Archivos diarios: septiembre 13, 2012

EL ARTE DE SABER ESCUCHAR

Estoy cansado de ese tipo de cine que pregona mostrarnos la realidad “tal como es ella”. Como si la realidad fuera unidimensional. En este cine la imagen y el sonido solo se ocupan de amplificar las voces, las explosiones, los gritos, los pregones de los vendedores, la incesante “acción”, las habladurías que nunca terminan de decir algo sólido o veraz. Mirándolo bien, el cine silente seguiría siendo el madero salvador en medio de tanto naufragio.

Hablo de ese tipo de producción audiovisual que solo le concede atención a “los grandes acontecimientos”, “los grandes hombres”, “los grandes amores”, o “los grandes crímenes”, y se olvida, en realidad, de “las grandes preguntas” que nos hacemos a diario las personas comunes, las personas que viven el día a día sumergidos en la silenciosa y viscosa cotidianidad (preguntas que hablan del amor, de la muerte, de la soledad, del dolor, de la vejez; preguntas que son las que definen, después de todo, nuestro destino individual).

“Para quien se para a escuchar, el mundo está  lleno de historias”, anotaba Rudyard Kipling. Pero nos han adiestrado, desde que nacimos, a no saber escuchar, y sobre todo, a no saber ver lo que tenemos frente a nosotros. Nuestra mente ha sido entrenada (¿por quién?, esa es la otra gran pregunta) para “mirar”, que no es lo mismo que “observar”. Para “oír”, que nunca será igual que “escuchar”.

La nuestra es la época de la sordera ilustrada. Que ya lo dijo André Gide: “Todo está dicho. Lo que como nadie escucha…”.

Juan Antonio García Borrero

JORGE LUIS SÁNCHEZ SOBRE “IRREMEDIABLEMENTE JUNTOS”

Varios directores cubanos, así como algunos especialistas dedicados al estudio del cine nacional, vienen apuntando el interés -ahora más marcado y materializado en obras específicas- por crear historias desde las potencialidades y riesgos del llamado ‘cine de género’; ¿qué opina Jorge Luis Sánchez en este sentido?

He leído al respecto y a veces percibo ciertos efluvios pesimistas, o de añoranza paralizante hacia un pasado que no aguanta más por su excesiva idealización. Sus resultados –y me refiero al cine cubano hecho a finales de los años de la década del sesenta– no fueron ni tan de autor, ni tan exitosos; de no haber sido por un puñadito de películas por todos conocidas, excelentes por supuesto, pero cuyo número caben en una sola mano.

Por mucho tiempo entre nosotros, a cierto cine mal hecho –que ni buscaba ni encontraba– lo amparamos bajo el fardo de cine de autor en oposición simplona al cine más espuriamente comercial. Se mal interpretó la libertad creadora, que no fue absoluta, pero que fue la que abrió el ICAIC a los cineastas en su legítima aspiración de hacer un cine a tono con la nueva esencia humanista de la Revolución.

Esa actitud era una cosa, pero ser un ‘Autor’ en cine es otra. No acepto las fáciles antípodas que, cual eco, repiten que quien no hace cine comercial es un autor. Terminé la posproducción en México y allá hubo quien me dijo que la película era un musical de autor. Puedo pensar que si ahora estamos haciendo un cine de género, lo es también en oposición a la saturación de tanto cine medianito que se arropó bajo el manto de autor.

En lo personal, no me preocupo por constatar si lo que hago es un drama sicológico, un thriller, una comedia, o un no sé qué. Tampoco me preocupa ni siquiera la aspiración de ser autor, o ‘in-autor’; me ocupo de hacer auténticamente bien lo que me propongo.

 

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SOBRE LA NUEVA PELÍCULA DE FERNANDO PÉREZ

Fernando Pérez se plantea nuevos horizontes…

Por Ailyn Martín Pastrana

Luego de mes y medio de arduo trabajo, el cineasta Fernando Pérez ha terminado el rodaje de La pared de las palabras, su octava película. La cinta, que constituye la primera experiencia del realizador en la producción independiente, cuenta con un staff de lujo y fue rodada en locaciones de Santa Fé y en la Quinta Canaria.

En declaraciones exclusivas a Cubacine, el director adelantó que La pared… es “una película muy peculiar, un drama humano. Uno de los temas que trata es cómo la vida nos plantea retos y debemos enfrentarlos cambiando de mentalidad. Se desarrolla en la Cuba de hoy, pero es una historia que puede ocurrir en cualquier lugar del mundo. Yo no puedo –ni quiero– separarme del contexto cubano.”

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