Archivos diarios: septiembre 6, 2012

JULIO GARCÍA-ESPINOSA, PENSADOR

Ayer estuvo cumpliendo nuevo aniversario de vida Julio García-Espinosa (n. La Habana, 5 de septiembre de 1926). De García-Espinosa se suele hablar como uno de los principales fundadores del ICAIC. Y como uno de los que más poder tuvo dentro de esa institución, con todo lo que ello implica en términos de admiradores y detractores. Yo prefiero evocar a Julio como uno de los grandes pensadores que ha tenido el audiovisual cubano en toda su historia.

Pocos son capaces de expresar con justicia opiniones que difieran de los prejuicios de su contorno social. La mayoría no se atreve ni a elaborarlas”, anotó Einstein en alguna parte. Elaborar una opinión que se salga de lo que “todo el mundo piensa que es correcto, porque la tradición lo dicta” demanda una gigantesca libertad de espíritu. Y no son muchos los que deciden asumir el desafío, sabiendo que les espera el vapuleo sistemático.

Cuando García-Espinosa escribió su célebre ensayo “Por un cine imperfecto”, sabía que no le habrían de faltar maldicientes en todas las latitudes. Lo acusaron de cultivar el mal gusto. De olvidarse del legado que para entonces ya se conocía como “cine clásico”. Aún así, García-Espinosa persistió en su afán de dinamitar el canon que en aquellas fechas se reverenciaba, e hizo primero una película como Las aventuras de Juan Quinquin (1967), y luego, Son o no son (1980), donde llevaba a la práctica buena parte de sus polémicas teorías.

Lo que siempre he agradecido del pensamiento de García-Espinosa, una vez que me puse en contacto con el conjunto de sus ideas, es la abierta invitación que hace a discutirlas. No a asumirlas de modo pasivo, como si se tratara de algo sagrado o intocable, sino a discutirlas, a cuestionarlas, o lo que es lo mismo, a enriquecerlas entre todos.

Lo otro por lo que guardo gratitud es su rechazo a todo lo que promoviera entre nosotros la mera condición de epígonos. De acuerdo, parece decirnos, existe un “gran Arte”, pero, ¿por qué hay que vivir toda la vida encadenados a esas formas de representar la vida?, ¿por qué hay que imitar todo el tiempo lo que se nos dice que es lo perfecto, y no nos empeñamos en buscar los senderos propios?

Algo más que en su momento me fascinó de García-Espinosa es que, no obstante ser un hombre formado dentro de los patrones establecidos por la alta cultura, había sabido reparar en el problema de las nuevas tecnologías, y su impacto en la recepción popular. Mientras que el grueso de sus colegas mostraba estupor, cuando no franco rechazo, ante la cada vez más invasiva revolución electrónica, Julio se adelantaba en juicios que hoy nos pudieran parecer los más naturales del mundo; como cuando afirma:

De todas maneras la electrónica puede considerarse como la cuarta edad del cine. Al silente, lo sustituyó el sonoro, a éste se le agregó el color y, ahora, el nuevo soporte y el nuevo medio de difusión: la electrónica.

Los cineastas, ante tales circunstancias, debían sentirse destinatarios del noble empeño de conciliar arte y tecnología y de combatir la tecnología pero dentro de la tecnología y no al margen de ésta.

No obstante, los prejuicios persisten.

Se sigue considerando que el cine es sólo cine si es en las salas de cine. ¿Por qué? Es incuestionable que desde los años sesenta las salas de cine dejaron de ser el monopolio de exhibición de películas. Se sabe que antes un film recaudaba en las salas el 80 % de sus ingresos y, hoy, apenas el 25 %. Actualmente existen en el mundo setenta millones de salas de cine frente a más de billón y medio de televisores, de ochocientos millones de video-caseteras y 30 % de la programación de la televisión, en la actualidad, está dedicada al cine. Es decir, en el mundo que corre, se ven más películas, sólo que mediante la electrónica. Además las películas que hoy se realizan, salvo las de las trasnacionales norteamericanas, dependen, para su financiamiento y difusión, de las televisoras. El cine latinoamericano no es por cierto una excepción. Desde hace años, logra sus ventas también en las televisoras, principalmente en las europeas. Al exhibirse en la pantalla chica no puede dejar de sufrir en tanto que lenguaje que ha sido pensado para la pantalla grande. No se trata de excluir la opción de las salas, sino de ser más consecuente con el desafío electrónico”.

Tengo en Julio García-Espinosa una suerte de padre intelectual. No es el único, porque en realidad la paternidad de nuestras ideas siempre será compartida hasta por personas que uno ni siquiera llega a conocer. Pero como cineasta, fue uno de los primeros que me puso en guardia frente a ese “realismo ingenuo” que nos hace creer que las cosas son como parecen ser, invitándome a poner bajo cuestión todo lo que llega a mis sentidos, incluyendo sus ideas. Y no siempre tenemos la suerte de encontrar a alguien que nos ilumine de ese modo. De allí mi persistente gratitud.

Juan Antonio García Borrero

COPA Y ESPADA (2012), de Lourdes de los Santos

Santa y Orisha, Copa y Espada.

Por: Ana Busquets Fariña

Cuando la inolvidable Celina González levanta su voz en honor de la Santa, llega el final de  Copa y Espada, y se produce en nosotros la sensación de que acabamos de ver un documental que merecerá un lugar dentro de la documentalística cubana actual.

Lourdes de los Santos (Fiat Lux,  Ivette, Del Rio Zaida, Llego el tresero), logra, en esta obra de solo 30 minutos, llegar a la esencia de una tradición  para muchos de nosotros desconocida, y que ha estado latente a lo largo de mas de cien años en una  comunidad que continua venerando al Orisha y a la Santa, como si la imagen de esta ultima acabara de  llegar en el mascarón de proa de la nave española, y la del guerrero recién atracara en el barco negrero cargado de esclavos.

El poblado de Leguina, en  Güines se vuelca en las calles  los días 2, 3 y 4 de diciembre cada año, en honor de Santa Bárbara,  patrona de los mineros y de los artilleros, relacionada por la creencia popular con los explosivos, protectora contra truenos y centellas,  conocida también como  patrona de los marineros y de sus naves, cuya imagen nos llegara en los barcos que venían de la Metrópolis. No por gusto el depósito de explosivos en los buques recibe el nombre de Santabárbara.

Por su parte, Changó, que vino con los esclavos africanos en un barco negrero, es un orisha o deidad mayor.  Dios del fuego, del rayo, del trueno, de la guerra, del baile, la música y la fuerza viril,  patrón de los guerreros y los artilleros. Hijo de Ibaíbo y de Yemmú, a Changó se le atribuyen muchas virtudes y defectos de los hombres.  Trabajador, valiente, buen amigo; mentiroso, mujeriego, pendenciero y jugador.

Según la leyenda, fue la infidelidad quien llevo a Changó a vestir de mujer, con las trenzas, las ropas y el pañuelo de Oyá, para escapar de la furia celosa de Oggún. Imitando el majestuoso andar de su amante, pasó ante Oggún y sus guerreros sin ser siquiera reconocido.

Aunque el relato establecido por la tradición cristiana acerca de Santa Bárbara y los patakines o fabulas de Changó, no guardan relación alguna entre sí, al Orisha  se le sincretiza con la Santa, y se dice que es hombre y mujer a un tiempo. Las dos deidades se unen y se les rinde culto en ambas religiones, y mientras a la Santa se le ofrecen flores y manzanas, al Orisha se le dedican cantos yorubas, y se le sacrifican gallos y carneros al ritmo del tambor Batá.

Música, danza, pintura, escultura y cine han sido el vehículo utilizado por muchos artistas del mundo para homenajear a estas figuras del imaginario popular. En otras latitudes, muchos son los pintores que han demostrado su devoción a Santa Bárbara, con bellas obras de arte conservadas en diferentes museos del mundo. En Cuba, René Portocarrero, Zayda del Río y  Manuel Mendive, están entre los que han recreado la imagen de la Santa y del Orisha en formas disímiles, mientras que otros les han dedicado cantos, bailes y esculturas.

Copa y Espada es un acertado intento de su autora por recrear una ceremonia que enriquece el acervo popular y mantiene vigentes, hasta nuestros días, y para nuestras futuras generaciones, el rescate y el conocimiento de manifestaciones y tradiciones populares que, muchas veces, creímos perdidas.

Conjuntamente con la exhibición del documental Copa de Espada, que se realizó el domingo 1 de septiembre en el teatro del Museo de Bellas Artes, tuvimos la ocasión única de ver, reunidas por primera vez, seis obras de Rene Portocarrero dedicadas a Santa Bárbara.

Lo mismo blanca que negra, ya sea Santa u Orisha, la imagen evocada por nuestro gran artista de la plástica, refleja, sobre todo, su eterna cubanía.

IRREMEDIABLEMENTE JUNTOS (2012), de Jorge Luis Sánchez

¡Definitivamente irremediable!

Por: Antonio Enrique González Rojas

Ni el mismísimo Baz Luhrmann pretendiendo ser deliberadamente kitsch en su inefable Moulin Rouge! (2001) cuando hizo cantar a Nicole Kidman y Ewan McGregor “I Will Always Love You”, bien encaramados en una nubecita, consiguió un momento tan desastroso como la tenue línea de la reciente cinta cubana Irremediablemente juntos (Jorge Luis Sánchez, 2012), donde el protagónico masculino Alexander (Orián Suárez) le dice a su amada Liz (Ariadna Núñez) que le dedica el cielo con todas las estrellas…y todo sin que en ese mismo instante el realizador de El Benny (2006) se salve del fracaso más palmario develando el gran bromazo que pudiera ser su segunda cinta, lo cual reivindicaría tanta actuación encartonada de todo el elenco a despecho de las variadas experiencias histriónicas confluyentes, la ascendencia profesional o la generación; regulares interpretaciones musicales cuyo único objetivo parece ser entorpecer el transcurrir dramático de las acciones, y la fallida fotografía incapaz de aprehender con mínima dignidad las muy simples coreografías desplegadas en varios momentos.

El parlamento de marras, cursi in extremis, resume los múltiples despropósitos de un filme que desaprovechó el mérito innegable de ser probablemente uno de los pocos títulos criollos que tenga como tema central las relaciones amorosas interraciales y el racismo perviviente en Cuba, develando la primera de varias ironías solapadas: en una nación tan mestiza como la nuestra es poco común la mixtura en su gran pantalla de duetos amatorios con diferente cromatismo dérmico (Roble de olor, de Rigoberto López, 2003, es una de las excepciones) con todas las consecuencias sociales y familiares que esto aun puede traer, algo un tanto menos extremo en el audiovisual televisivo. Lee el resto de esta entrada