Archivos diarios: noviembre 12, 2012

PENSANDO EN NUESTRA HISTORIOGRAFÍA

Buena parte de la historiografía en torno al cine cubano sigue nutriéndose de aquel clima utópico que prevaleció en los sesenta en casi todo el mundo: entonces la sensación colectiva de ruptura violenta con un “pasado inferior” propició el nacimiento de varias teorías con fuerte acento milenarista, las cuales lejos de estudiar el fenómeno como saldo de una circunstancia humana, veía el nacimiento y desarrollo del “nuevo cine” como la salvación impostergable de tanto espectador enajenado por Hollywood y sucedáneos. O como el resultado “lógico” de un proceso que no tenía otra razón que el avance. Así, la historiografía de la época terminó resultando nuestro gran macro-relato fílmico, y surgieron por doquier movimientos que anunciaban la buena nueva en todos los lares. Europa, tan propensa entonces a la sensibilidad moderna, vio en el “nuevo cine latinoamericano”, humanista y emancipador, la confirmación de sus propias teorías.

Los historiadores de entonces no hicieron más que ser honestos ante un estado de ánimo plural, y escribieron libros que lejos de problematizar lo que estaba sucediendo, describían ese cine “anticlásico”, “antidecadente” y sobre todo, “progresista”. Bajo la etiqueta de “nuevo cine latinoamericano” se englobó todo lo que no se pareciera a Hollywood (cine clásico), perdiéndose de vista las valiosas diferencias existentes en el movimiento trasgresor (cine moderno), diferencias que nutrieron de una enorme vitalidad al movimiento. Pero si bien la nobleza de las intenciones se hicieron evidentes casi de inmediato, las particularidades de esos puntos de vista pocas veces llegaron a alcanzar una real estatura teórica; y es que en realidad este nuevo pensamiento historiográfico no nació como decantación de uno anterior desarrollado en alguna academia, sino como la confrontación a ratos demasiado radical con un pasado que se intentó desterrar o borrar del todo de la memoria colectiva. Lee el resto de esta entrada