Archivos diarios: enero 14, 2012

REFLEXIONES A PROPÓSITO DEL POST DE MARIO CRESPO

Querido Mario:

Ya te había comentado, en una primera lectura de tu respuesta a Enrique Álvarez, que lo que más me gusta de tu reflexión son las posibilidades que brinda de polemizar, de ponernos a pensar entre todos cuáles pudieran ser las ideas más valiosas, dirigidas a mejorar un proyecto cultural que (incluso los detractores tendrían que reconocerlo), contribuyó a crear una industria de cine nacional. Antes, es cierto que existieron cineastas, pioneros que es ahora que comienzan a ser reconocidos como se merecen (precisamente el ICAIC acaba de publicar la impresionante Cronología del cine cubano, de Arturo Agramonte y Luciano Castillo), pero lo que se dice una industria cinematográfica, no existía.

Esto no significa que debamos concederle al ICAIC los privilegios de un paraíso fiscal, y lo dejemos exentos del registro crítico. Si alguien saldría beneficiado con las críticas de fondo que se le pudieran hacer al instituto sería el propio ICAIC, o mejor aún, el cine que producen. Hablo de críticas que, amén de plantear los problemas, sugieran soluciones, o mejor, caminos novedosos que merecerían la oportunidad de ser recorridos, aunque sean errados. Desde luego, en una nación como la nuestra, donde no nos han educado para escuchar el criterio adverso y ver en esto la posibilidad de aprender algo nuevo, la meta se me antoja una fantasía, o algo a muy largo plazo. Por eso es que, en última instancia, los problemas que hoy en día acosan al cine producido por el ICAIC no resultan responsabilidad del ICAIC como tal, sino del orden de cosas que han configurado a la sociedad cubana en la misma cantidad de años que tiene el Instituto. Lee el resto de esta entrada

MARIO CRESPO A PROPÓSITO DEL POST DE ENRIQUE ÁLVAREZ

Mi querido Kiki:

Me impacta este escrito tuyo, tan lleno de preguntas sin respuestas y, rebosante a la vez, de tantas respuestas encontradas por ti.  Por eso me apuro a escribirte unas notas rápidas.  Entiendo tu angustia, ese grito desesperado que no clama, como bien dices, por volver a lo anterior, sino por ponernos a tono con los tiempos. Pero deseo hacerte notar algo que ya sabes y es  que el cambio no debe ser desde el ICAIC, el cambio se  requiere -se vislumbra claramente en tu escrito- en todo el país, que ha quedado como dices, “desconectado.”

Estoy totalmente de acuerdo contigo, casi nada que agregar. Sí intentaría ensayar una respuesta a una de tus preguntas que es donde me parece ver el meollo de tu preocupación, como aquella de ¿dónde comenzó la decadencia?

Para mí, la decadencia, comenzó a gestarse desde el mismo nacimiento del ICAIC; empezó a morir desde el mismo momento de su nacimiento y comenzó esa muerte por la forma de dirigir de sus fundadores, en ese diseño que todavía persiste y del que tú ahora te quejas.

El ICAIC surgió hermoso, como hermoso era el fenómeno cultural que le dio vida, pero a  imagen y semejanza de aquel: con un jefe, un líder incuestionable e incontestable y una estructura totalmente piramidal y vertical que no se regenera porque no se le permite echar brazos ni raíces profundas y largas que se alejen demasiado del tronco.  Mucho menos regar semillas para el surgimiento de empresas similares  y competitivas. Te recuerdo que no se aceptó nunca la competencia de la televisión, de la Fílmica de las FAR o de otros esfuerzos, impedidos de crecer como la sección de cine del pedagógico donde tú empezaste con muy buen pie, por cierto.  Es viejo el reclamo que persiste para que las obras audiovisuales hechas en la televisión tengan su espacio en el Festival de Cine.  El cuerpo cinematográfico  de un país, no puede crecer de esa manera, está condenado a la inanición y por tanto, a la parálisis y la muerte, atado y mutilado como un bonsái. Eso es lo que estamos viviendo ahora. Las amarras, los cortes y mutilaciones empezaron desde el principio y si resistió  un poco –tal vez hasta los setenta- fue porque estaban allí, todavía dando la cara algunos nombres altos del cine como Titón.  Ya sabemos la suerte de otros realizadores de la vieja guardia. Tal vez algún día aparezcan otros manuscritos y testimonios, firmados por otras manos. Ahora mismo me pregunto qué tendría que decir Luis Felipe Bernaza, Bernabé Hernández, Oscar Valdés, Manuel Octavio Gómez; qué diría Humberto, si lo agarráramos a lo cortico. Y no mencionemos  a algunos de los vivos, ellos todavía están a tiempo de pedir la palabra.

En cartas posteriores a esa misma que mencionas del libro Volver sobre mis pasos, con sólo unos días de diferencia, se advierte claramente la temprana y angustiosa lucha de Titón por ser escuchado, por la ausencia de respuestas del jefe máximo.  Más de una vez, lo dejaron con la palabra en la boca y no hicieron caso de sus propuestas, reclamos, desacuerdos e injusticias con él y otros realizadores.

Hablas del no seguimiento de los productores a las películas y de la inexistente política  para la carrera internacional de las mismas. Tu reclamo de ahora sólo se diferencia de aquellos de Titón en que hoy, contrastadamente, el estado no tiene planificado recursos  para el cine y porque  hoy el cine cubano no está de moda, porque tampoco  está de moda ya  la revolución. Siempre fue así en el ICAIC, esa enfermedad lo carcome desde sus primeros días.

Los métodos autoritarios, las  oficinas cerradas, el asco por los “gordos” de producción, el  desprecio al diálogo con productores, camarógrafos y directores de fotografía, ahora te lo recuerdo, empezó muy pronto.  Era una cuestión de estilo que marcaba la elite dirigente.  La revolución se fue aislando y de la misma manera, se fue aislando cada uno de sus “alter egos” institucionales.

Yo entré al ICAIC a finales de 1975 y ya en ese momento el séptimo piso era un lugar vedado, de puertas cerradas; la oficina de Jorge Fraga en el quinto piso, era para elegidos. Las secretarias de los jefes  eran unas barreras infranqueables. Titón, ahora lo sabemos, se desgastaba escribiendo memos, cartas, reclamos y no tenía respuestas. El ICAIC, que debía su nombre internacional y toda su prosapia a los realizadores, no era de éstos, desde muy temprano. El ICAIC era de su jefe máximo y los jefes  intermedios, empezaron poco a poco a copiar su estilo en sus áreas de mando.

En fin, querido Kike, que en principio (sólo) “fue el verbo” pero de él a las acciones se abrió una gran brecha y  pasada la gloria de los primeros días, el sueño  –verbo- envejeció y  se envileció y con él, los que lo enarbolaron en los primeros tiempos. El cuerpo del árbol fue muriendo a pesar de que los que vinimos después intentamos mantenerlo vivo. Demasiado tarde nos damos cuenta que no se trata  de mantener vivo un solo árbol, es necesario el bosque. Por tanto, no creo que el ICAIC pueda refundirse como árbol (nuevo) ni siquiera re- fundarse. Los tiempos son otros y ya lo vemos venir en todo el país. Ahora,  a los que hacen el cine nacional –entre ellos tú- no les debe  interesar un organismo que les dirija los pasos, no necesitan jefes que los acompañen y les vigilen bien asidos de las manos, sino muchas opciones, muchos espacios libres para la creación.

Los niños lanzaron la regadera, han crecido y se van a buscar nuevos bosques variados, abiertos y libres. Curiosamente “la adultez” está en manos de los más jóvenes. El ICAIC ya jugó su papel y tiene que dar paso a nuevas formas de organización. ¿Si el estilo y el diseño hubiesen sido diferentes, tendríamos hoy un ICAIC diferente? Es posible, pero igual habría tenido que reinventarse constantemente para sobrevivir y eso fue lo que no se hizo.

Hay que seguir regando, sin descanso,  pero en nuevos huertos.

Mario Crespo