EL TRAGALUZ DE LOS ESPEJISMOS

Ayer en la tarde me reencontré con un encantador joven al que había perdido de vista. Le interesa la creación audiovisual, y era de los asiduos asistentes al espacio “La ciudad simbólica”, pero desde hace tres o cuatro meses no participa.

Cuando se lo comenté me dio una explicación que se me antojó incontestable: hace poco adquirió uno de esos dispositivos de almacenamiento que le permite tener a mano un número bastante elevado de películas. Y de hecho fue muy gentil al ofrecerme la posibilidad de copiar varias con el fin de mejorar la programación de ese espacio.

La verdad es que la relación de filmes que tiene en su poder es impresionante, con títulos (hoy devenidos clásicos) que jamás se exhibieron en Cuba. Su sonrisa de orgullo cuando le hice notar aquello se estropeó un poco, una vez que (tras yo preguntarle si había visto ya ésta o aquella), debió confesarme que no sabía por dónde empezar a ver.

Es la gran paradoja del momento histórico que ahora mismo vivimos. Tenemos al alcance de un click lo mejor de la historia del cine, pero la desorientación es total. Y esa desorientación ya está pasando factura. Primero, porque se está haciendo hegemónica la idea de que el conocimiento de la historia del cine es algo inútil, toda vez que la gran carrera de relevo que significaría el incesante perfeccionamiento tecnológico, garantiza de modo automático el dominio expresivo.

A este pantagruélico disparate habría que sumar ese otro desatino que sugiere que un cineasta (o un creador de audiovisuales, para decirlo en los términos que demandan estas fechas) puede prescindir del debate de aquellas tesis sobre las que se sostiene esa catedral infinita que sería la visualidad moderna acompañada del sonido.

Admito que la responsabilidad de ese estado de cosas no habría que achacársela a los jóvenes. Al menos, no solamente a ellos, que como nosotros cuando nos tocó, se parecen más a su tiempo, que a sus padres. Me pregunto si los críticos, profesores, personas que de alguna manera tenemos que ver con ese rol de guía que ha puesto en nuestras manos la sociedad, estamos conscientes de la brecha (dentro de poco insalvable), que se ha establecido entre quienes tienen una visión del mundo que proviene de la estabilidad que propicia una cultura ya asentada, y aquellos que se van formando de acuerdo a la impronta que va dejando en ellos la actual revolución electrónica.

Qué casualidad que escribo esta breve reflexión justo en el momento en que acabo de terminar uno de los capítulos de esa hermosa novela de Tabucchi titulada “Sostiene Pereira”. Estoy tan metido en la trama que asocio a la actuación de Mastroianni en su versión fílmica, que ahora me parece que soy Pereira pensando en todo esto que anoté con anterioridad. Al menos lo que según al autor siente el protagonista de la novela en algún momento es lo mismo que experimento yo con este asunto:

Y aunque pensó en todo ello no se sintió tranquilo, sintió en cambio una gran nostalgia, no sabría decir de qué, pero era una gran nostalgia de una vida pasada y de una vida futura, sostiene Pereira”.

Juan Antonio García Borrero

Anuncios

Publicado el abril 29, 2013 en REFLEXIONES. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: