Archivos diarios: octubre 23, 2012

UN PREMIO PARA EL REGRESO DE SEVERO SARDUY A CAMAGÜEY

Pocas veces uno tiene la posibilidad de ver crecer un proyecto artístico de la misma manera que nos asombramos de cómo van creciendo, todos los días, los hijos de nuestros vecinos. Uno primero los mira como lo que son: seres que llegan a esta vida sin otro aval que la risa o el llanto que avisan de que forman parte de algo demasiado común (la humanidad); y de pronto, un día los descubres convertidos en hombres y mujeres capaces de influir en nuestras maneras de percibir el mundo.

Esto es lo que me viene pasando con este proyecto de Oneyda González sobre la vida y obra del camagüeyano Severo Sarduy. Recuerdo muy bien aquella invitación que me hiciera una noche de finales del 2007, para que participara en un conversatorio sobre Sarduy en la pequeña sala de música de la Biblioteca de la ciudad. Recuerdo mi azoro, mis infructuosas tentativas de evasión porque sigo siendo un gran ignorante de la obra de este gran escritor.

Creo que aquella reunión no hubiese pasado de ser una de las tantas tertulias que se organizan con el fin de hablar sobre algo que se olvida al instante, si no hubiese estado presente Aracely Aguiar Blanco, entonces directora del Centro Provincial del Libro y la Literatura, que hizo suya la propuesta de publicar un libro (compilado por Oneyda González) sobre la obra de Severo Sarduy. Y a partir de allí ha comenzado a crecer esta saga (ahora audiovisual) que acaba de ser reconocida con uno de los premios que ha concedido CINERGIA en su novena convocatoria.

Les dejo con la nota informativa. Sobra decir que tanta persistencia poco a poco me está empujando a interesarme más por este hombre que, al decir de Roberto Méndez en el mencionado libro, “en la distancia, recupera a su país por la elocuencia del disparate”.

Juan Antonio García Borrero Lee el resto de esta entrada

LUCIANO CASTILLO SOBRE “EL DERECHO DE NACER” (1952), de Zacarías Gómez Urquiza

El derecho de nacer y el deber de filmarlo

Por Luciano Castillo (TOMADO DE CUBALITERARIA)

Desde los primeros días de 1952, proclamado como el «Año del cincuentenario de la República», con la consigna promovida por Bohemia: «Cuba, primero. Cuba, después. Cuba, siempre», existía, en el sector cinematográfico, el ánimo de que el periodo fuese considerado como «el año del cine cubano».

La única actividad en este sentido fue, tras el rodaje de algunas secuencias en locaciones de la Isla, el inicio de la filmación de El derecho de nacer, en los Estudios Churubusco, promovida inicialmente como una coproducción mexicano-cubana, en la que por la parte de Cuba intervenía Eladio Novo.

En realidad, fue una película mexicana, con algunos exteriores rodados en Cuba y sin que el nombre de Eladio Novo figurara en ningún crédito de producción, como tampoco el de ningún técnico, auxiliar, asistente o actor cubano, excepto el de Félix B. Caignet, compositor además de la canción «Diente de coco» y de «Findo» Garay y su versión de «La bayamesa». Producciones Galindo Hermanos, S.A., incluyó un agradecimiento a la Asociación Cubana de Actores y a la Agrupación de Técnicos Cinematografistas de Cuba «por su valiosa cooperación para la realización de esta película».

Resulta un enigma conocer cómo se logró que los productores depositaran toda su confianza en un director apenas conocido como Zacarías Gómez Urquiza. Nacido en el Distrito Federal, el 5 de noviembre de 1910, después de estudiar Química, se inició como anotador en el cine, función ejercida en seis películas. Luego de ser codirector técnico de Joaquín Pardavé en Adiós juventud (1943), fue asistente de dirección del Indio Fernández en Bugambilia (1944); John Ford en El fugitivo (The Fugitive, 1946); Alfredo B. Crevenna en Algo flota sobre el aire (1947); Alejandro Galindo en Una familia de tantas (1948) y Jaime Salvador en La vida en broma (1949). Lee el resto de esta entrada

MARIO CRESPO SOBRE ELSA MUSTELIER, VESTUARISTA

Este post se lo pedí a Mario Crespo porque desde hace algún tiempo esto tratando de cubrir en el blog lo que llamo el área de “los oficios invisibles en el cine”, que son esos que casi siempre los historiadores pasan por alto. Gracias, Mario, y deberías reunir todos esos recuerdos en un libro. De hecho tus posts sobre el asistente de dirección es uno de los que más consultan en el blog. Que yo recuerde, nadie había escrito hasta ahora sobre asunto. Un abrazo, y otra vez gracias por la complicidad.

 Juan Antonio García Borrero

 Elsa Mustelier, un homenaje compartido

 Por Mario Crespo

Una de las primeras cosas que hice cuando llegué al ICAIC, en el año 1975 fue ir a conocer los estudios de CUBANACÁN  al oeste de la Ciudad de La Habana  Unos estudios que prácticamente hoy no existen –el poder destructivo de la desidia puede ser mayor que el de un tsunami o una guerra- pero en aquel lejano año 1975, brillaba  aún de magia y leyenda, ante mis asombrados ojos de recién graduado de una carrera en la que me asomé al mundo del arte a través de pinacotecas y diapositivas. No había más.

Como ya los Estudios de Cubanacán son más leyenda que objeto palpable,  me voy a referir a su magia de entonces, aunque podría escribirse kilómetros sobre  sus estanques entre los edificios y sus jardines; sobre lo moderno y cómodo de sus camerinos y cuartos de maquillaje; de su enorme y funcional foro, con piscina, que no tenía que envidiar en la época a los de México o Argentina; de los almacenes de utilería y escenografía; de la magnífica colección de carros de época, el misterioso departamento de truca donde unos magos hacían mover una enorme mole de acero negro que llamaban “la Oxberry” como si de una gran señora se trataray desde la cual salían batallas de aviones, letras, truenos, lluvia, incendios, disolvencias, “fades” , todo tipo de transiciones, cámaras lentas, rápidas, sobreimposiciones de imágenes, de créditos, mates y contramates, cortinillas, acercamientos y alejamientos ópticos, reencuadres de imágenes, recomposiciones de encuadres (todo esto me lo recuerda uno de aquellos magos, de entonces, Jorge Pucheaux)… En fin, un pequeño estudio de Hollywood con todo o casi todo lo que la imaginación de un realizador pudiera necesitar. Lee el resto de esta entrada