Archivos diarios: noviembre 26, 2012

LA HISTORIA SIN ACONTECIMIENTOS (5 y final)

Una especie de “revolución copernicana”, nos dice Jean-Claude Schmitt en su ensayo sobre “La historia de los marginales”, “afecta hoy la escritura de la historia. Es sensible desde hace 15 años, aunque estaba preparada desde mucho tiempo atrás. Sin estar necesariamente abandonada, la perspectiva tradicional parece insuficiente, limitada por su propia posición: a partir del centro, resulta imposible abarcar de una mirada una sociedad entera ni escribir su historia de otra manera que reproduciendo  los discursos unanimistas de quienes detentan el poder. La comprensión brota de la diferencia: para ello hace falta que se entrecrucen múltiples puntos de vista, que revelen del objeto –considerado esta vez a partir de sus márgenes o del exterior- los tantos rostros diferentes que se esconden entre sí”.

El acontecimiento sería entonces ese fósforo encendido en medio de la oscura noche de la Historia, el cual permite vislumbrar a los sujetos más relevantes. Sin embargo, los marginales suelen quedar excluidos del inventario de acontecimientos históricos. La luz nunca llegará a ellos. El acontecimiento hablará apenas de los sujetos capaces de poner en marcha eso inefable que llamamos Progreso (con mayúsculas).

De allí que en la interpretación tradicional del acontecimiento el azar no exista: todo ha sucedido como parte de un guión que le permite al historiador explicar a su auditorio, el curso exacto de ese proceso que él asegura conocer igual que una película que ya ha visto. Ese saber ha sido construido básicamente a partir de fuentes que, en su momento, le aportaron publicidad a los hechos asociados al Progreso como bendición o fatalidad. El primero de ellos, los periódicos de la época.

La lectura de ese periódico de antaño, sin embargo, en modo alguno resulta pasiva. Lotman ha observado que “cuanto más inmutable es un texto, más activa es la percepción del que comprende”. Y en ese mismo artículo rememora esta interesante anécdota: “El difunto N. Smirnov-Sokolski, en una charla en los años cincuenta con los entonces jóvenes filólogos, preguntó cuál era la mayor rareza bibliográfica. Y él mismo contestó: el periódico de ayer: todos lo leyeron y todos los tiraron”. Lee el resto de esta entrada

GUSTAVO ARCOS SOBRE EL FESTIVAL “LAS IMÁGENES POSIBLES”

Juany:

Nuevamente la ciudad de Camagüey deviene espacio para la presentación y debate de obras audiovisuales. Hace apenas unas horas terminó en la sede de la AHS, un evento teórico que bajo el título: Las imágenes posibles, organizó la filial FAMCA-ISA de la provincia. La idea de este primer encuentro, buscaba acercar a estudiantes, profesores y egresados de diferentes generaciones para ver y debatir filmes realizados en sus predios o cerca de ellos. Tales intercambios no resultan habituales en nuestro entorno. Suele ocurrir que una vez finalizados sus estudios, los egresados recorran sus propios caminos profesionales y artísticos dispersándose dentro o fuera del país sin mayor vínculo que las memorias compartidas de una etapa de formación. Incluso los trabajos audiovisuales realizados en las diferentes escuelas de cine o tv de la isla no siempre son apreciados por sus propios contemporáneos y mucho menos debatidos en los ámbitos académicos. Circulan de manera irregular por eventos y festivales, memorias flash o entornos privados sin que se haya logrado establecer, por parte de las instituciones culturales, una organizada exhibición de los mismos, en nuestras salas de cine o tv. Lee el resto de esta entrada

LA LUNA EN EL JARDÍN (2012), de Yemelí Cruz y Adanoe Lima

La Luna en el Jardín y la emergente dignidad del stop-motion en Cuba

Por: Antonio Enrique González Rojas

Páginas bastante decorosas guarda la historia de la animación cubana para la técnica stop-motion, devenida favorita mundial para muchos de los autores más complejos y exquisitos, desde los checos Jiri Trnka y Jan Švankmajer hasta el australiano Adam Elliot, el japonés Kihachirō Kawamoto, los ingleses de los Aardman Animations y los estadounidenses Tim Burton y Henry Selick. Descolla sin dudas como obra cumbre criolla el muy soslayado mediometraje Papobo, concebido por Hugo Alea en 1986 para el ICRT, como corolario de una consecuente labor creativa, con títulos como el minimal Zic y Zoc y otras piezas de Reinaldo Alfonso: Marinero quiero ser (a partir del tema musical homónimo de Juan Almeida) y El abuelo de la Sierra, además de personajes que llegaron a ser entrañables para los públicos infantiles de los años 1970, como El Profesor y Billy the Click. Con una amplia brecha temporal que incluso ha determinado fracturas referenciales, nuevas generaciones de realizadores nacionales apelan a dicha técnica, cuyos brillantes resultados la validan en la fílmica internacional contemporánea.

De entre esta emergente tendencia en Cuba, aún no consolidada como movimiento de estética y discurso realmente auténticos para competir seriamente en una liza dominada por creadores y creaciones de saludable brillantez, sin dudas logran destacar como signos de una futura madurez, 20 años (2009), del matancero Bárbaro Joel Ortíz, quien también dotó de unos bellos minutos stop-motion a la coral y multinacional producción El camino de las gaviotas (co-dirigida con Alexander Rodríguez, Sergio Glenes & Daniel Herthel, 2010/2011), y el muy reciente La Luna en el Jardín (Yemelí Cruz & Adanoe Lima), suerte de sumatoria referencial y pastiche técnico donde se distinguen claramente la concomitancia con el australiano Anthony Lucas (The Mysterious Geographic Explorations of Jasper Morello, 2005) en las secuencias inicial y final, resueltas desde la más pura CGI, y con el mencionado dueto Burton-Selick (generadores en los respectivos cargos de productor y director, de cintas antológicas como The Nigthmare before Christmas, de 1993 y James and the Giant Peach, de 1996), en las escenas principales, acontecidas en el muy ilusorio y art-noveau jardín donde el alma trémula de guisa victoriana se pasea al anochecer y presencia, gracias a su parsimonia contemplativa, un suceso tan poéticamente modernista como el deceso de la mismísma Luna, olvidada por los humanos en sus atropelladas rutinas de la Era Industrial de inicios del XX, según los signos epocales develados en la obra. Lee el resto de esta entrada