LOS PRONÓSTICOS DE LA IMAGEN: PRIMERA MUESTRA NACIONAL DEL AUDIOVISUAL JOVEN (Del 31 al 3 de noviembre del 2000)

Hace un rato, revisando papeles viejos en el archivo, cayó en mis manos el catálogo de la primera Muestra Nacional del Audiovisual Joven (2000). Fue inevitable revivir aquella primera edición en la que un grupo integrado por Juan Carlos Tabío, Jorge Luis Sánchez, Dean Luis Reyes, Roberto Smith, Gustavo Fernández, y el que suscribe (al que el ICAIC, a sugerencia de Senel Paz, le dio la responsabilidad de dirigirla) debieron enfrentar y curar un número bastante elevado de materiales recibidos de casi todas las provincias. Comparto con los amigos del blog lo que entonces escribí en el catálogo. No solo me da satisfacción que en términos organizativos la Muestra creciera hasta lo que es hoy, sino que varios de los realizadores que entonces se daban a conocer en ese primer programa hoy gocen de reconocimiento público.

JAGB  

LOS PRONÓSTICOS DE LA IMAGEN

William Faulkner no solo escribió novelas memorables. Fue, además, un pensador ingenioso, un filósofo del diario existir, y si algo puede corroborarnos con creces lo anterior es su siguiente reflexión: “El escritor escribe porque el destino, el sufrimiento le concierne. Porque todo lo que existió un día es el presente y el presente contiene todo lo que vendrá”.

Siendo como es nuestro tiempo, un devenir más atento a la cultura audiovisual que a la literaria, puede interpretarse que es en la imagen (entendida esta como el espejo por excelencia de nuestra vivencia actual), donde mejor podremos encontrar hoy rasgos de esa iconomancia que al final, como advierte Faulkner, todo artista pretende ejercer: la imagen como vehículo que nos hará trascender, y a su vez, como artificio explorador de una realidad que evidentemente nos rebasa, nos hace parecer aún más finitos de lo que somos, y que por ende, nunca acabamos de comprender del todo. El artista como profeta, en fin. Sin embargo, tan compleja es esa realidad, que ella misma a ratos nos impone otra limitación, y aquí tomo en préstamo para la paráfrasis un conocido refrán: nadie es profeta en su tiempo.

Esta primera Muestra Nacional del Audiovisual Joven auspiciada por el ICAIC pretende desmentir tal equívoco. Sus propósitos más urgentes: borrar falsas fronteras; superar feudos estrechos; omitir esas a veces drásticas distinciones que una y otra vez nos obligan a hablar de lo viejo y lo nuevo, lo oficial y lo independiente, lo visible y lo sumergido, perdiéndose de vista que al final vivimos todos involucrados en un mismo proyecto: la cultura cubana.

Se trata, pues, de diseñar un espacio que permita trazar estrategias de continuidad, depurar de escollos senderos en apariencia distanciados y paralelos, pero que al final uno sabe conducen a un destino común, aglutinar fuerzas en función de una producción audiovisual que a la postre será la memoria de nuestros días, y sobre todo, descubrir una vez más lo que siempre ha sido evidente: que cine cubano solo hay uno; hágalo quien lo haga, de la manera en que lo haga y en el lugar que lo haga.

De allí que la Muestra Nacional del Audiovisual Joven se pretenda ante todo una suerte de mapa, a través del cual será posible distinguir la ubicación de nuestros talentos en ciernes, a lo largo de toda la nación, y luego, un recinto capaz de propiciar el reencuentro de los más jóvenes con sus raíces más auténtica, con aquellos de cuya experiencia existencial todavía nos falta muchísimo sustraer. Tal vez ha sido ese diálogo intergeneracional el que de manera más sistemática ha estado ausente en nuestras gestiones fílmicas más recientes, pues las durísimas circunstancias por las que últimamente ha atravesado el país, terminó propiciando distancias, postergaciones de sueños y también (no utilicemos eufemismos) suspicacias, resentimientos y egoísmos.

Hoy, sin embargo, estamos en condiciones de admitir que el talento no es exclusivo y mucho menos excluyente. Al contrario, nuestros directores más reconocidos, más veteranos, habrán de saberse más orgullosos de su legado, si de repente perciben en quienes vienen detrás sus enseñanzas o sus maneras de realizar el cine, mientras que los más jóvenes podrán comprobar con sus propios oídos que esa obra que ahora tienen mañana crecerá si viven atentos a las lecciones de quienes ya han triunfado o fracasado (que esta última es otra manera también de aprender), y aquí podría recordarse a nuestro gran sabio Varona con aquello de que: “Pensaba yo de joven que, para conocer la vida, bastaba con leer en nuestro propio corazón. Después he advertido que de este libro hacemos varias ediciones, y cada una con adiciones, supresiones y enmiendas”.

En tal sentido, esta Muestra puede apreciarse también como la acción que mejor rescata el espíritu de aquellas citas realizadas en los ya lejanos ochenta, donde un grupo de jóvenes logró crear todo un corpus filmográfico en el que aún hoy es posible reconocer legítimas búsquedas, transgresiones y ansias de saludable renovación. Que funcione pues esta Muestra Nacional del Audiovisual Joven como ese pórtico por donde ya se va adentrando el próximo cine cubano. Bienvenido entonces el cine cubano que vendrá. Mejor dicho, que ya viene llegando. O para ser más precisos aún: que todavía no vemos, pero que ya está.

Juan Antonio García Borrero, 7 de octubre 2000

  

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Publicado el abril 20, 2013 en AUDIOVISUAL JOVEN EN CUBA. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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