un libro no debería ser más que el punto de partida de algo en permanente construcción colectiva.

JAGB  

EL PERFECTO NEOANALFABETO Y OTRAS BLOGUERÍAS

Por Pedro R. Noa Romero

El perfecto neoanalfabeto y otras bloguerías es el texto más reciente escrito por el ensayista, crítico e investigador del cine cubano Juan Antonio García Borrero, y publicado por la Editorial Oriente en su colección Dialogo.

El libro da continuidad – en cierta medida- a dos experiencias bibliográficas anteriores: Bloguerías (Editorial Ácana, 2009) y Cine cubano, la pupila insomne (Unión, 2012), que recogen las experiencias de García Borrero como autor del blog creado por él desde 2007, con el nombre, precisamente, de “Cine cubano, la pupila insomne”, a través del cual ha ido abriendo nuevas ventanas a una buena cantidad de tópicos que, de una forma u otra, nutren la historiografía de la cinematografía nacional, y ha posibilitado la participación de un buen número de especialistas, tanto nacionales como extranjeros, interesados en aportar datos nuevos, opinar o disentir sobre los múltiples temas abordados en esa forma de sitio de la red de redes.

La obra consta de una introducción, un preludio y cinco partes, en los que García Borrero expone, a través de artículos más o menos extensos (los cuales debieron funcionar como posts o entradas durante el funcionamiento del blog), un grupo de aspectos agrupados por su coherencia temática, más allá de la espontaneidad o fecha con que fueron apareciendo en la web, producto de preocupaciones y/o de coyunturas determinadas.

Es decir, el libro está organizado como un texto clásico gráfico, en el cual cada parte –incluido el preludio- posee una organicidad, y no el sentido fragmentario con que operan los blogs, en los cuales la continuidad racional no es la primera preocupación. Este es el primer riesgo que asume el autor y la editorial al convertir los trabajos de un medio a otro.

En contra tiene la pérdida de los aportes que otras personas hacen a las ideas del autor, lo cual solo incluye en el primer capítulo “Una polémica a modo de obertura”; o incluso la entrada de temas nuevos originados no precisamente por García Borrero, sino como obras de otros (1)[1].

Sin embargo, más allá del pretexto de publicar lo que ya apareció en el espacio digital en soporte gráfico, debido a las dificultades y carencias nacionales con respecto al uso y acceso a la web, considero importante la aparición de El perfecto neoanalfabeto y otras bloguerías porque condensa – al asumir la forma tradicional de organizar los textos-, un grupo importante de ideas y tesis que ha estado manejando su autor, que en su forma virtual quedan un poco dispersas y difusas.

Y lo último me parece destacable, si tenemos en cuenta que Juan Antonio García Borrero es una de las figuras más relevantes en la investigación y la crítica cinematográfica cubana, respaldado por una sólida bibliografía escrita, varias veces premiada (2)[2], y que ahora ha complementado con más de un lustro dedicado al ejercicio del criterio en la blogosfera.

Incluso, el libro permite comprobar un estilo característico en la escritura del autor, a la hora de exponer los temas, matizado, principalmente, por el apoyo constante de citas provenientes de diferentes filósofos o pensadores, las cuales le sirven de apoyatura constante para discernir sus argumentos en cualquiera de las materias que aborde.

Por lo tanto, aprovecho esta posibilidad de tener una compilación de un fragmento de la obra actual de este investigador, para comentar algunos de los puntos de vista con que aborda los asuntos principales que atraviesan el texto, y que – a mi modo de ver- podrían resumirse en: la función de la crítica, el papel del historiador y, en especial, el rol del historiador del cine cubano, al abordar metodológicamente nuestra filmografía, que incluye (como un componente importante) el entendimiento de la existencia de los filmes y toda su obra, como resultado de un contexto determinado y muy particular, referido a las características ideo-políticas por los que ha transcurrido Cuba en poco más de cincuenta años, peculiaridad, esta última, que lo lleva a reflexionar también en la funcionalidad del debate en la esfera pública y su relación con el espacio virtual.

El primer capítulo es quizás el único sui generis en el libro, no solo por la característica que apunté más arriba, es decir, el incluir las opiniones de otra persona, en este caso las del ensayista y narrador Víctor Fowler sobre el tema del neoanalfabetismo funcional, sino también porque este tema lo separa, hasta cierto punto, de los abordados a continuación, aunque la definición de este nuevo concepto y su aplicación a la realidad cubana, sirven como motivación para introducir la importancia del debate en la esfera pública, para lo cual – según su criterio- la blogosfera puede ser un espacio ideal.

Más allá de los aciertos y desaciertos de las opiniones esgrimidas tanto por Fowler como por García Borrero en torno a lo que puede ser el neoanalfabetismo funcional, y que no pretendo comentar aquí, sí me parece que desde este primer apartado queda claro que el autor pone muchas de sus esperanzas, como ser social, en el espacio de la web, como un locus libre de los poderes hegemónicos, y desde aquí apunta uno de los temas que va a exponer en el capítulo siguiente, titulado “Invitación al blogueo”: el papel de la crítica cinematográfica en estos tiempos digitales.

En el primer trabajo/post que incluye: “Por una crítica imperfecta en tiempos de web 2.0”, después de hacer sus consideraciones sobre lo que considera ha sido un golpe perturbador para la crítica tradicional de cine, en especial para el crítico del siglo XX, que él define como “… un informador por excelencia” (p. 37), expone su propio método de practicar su criterio:

“… en lo personal opto por ejercer un tipo de crítica que, antes de juzgar y dictar sentencia, intente entender (y aprehender) el fenómeno audiovisual como tal. Entenderlo en la misma medida que lo vivo como algo que va a seguir estando allí, indiferente de mi aprobación o rechazo, pero sabiendo que existe en función de una construcción intelectual que he heredado. Eso me estimula a ensayar trueques en ese sistema de oposiciones (bueno/malo, por ejemplo) que nos ha llevado a creer en la existencia de jerarquías autónomas, ajenas a los intereses grupales que dominan o pugnan por dominar la sociedad.

Sé que corro el riesgo de que vean en mí no a un crítico, sino a un benefactor. Si así fuera, tampoco me sentiría demasiado sobresaltado con ello”. (p. 38)

Después de esta autoconfesión profesional y de indicar cuáles son sus políticas en el manejo del blog, propone sus consideraciones sobre la figura del “nuevo crítico”:

“El nuevo critico podría, pues, callar en cuanto a lo que en apariencia ya está demasiado claro, para dirigir su mirada (y sus oídos) hacia lo que ha quedado encubierto detrás de lo esclarecido, detrás de lo que hoy casi nadie se atreve a discutir, porque ya las autoridades dictaminaron que no había nada que discutir…

Este nuevo crítico, por ejemplo, podría preguntarse: ¿qué se esconde detrás de todo eso que ha llegado a nosotros y damos por sentado como jerarquías culturales, concediéndole un sentido casi sagrado?; y sobre la jerarquía misma, ¿qué está dejando de privilegiar?, ¿qué está excluyendo y por qué?, ¿quiénes son los que están operando con esos criterios de valor y a qué intereses están respondiendo?, ¿o será que vamos a creernos que las jerarquías culturales gozan de una soberanía que las hacen inmunes a los dictados del Poder de turno? En el caso específico del cine, ¿puede el crítico cubano conformarse con ser portavoz y repetidor de un canon que desde Sight & Sound (3)[3] nos resumirá cuáles son ‘las mejores películas’ de todos los tiempos, o es su deber enriquecer las perspectivas de una época donde cada vez gana más descrédito el afán de totalidad en los planteamientos del experto de antaño?”. (40-41)

Cuando se termina de leer afirmaciones como las anteriores, se comprende cuál es la diferencia, todavía hoy, siglo XXI, entre la labor desde un blog y la presentación de ideas a través de un libro. El blog concebido como bitácora, diario de viaje, acepta improvisaciones personales de ideas que pueden ser lanzadas para provocar otros argumentos que, manejados con inteligencia – como me consta ha hecho García Borrero-, permiten construir un pensamiento sólido, no conclusivo, desde la multivocalidad. Sin embargo, las mismas opiniones, publicadas en blanco y negro, tienen una connotación otra, adquieren el peso de la irrebatibilidad, al menos inmediata, y se sienten enfáticas, a pesar de que al final del escrito, el propio autor aboga por una multivisualidad en la producción de la crítica cinematográfica: “Y ese tipo de episteme necesita el esfuerzo de muchos aspirando a un punto de vista superior, en vez de muchos pensando desde y para sus respectivas y angostas trincheras” (41). Esta necesidad coral también la pensará para la producción de la historia del cine cubano: “No estoy hablando de recopilar los datos que puedan estar dispersos y que aludan al devenir del cine cubano, sino de algo más complejo: la creación de un equipo multidisciplinario que enfoque esta expresión en sus más diversos ángulos…”(4)[4].Pero sobre sus conceptos acerca de la historiografía trataremos más adelante.

La aplicación de sus criterios al respecto de la crítica cinematográfica podrían encontrarse en la cuarta parte o quinto capítulo del texto (si consideramos el preludio como tal), nombrado “Películas”, en el que analiza, o más bien reseña, un total de 19 filmes, entre ficción y documentales, a través de los cuales revisita obras antológicas como La Virgen de la Caridad (Ramón Peón.1930) o Gente en la playa (Néstor Almendros. 1961), hasta cintas tan contemporáneas como Luneta No. 1 (Rebeca Chávez. 2012). En la mayoría de las aproximaciones prima un enfoque sociológico más que deconstructivo o crítico-analítico del filme, necesario también –desde mi punto de vista- en la aproximación a las cintas, perspectiva esta última que, sin negar su contextualidad, permite comprender cuáles han sido las estrategias narrativas y estéticas asumidas por sus realizadores, término este último donde no solo se incluye al director, sino a todo el personal técnico- artístico. Sin dudas, la intención de este apartado en el libro es revalidar títulos olvidados o no tenidos suficientemente en cuenta por las “jerarquías culturales”, o de destacar su funcionalidad en la realidad ideo-política actual, como puede apreciarse, principalmente, en los escritos dedicados a Telón de azúcar (Camila Guzmán. 2007) o el propio Luneta No. 1, por solo citar dos ejemplos.

Regreso al contenido del capítulo dos o Primera parte “Invitación al blogueo”, porque en los trabajos allí incluidos hay un sentido metodológico que interactúa con el resto del cuaderno. En el trabajo/post homónimo, el autor expone su teoría de cómo debe construirse la historia del cine cubano de forma plural, a partir de dos películas japonesas dirigidas por Akira Kurosawa: Rashomon (1950) y Yojimbo (1961):

“…el paradigma de Rashomon me atrae tanto, que más de una vez lo he propuesto como modo de contar la historia del cine cubano. Mediante ese paradigma se podría narrar la historia del cine nacional según los cineastas. Y contarla también de acuerdo con el punto de vista de los críticos. Y de los espectadores. O incluso, desde la perspectiva de aquellos que nunca han tolerado ese cine…

A mi juicio, la grandeza imaginativa de Kurosawa alcanzó a proponernos otro modelo. Gracias a Kurosawa, pienso que el estudioso del cine cubano podría encontrar en ‘Yojimbo’ un buen referente, en tanto parábola de un mundo dividido en forma bipolar…Pues bien, quien quiera estudiar sin prejuicios el cine cubano, tendrá que admitir que hasta ahora su análisis ha estado condicionado por cosmovisiones binarias (dentro/ fuera; a favor/ en contra). El estudioso solo podrá superar esas simplificaciones si se impone sus propias reglas, y se empeña en construir una versión menos maniquea de la realidad, renunciando a entregarse de manera ciega a lo que esos grupos dominantes van pregonando”. (62-63)

De cierta manera, las aplicaciones de estos métodos constructivos a la historia de la filmografía en la “Cuba mayor”, está contenida en las partes restantes de El perfecto neoanalfabeto y otras bloguerías. En “Aproximaciones a la historia del cine cubano”, devela pasajes y personajes que rescatan esas historias o momentos del cine apenas abordados o casi olvidados por –y en esto coincido absolutamente con García Borrero- por una forma maniquea de construir el paisaje cinematográfico generado en la Isla, que a veces hace pensar que todo ha sido estudiado y que no hay nada que revisar ni dinamitar.

Este pensamiento también alcanza su capítulo dedicado a Tomás Gutiérrez Alea, el cual solo podía llamarse “Titón”. Uno de nuestros directores más estudiados tanto dentro como fuera del país, de quien, precisamente, se podría decir que ya no queda nada por agregar a los miles de folios escritos no solo en letra impresa sino también de forma digital. Sin embargo, el texto revela que todavía quedan aristas, filones por explorar y más allá de la concepción historiográfica que propone Juan Antonio García Borrero, la obra de este realizador cubano todavía es virgen para muchos discursos teóricos existentes en los estudios sobre cine.

Y por supuesto, también son validados sus conceptos historiográficos a través del último capítulo donde el autor asume una de sus características más notables: el ser camagüeyano. Por tal motivo, en la quinta parte denominada “Suite Camagüey”, aborda la historiografía del cine cubano más desde la perspectiva del cronista, al incluir tópicos como la existencia de una organización del Ku Kux Klan en esa provincia cubana o narrarnos de los avatares de la discusión acerca de la cultura del debate, ocurrida en la UNEAC provincial o lo  acaecido en el 18 Taller de Crítica Cinematográfica, evento organizado y presidido por él, y que ha defendido y promovido con una voluntad estoica.

No podría terminar esta aproximación al texto de García Borrero sin retomar lo que me parece la línea temática más utópica que recorre muchos de los trabajos: su confianza en la blogosfera y la web en general, como un espacio democrático, en el que se puede construir una historia otra de las narrativas nacionales, a contra corriente de los poderes jerarquizados, hegemónicos.

De hecho, me gustaría recordar solo dos cosas. Primero, que toda la red de redes es un monopolio hegemónico y que en él, todavía hasta el presente, se continúan reproduciendo los mismos esquemas que en el mundo real, entendido simplemente como el que consideremos no virtual, pues ya se ha demostrado que todo lo que se pone en las red de redes es procesado por mega compañías que lo emplean para tratar de conducir los destinos sociales, por lo tanto, la accesibilidad como la capacidad de expresión a través de ella, solo demuestra una falsa democracia, donde se evaden unos poderes para caer en manos de otros. Y en segundo lugar, el mayor acceso de todas las personas a Internet, su alfabetización funcional, no será definitorio para que cambien sus mentalidades, pues también está demostrado, que los seres humanos buscan, en los múltiples sitios ya creados, lo que satisface sus expectativas socio- culturales, que no siempre coinciden con los conceptos validados en algunos círculos intelectuales como lo que deben consumir para ser más civilizados.

En resumen, más allá de los pro y los contra que pueda encontrársele a la conversión de posts en artículos impresos, reunidos en El perfecto neoanalfabeto y otras bloguerías, sigo creyendo – y creo que no me contradigo- que su fuente originaria: el blog Cine cubano, la pupila insomne, es uno de los sitios más productivos para la escritura de nuestra historia fílmica y hasta nacional. Por lo tanto, le deseo mil y una entradas más.

NOTAS


 

[1] Esto solo ocurre, de cierta manera, en la entrevista que le hiciera Abelardo Mena sobre su biografía de Tomás Gutiérrez Alea.  Ver “Tras la huella de Gutiérrez Alea”, pp. 133-139.

[2] Su Guía crítica del cine cubano de ficción (Editorial Arte y Literatura. 2001) fue Premio Anual de Investigaciones Culturales 1999; La Edad de la herejía (Editorial Oriente, 2002) ganó el Premio de Ensayo José Antonio Portuondo de la Editorial Oriente en 2001; además, ha sido merecedor, en tres ocasiones, del Premio Nacional de la Crítica Literaria, por solo mencionar algunos de los reconocimientos más notables.

[3] Se han respetado las palabras escritas en cursiva en el original.

[4] “El ser del cine cubano, las palabras y el tiempo”. p. 88.

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Publicado el julio 3, 2013 en BLOGOSFERA, LIBROS SOBRE CINE CUBANO. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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