Archivos Mensuales: julio 2012

CHRIS MARKER (1921-2012)

Acaba de morir el gran cineasta francés Chris Marker, y todavía está por estudiarse a fondo entre nosotros la impronta de su obra en el primer ICAIC. He estado leyendo algunos de los obituarios, y como es lógico, casi todos se encargan de resaltar los logros del creador de La Jetée (1962), con una perspectiva de conjunto. Pero los cubanos tenemos pendiente el estudio de una filmografía que incluye a dos materiales que hablan de nuestro devenir nacional: Cuba sí (1961), y La Bataille des Dix Millions (1970).

Marker fue uno de los cineastas de izquierda que se entregó embriagado al proceso revolucionario que se iniciara en 1959, luego que Gérard Philipe le hablara del mismo,  y también, uno de los que no mostró indiferencia ante los hechos asociados al “caso Padilla” (1971). Los fundadores del ICAIC, en su momento, dejaron por escrito el testimonio de una gratitud que iba más allá de la filia política, toda vez que en Marker (al igual que en Zavattini, Ivens, Theodor Christensen, o la Varda) encontraron verdaderos maestros de la práctica cinematográfica.

El primer viaje de Marker a Cuba se produjo en medio de ese gran espasmo ideológico que significó la ruptura de relaciones diplomáticas entre el gobierno de la isla y el de los Estados Unidos. Hablamos de los primeros días de 1961, lo cual puede explicarnos el énfasis del título de ese documental que en su momento tropezaría con muchísimos escollos para ser exhibido en Francia: Cuba sí. Alfredo Guevara, entonces presidente del ICAIC, le escribiría en 1962 a Harold Gramatges, en aquellos instantes embajador de Cuba en Francia:

Por ¡Cuba sí¡ aún esperamos. No tengo noticias precisas de Chris. Es un crimen que ese documental, el mejor filmado sobre nuestra Revolución, y firmado por una figura de tanta significación y prestigio, permanezca embovedado, sin que nuestro pueblo o los públicos del mundo lo conozcan”.

Todavía en 1968 (ese año que sigue pareciendo crucial en nuestras vidas), Marker se mostraba incondicional de la Revolución Cubana. En Bolivia había fracasado la guerra de guerrillas propugnada por el Che, pero la muerte de éste no había doblegado su entusiasmo por la causa revolucionaria. De hecho, por esas fechas le escribiría precisamente a Alfredo Guevara una carta donde muestra interés en apoyar el proyecto de Peter Kassowitz, con el fin de reconstruir (“de la manera que Rosi emplea para Salvatore Giuliano”) algunas de las experiencias vividas por la guerrilla en Bolivia, incluyendo la de Debray.

Y luego llegaría aquel funesto año 1971, que desde el punto de vista político y cultural, marcaría para los cubanos el principio de una etapa claramente regresiva. La detención policial del poeta Heberto Padilla fue la punta del iceberg, algo así como el evento que propició la ruptura con el gobierno revolucionario de varios intelectuales de izquierda que hasta ese instante habían apoyado a la Revolución,. Pero todo era más complejo de lo que parecía a simple vista, y la carta que Marker le envía a Alfredo Guevara, con fecha de 8 de mayo de 1971, es muy reveladora de esa complejidad a la que se enfrentaba el intelectual de izquierda de aquellos instantes.

Si te interesa conocer mi impresión sobre el “caso” (que nunca ha sido un caso para mí)”, le escribe Marker a Guevara, “no conozco a Padilla, como sabes, y los problemas de los intelectuales no constituyen mi primera preocupación, pero no me gustan que en momentos de grandes dificultades sean justamente ellos los designados para vengar a las masas”.

Y más adelante:

(…) la carta autocrítica de Padilla es grotesca e inverosímil, su declaración en la UNEAC suena más sincera y se parece más a una confesión pública en una secta protestante que a los procesos de Moscú, aunque sea realmente eso, pero en fin, todo ello es grotesco y hace más daño a la imagen de la Revolución que las excentricidades de algunos escritores que todo el mundo hubiera seguido ignorando fuera de La Habana”.

Para terminar esa misiva con lo que parece toda una declaración de principios:

Jamás he creído en el derecho a juzgar o decidir cualquier cosa a 15 000 km de distancia, pero tampoco tengo la intención de ocultar lo que siento sobre algo. Corresponde a ti decidir si ello es incompatible con los servicios que a mi modesto nivel haya podido prestar al ICAIC y a Cuba, y si debo considerarme “objetivamente” del lado de los intelectuales sinvergüenzas y de los agentes de la CIA”.

Juan Antonio García Borrero

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LAS CINCO ESCENAS MÁS ERÓTICAS DEL CINE CUBANO DE TODOS LOS TIEMPOS

Al principio solté la idea como si se tratara de una broma. Éramos un grupo de amigos en Holguín, y aquella madrugada buscábamos relajar las tensiones del día, lleno de mesas teóricas, presentaciones de libros y películas, o entrevistas en la radio.

Ello ocurría en medio de un evento donde la representación del sexo femenino era mínima. Así que, si bien de vez en cuando nos enfrascábamos en conversaciones que giraban alrededor de los últimos filmes cubanos, de Sócrates, Kant, Nieztsche, Marx, Heidegger, o de algunas de las teorías más sofisticadas que han abordado a la cultura en general, en el momento menos esperado salía a relucir el asunto de lo femenino ausente (llegué a creer que donde uno de mis amigos defendía con vehemencia la validez de la fenomenología en verdad hablaba de femeninología, tal vez estimulado por la posibilidad de agarrar con nuestras manos ¡las cosas mismas!).

Sospecho que si la proporción de asistentes al evento hubiese estado a favor de las mujeres, o incluso en igualdad numérica, a lo mejor todavía estaríamos hablando del melodrama en el cine cubano, o de lo renovador de cierto audiovisual joven. O de cosas sofisticadas que hacen lucir a dos extraños que conversan por primera vez, como seres interesantes, capaces de evadir el lugar común en el que suele colocarnos todo pacto social.

Pero entre tantos “machos sin mujeres” era inevitable no experimentar en carne propia (nunca mejor dicho) las oscuras pulsiones que Carlos Montenegro supo sugerir desde el título de aquella novela magistral: Hombres sin mujer. Y propuse lo que se me antojaba un divertimento de ocasión, y una manera de aliviarles a algunos de mis compañeros la frustración que a cada rato rumiaban: convocar a una encuesta entre entendidos del tema y/o estudiosos del cine cubano, con el fin de elegir las cinco escenas más eróticas de esta filmografía, y publicar los resultados en el blog. Lee el resto de esta entrada

POST FRESA, CHOCOLATE Y VARIAS PUPILAS INSOMNES

Lo ocurrido el pasado viernes 20 de julio en el Centro Cultural Cinematográfico “Fresa y chocolate”, a propósito de la presentación del libro “Cine cubano, la pupila insomne” (Ediciones UNIÓN, 2012), superó todas las expectativas que me había construido antes de viajar a la capital.

De hecho, pude ver cumplido mi deseo más íntimo: se presentó un libro del cual apenas se habló lo que mínimamente se exige en estas situaciones: agradecimientos a la editorial que acogió al texto, y en especial al editor Ernesto Pérez Chang; agradecimientos a quienes posibilitaron el encuentro físico (concretamente a los directivos del ICAIC, en especial a su presidente Omar González); y no menos importante, agradecimientos a los amigos que esa tarde decidieron concederme el privilegio de sus cercanías. Eran muchos, así que no cometeré el error de nombrar a algunos y omitir a otros.

Lo que realmente me importaba, que era retomar algunas de las ideas discutidas en el blog con cierta sistematicidad, y entablar ya no un debate virtual, sino “real” (entre seres de carne y hueso, que además, es como único adquiere sentido un debate), creo que se cumplió. Al menos esa es mi impresión, si bien sé que esta consideración viene de muy cerca. Desde luego, nada de eso hubiese ocurrido sin las intervenciones iniciales de Alberto Ramos, Gustavo Arcos, y Víctor Fowler, quienes fueron los que verdaderamente animaron la tarde con sus agudas y polémicas exposiciones.

Como era de sospechar, tras el debate (que duró casi una hora y media) quedaron más interrogantes flotando en el ambiente, que respuestas satisfactorias. Alberto Ramos nos habló de esas nuevas modalidades que se vienen insertando en el ejercicio de la crítica fílmica, con estudiosos que ya hablan de las películas no desde el tradicional soporte de papel y con concepciones puramente literarias, sino desde el audiovisual mismo, mientras que Gustavo Arcos precisaba un poco mejor algunas de las ideas que en la reciente polémica sobre la crítica que sostuvimos en el sitio expuso, dejando en no pocos la impresión de que decretaba “la muerte del crítico tradicional”.

Con Víctor Fowler intenté repensar parte de las ideas encontradas que ambos expusimos a propósito de la controversia sobre el neoanalfabetismo funcional y tecnológico, y la urgencia que tenemos (desde mi punto de vista) de llevar a cabo una segunda Campaña de Alfabetización a lo largo y ancho del país. Fowler llamó la atención sobre algo que no deja de resultar interesante: el hecho de que la propia lógica del mercado de las nuevas tecnologías estén propiciando, por un lado, la creciente sofisticación de los programas que se venden para uso del ciudadano común, y al mismo tiempo, que esos programas sean cada vez más básicos, garantizando el empleo fácil de cada una de esas herramientas. Lee el resto de esta entrada

LA PISCINA (2011), de Carlos M. Quintela

La Piscina: Como ondas en el agua

Por: Antonio Enrique González Rojas

Amén las suspicacias y reservas que pueda despertar entre públicos conservadores o no avisados en cuestiones de cine autoral, La Piscina (Carlos M. Quintela, 2011) es una de las más significativas obras de jóvenes realizadores cubanos que demarcan una vuelta de tuerca estético-discursiva al main stream de la fílmica nacional, junto a piezas como El patio de mi casa (Patricia Ramos, 2007), Memorias del Desarrollo (Miguel Coyula, 2010), La Guarida del Topo (Alfredo Ureta, 2011) y Camionero (Sebastián Miló, 2011). Se perfila a buena hora un salto cualitativo en cuestiones de poética y lenguaje audiovisuales, como en décadas precedentes sucedió con los entonces debutantes y muy virulentos Juan Carlos Cremata y sus Oscuros rinocerontes enjaulados (muy a la moda), de 1990, Jorge Molina (Molina´s Culpa, 1992) y Arturo Sotto (Talco para lo negro, 1992). Todos los mencionados, amén las distancias temporales, se han sacudido de las espaldas poses pseudo-alternativas y maneras acuñadas por los diversos practicantes de una suerte de endogamia artística que propaga el temprano agotamiento, la estereotipación y el raquitismo formal/conceptual entre la mayoría de los realizadores noveles.

Quintela, el director de arte Carlos Urdanivia y Raúl Rodríguez, a cargo de la fotografía, otean los diversos horizontes y jalones del audiovisual internacional, articulando verdaderos ejercicios de estilo como los mencionados, signados todos por la impecable factura, el máximo aprovechamiento de las capacidades expresivas de la fotografía y la cuidada dirección de arte en sentido general. Sientan clara distancia respecto a la desaliñada rusticidad más común, suscitada en mayor medida por impericias fílmicas que por la congénita carestía del cubano. Lee el resto de esta entrada

JORGE CALDERÓN SOBRE CAÍTA VILLALÓN

Caíta Villalón o el arte de la edición cinematográfica

Por: Jorge Calderón González

Tuve el privilegio de llegar a ser personal amigo suyo (y compañero de trabajo durante la filmación de David), de Dulce María Villalón Mesa (1932-2012), sencillamente Caíta para todos cuantos la conocimos y quisimos.

En los tiempos en los cuales todavía imperaba el celuloide- el cine digital era cosa del futuro-, y los filmes se editaban en moviola, ella fue respetaba como profesional de su especialidad, la edición, así como muy querida por sus compañeros en los predios del ICAIC. Fue la segunda trabajadora en ingresar al Organismo (15 de mayo de 1959), según consta en los Archivos de Hilda Roo.

Caíta Villalón (así se lee su nombre en los créditos de los filmes), al principio, trabajó como oficinista, después, pasó a ser asistente de edición y, posteriormente, sería promovida a editora de documentales, el fuerte de su carrera.

Persona con inquietudes desde muy joven, Caíta se vinculó al Cine Club Visión, al Cine Club Universitario y a la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo. Realizó estudios secundarios, y de actuación en Teatro Estudio. Aunque no poseyó un título universitario, sí tuvo una sólida y vasta cultura; leía infatigablemente y era una magnífica conversadora. Todo este caudal de conocimientos, amén del dominio técnico de la moviola, jugó significativo papel en su diaria labor junto a los directores.

Como sabemos, la edición resulta de capital importancia en el proceso creativo del filme. Es en esta fase donde el filme se perfila definitivamente; por lo tanto, editor no es sólo aquel que posea habilidades técnicas, se requiere, asimismo, de innatas aptitudes artísticas para ser real y eficaz colaborador del director, en los momentos de armar y estructurar el filme.

En la extensa filmografía de Caíta-donde también hubo cortometrajes de ficción-, se destacó, fundamentalmente, el género documental. Variaciones (1962) dirigido por el binomio Humberto Solás-Héctor Veitía, de catorce minutos, filmado en blanco y negro, que reflejaba la construcción de las Escuelas Nacionales de Arte en Cubanacán, fue el punto de partida en la carrera de esta mujer que supo hacer, de la edición, el eje central de su vida profesional.

Miembro de la UNEAC y jubilada en 1992, Un filme poco inocente, documental dirigido por Sergio Núñez dos años antes, fue la última contribución de Caíta Villalón  a la cinematografía nacional.

Muchos de los documentales que ella editara-en los cuales también estuvo su aporte-, recibieron premios nacionales e internacionales, entre ellos, y por citar un solo ejemplo, Por primera vez (1967), de Octavio Cortázar, realizador con el cual volvería a trabajar en Acerca de un personaje que unos llaman San Lázaro y otros llaman Babalú (1968) y En Guayabero, mamá… (Me quieren dar) (1986).

Pero, por supuesto, otros directores reclamaron la participación de esta mujer de pueblo, sencilla, oriunda del popular barrio de Luyanó, que presumía con orgullo de su origen humilde y que, a brazo partido, supo labrarse una sólida cultura que puso al servicio de su profesión en el mundo del cine.

A modo de ilustración, deteniéndonos en  títulos de su filmografía, podemos ver como ahí figuran, entre muchos otros, En un barrio viejo (1963) y Ociel del Toa (1965), de Nicolás Guillén Landrián; Refrigeración (1973) y Simón Bolívar (1983), de Bernabé Hernández; Habla Carpentier sobre…el surrealismo (1973), Habla Carpentier sobre su  novelística (1973) y Tonadas trinitarias (1974), de Héctor Veitía; La sonrisa de la victoria (1975), de Miguel Fleitas; El sitio en que tan bien se está (1978), de Marisol Trujillo; Una fiesta de Changüí (1980), de Santiago Villafuerte; Este cine nuestro (1980) y Las visitaciones de José Luciano (1982), de Rigoberto López, así como Lecuona (1983) y Roldán y Caturla (1985), de Oscar Valdés. Por otra parte, Caíta editó documentales de realizadores extranjeros, entre ellos, Una foto recorre el mundo (1981), de Pedro Chaskel.

El pasado 7 de julio, en La Habana, falleció quien fuera, y es, sin dudas, notable figura del nuevo cine cubano: Caíta Villalón.

HACIA LA HABANA, CON LA PUPILA INSOMNE

Dentro de un rato estaré saliendo haciaLa Habana, y no sé si desde allá tenga oportunidad de actualizar el blog, ya que me han dicho que hay problemas en la sala de navegación dela UNEAC.

La causa del viaje esta vez me tiene muy contento: el viernes 20, a las 4.00 de la tarde, estaremos presentando en el Centro Cultural Fresa y Chocolate, frente al ICAIC, el libro “Cine cubano, la pupila insomne” (Ediciones UNIÓN, 2012). Se trata, como ya dije a propósito de la primera presentación que se hiciera en Holguín, de una selección de entradas publicadas en este sitio. Lee el resto de esta entrada

VIVIR

He vuelto a ver al menos tres de aquellas películas que en las postrimerías de 1963, desataron la célebre polémica entre Blas Roca y Alfredo Guevara: La dulce vida, de Fellini, Accatone, de Pasolini, y El ángel exterminador, de Luis Buñuel. Desde mi punto de vista, ninguna de las tres ha envejecido; al contrario, es posible que sobrevivan a cinco o seis generaciones más de espectadores.

Como seguramente recordarán quienes han estado al tanto de aquel diferendo, al ICAIC se le reprochaba desde el periódico “Hoy” (entonces órgano oficial del Partido Unido de la Revolución Socialista) la programación de películas que nada tenían que ver con el espíritu y la euforia revolucionaria que en aquellos instantes predominaba en la sociedad cubana. El individuo, en aquel contexto histórico, era algo que quedaba para siempre oculto entre el cero y el infinito. Lee el resto de esta entrada

ENCICLOPEDIA POPULAR DEL ICAIC (1961-1963)

En mayo de 1961 se publica el tercer número del folleto “Documental” donde, a través de un breve artículo de Fernando Villaverde se nos anuncia que:

Ha salido la primera edición de la nueva Enciclopedia Popular del Instituto y en ella podemos ver la forma y el carácter que tendrá, en general, esta contribución cinematográfica del ICAIC al Año de la Educación”.

Aquel año se había iniciado, efectivamente, conla Campañade Alfabetización masiva que se propuso enseñar a leer y escribir en doce meses “a todos los ciudadanos analfabetos del país”. Si se revisa el censo realizado a mediados de los años cincuenta podrá advertirse que, más allá del carácter ideológico que se iba haciendo explícito en el actuar del nuevo gobierno, el mal social existía y había provocado en intelectuales dela República alarmas que rozaban con el horror.

El nacimiento de la “Enciclopedia Popular del ICAIC” quedaba enmarcada, de este modo, dentro del conjunto de medidas políticas que se iban implementando en lo macrosocial. Soslayar este tipo de conexión puede acarrearnos el problema de deshumanizar la historia de un Instituto que, si bien buscaba insertarse en la modernidad fílmica prácticamente sin pasar por el período clásico que hubiese reportado una tradición industrial, no estaba para nada ajeno a las demandas gubernamentales del momento.

Según el imprescindible libro “Producciones del ICAIC: 1959-2004”, editado por la Cinematecade Cuba (María Eulalia Douglas, Sara Vega e Ivo Sarría), la Enciclopedia Popular “constituye, en general, una serie de notas informativo-didácticas realizadas como proceso de aprendizaje por los nuevos cineastas. Fueron numeradas cronológicamente con un criterio de control administrativo, pero dicha numeración no aparece directamente en los filmes. Las denominaciones como números especiales tenían un corte más experimental”.

El Nro. 1, al cual se refiere Fernando Villaverde en su breve texto, estuvo conformado por tres notas: Defectos de la visión (directores: Octavio Cortázar, José Limeres), Fauna marina (director: O. Cortázar), y Cómo se hace un cartón (director: O. Cortázar), y como era de esperar en un primer intento, los resultados, de acuerdo al parecer de Villaverde, quedaban en lo que podía esperarse de una primera experiencia:

“Considerando ahora la Enciclopedia desde un punto de vista general, podemos decir lo siguiente: nos parece que le falta a este número una nota de mayor peso, de mayor interés. Creemos que es algo banal en su conjunto, y que para próximos números sería de estudiar la inclusión, en cada una de ellas, de una nota cuyo tema tuviese una mayor trascendencia.

Por otro lado, es de destacar el profesionalismo que se observa a todo lo largo del trabajo. La fotografía, la narración, la banda sonora, la edición, han sido realizadas con un oficio que hace pensar en la posibilidad de alcanzar en muy breve tiempo, un nivel de calidad alto. La utilización de la música y de los efectos sonoros es correcta y aunque en algunos momentos la primera nos recuerda un poco los documentales de variedades norteamericanas, también es cierto que el material grabado en existencia es muy pobre y, casi todo responde a ese tipo de “mood music” enlatada y clasificada como chorizos. Y es justo señalar, que aún con esta falta de material, no ha habido detalles de mal gusto, sino que se la ha sacado un mayor partido a esa música que el que le sacan muchos documentales norteamericanos que la utilizan invariablemente”.

Según el libro editado por la Cinemateca, la Enciclopediallegó a contar con 38 números, siendo el último un material especial rodado en 1963, conformado por dos notas: El círculo de tiza caucasiano (Director: Ugo Ulive) y La viuda alegre (Director: Ramón F. Suárez).

¿Se conservarán copias de estos materiales? ¿Podremos acceder a ellos alguna vez al menos en soporte digital? Una aproximación crítica a esta otra parte de la historia del cine cubano podría revelarnos ángulos novedosos. Sobre todo tomando en cuenta que entre esas notas encontraríamos lo mismo un corto realizado por Titón en su época de Cine-Revista (La Habana 1762), que aquel material rodado por Solás con el título de Minerva traduce el mar (1962), y para el cual le pediría a Lezama Lima un poema que apoyara aquello que ya había filmado.

Juan Antonio García Borrero

UN DÍA RARO, PARA BIEN

Un día raro el de hoy (aunque para bien). Llego a la sala de navegación de la UNEAC de Camagüey, y todas las máquinas están desocupadas.

Lo primero que acude a mi mente es lo negativo: ¡no hay conexión en La Habana!, me digo. Pero no, todo lo contrario: la conexión está de maravillas, y el blog acaba de abrirme con un solo clic. Como si estuviese en el Primer Mundo.

Así que me dedico a navegar sin la prisa habitual, visitando sitios que normalmente, dada la desesperante lentitud de nuestra conectividad, siempre dejo para un después que nunca llega.

Aproveché para establecer un vínculo con EcuRed, y también con La Jiribilla, donde he encontrado tardíamente dos excelentes textos relacionados con el audiovisual joven que se hace actualmente en la isla, y su crítica.

Día raro de verdad, pero para bien…

Juan Antonio García Borrero

PELÍCULAS PARA INCONFORMES, por Helen H. Hormilla y Abel Sánchez

CRÍTICA Y CINE JÓVENES EN CUBA, por Marianela González

UVERO (2011), de Arian Pernas y Alejandro Rodríguez

La lírica remembranza de Uvero

Por: Antonio Enrique González Rojas

En cada plano, movimiento, animación y efecto del documental Uvero (Arian Pernas y Alejandro Rodríguez, 2011; Premio ala Mejor Animación en la 11na. Muestra Joven del ICAIC) la nostalgia impulsa a los realizadores a re-crear la mística bucólica de un lugar de ensueño, no conquistado por el ser humano hasta la deformación de su paisaje y la contaminación de su entorno, sino orgánicamente imbricado el homo sapiens con sus palafitos y muelles rústicos como un factor ambiental más, en pos de existir al son de la sinfonía natural de estos “baños” ubicados en la costa norte villareña.

La obra se sumerge en una marisma de recuerdos felices de una época beatificada por el tiempo pasado que siempre fue mejor. Más que dialogar con la memoria, los testigos y descubrir historia, los jóvenes creadores articulan desde la contemplativa y melancólica añoranza un viaje al pretérito no vivido, fosilizado en las añosas ruinas del lugar y las risueñas fotografías deterioradas hasta lo fantasmagórico.

El valor intrínseco de los muy básicos recursos CGI (a veces parece el mero SketchUp) empleados para resucitar el rústico caserío de naturaleza claramente veraniega, no amerita muchos lauros dado el espectacular desarrollo de este apartado en el mundo y otras dignidades conseguidas en la propia Cuba como el ganador de la categoría en la 10ma. Muestra: La muerte del hombre justo. Capítulo 4 (Adrián Replansky, 2010) y su contrincante Invertebrados (El Muke, 2010), ambos muy superiores técnicamente.

Uvero busca entonces trascender tales evidentes deficiencias desde una voluntad poética que demarca su atipicidad respecto al documental cubano convencional, depositando en las imágenes históricas, las reconstrucciones virtuales y la fotografía toda la capacidad de comunicar sentido. Delata una narración casi errabunda que da la idea de una subjetiva primera persona quien fisgonea en las aguas, piedras, maderos y fotos pasadas, reconjugando en su mente los disgregados elementos naturales y artificiales. La expresividad lírica se aleja de toda consabida “objetividad” expositiva o descriptiva sin abandonar el rigor reconstructivo de las arquitecturas locales.

El dueto Pernas-Rodríguez busca con esta perspectiva emotiva, casi sentimental, ganar la complicidad del espectador, involucrarlo en la melancólica reminiscencia que es Uvero todo y así echar a vagar por los rústicos muelles, portales y los anónimos navegantes estivales.

Bastante atípico es que un material como este prevalezca en el apartado de Animación dela Muestra, normalmente ocupado por ficciones o videos-arte, como bien pudiera catalogarse el mencionado material de Replansky, a la vez que valida para Cuba las posibilidades de la animación como técnica accesoria para implementar obras de no-ficción, algo ya harto empleado por los infinitos audiovisuales de los Discovery, History y Geografic Channels, carentes no obstante en su gran mayoría, de los primados propósitos poéticos que guiaron a estos jóvenes realizadores.