OTRAS VOCES JÓVENES SOBRE LA MUESTRA

¿La película de quién?

Por Milena Almira

Sería muy ingenuo pensar que la renuncia de Fernando Pérez, (quien por varios años consecutivos ha estado al frente de la Muestra Joven), no traerá ningún resultado a corto o largo plazo. Me preocupa enormemente la salud de un movimiento que ha logrado abrirse camino gracias a ese espacio de libertad, que a lo largo de once duros pero fructíferos años, ha ganado un terreno invaluable para todos aquellos que se han propuesto expresar ideas a través del audiovisual. Por eso es que una noticia como ésta, lejos de aumentar el escepticismo, debe ponernos a pensar y pensarnos en serio.

A veces las cosas más obvias son las primeras en dejarse entre renglones y en ocasiones en ocultarse. No olvide nadie que la decisión de crear la Muestra surgió de una urgencia de poblar al cine cubano de nuevos realizadores, porque los únicos que había tenían ya casi 50 años o más. ¿Qué queda hoy de esa urgencia? ¿A quién le interesa que se mantenga? ¿Será que ahora hay demasiados y es muy molesto y difícil controlar la avalancha? ¿Será que censurando, acallando, verticalizando, se está actuando real y sanamente en nombre de la “verdad”?

Para nadie es un secreto que cada año se presentan más trabajos en la Muestra. Que ya no solamente las dos escuelas de cine son el cantero fundamental de donde salen los “cineastas”. Los límites se hacen cada vez menos visibles. Hay de todo, pero no todos lo ven. Y la Muestra es uno de esos pocos espacios desde donde aún puede uno formarse una impresión sobre los vientos que determinan las direcciones del cine cubano actual.

Hoy es perfectamente normal tener una cámara digital y filmar con ella cualquier cosa que parezca medianamente interesante. Ya no se trata del cómo. Ahora lo que se impone es el por qué. Y creo que ahí, en ese compromiso, es donde debe radicar también la necesidad de aquellos que nos sentimos parte de este espacio, de no permitir que algo como esto ocurra y que pase desapercibido frente a nosotros. Aguda tendrán que ser las estrategias que habrá que seguir de ahora en lo adelante para no dar un paso en falso que pudiera ser fatal. Es hora de que nos pronunciemos en pos de una solución justa, donde la incomprensión no borre lo logrado hasta el momento.

Alerto sobre el peligro que supone que otros supongan que han ganado la pelea, y que bajo el ardid de los buenos dirigentes, se escuden en la excusa de proponer que ahora la Muestra ya no pertenezca al ICAIC, (para que no haya más este tipo de “problemas”) y que pase a ser enteramente de los jóvenes. ¿Qué lindo suena, verdad? A primera vista parece una oferta tentadora, pues siempre nos hemos quejado de que no actuamos más porque la fiesta nos la hacen otros. Pero habría que ver si, en el caso hipotético que pasara lo primero, podría el nuevo evento sostenerse sin un apoyo institucional, o mejor dicho, teniendo sólo la espalda institucional. Eso sería botar el sofá. Mejor concentrarnos en el peligro al que nos exponemos si no actuamos con cautela, pues sin darnos cuenta, nosotros mismos podemos provocar la desaparición de la Muestra.

Me gustaría pensar que entre los que nos dirigen, existe la voluntad expresa de que aquellos que hemos decidido decir cosas desde aquí, sin otro ánimo que el de contribuir a enriquecer nuestra cultura, podamos seguir haciéndolo en un marco cada vez más democrático e inclusivo, donde confluyan posturas diferentes de manera natural, y que de ese ajiaco puedan salir mejores soluciones para nuestros propios problemas. No los de otros, los nuestros, que al fin y al cabo son los que más nos duelen y más nos quitan el sueño.

No creo que se trate ahora de tomar como pretexto la renuncia de Fernando para hacer catarsis y provocar que una vez más, se nos ignore. Es bueno el momento para analizar críticamente el por qué de esta situación y qué podemos hacer nosotros como grupo (aunque no nos sintamos ahora como tal, pero con la confianza de que tenemos la madera para serlo, sin dudas), para que las consecuencias de esta cadena de sucesos no sean las que años atrás llevó a tantos y tantos sinsabores.

Esto que ha pasado, más que una derrota, es una prueba.  Prueba en la que hay que actuar con más inteligencia que nunca, porque no solo está en juego la permanencia de un evento, sino, creo, la apertura de la brecha que ha hecho posible el despertar de una generación hacia la verdadera conciencia de su momento histórico. Ahora solo resta comprobar si como dice el dicho, nos parecemos más a nuestro tiempo que a nuestros padres.

Si estuviéramos escribiendo un guión, esto que acontece podría considerarse como un gran punto de giro. Habrá quien se pregunte, como buen espectador entusiasmado, qué es lo que sigue y se siente con su maní tostado dispuesto a sorprenderse. Habrá quien se quede dormido porque es demasiado complejo seguir las peripecias de la trama. Habrá quien ya pueda intuir el final. Y por supuesto, habremos los que, queriendo poner nuestro granito de arena, estaremos dispuestos a saltarnos la cuarta pared para intentar transformar el relato. En cualquier caso, todo guión, por muy enrevesado que se torne, tendrá siempre una escena necesaria. Y es esa la que está por escribirse ahora. Probablemente ocurra que muchos renieguen de la obra, diciendo simplemente: Esa no es mi película. Pero si no es nuestra, si no la escribimos nosotros. ¿Entonces quién?

 

Leviatán

Por Leandro de la Rosa Jiménez

Dios mío, los ojos me van a estallar de impotencia, hace casi dos semanas que no descansan pensando en lo que le acaba de suceder a la Muestra Joven. Fernando Pérez renunció. -¡¡¡Wowwww, ahora sí que estamos embarcados!!!- Fue mi primera expresión.

La Muestra no va a ser lo mismo, es como el final de algo, algo que no se puede atrapar con las manos, es un sentimiento muy abstracto. Realmente siento un vacío inexplicable por dentro. Es como si quisieran borrar una palabra importantísima que completa la oración. Yo conocí La Muestra con Fernando y esto me ha knockeado, no quiero a nadie más en su lugar. Y puede parecer un capricho personal, pero por lo que he visto, nadie está de acuerdo con la política exclusiva que se defiende hace mucho tiempo en las Instituciones, y nosotros no podemos seguir observando lo que hemos callado. Está lloviendo sobre lo mojado hace rato y estamos bañándonos con sombrillitas transparentes y con huecos.

Fernando es un tipo brillante, un creador que no podemos dejar pasar sin darnos cuenta de su extra talla artística y humana. Un padre para todos nosotros. Ésta ha sido una de las decisiones más valientes que he visto en mi vida, renunciar a su casa por dignidad. Ha sido fuerte (comparable con Aaron Ralston, que se cortó un brazo para seguir viviendo) Ver a un hombre como Fernando en retirada es alarmante, debe ser muy grotesco el motivo. Y debemos estar a su lado en este momento.

A mí también me preocupa la situación de la Muestra y todo el que ha estado en el quinto piso sabe que ese es un lugar sagrado. Es una mezcla de experiencia con aprendizaje. Cada vez que uno entra allí tiene la libreta lista para tomar notas, pero al mismo tiempo se puede escribir sin que nadie te diga qué.

Hay trabajadores de la Muestra que no van a digerir la ausencia de Fernando y se va a desarticular ese abrigadero del cine joven. Yo no soportaría despedirme de la Muestra Joven, ni de Fernando, ni de Marisol, ni de nadie, las despedidas son sinónimo de derrota y las banderas blancas no se usan cuando se tiene la razón. Y es nuestro momento de decirlo todo. Nosotros(los jóvenes realizadores) debemos defender el seguir haciendo nuestro cine como huellas anecdóticas y no como  esquemas estratégicos para agradar a algunos, con temas refritos e irreales. La realidad no es la misma para todos, déjennos contar la nuestra. Siento que se ha leído demasiado a Thomas Hobbes y Hobbes sabe de qué hablo.

Yo solo llevo dos Muestras, en la pasada tuve 5 cortos y en ésta tengo 2, o sea, acabo de nacer en el Cine, pero en este pequeño período de tiempo he comprendido que el evento tiene algo encriptado que hace que uno lo quiera cada vez más, porque nos hace sentir que tenemos palabra y alguien quiere oírnos.

Hace como 5 meses la Muestra me pidió un spot para su 1er Concierto con Haydee Milanés. Todo fue muy transparente. Nadie cobró ni un centavo por el trabajo. Lo hicimos por una causa que sobrepasa una moneda. La Muestra  se estaba autofinanciando. Nunca entendí cómo un fenómeno cultural tan importante tiene que autofinanciarse, pero es curioso, hay algo que comprendo menos: ¿Cómo les van a regular los elementos internos desde afuera, cuando gran parte se ha producido con sudor extra? No entiendo, y estoy a favor de unirnos para luchar por mantener este espacio de búsqueda y reflexión, y que nuestros padres y madres de la Muestra nos sigan guiando. Nadie cambia de familia así como así.

 

Por el camino del cine joven

Por Hannah Imbert Morell

Todos los jóvenes interesados en el audiovisual nos hemos preguntado alguna vez, ¿a dónde va el cine que estamos haciendo, en qué medida colabora o representa algo dentro de la compleja realidad cubana actual, o simplemente, si lo estamos haciendo bien?

Hacer audiovisuales en nuestro país hoy es una batalla que solo libramos por un amor inmenso e inexplicable por ese arte.  Son luchas que se desencadenan desde el momento exacto en que surge la idea para escribir un guión y que no terminan nunca, ni siquiera después de “distribuido” el material.  Obstáculos de muchos tipos y dimensiones surgen de todos lados, crecen y se hacen infranqueables barreras, motivos de prolongados y molestos insomnios y como grano que colma el saco, de decepciones, desencantos.

No es por gusto que el motivo primero de casi todas las producciones de jóvenes y no tan jóvenes realizadores sea la realidad social cubana, puesto que es una realidad compleja, cambiante, interesante en sí misma como fenómeno. Además, es innegable que la mayoría de las personas hablan o filman sobre lo que saben y conocen, sobre lo que los rodea.

Basta echar un vistazo a nuestro alrededor para percatarnos de la cantidad de creadores que casi semanalmente emigran hacia otros países con el sueño, al menos, de realizar sus carreras fuera de Cuba. Si lo logran o no, si  está o no bien hecho, no es el tema en este momento. Pero sí nos da la medida del desencanto general, de la apatía y la desidia de una generación que representa el futuro audiovisual de la Isla.

¿Qué pasa con ellos, serán los bichos extraños que quieren lanzarse a la debacle que significa hacer carrera en un medio como este, además, con la pesada carga del inmigrante? ¿Será que no sienten aprecio por el país que los ha visto crecer y los ha preparado como los seres humanos que son? No, creo que la mayoría de los creadores cubanos que emigran lo hacen por cansancio.

¿De qué se cansan? Sería muy pretencioso hacer una lista de las cosas que nos frenan, molestan, colman. La mayoría de nosotros estamos cansados de participar en conversatorios, reuniones, congresos, donde las personas a cargo de la dirección nos escuchan y parecen razonar, de donde salimos contentos y optimistas, para luego caer y entender, que nuevamente, nada sucederá. Lo que viene después se convierte casi en un problema de personalidad, están los que deciden seguir, participar en otras reuniones del mismo tipo y repetir las mismas cosas, luchar (como algunos aún le llaman) y los otros; los que se cansan y comienzan a mirarse al ombligo, a sobrevivir, a luchar también, pero para sí mismos. A ambos se le debe respeto. Claro, no hay que valorar al que sin intentarlo, ya vive dentro de su burbuja productiva sin importarle nada más que mantenerla intacta.

Yo soy del primer grupo, del que todavía está dispuesto a decir lo que piensa y tiene fe (quizá no sea la mejor palabra o sí) en que las cosas van a cambiar. Del que no pretende la perfección, que reconoce que todos debemos trabajar en transformarnos constantemente, revolucionarnos hacia adentro antes que hacia afuera. De los que quieren participar activamente, que se nos tenga en cuenta para tomar las decisiones que luego definen nuestro futuro profesional y personal. De los que estamos conscientes del momento por el que atraviesa el país y consideramos que es el adecuado para cambiar todo lo que debe ser cambiado.

Soy del grupo de personas que está sufriendo sin juzgar, la decisión del excelente realizador Fernando Pérez de abandonar la presidencia de la Muestra Joven y creo entender las razones que lo han llevado a tomarla, pero no puedo dejar de preguntarme en esto punto, ¿qué pasará con este espacio? No es para nadie un secreto que este espacio es el que mantiene vivo, con un montón de vicisitudes y obstáculos de todo tipo, el deseo de crear de los jóvenes. Por mucho tiempo ha sido el único espacio que nos muestra, es como si fueran ellos los únicos que nos ven y entienden de la importancia de la distribución de nuestros materiales, de lo imprescindible del intercambio, del diálogo, de acercarnos a las maneras de producir en el mundo revuelto y moderno en el que vivimos.

¿Podemos, después de que alguien como Fernando, se da por vencido, confiar que avanzamos? ¿O debemos tomarlo como un ejemplo de que no hay nada que hacer? Como me niego a pensar que debo quedarme quieta, llamo a todos los jóvenes a luchar por esa muestra, a apoyar, desde los frentes que tengamos a mano por su existencia, por su continuidad. Y no solo debemos pelear por eso, sino porque las cosas que han hecho que  Fernando Pérez deje la Muestra, cambien. Quizá muchos piensen que es una guerra perdida de antemano, pero no por ello debemos dejar de echarla, hagámosle frente a lo que está mal hecho, al anquilosamiento, a las mentes cerradas. Solo así responderemos la pregunta del principio y sentiremos que lo estamos haciendo bien, que vale la pena quedarnos aquí, caminar con la frente alta por las calles y disfrutar de los créditos de nuestra película en los cines.

Créanme, tiene que valer la pena.

 

Todo por la Muestra (notas tardías sobre un suceso)

Por Juan Carlos Calahorra

En nuestro amado país, donde ya tan pocas cosas nos resultan honorables, atentar contra la Muestra, de la forma que sea, con dolo o sin él, es demasiado grave, demasiado fula.

La Muestra va siendo una de las obras más grandes y perdurables que el ICAIC puede exhibir ante Cuba y el mundo. Cuando muchos cuestionan su preeminencia, el ICAIC, serenamente, nos apoya y muestra.

Este instituto estatal, que en plena crisis se elevó a ser nuestro, que nos acogió y puso de su parte, no debería regatearnos su confianza. Ni lo merecemos, ni lo merece, después de todo, él.

Esta institución de la cultura, que tuvo ayer la fuerza moral para hacer frente a parametraciones y disoluciones, debería hoy, más que nunca, dar otra prueba de soberanía y madurez.

Esta cinematografía y sus funcionarios, que tan pocos paradigmas vivos pueden tender como puente, deberían honrar más a nuestro Fernando, no por infalible, sino por limpio.

Nosotros, jóvenes realizadores, cubanos habituados a la omisión culpable, a la queja de temporada, a otra cosa mariposa, deberíamos estar de luto. Un luto también por nuestra cuota de ocio y tardanza.

Ahora me pregunto, ¿tendría el ICAIC la capacidad de sentarse con nosotros, de propiciar un diálogo donde podamos escucharnos mutuamente y hacer algo que repare el daño o evite nuevas heridas?

En lo que nos toca, no nos quedemos tranquilos nunca. No confiemos ni en estas ni en otras palabras. Pero desaprendamos a callar, como ayer aprendimos a acatar.

Por la Muestra, TODO.

 

 

 

 

 

 

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Publicado el abril 4, 2012 en AUDIOVISUAL JOVEN EN CUBA. Añade a favoritos el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. Yo creo que sería bueno que eliminaran la Muestra o al menos despidieran a TODO su comité organizador. Desde hace como 4 años, los trabajos que se presentan NO representan el quehacer audiovisual joven en CUBA, sino la megalomanía habanera de unos pocos pseudos-intelectuales cineastas “wannabe” socios del comité organizador. Lo sé porque he participado en algunas ediciones y he VISTO lo como se mueve el “mantecao”.
    Por allá arriba dicen que ha sido “cantera”… ¿de quién o quienes? ¿Lester Hamlet, Pavel Giroud, y la nueva-ola-Jameson, que ruedan cualquier cosa para lucirse en el Fresa y Chocolate?
    Realmente en Cuba no hay realizadores jóvenes que escapen a la mediocridad o al afán trascendentalista Tarskovskiano. Prueba de esto son las últimas producciones cubanas, independientes o no, infectadas de un burdo e injustificado homoerotismo, en buen cubano: ¿qué pinga es eso?.
    En fin, me encantaría ver a todo esos “cineastas” de la muestra tener que trabajar de verdad.

  2. No encuentro los acentos en este teclado, pero creo que de todos modos me entenderan. Deje el primer comentario porque como individuo, estoy seriamente interesado en aprender a vivir en democracia. Lamentablemente, en no pocas ocasiones tengo que asociar la democracia a la vulgaridad. Y a mi esta ultima no me interesa. Por eso advertire una vez mas que no estoy dispuesto a sacrificar la calidad de los debates por la cantidad de comentaristas. Prefiero quedarme con un grupo de cinco o seis personas a las que les interese la discusion seria, sin prejuicios, a comenzar a contar con comentaristas que lo unico que aportan son lugares comunes, casi siempre escritos desde el resentimiento. Saludos,

    Juan Antonio

  1. Pingback: Penúltimos Días

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