LUCIANO CASTILLO SOBRE “EL DERECHO DE NACER” (1952), de Zacarías Gómez Urquiza

El derecho de nacer y el deber de filmarlo

Por Luciano Castillo (TOMADO DE CUBALITERARIA)

Desde los primeros días de 1952, proclamado como el «Año del cincuentenario de la República», con la consigna promovida por Bohemia: «Cuba, primero. Cuba, después. Cuba, siempre», existía, en el sector cinematográfico, el ánimo de que el periodo fuese considerado como «el año del cine cubano».

La única actividad en este sentido fue, tras el rodaje de algunas secuencias en locaciones de la Isla, el inicio de la filmación de El derecho de nacer, en los Estudios Churubusco, promovida inicialmente como una coproducción mexicano-cubana, en la que por la parte de Cuba intervenía Eladio Novo.

En realidad, fue una película mexicana, con algunos exteriores rodados en Cuba y sin que el nombre de Eladio Novo figurara en ningún crédito de producción, como tampoco el de ningún técnico, auxiliar, asistente o actor cubano, excepto el de Félix B. Caignet, compositor además de la canción «Diente de coco» y de «Findo» Garay y su versión de «La bayamesa». Producciones Galindo Hermanos, S.A., incluyó un agradecimiento a la Asociación Cubana de Actores y a la Agrupación de Técnicos Cinematografistas de Cuba «por su valiosa cooperación para la realización de esta película».

Resulta un enigma conocer cómo se logró que los productores depositaran toda su confianza en un director apenas conocido como Zacarías Gómez Urquiza. Nacido en el Distrito Federal, el 5 de noviembre de 1910, después de estudiar Química, se inició como anotador en el cine, función ejercida en seis películas. Luego de ser codirector técnico de Joaquín Pardavé en Adiós juventud (1943), fue asistente de dirección del Indio Fernández en Bugambilia (1944); John Ford en El fugitivo (The Fugitive, 1946); Alfredo B. Crevenna en Algo flota sobre el aire (1947); Alejandro Galindo en Una familia de tantas (1948) y Jaime Salvador en La vida en broma (1949).

Al año siguiente, Gómez Urquiza debutó como director con Flor de sangre, que precedió otros tres títulos en el período 1950-1951: El tigre enmascarado, Nosotras las sirvientas y Aquellos ojos verdes, hasta que los hermanos Jesús, Eduardo, Alberto y Pedro Galindo, frente al rechazo de su propuesta por los más afamados realizadores del país (entre ellos el Indio Fernández) o, a sabiendas del éxito comercial que presagiaba, exigían el pago de enormes cifras por dirigir El derecho de nacer y se arriesgaron a contratar a este hombre de solo 41 años de los cuales contaba con catorce en el medio.

Gómez Urquiza, que había visitado previamente Santiago de Cuba y La Habana, opinaba que uno de los principales méritos del original radiofónico era el tema muy humano y que se realizaba «una labor moralizadora en los países de habla hispana donde esta cinta se exhiba».(1) Al finalizar los créditos insertaron un pensamiento de José Martí: «Un hijo es el menor premio que un hombre puede recibir sobre la tierra».

La sinopsis es harto conocida: en La Habana de principios del siglo xx: María Elena es seducida por un hombre que la deja embarazada y la abandona. Los padres de la joven no desean ver manchado su nombre con la deshonra de su hija y la envían a una alejada hacienda. Allí, con el cuidado de la nana negra Mamá Dolores, nace Alberto a quien el abuelo, don Rafael del Junco, desea ver muerto. Mamá Dolores adopta al pequeño y lo educa con la ayuda de un pretendiente de María Elena, mujer que ingresa en un convento para lavar su pecado. Con los años Alberto se convierte en un reconocido médico que salva la vida de su abuelo Rafael, sin que ninguno de los dos sospeche el vínculo familiar que los une. Alberto ignorante de su origen y de la identidad de sus parientes más cercanos, se enamora de su prima carnal Isabel Cristina. Don Rafael enferma al enterarse por Mamá Dolores de que Alberto es el nieto a quien negó el derecho de nacer.

El reparto definitivo de la película estuvo encabezado por Gloria Marín (María Elena); Jorge Mistral (doctor Albertico Limonta), Martha Roth (Isabel Cristina); José Baviera (don Rafael del Junco), Bárbara Gil (María Elena) José María Linares Rivas (Jorge Luis Armenteros) y la española Matilde Palou (doña Clemencia del Junco), entre otros. En representación de Cuba figuró sin acreditar entre los intérpretes: Faustino Brindis de Salas, sobrino del gran violinista, quien aseguraba reunir unas sesenta películas en su filmografía como actor del cine mexicano a lo largo de una década. Un crédito aparte mereció la presentación en el cine mexicano de Lupe Suárez (Mamá Dolores), debidamente maquillada como una negra. Ella se enorgullecía de ser la única mexicana que había trabajado en la versión original de la radio, labor que se esforzaba por superar.

El derecho de nacer, anunciada entre los estrenos para celebrar los festejos por el «Cincuentenario de la independencia», desde el 19 de mayo hasta el primero de junio en diez cines de La Habana y varias capitales de provincia, integró una trayectoria abarcadora de más de cuarenta películas hasta 1972. Entre ellas, Gómez Urquiza realizaría otra versión sobre un texto de Félix B. Caignet, El monstruo en la sombra (1954), en régimen de coproducción México-Cuba, que abordaremos oportunamente.

En cuanto a El derecho de nacer, la superproducción taquillera esperada, escribió Perdices: «La adaptación cinematográfica valoriza el argumento, ya que lo deja pobre de “escoria” y lo enriquece en “vitaminas”. La dirección merece los mayores elogios, pues quien se responsabilizó con la realización, supo captar bien el espíritu de este drama, sin descuidar la personalidad de los intérpretes, ni el ambiente en que se desenvolvían».(2)

A mitad de julio se reveló el dato de que solamente en Cuba, las ganancias obtenidas por El derecho de nacer eran de 200 mil dólares. Como contribución adicional a la campaña publicitaria de un título que realmente no lo requería, la emisora Unión Radio transmitió los diálogos de esta versión cinematográfica, a los cuales añadió intervenciones de un narrador.

Notas

1. Pierre de Ramos: «Del cine mexicano»: Cinema, Año XVIII, No. 836, 6 de enero de 1952, p. 14.

2.  Enrique Perdices: «Son cosas nuestras»: Cinema, Año XVIII, No. 856, 25 de mayo de 1952, p. 3.

 

 

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Publicado el octubre 23, 2012 en GUIA CRITICA DEL CINE CUBANO. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Lydia Saenz Robstown ,Texas 78380

    Me gustaría saber si puedo comprar un video de la película El Derecho de Nacer que salió el 1952 ? Por favor, de darme a saber.Muchas Gracias!

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