Archivos Mensuales: octubre 2012

EL SOL ES JOVEN CADA DÍA

Hoy, en “La ciudad simbólica”, a las cinco de la tarde, en la sede de la UNEAC de Camagüey, estaremos hablando una vez más del “audiovisual joven en Cuba”. Para muchos, ya se ha hablado demasiado. Para mí, todavía es poco, porque hasta que no se consiga crear una suerte de conciencia de eso que llamamos “joven”, seguiremos tallando en las nubes, como hubiese dicho Martí.

He tomado como pretexto una efeméride: hoy se está cumpliendo un nuevo aniversario de aquella noche en que dejamos inaugurada en el Chaplin lo que entonces se llamó “Primera Muestra Nacional del Audiovisual Joven”. Fue el 31 de octubre del 2000, y el hecho de que me tocara ser su primer director ha despertado en mí no poca nostalgia. Así que he ido a los papeles que conservo, y he regresado al programa inaugural, integrado por los cortos Clase Z Tropical k(2000), de Miguel Coyula, Se parece a la felicidad (2000), de Aarón Vega, Caidije… la extensa realidad (2000), de Gustavo Pérez, Rrring (1998), de Pavel Giroud, Más de lo mismo (2000), de Esteban García Insausti, y La Época, El Encanto y Fin de Siglo (2000), de Juan Carlos Cremata. Lee el resto de esta entrada

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ANTONIO ENRIQUE GONZÁLEZ ROJAS SOBRE “EL ALMACÉN DE LA IMAGEN” (1)

Alarmas perentorias para la joven documentalística cubana. Apreciaciones sobre la XXII Muestra Audiovisual El Almacén de la Imagen, en Camagüey (1ra. parte)

Por: Antonio Enrique González Rojas

Con dos cimeros jalones anuales cuenta el audiovisual independiente cubano concebido por jóvenes realizadores en su totalidad o en concepto, eventos que permiten apreciar y pensar de conjunto los principales temas, tendencias, estilos, poéticas, discursos y géneros abordados, dígase la Muestra Joven del ICAIC y su precedente no capitalino, “El Almacén de la Imagen”, que en 2012 arribó a una edición veintidós preocupante, no por cuestiones de concepción del certamen, sino por lo que reveló el exhaustivo visionaje de las sesenta y seis obras en concurso, que en lo personal hube de acometer disciplinadamente como parte del jurado, al cual agradezco me hayan convidado a integrar los organizadores de la filial AHS Camagüey, junto al realizador Alfredo Ureta y el teatrólogo Jaime Gómez.

Con una eterna preeminencia del documental como género y el cortometraje como extensión fundamental, dadas las evidentes dificultades de producción que impiden una consolidación de una verdadera línea de largometrajes alternativos, esta muestra delató una alarmante estereotipación estético-conceptual y deprimida creatividad, como las detentadas por los materiales generados desde la academia, sea la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV), de San Antonio de los Baños, o las diferentes filiales de la Facultad de Medios Audiovisuales (FAMCA), del Instituto Superior de Arte (ISA), en La Habana, Holguín y Camagüey, donde los creadores suscriben una línea de no-ficción digamos que contemplativa, adscrita a los añejos presupuestos del cinéma verité galo, el free-cinema inglés o el Direct Cinema estadounidense, de los cuales el clásico cubano PM (Sabá Cabrera y Orlando Jiménez, 1961) es también tributario y la Televisión Serrana frisa con su singular pero contundente tratamiento de la otredad montañesa, desde una postura más sociológica y antropológica, sin abandonar nunca la importancia de las historias registradas, verdaderos pivotes de la obra fílmica. Lee el resto de esta entrada

KID GAVILÁN EN EL CINE ARGENTINO

Acabo de ver una foto del filme argentino El campeón soy yo (1955), de Virgilio Muguerza, donde aparece en el centro el gran boxeador cubano que fue Kid Gavilán, escoltado por Pablo Palitos y Beatriz Taibo.

La película en su momento no recibió buena acogida, según leo en el monumental libro “Cine argentino 1933-1956. Industria y clasicismo”:

“Similar destino tuvo El campeón soy yo, otra minúscula producción de José Abós para Alfa Films que cuenta con el pugilista cubano Kid Gavilán (campeón mundial de peso welter) en el protagónico de este filme cómico-deportivo, que fue dirigido por Virgilio Muzuerza en 1955, sobre libro de Alberto Peyrou y Diego Santillán. Después de su estreno, el 18 de febrero de 1960 en el Ambassador, sostuvo Heraldo: “Filmada hace cinco años, carece de todo interés y de toda originalidad (…) Muy difícilmente soporte figurar en carteleras como complemento. Es inexplicable que el INC la haya incluido en categoría A (de exhibición obligatoria) después de haber sido justicieramente ubicada en la que le corresponde, la B. Ningún favor se hace al cine argentino con producciones de este tipo”. (1)

No pongo en duda la rectitud que parece apreciarse en tan severo dictamen, y sin embargo, ese oscuro demonio del anticuario insomne que a veces me habita, se las arregla para alimentar en mí la curiosidad.

Juan Antonio García Borrero

 NOTA:

1)     Heraldo del Cinematografista 1487, Buenos Aires: 24 de febrero de 1960.

LOS PARLANTES

En ese hermoso libro que es “La tienda negra”, de María Eulalia Douglas, encuentro la siguiente nota:

“Referencias a los parlantes, aparecen desde 1904. Estos eran personas que individualmente o en equipo se situaban detrás de la pantalla para “hablar” las películas. Entre los más conocidos estaban José Iglesias, Enrique Díaz, Claudio Cuesta, Ramón Ruiz, este último considerado el mejor, quien trabajó en el cine Cuba durante muchos años. Los parlantes, en equipos o solos, se contrataban por meses para trabajar en el interior del país” (1)

Mi generación llegó a conocer en los setenta al último gran parlante que ha tenido Cuba. Me refiero a Armando Calderón, el hombre de las mil voces que nos deleitaba con aquello de “La comedia silente”.

Nunca había reparado en eso. Que mi cinefilia comenzó con el consumo de un Chaplin sonoramente apócrifo, pero inigualable, gracias a la magia y el arte de Armando Calderón.  

Juan Antonio García Borrero

NOTAS:

(1)   María Eulalia Douglas. La tienda negra. El cine en Cuba (1897-1990). Cinemateca de Cuba, La Habana, 1996, p 224. 

EL PERFECTO NEOANALFABETO Y OTRAS BLOGUERÍAS (Prólogo)

Hace unos días compartí con mis amigos de Facebook la buena noticia que me hiciera llegar la Editorial Oriente, y es que mi nueva propuesta de libro, que he titulado “El perfecto neoanalfabeto y otras bloguerías” fue aprobada en su plan de publicaciones. Nunca llegué a pensar que eso de “sentirse en casa” pudiese suceder precisamente con una casa editorial. Mi gratitud eterna para ese equipo que ha conseguido conformar una sólida colección de libros relacionados con el cine, y que en lo personal me ha permitido llegar a los lectores  con varios. A modo de anticipo les dejo aquí con una breve introducción que escribí para esta nueva compilación de entradas publicadas en el sitio.

Juan Antonio García Borerro  

INTRODUCCIÓN

Cuando hace ya algo más de cinco años abrí en Internet el blog “Cine cubano, la pupila insomne”, y colgué el primer post, estaba bien lejos de imaginar que algunas de las entradas publicadas en el mismo darían lugar en un futuro a dos libros: Bloguerías (Editorial Ácana, 2010) y Cine cubano, la pupila insomne (Ediciones Unión, 2012).

De hecho, no paso por alto la contradicción que se pone de manifiesto con cada uno de los volúmenes que han aparecido asociados al contenido del sitio digital: si desde el blog he intentado defender la idea de que vivimos en medio de una revolución electrónica (la cual ha afectado de manera radical toda la convivencia humana, incluyendo el hábito de la lectura), entonces ¿cómo interpretar este gesto que nos regresa a lo tradicional? ¿No será que, al final, todos los caminos siguen conduciendo al libro?

Podría alegarse que en el caso de Cuba ello funciona porque el acceso general a Internet todavía es muy precario. Lo de la precariedad informática en la isla es, por desgracia, toda una evidencia. Sin embargo, resultaría interesante explorar esos puntos donde se interceptan los intereses del hombre moderno, ese que a ratos pareciera debatirse entre lo heredado de una cultura básicamente literaria, y el consumo desaforado de lo que va siendo hegemónico en la actualidad: el audiovisual de factura electrónica. Lee el resto de esta entrada

UN PREMIO PARA EL REGRESO DE SEVERO SARDUY A CAMAGÜEY

Pocas veces uno tiene la posibilidad de ver crecer un proyecto artístico de la misma manera que nos asombramos de cómo van creciendo, todos los días, los hijos de nuestros vecinos. Uno primero los mira como lo que son: seres que llegan a esta vida sin otro aval que la risa o el llanto que avisan de que forman parte de algo demasiado común (la humanidad); y de pronto, un día los descubres convertidos en hombres y mujeres capaces de influir en nuestras maneras de percibir el mundo.

Esto es lo que me viene pasando con este proyecto de Oneyda González sobre la vida y obra del camagüeyano Severo Sarduy. Recuerdo muy bien aquella invitación que me hiciera una noche de finales del 2007, para que participara en un conversatorio sobre Sarduy en la pequeña sala de música de la Biblioteca de la ciudad. Recuerdo mi azoro, mis infructuosas tentativas de evasión porque sigo siendo un gran ignorante de la obra de este gran escritor.

Creo que aquella reunión no hubiese pasado de ser una de las tantas tertulias que se organizan con el fin de hablar sobre algo que se olvida al instante, si no hubiese estado presente Aracely Aguiar Blanco, entonces directora del Centro Provincial del Libro y la Literatura, que hizo suya la propuesta de publicar un libro (compilado por Oneyda González) sobre la obra de Severo Sarduy. Y a partir de allí ha comenzado a crecer esta saga (ahora audiovisual) que acaba de ser reconocida con uno de los premios que ha concedido CINERGIA en su novena convocatoria.

Les dejo con la nota informativa. Sobra decir que tanta persistencia poco a poco me está empujando a interesarme más por este hombre que, al decir de Roberto Méndez en el mencionado libro, “en la distancia, recupera a su país por la elocuencia del disparate”.

Juan Antonio García Borrero Lee el resto de esta entrada

LUCIANO CASTILLO SOBRE “EL DERECHO DE NACER” (1952), de Zacarías Gómez Urquiza

El derecho de nacer y el deber de filmarlo

Por Luciano Castillo (TOMADO DE CUBALITERARIA)

Desde los primeros días de 1952, proclamado como el «Año del cincuentenario de la República», con la consigna promovida por Bohemia: «Cuba, primero. Cuba, después. Cuba, siempre», existía, en el sector cinematográfico, el ánimo de que el periodo fuese considerado como «el año del cine cubano».

La única actividad en este sentido fue, tras el rodaje de algunas secuencias en locaciones de la Isla, el inicio de la filmación de El derecho de nacer, en los Estudios Churubusco, promovida inicialmente como una coproducción mexicano-cubana, en la que por la parte de Cuba intervenía Eladio Novo.

En realidad, fue una película mexicana, con algunos exteriores rodados en Cuba y sin que el nombre de Eladio Novo figurara en ningún crédito de producción, como tampoco el de ningún técnico, auxiliar, asistente o actor cubano, excepto el de Félix B. Caignet, compositor además de la canción «Diente de coco» y de «Findo» Garay y su versión de «La bayamesa». Producciones Galindo Hermanos, S.A., incluyó un agradecimiento a la Asociación Cubana de Actores y a la Agrupación de Técnicos Cinematografistas de Cuba «por su valiosa cooperación para la realización de esta película».

Resulta un enigma conocer cómo se logró que los productores depositaran toda su confianza en un director apenas conocido como Zacarías Gómez Urquiza. Nacido en el Distrito Federal, el 5 de noviembre de 1910, después de estudiar Química, se inició como anotador en el cine, función ejercida en seis películas. Luego de ser codirector técnico de Joaquín Pardavé en Adiós juventud (1943), fue asistente de dirección del Indio Fernández en Bugambilia (1944); John Ford en El fugitivo (The Fugitive, 1946); Alfredo B. Crevenna en Algo flota sobre el aire (1947); Alejandro Galindo en Una familia de tantas (1948) y Jaime Salvador en La vida en broma (1949). Lee el resto de esta entrada

MARIO CRESPO SOBRE ELSA MUSTELIER, VESTUARISTA

Este post se lo pedí a Mario Crespo porque desde hace algún tiempo esto tratando de cubrir en el blog lo que llamo el área de “los oficios invisibles en el cine”, que son esos que casi siempre los historiadores pasan por alto. Gracias, Mario, y deberías reunir todos esos recuerdos en un libro. De hecho tus posts sobre el asistente de dirección es uno de los que más consultan en el blog. Que yo recuerde, nadie había escrito hasta ahora sobre asunto. Un abrazo, y otra vez gracias por la complicidad.

 Juan Antonio García Borrero

 Elsa Mustelier, un homenaje compartido

 Por Mario Crespo

Una de las primeras cosas que hice cuando llegué al ICAIC, en el año 1975 fue ir a conocer los estudios de CUBANACÁN  al oeste de la Ciudad de La Habana  Unos estudios que prácticamente hoy no existen –el poder destructivo de la desidia puede ser mayor que el de un tsunami o una guerra- pero en aquel lejano año 1975, brillaba  aún de magia y leyenda, ante mis asombrados ojos de recién graduado de una carrera en la que me asomé al mundo del arte a través de pinacotecas y diapositivas. No había más.

Como ya los Estudios de Cubanacán son más leyenda que objeto palpable,  me voy a referir a su magia de entonces, aunque podría escribirse kilómetros sobre  sus estanques entre los edificios y sus jardines; sobre lo moderno y cómodo de sus camerinos y cuartos de maquillaje; de su enorme y funcional foro, con piscina, que no tenía que envidiar en la época a los de México o Argentina; de los almacenes de utilería y escenografía; de la magnífica colección de carros de época, el misterioso departamento de truca donde unos magos hacían mover una enorme mole de acero negro que llamaban “la Oxberry” como si de una gran señora se trataray desde la cual salían batallas de aviones, letras, truenos, lluvia, incendios, disolvencias, “fades” , todo tipo de transiciones, cámaras lentas, rápidas, sobreimposiciones de imágenes, de créditos, mates y contramates, cortinillas, acercamientos y alejamientos ópticos, reencuadres de imágenes, recomposiciones de encuadres (todo esto me lo recuerda uno de aquellos magos, de entonces, Jorge Pucheaux)… En fin, un pequeño estudio de Hollywood con todo o casi todo lo que la imaginación de un realizador pudiera necesitar. Lee el resto de esta entrada

NORGE ESPINOSA SOBRE “VERDE VERDE”, de Enrique Pineda Barnet

He descubierto tarde este texto de Norge Espinosa sobre el filme Verde verde (2011), de Enrique Pineda Barnet, que se me antoja uno de los más serios y provocadores que he leído en torno a la cinta. Así que no dudo en compartirlo con los amigos del blog, no sin antes advertir que ha sido tomado del sitio de IPS, que a estas alturas ha logrado consolidar un muy serio trabajo alrededor de los estudios de género en nuestro audiovisual. Hay allí varios materiales que merecerían recogerse en alguna antología, y publicarla como libro en formato papel. Por lo pronto, disfruten de la prosa y el análisis de Norge Espinosa.

JAGB

Verde verde: ejercitándonos para el coming out

Por Norge Espinosa Mendoza

A pocos meses de su estreno oficial, ocurrido en febrero de este año -tras una premier especial que funcionó como adelanto a inicios del pasado diciembre-, Verde verde, el proyecto fílmico más reciente dirigido por Enrique Pineda Barnet, ha desencadenado una oleada de comentarios que la confirman como una película incómoda e inquietante. Necesaria, según lo provocado, para el cine cubano y algo más.

Hay quienes la ensalzan hasta catalogarla de poco menos que clásica, mientras otras personas se empeñan en denostarla ferozmente. Con un argumento basado en una relación homoerótica, en la cual por vez primera el cine nacional muestra a dos hombres enzarzados en un juego físico que culmina en violencia, sangre, castración y delirio; el filme ha removido el aura de apatía o hipocresía con el cual nuestra filmografía ha elegido hablar del asunto oblicuamente, a casi 20 años de que Fresa y chocolate llegara a las pantallas, desatando una onda expansiva que, como demuestra esta fábula que protagonizan los actores Héctor Noas y Carlos Miguel Caballero, la hace aparecer en esos extremos tan riesgosos.

Si unos defienden la obra desde un enlace directo con la necesidad de aperturas que la diversidad sexual va exigiéndonos, disculpando al filme detalles estéticos que otros juzgan acerbamente; entre los que se oponen a Verde verde no escasean quienes, justo por esa intención, la creen deleznable. Lee el resto de esta entrada

GENTE EN LA PLAYA (1961), de Néstor Almendros (Fragmento)

Se habla muy poco de este documental de Néstor Almendros. Supongo que ello se deba fundamentalmente a que coincidió en el tiempo con PM (1961), el célebre corto de Sabá Cabrera Infante y Orlando Jiménez Leal, censurado en aquellas fechas por el ICAIC, y propiciador del primer gran desencuentro entre la vanguardia política y artística post-59.

El propio Almendros se convirtió en uno de los más furibundos impugnadores de esa decisión gubernamental que ha monopolizado la atención de casi todos los estudiosos del período; sin embargo, Gente en la playa puede verse también como una de las caras de esa lucha poliédrica que por entonces protagonizaban entre sí diversos sujetos que, aunque pertenecientes al mismo campo ideológico, pugnaban por imponer un modelo de representación de la realidad.

La llamada “escuela cubana del cine documental”, esa que alcanzó gran esplendor en los sesenta, sobre todo luego que cineastas como Santiago Álvarez (Ciclón/ 1963) y Nicolás Guillén Landrián (En un barrio viejo/ 1963), entre otros, comienzan a dibujar con sus experimentos un sendero hasta ese momento inédito, todavía es explorada desde una perspectiva peligrosamente abstracta. Las imprescindibles contribuciones de Paulo Antonio Paranaguá, Jorge Luis Sánchez, Dean Luis Reyes, o Mario Naito, por mencionar algunos de los que han explorado con gran rigor la producción documental cubana, van siendo sumamente útiles para obtener una idea más confiable (menos sesgada) de lo que ha sido ese conjunto de filmes, y en cada caso las interpretaciones que se han hecho permiten descubrir nuevas dimensiones. Sin embargo, creo que es preciso también estimular la exploración en lo fáctico, en lo que estaba sucediendo en el día a día de ese grupo de amigos o conocidos que, como individuos, se ocupaban a diario de una vocación que, sin ellos sospecharlo, les marcaba un destino. Lee el resto de esta entrada