SOBRE “EL SUPER” (1978), de León Ichaso y Orlando Jiménez Leal

Toda evocación histórica corre el riesgo de pasar por alto lo que en la vida real (lo que Husserl llamaría “el-mundo-de-la-vida), estaban experimentando los seres de carne y hueso.

Los recuentos de los historiadores apenas toman en cuenta la significación general de las efemérides, el impacto y consecuencias de las crestas más sobresalientes de ese acontecimiento del cual se hablará en la posteridad; en esos relatos los individuos concretos, con sus pasiones y expectativas se esfuman, para dar lugar a un escenario supuestamente pre-existente a las elecciones humanas, desde el cual se puede reconstruir de modo objetivo lo que sucedió o pudo dejar de suceder. La subjetividad, que es siempre dinámica e impredecible, en estos casos no cuenta. Por suerte, el verdadero arte consigue subsanar los dislates que una lectura tan reduccionista va dejando en su accionar: en el verdadero arte los individuos se muestran en todo el esplendor de sus contradicciones, como los seres humanos que somos al fin.

El super fue la primera película rodada en el exilio que intentó posicionarse más allá de los estrechos perímetros del diferendo político que habla de fidelistas y anticastristas. Es una película donde uno puede encontrar todavía el dolor y las alegrías de la gente que retrata en su historia. Se trata de una cinta de León Ichaso y Orlando Jiménez Leal que se apoya en la famosa obra de teatro de Iván Acosta, y que este año ha sido objeto de un justo reconocimiento por parte de varios críticos y artistas, a propósito de los 35 años que cumple.

Según el crítico Alejandro Ríos:

“La película se terminó a comienzos de 1979 y su éxito marcó el lanzamiento de la carrera cinematográfica de Ichaso y Leal en Estados Unidos. Acogida en el Festival Internacional de Cine de Miami, saltó al Festival de Cine de Venecia y se vio en el prestigioso ciclo New Directors/New Films en el Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York.

Fue en vísperas de la serie del MOMA que el célebre crítico Vincent Canby le dedicó dedicó elogiosas palabras en sucolumna en The New York Times”.

Hoy El super, mirada a la distancia de más de treinta años de estrenada, puede suscitar las más disímiles interpretaciones. Eso es lógico, toda vez que ninguna película, si de veras se pretende auténtica en sus planteamientos, nace cerrada. Las películas de esa naturaleza, llámese Memorias del subdesarrollo (1968), o El super (1978), se enriquecen en la misma medida que sus nuevos espectadores reconocen los mismos dilemas humanos de siempre. De hecho, muchas veces he pensado que El super es la historia de los personajes que Sergio despidió en el aeropuerto diez años atrás.

Al margen de esa posibilidad permanente que brinda el arte de iluminar mi presente con la experiencia de los otros, siempre es recomendable tener en cuenta el contexto y las circunstancias en que surgen las obras, toda vez que hablamos de acciones humanas, de prácticas que nacen, para seguir con Husserl, en ese “mundo-de-la-vida” al que aludíamos al principio. Un mundo que nunca permanece estático, aunque con sus cargas y agonías nos parezca que pueda ser la eternidad misma.

Es legítimo que se hable de El super como una película del exilio cubano, pero los problemas que aborda guarda más relación con el desarraigo existencial de los seres humanos que con una confrontación puntualmente ideológica. En los años en que se escribe la obra y se filma la película, se comenzaba a experimentar la aproximación entre cubanos residentes en la isla y en el exterior. En términos culturales, se llega a mencionar incluso los planes de crear el Centro de Estudios de la Cultura Cubana, según se aprecia en lo que habla Alfredo Guevara en una reunión que sostiene el 9 de junio de 1979 con un grupo de intelectuales que entonces vivían fuera de Cuba:

Pienso que en la creación ya muy inmediata, de un modo formal, del Centro de Estudios de la Cultura Cubana, va a ser un camino de relación con ustedes, especialmente con ustedes, y no solamente con ustedes, sino con los cuadros de toda la comunidad, tengan la posición que tengan. Tenemos que hacer investigaciones conjuntas sobre ustedes y sobre nosotros y sobre el encuentro, porque es un millón de cubanos, incluso, sobre los que no influimos directamente, los que tienen una posición más recalcitrante. Nosotros tenemos que estudiar qué es esto, eso es parte de la patria (…)”. (1)

Como todos sabemos, aquel conato de diálogo y reconciliación se frustró. El anunciado Centro jamás fue creado. Vino casi de inmediato la estampida del Mariel, e Iván Acosta escribió y dirigió Amigos (1985), como para reafirmarnos de que es uno de esos artistas que jamás ha querido perder de vista “el-mundo-de-la-vida” en la que le ha tocado lidiar. Que no se ha replegado en su torre de marfil.

Pero más allá de ese convulso devenir del cual no ha apartado la vista, allí ha quedado El super como paradigma de ese cine que, sin renunciar a la militancia, puede hablarnos de la complejidad humana, la misma que escapa a quienes desde la política o la Historia a secas, suprimen a los individuos de carne y hueso para convertirlos en personajes de un espectáculo unidimensional y carente de profundidad.

Juan Antonio García Borrero

Nota:

(1)   Alfredo Guevara. “La revolución la hacemos para hacer más compleja la sociedad”. En “Tiempo de fundación”, Iberautor Promociones Culturales, 2003, p 361.

PD: Desde España el amigo Francisco Puñal me ha hecho llegar la crónica escrita por Vincent Canby en el momento del estreno del filme.      

El Super, A Cuban-American Tale

By Vincent Canby

Published: April 29, 1979

For the last 10 of his 42 years, Roberto, a former bus driver in Havana, has been living in New York exile with his wife, Aurelia, and their 17-year-old daughter, Aurelita. Roberto not only suffers the life of an outsider, he embraces it as well as the isolation, the humiliation and the homesickness that go with it. Because he refuses to learn English, the best he can do by way of employment is a job as superintendent in a large tenement on the Upper West Side.

“El Super,” a Cuban-American feature film shot in New York, opens early on a Sunday morning in February as Roberto tries to sleep while angry tenants upstairs bang on the pipes demanding that the boiler be turned on. They are entitled, but he has forgotten. Finally he rouses himself. Says Aurelia of the commotion, “I can’t stand English the first thing in the morning.”

A little later, Aurelia surveys their neat basement apartment, furnished with all of the necessities, including a television set and an electric blender, and reports that she’s tired of peering out the window and seeing nothing but people’s feet. “It’s like looking at the world from underneath,” which is pretty much the way Roberto sees things.

From this beginning you might suspect that “El Super” would be grim, but you’d be wrong. It’s a funny, even-tempered, unsentimental drama about people in particular transit. Roberto thinks of his life as being a sort of long, boring, nonstop flight from Cuba that will eventually circle back there, while Aurelita and a number of their friends are losing no time in assimilating.

The film, the first feature to be co-directed by Leon Ichaso and Orlando Jimenez-Leal, is based on Ivan Acosta’s play of the same name that was produced originally by the Cuban Cultural Center in New York in 1977. It will be presented in the New Directors/New Films series at the Museum of Modern Art today at 6 P.M. and Wednesday at 8:30 P.M. It is scheduled to have its commercial opening in New York in June.

“El Super” is not an especially political film, though it is concerned with working-class people who fled the revolution. Its most uninhibitedly comic character is a manic fellow named Pancho, a veteran of the Bay of Pigs fiasco, who is rabidly anti-Castro and everywhere sees Communist conspirators, including the loony man who pushes into Roberto’s apartment one Sunday afternoon to preach Christ’s Gospel.

“El Super” is much less about politics than it is about the disorientation of exiles who become living metaphors for the human condition. Such a person is Roberto, played with infinite good humor and common sense by Raymundo Hidalgo-Gato. The role, like the screenplay by Manuel Arce and Mr. Ichaso, is extremely well written as it avoids the usual impulse of such realistic drama to state in large, long speeches what it intends to be about. “El Super” works entirely within its characters and events.

The film was obviously produced on a very low budget, but with care, intelligence and with a cast of marvelous Cuban and Puerto Rican actors. In addition to Mr. Hidalgo-Gato, they include Zully Montero as Aurelia, Reynaldo Medina as Pancho, and Elizabeth Pina as Aurelita.

The Cast

EL SUPER, directed by Leon Ichaso and Orlando Jimenez-Leal; produced and adapted for the screen (in Spanish with English subtitles) by Manuel Arce and Mr. Ichaso, based on the original play “El Super” by Ivan Acosta; camera, Mr. Jimenez-Leal; edited by Gloria Piñeyro; music by Enrique Ubieta. At the New Directors/New Films series. Museum of Modern Art, 53d Street west of Fifth Avenue. Running time: 90 minutes.

 
Roberto . . . . . Raymundo Hidalgo-Gato

Aurelia . . . . . Zully Montero

Pancho . . . . . Reynaldo Medina

Aurelita . . . . . Elizabeth Pena

 
Cuco . . . . . Juan Granda

 
La China . . . . . Hilda Lee

 
Inspector . . . . . Phil Joint

 
Predicador . . . . . Leonardo Soriano

 
Bobby . . . . . Efrain Lopez-Neri

 
Ofelia . . . . . Ana Margarita Martinez-Casado

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Publicado el mayo 7, 2013 en CINEASTAS EN LA DIÁSPORA. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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