Archivos Mensuales: septiembre 2012

DE GARCÍA BORRERO A ROLANDO LEYVA (2)

Estimado Rolando:

No hay que preocuparse. He aprendido a distinguir las diferencias que, humanos al fin, podamos tener en términos de ideas, de lo que podría ser mera hostilidad personal. En el blog no persigo imponer un consenso a la larga artificial, porque eso negaría la esencia misma de la vida; me interesa, eso sí, cultivar la complicidad intelectual (algo que va más allá de los estrechos intereses de grupos); así que lo del riesgo de las “fricciones indeseadas”, al menos en este caso, sobra.

Trataré de emular contigo en cuanto a lo de la honestidad. Dejo un margen al error, desde luego, pero me da la impresión de que Irremediablemente juntos (su análisis como película en sí), no te interesa por el momento. O no es lo que más te interesa. Y es que antes de analizar el filme ya has hecho público todo un horizonte de expectativas extra-cinematográficas que determinará (quieras o no) el sentido de la lectura que luego compartirán tus lectores o estudiantes. Te cito:

Cuando acuso al filme de evasivo, irresponsable y oportunista, me remito, más que todo, vamos a suponer que sea algo aleatorio o casuístico, al hecho de filmar y estrenar la cinta precisamente ahora, cuando se celebra el centenario de la masacre de los independientes de color, que como conoces, se desarrolló con todo su dramatismo en la antigua provincia de Oriente, en territorio de la actual provincia de Santiago de Cuba y zonas aledañas. Me parece demasiado políticamente correcto por no decir conveniente que desde la industria fílmica, “centralizada y democrática”, se filme el triunfo del amor idílico inter étnico de una pareja asimétrica y bicolor como la que habita el filme”.

En boca de un espectador común lo anterior pasa. Pero en boca de un académico al cual respeto, ese planteamiento merece un par de reprensiones. Odio parecer demasiado didáctico cuando recuerdo que una argumentación como la que haces, con tal de justificar el carácter “evasivo, irresponsable y oportunista” del filme, no está pasando del rango de un silogismo arbitrario y a todas luces tendencioso: según tu versión, a) este año hay aniversario cerrado de la Masacre de los Independientes, b) se ha estrenado por la industria un filme que habla del racismo con un final feliz, c) hay que interpretar que el filme forma parte de una campaña oficial de silenciamiento que persiste alrededor de ese trauma nacional que no acaba de cicatrizar. Lee el resto de esta entrada

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ROLANDO LEYVA Y ALGUNAS PRECISIONES NECESARIAS SOBRE “IRREMEDIABLEMENTE JUNTOS”

Hola Juan Antonio:

Para consumo interno. No lo cuelgues en el blog si no lo estimas conveniente. Estoy escribiendo un breve artículo sobre Irremediablemente juntos que luego intentaré publicar en blanco y negro, pero ahora se hacen necesarias algunas precisiones que evitarían, en todo caso, fricciones indeseadas.

Entiendo que me acuses de ligero pero estoy siendo, en el peor de los casos, completamente honesto. No encontré ningún otro adjetivo o serie de ellos, que me permitieran calificar, evaluar el filme, que es mi trabajo, supongo, como crítico y docente universitario que simula que tiene algo que enseñarles a sus estudiantes, en algún sentido.

No me siento incómodo con el tema de la racialidad en el arte, en general, y en el cine cubano contemporáneo, en lo específico. Por el contrario, el privilegio innombrable de vivir en Santiago de Cuba, un gran laboratorio étnico- racial y sociocultural en sí mismo, me concede la oportunidad de hablar con el fundamento y la experticia del cientista social y del individuo “mestizo” que a su modo, aunque no lo creas, también ha sido, y es, en la actualidad, víctima del peor de los racismos posibles, el que se enmascara o solapa tras un velo de condescendencia académica.
Soy un tipo ingenuo y optimista que quisiera que el cine cubano contemporáneo fuese el rostro visible de las transformaciones que debieran suscitarse, para el bien de todos, en el seno de una sociedad cubana cada vez más compleja, de la realidad social de una isla que, detenida en el tiempo, aspira al trance, la metamorfosis definitiva.

Cuando acuso al filme de evasivo, irresponsable y oportunista, me remito, más que todo, vamos a suponer que sea algo aleatorio o casuístico, al hecho de filmar y estrenar la cinta precisamente ahora, cuando se celebra el centenario de la masacre de los independientes de color, que como conoces, se desarrolló con todo su dramatismo en la antigua provincia de Oriente, en territorio de la actual provincia de Santiago de Cuba y zonas aledañas. Me parece demasiado políticamente correcto por no decir conveniente que desde la industria fílmica, “centralizada y democrática”, se filme el triunfo del amor idílico inter étnico de una pareja asimétrica y bicolor como la que habita el filme. No me molesta, en todo caso, que se remita la cinta a una obra teatral (aunque acusa la falta de guiones originales sólidos, síntoma inequívoco de la crisis de la industria fílmica nacional). Lee el resto de esta entrada

DE GARCÍA BORRERO A LEYVA CABALLERO

Rolando:

Tu reflexión me parece excelente, exceptuando la línea en la que haces referencia a Irremediablemente juntos y despachas la percepción que tienes de ella con esta sentencia lapidaria, y a mi juicio, hija de la ligereza más lamentable: “un largometraje evasivo e irresponsable, oportunista”.

Son cargos serios que demandaría el máximo de rigor a la hora de exponerlos, más viniendo de alguien que hasta ese instante ha sostenido su discurso sobre una lógica impecable. ¿Pero de qué película estás hablando cuando hablas de evasión, irresponsabilidad y oportunismo? ¿De uno de esos filmes de Bollywood donde la música y el baile es mero pretexto para el ensueño falsificador de la realidad?

Porque en todo caso yo lo que veo aquí es todo lo contrario del conformismo y el mercadeo con los tópicos. Y que conste que no soy amante del género, y tampoco estoy aludiendo al saldo de la película. En todo caso lo que me llama la atención es la total indiferencia crítica que ha existido en los medios con ese filme, tal vez porque el problema de la racialidad sigue siendo algo muy incómodo de ventilar entre nosotros. Fíjate que no digo que la película sea buena o mala; lo que me decepciona de esa línea puntual de tu escrito es que tergiversas por completo la intención del filme llamando “evasivo” a algo que puede ser fallido, pero en modo alguno, banal.

Si en mi anterior post hablé de la necesidad kantiana de imponer límites al juicio crítico sobre todo a la hora de imaginar más de lo que efectivamente puede conocer la razón (como eso de pretender meterse en la cabeza de los creadores y hablar de sus intenciones originales), ahora añadiría que la crítica también tendría que tener en cuenta a Wittgenstein, cuando intentaba refrenar el entusiasmo de los parlantes, en esos momentos en que se usa un vocabulario que siempre va más allá de lo que puede nombrar de modo efectivo.

“Evasivo, irresponsable, y oportunista” no creo que se corresponda en modo alguno con lo que esta película propone. Que sea fallida, si así lo entendieras, es otra cosa. Pero entonces los términos a utilizarse tendrían que ser otros más claros y transparentes, aún cuando sean más duros. De lo contrario, volviendo a Husserl, nos quedaríamos otra vez en el reino de lo simbólico y las meras palabras, flotando en el más estéril de los vacíos.

Saludos,

Juan Antonio García Borrero

ROLANDO LEYVA CABALLERO SOBRE LA CRÍTICA DE AUDIOVISUALES EN LOS PLANES DE ESTUDIOS DE LAS CARRERAS HUMANÍSTICAS

Sobre la inclusión de la crítica de audiovisuales en los planes de estudio de las carreras humanísticas. El caso de Historia del Arte en la Universidad de Oriente.

Por Rolando Leyva Caballero

Es imposible enseñar, en el sentido académico, artístico y estético más estricto y limitado, a criticar el cine, por lo menos en el aspecto concerniente al mero acto,  no tanto de pensar, sino de escribir, al menos opinar, desde lo oral, después de analizar el texto audiovisual con detenimiento. Es decir, desde su praxis diaria se confunde y reduce el ejercicio del criterio al mero hecho de evaluar sin entresijos ni argumentación mediadora que aplaque el sentido de incertidumbre científica, pero también creativa, que encierra o inunda la decisión arriesgada de tomarse la atribución, a lugar, de enjuiciar el arte, la vida, con la cabeza en la picota pública, sin fungir servil, que no servicialmente, como portador final, mediador e intérprete autónomo de una verdad prefabricada, ensamblada para la ocasión.

Gustavo Arcos hablaba de lo angustioso, ingrato y hasta peligroso de escribir u opinar sobre el cine en Cuba, cuando en realidad funciona así para todo, acostumbrados como estamos a la imposición, no siempre sutil, de un criterio vertical y dirigido, omnisciente y todopoderoso, que mana sobre nuestras cabezas, lo mismo como el Maná salvador en medio del desierto que cual heraldo negro agorero de nuestra muerte inmediata, anunciada en el guión, llevada a la escena, con éxito de público pero no de la crítica. La paranoia de persecución y vigilancia revolucionaria, ese miedo patológico por el gran hermano, nos lleva a presuponer que no tenemos el derecho inalienable de opinar, eso sí, responsablemente, sobre cualquier tema, por espinoso o inoportuno que parezca. Lee el resto de esta entrada

OTRA CRÍTICA TAMBIÉN ES POSIBLE…

Al principio pensé que esto no sería más que el típico intercambio de ideas entre dos individuos que piensan diferente. Intercambios que por lo general devienen diálogos de sordos, o pasarelas en las que los contrincantes anteponen el lucimiento de la retórica efectista al debate efectivo de los argumentos. Por fortuna, antes de que Antonio Enrique González Rojas respondiera la carta pública original, Gustavo Arcos, Rolando Leyva Caballero, Pedro Noa, y Justo Planas, se encargaron de demostrar que aquí hay algo más que un diferendo entre dos.

Creo que se han estado aportando ideas interesantes, las cuales (sumadas a las de la anterior polémica, también asociada al ejercicio crítico) pueden ayudar a perfilar mucho mejor ese Taller de la Crítica Cinematográfica que quisiéramos hacer en Camagüey en el venidero mes de marzo. O a lo que señalaba en esa primera misiva: pensar entre todos en cómo contribuir a fomentar entre nosotros verdaderamente una nueva crítica.

Yo insistiría en esto porque, en algunos momentos de nuestros intercambios, pareciera que lo que estamos cuestionando es el estado de salud del cine cubano o de la industria, cuando en realidad lo que me interesa someter a debate esta vez es el anquilosamiento de nuestras prácticas críticas. En este sentido, cuando hablo de “la crítica” no me interesan los nombres propios. Yo iría más lejos aún: no me interesa esa versión menor de la Crítica nacida en el siglo XX con el apellido de “crítica de cine”. Me interesa el fenómeno mismo de la Crítica, pero entendida como esa operación intelectual que en cualquier época y latitud permite juzgar a través de las opiniones, y que por tanto, parece atada a determinadas reglas y limitaciones humanas, ya estudiadas en diversos períodos por sabios como Kant o Husserl, por citar apenas dos.    Lee el resto de esta entrada

DE GONZÁLEZ ROJAS A GARCÍA BORRERO Y GUSTAVO ARCOS

Estimados Juany y Arcos:

Me considero del afortunado par de críticos jóvenes (según comenta Arcos) que, provocado por las recientes epístolas de ambos y con sangre aún caliente, optará por sumarse a la polémica, a pesar del cierto retraso ocasionado por aciagas causas tecnológicas, no por morosidad intelectual. Trasciendo el tentador y cómodo mutis que muchos guardan desde sus rediles y paso a desarrollar mis argumentos, apoyados sobre una todavía muy breve presencia personal en el panorama del arte cubano, apenas cuatro años de ejercicio del criterio. Tú mismo, Juany, reconoces mi casi obsesivo propósito de cartografiar el acontecer fílmico cubano, para no dejar a los arqueólogos e
historiadores futuros un terreno totalmente virgen, aunque sí aciago.

Algo parecido pretendo con la TV Cubana, tanto o más menguada en sus calidades que el celuloide. Y aunque no carece Arcos de razón al argüir: “¿Para qué escribir una y otra vez sobre un filme o autor que ya tiene tan poco que decir, cuya obra carece de fuerza, que apenas experimenta, que sigue de manera oficiosa o rutinaria una quehacer ya aprendido y que muy rara vez se propone decir algo…?”, creo que mi paso por este erial creativo en que se debate el cine nacional no puede ser el indiferente deambular del alienado nihilista, sino que prefiero tañir el olifante roldanesco en medio de la masacre para demostrar que aún palpita la vida entre las mermadas tropas de Carlomagno. Me traiciona mi extemporáneo romanticismo, pero que mi ironía y sarcasmo habituales no se confundan con cinismo. Lee el resto de esta entrada

DE LEYVA CABALLERO A GUSTAVO ARCOS Y PEDRO NOA

Flechas cruzadas. Una respuesta posible para Gustavo Arcos y Pedro Noa.

Por Rolando Leyva Caballero

No quiero insistir en el tema cansino que se remite al estado al parecer calamitoso e irreversible de la crítica de cine en Cuba. Ahí están los autores, los textos, concebidos desde una sana pluralidad pero demostrar lo obvio. El pensamiento estético referido al análisis del hecho fílmico en Cuba, sin embargo, está vivo, circula por canales alternativos, se desplaza al plano de la oralidad, al reino de ese otro mundo virtual que está allá fuera, esperando que nos permitan descubrirlo, para bien o para mal, si nos dejan, para irnos a escribir cerca del cielo.

Por momentos me parece que algunos críticos establecidos insisten en acusar de epígonos improvisados a los jóvenes, en cursivas, que comienzan a establecerse en el oficio. No es el caso de Gustavo Arcos y Pedro Noa. Es decir, no me refiero a ellos, sino de modo alusivo e impersonal a otros críticos, menos comprensivos o tolerantes.

En todo caso me remito a los textos de Gustavo y Pedro, a modo de provocación, colgados en el blog de Juan Antonio, para dialogar, más bien para disentir y contrarrestar algunos puntos específicos, de lo que ellos opinan, por su lado. En Cuba sí se intenta, al menos, desde el diseño académico curricular de la carrera de Historia del Arte, enseñar a criticar, a escribir, a pensar, a los críticos en formación, por lo menos a los que tienen aspiraciones de integrarse al ejercicio de esta praxis hermenéutica. Ese no es el problema. Lee el resto de esta entrada

JUSTO PLANAS SOBRE LA CRÍTICA

Juany:

Escribo por dos razones, la primera es que dijiste estar interesado en escuchar el criterio de los jóvenes, la segunda es que me preocupa esa demarcación que respuesta tras respuesta se va realizando de lo joven o nuevo respecto a lo viejo en este asunto de la crítica. ¿Es demasiado obvio mencionar que no todo lo nuevo es bueno…? Eso sí, mi generación, por fuerza, debe aportar perspectivas diferentes a otras, sucede así generalmente, y en este caso hay circunstancias determinantes: fuimos niños de Período Especial, adolescentes de las nuevas tecnologías y ahora jóvenes que ven cómo ese mundo trasnochado de los 60 asoma canas y clama reemplazo. Nuestra experiencia cinematográfica ha sido distinta a la de otras generaciones, en ese estado de inconsciencia cinéfila que siempre marca el comienzo, las primeras edades, vimos cine norteamericano y no soviético, vimos en Matinée infantil y Arte 7 un tipo de cine, imagino, distinto al que la TV Cubana transmitía en los 70 y los tempranos 80. Somos cinéfilos de la cine Chaplin de hoy, de la Cine cubano de hoy, y de los miles de espacios para ver y hablar sobre cine que antes no existían, del DVD y las computadoras… Ya los de ese tiempo nos acercamos a los 30, o los pasamos, pero ¿podemos llamarnos críticos de cine?

Incluso los que escribimos “críticas” de cine con cierta asiduidad le tememos al nombre, nos queda un poco grande. La crítica de cine exige conocimientos teóricos que incluso los graduados de carreras afines como Historia del Arte o Periodismo solo llegamos a vislumbrar, eso lleva su tiempo. De hecho, junto con unos amigos (Arsibel López, Rubens Riol, Lázaro González) le presentamos a la ACPC un proyecto de Diplomado de Crítica Cinematográfica, para que ustedes los críticos nos ayuden a encontrar los mejores caminos hacia el estudio del cine. Habrá que ver si se convierte en una realidad. Lee el resto de esta entrada

PEDRO NOA SOBRE EL EJERCICIO DE LA CRÍTICA DE CINE EN CUBA

Estimado Juany:

No acostumbro a seguir las ideas que mueves en tu blog por la sencilla razón que no tengo acceso a él; pero las veces que he recibido algo, lo he disfrutado mucho.

Este tema de la nueva crítica, mi opinión es que debe enfocarse más sobre las carencias que han tenido históricamente los críticos en su formación que sobre las deficiencias de personas específicas, porque sin uno no puede existir el otro.

Si miramos cronológicamente la formación de los críticos cinematográficos cubanos, nos daremos cuenta que todos han surgido desde plataformas diversas; pero sin una formación sólida sobre el arte cinematográfico. Desde el propio Valdés Rodríguez, Cabrera Infante y otros muchos que apenas se mencionan (por ejemplo Walfredo Piñera o Rodolfo Santovenia) la formación para acometer la crítica ha sido más autodidacta y apoyada en una cultura general que en una especialización sobre el tema. Lee el resto de esta entrada

UN PARQUE, UNA DESPEDIDA

Ya empezaron a demoler el parquecito que estaba entre los cines Casablanca y Encanto de Camagüey. Y el local del fondo que durante mucho tiempo funcionó como Departamento de Promoción Cinematográfica, y del cual fui jefe durante más o menos quince años. Todo esto a propósito del “Paseo temático del cine” que tendremos en el 2014 por el aniversario 500 de la ciudad.

Durante los noventa del siglo pasado, ese pequeño parque tuvo su hechizo colectivo. Allí se congregaban sobre todo la gente joven para ver los fragmentos de películas y los videos musicales que exhibíamos en un televisor debidamente amplificado. Y entre musicales y avances, el viejo Tororico anunciando las películas que se exhibían por esas jornadas en los cines.

Dentro de unos días nada quedará físicamente de ese lugar. Nada, salvo las fotos que estoy tomando, entre curioso y expectante, de ese proceso persistente de demolición. Los historiadores, en un futuro, tal vez hablen de un modo vago de que allí, alguna vez, existió algo que los pobladores de entonces llamaban “el parquecito de los cines”, donde exhibíamos hasta película en 16 mm. Pero en sentido general, lo único que los nuevos moradores percibirán (hasta que a su vez dejen de verlo por el exceso de costumbre) será ese nuevo callejón peatonal que los de ahora estamos proyectando en nuestras mentes.

Entonces los futuros camagüeyanos verán ese elegante bar Casablanca que aún no existe, pero que en mis sueños presentes se me antoja como el único lugar de la ciudad donde se podrá escuchar hasta el amanecer (¡ay, Nueva Orleáns, cuánto me has marcado!) buenas descargas de jazz, en medio de afiches que remiten al “cine negro”, al cine de las mujeres fatales que miran a cámara con su cigarrillo a medio consumir, y obligan al buenazo de Rick (Bogart) a rogarle a Sam (Dooley Wilson) que toque por enésima vez la dichosa “As Time Goes By”.

No quiero parecer demasiado enfático en estos apuntes que hago. Exaltar demasiado lo que va quedando naturalmente atrás, en el fondo no está haciendo otra cosa que enmascarar el miedo a lo nuevo. Y nos coloca sin querer al borde del ridículo permanente. Lo auténtico estaría, en todo caso, en dejar una nota serena que haga saber de modo escueto y sin estridencia que allí existió algo que fue importante para la gente de entonces. Nada más.

Tal vez deba corregir lo anterior: la gente de entonces es apenas el individuo que soy yo mismo en este momento. El que ahora se asoma a este parque que está a punto de desaparecer para siempre y congela en una foto el instante preciso en que un pedazo de muro cae cerca de mis pies, provocando un estruendo similar al de algún portazo feroz en víspera de un divorcio tempestuoso. Para el caso, el divorcio del cine tal como lo entendíamos el siglo pasado con la nueva época.

Como amante empedernido que he sido de ese cine que nos deja, imprimiré esa foto, y al dorso anotaré una de las tantas greguerías de Ramón Gómez de la Serna: “Donde rompen los amantes para siempre queda el monumento de su despedida. Lo volverán a ver intacto y marmóreo cuantas veces pasan por este sitio”.

Juan Antonio García Borrero