PENSANDO EN SARA GÓMEZ, OTRA VEZ

Hacía rato estaba por responder las preguntas que me hizo llegar mi entrañable Sandra Álvarez, a propósito de la cineasta Sara Gómez, que es su objeto de estudio en una tesis que termina. Sandra ha escrito elogiosamente sobre este blog, pero no es eso lo que me empuja a responderle, sino la seriedad y pasión que yo sé que pone en cada uno de sus proyectos.

 Sus preguntas no solo me han obligado a revisar parte de la obra de Sara, sino también, lo que escribí en su momento. Pero ese tipo de relectura por partida doble siempre resulta beneficioso, porque nos ayuda a naturalizar la idea del conocimiento como algo que permanentemente se procesa, y que siempre nos está devolviendo a una orilla de la que pensábamos nos habíamos alejado hacía mucho tiempo. 

JAGB

En un artículo publicado en La Jiribilla intitulado “Homenaje a Sara Gómez” dices que te has dedicado hablar más de la obra de Sara que de su vida porque “no hay nada más ilustrativo del temperamento de un autor que aquella obra que lega a la posteridad”, ¿es posible entonces encontrar presupuesto feminista en su obra, tanto en la forma como en el contenido?

Ante todo me gustaría dejar esclarecido algo. Me siento muy lejos de considerarme un experto o algo así en los estudios de género. Fueron esas mismas carencias las que me llevaron a fomentar alguna vez en mi blog la discusión en torno a la representación de la mujer en el cine cubano, así como la presencia de estas en la creación audiovisual de la nación. Quedé muy asombrado porque en aquel momento participaron en los debates varias mujeres que argumentaron con muchísima vehemencia sus diversas posturas. Sin embargo, no sé por qué aún tengo la percepción de que nos falta mucho todavía por esclarecer, con un sentido sólido en lo teórico, qué podríamos entender por presupuesto feminista en el audiovisual cubano.

En aquel debate escuché anécdotas, denuncias de discriminación, reclamos para poder filmar con mayor sistematicidad, o con la misma sistematicidad que los hombres, pero eso está bien lejos de cubrir las expectativas que tenemos muchos a la hora de entender las principales demandas del feminismo en el audiovisual de la nación. Sé que se está haciendo un trabajo serio por varios estudiosos (Danae Diéguez, Yasmín Portales, tú misma, por mencionar algunas de las que leo), pero en sentido general me dio la impresión de que muchas de las mujeres que participaron en ese intercambio propiciado en el blog lo hacían con el mismo enfoque patriarcal que ha caracterizado al discurso dominante, solo que las voceras, en esta ocasión, eran mujeres.

Esta introducción es para confesarte que en el caso de mi aproximación inicial a Sara lo que funcionaba era mi interés por examinar su comportamiento, en un contexto donde lo que predominaba era la visión épica y la euforia utópica. Sara se me antojaba algo raro dentro de aquel entorno. No solo por el hecho de que fuera mujer, y negra, sino porque su filmografía intentaba captar, dentro de aquel bullicio, la sutileza de lo singular. Así que más bien han sido con los trabajos de ustedes que comienzo a percibir ala Sarafeminista que, efectivamente, no está asumiendo su rol de directora de cine desde la tradición falocéntrica, sino desde una sensibilidad “otra” que para aquella época, tan marcada por la consigna y el puño cerrado como signo indiscutible de identidad, supongo que no dejaría de surtirle, cuando menos, la suspicacia de los más dogmáticos, o de los simpatizantes del cine explícitamente pedagógico.

Por cierto, que ya va siendo hora de corregir un error que constantemente vamos repitiendo, y que en nada ayuda a entender la trascendencia de Sara Gómez como cineasta. Y es que en realidad Sarita no fue la primera directora del ICAIC, pues en esos primeros años trabajaba allí Rosina Prado, quien hizo varios documentales por la fecha, como ¿Qué es lo bello?, de 1965, o Palmas cubanas, de 1963, que se asoma al fenómeno de la prostitución femenina.

Lo interesante sería comenzar a indagar en la voluntad de distinguirse de esas otras miradas femeninas que hay enla Saraque entonces se iniciaba en la actividad. Estudiar las influencias que otras mujeres cineastas de la época, como Agnés Varda, ejercieron sobre el cuerpo de ideas que fueron conformando la filmografía de Sarita. Esto es algo que todavía está por trabajarse.

 

Para ti, ¿sigue siendo Sara “la cineasta que más se esforzó en poner en crisis [sin pretender suprimirla] la dictadura del canon aristotélico dentro del cine nacional” como bien dijiste en aquel mismo artículo?

Yo creo que sí. Aquella fue una afirmación bastante arriesgada, porque me faltaban cosas por ver. Y además, a Sara le tocó vivir una etapa del cine cubano en la que estaba de moda experimentar, vapulear el modelo hegemónico de representación. Y se hicieron cosas buenas (como Memorias del subdesarrollo) y otras que han pasado completamente al olvido. Pero nadie llegó tan lejos como Sara, que desde el primer filme al último se mantuvo con la misma postura de desafío, de irreverencia. Yo diría que lo que distingue a Sara de otros cineastas cubanos que intentaron lo mismo fue su persistencia, pues hasta Titón vemos que hacia las postrimerías de su carrera abandona esa senda y se entrega a un cine más dentro de las convenciones, sin que ello desde luego le reste mérito a lo logrado.

¿Ya has descubierto la razón (convincente) capaz de revelar el porqué de la vigencia del credo artístico de la obra de Sara Gómez?

No, ese tipo de razón uno nunca consigue tenerla del todo claro. Aquí hay más de intuición que de evidencias. A mí en general me parece que Sara fue una adelantada de muchas de las propuestas estéticas que actualmente están en boga. Ella se anticipó en ver el desgaste que sufrirían las razones de esas cinematografías modernas que entonces discutían en torno al realismo, a la espontaneidad, pero casi siempre inspirados en los avances tecnológicos. En Sara yo lo que veo es una angustia tremenda a la hora de retratar a los seres humanos que entrevistaba. En algunos cineastas, por no decir en la mayoría, el cine suele ser una pasarela para lucir los egos y demostrar competencia técnica, pero en Sara estaba la obsesión por retratar al individuo en su circunstancia. Y este tipo de enfoque jamás pierde vigencia, porque se está asomando al conjunto de problemas que conforman nuestra existencia sin perder de vista la singularidad de los sujetos.

Publicado el junio 12, 2012 en LA MUJER EN EL CINE CUBANO. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

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