Archivos Mensuales: diciembre 2011

EL LARGO Y ESTIMULANTE CAMINO HACIA UNO MISMO

Por estas fechas es común el canje de mensajes donde las personas se prodigan los parabienes. No por tradicional deja de resultar revelador y hermoso este período en que experimentamos, aunque sea de forma breve, esa sutil armonía con el misterioso Ser que moramos de modo transitorio.

En verdad nunca será fácil la vida para nadie. Es pura ficción eso de que se puede obtener la felicidad para siempre. Siempre habrá personas con menos problemas que otras en el plano económico. Y seguirán existiendo los absolutamente pobres (por desgracia, el número de desesperados por un plato de comida incluso en Nochebuena no es reducido; y también sigue siendo obscena la cifra de los que mueren de hambre cada año, aunque parezca de mal gusto mencionarla en estos días festivos). Las hay cultas, y las hay analfabetas. Como denominador común, sin embargo, encontramos la aspiración al sosiego interior, pues todos buscamos una manera de hacer realidad alguna vez esa paz íntima que tanto libelo de autoayuda se empeña en simplificar. Ganar esa paz se nos ha convertido en la más incurable de las Utopías.

Trato de no autoengañarme. Si dije que la vida no es fácil para nadie en ningún lugar es porque tengo la convicción de que su esencia es trágica. Da lo mismo vivir en Camagüey que en Suecia. Por supuesto que respeto a aquellos que encuentran en los consuelos metafísicos una manera de aliviar los rigores terrenales. Pero la lucha por mejorar nuestras vidas, tal como la aprecio, comienza siempre aquí y ahora, sin que ello signifique que no exista un Dios (y todo el tiempo sabiendo que nos espera el límite último de una finitud que deja inconclusos múltiples proyectos). ¿Esa convicción aciaga me hace descreer del optimismo colectivo que acompaña a estos días? Para nada. De lo que reniego con firmeza es del optimismo inútil, asumiéndome en todo caso como un optimista trágico.

Eso quiere decir que, al menos yo, encuentro un tremendo incentivo para vivir en la posibilidad de conquistar una cuota de autenticidad, aunque sea mínima, en medio de un mundo donde pareciera que ya todo está dictado por “los otros”, o por un sentido común que casi siempre parece un sinsentido. Es arduo, pues para ello hay que ensayar un lenguaje propio, en vez de ir repitiendo el que nos imponen desde nuestro nacimiento. Huir también del fetichismo de los cantos de sirenas, que apenas nos permiten meditar en las potencialidades del individuo concreto que somos. Y sobre todo esforzarse en encontrar nuestra voz propia en medio de tanto ruido efímero.

Quizás eso explique por qué me sigo aferrando al blog, y a los amigos que acuden al mismo. Esta ha sido mi balsa mágica en un viaje liberador que asumo más interior que externo. Contar con la complicidad de tantos (muchos más de lo que alguna vez hubiese soñado), va siendo todo un premio. Un gran estímulo.

Y lo deja a uno en la obligación de desear que ese sentimiento de bonanza espiritual que ahora mismo experimento, se duplique el próximo año en la vida de cada uno de los contribuyentes de esta estimulante disposición afectiva.

Juan Antonio García Borrero

REYNALDO GONZÁLEZ SOBRE “VERDE VERDE” (2011), de Enrique Pineda Barnet.

VERDE VERDE: NO APTA PARA HOMOFÓBICOS

Por Reynaldo González

Esta película afronta una realidad poco divulgada y menos estudiada en nuestro medio: las torceduras psicológicas de quienes se escapan de los esquemas y viven su sexualidad de manera tortuosa, acorralados por un entorno que los desprecia antes de comprenderlos. Ellos burlan la galería de tipos establecida por el facilismo, que requiere caricaturas, no personas. Ellos no responden a los seres arquetípicos, a quienes les entregan la dádiva de la tolerancia. Se mueven en un terreno donde esa tolerancia ofende porque traduce la imperdonable altanería del sexismo machista. Se tolera lo que de alguna manera no hallamos correcto, ni compartimos; el gesto de presunta generosidad se congratula con cierta superioridad condescendiente. Es el falso «diálogo» que, desde un desprecio tamizado, se permiten con el diverso.

Los personajes de este drama no satisfacen la carnavalización tradicional sobre el homosexualismo, fiesta insulsa entre individuos superficiales que asumen el esquema del afeminamiento, quizás como reto y refugio. En la pantalla aparecen dos hombres, dos machos que participan en un juego de provocaciones, avances y retrocesos, exploración de sí mismos. Responde a un poderoso imán, no colocado fuera de ellos, porque está en ellos. Afirmándola o negándola, exploran su propia naturaleza. Lee el resto de esta entrada

ROLANDO DÍAZ SOBRE EL CINE CUBANO COMO UN TODO

Hola, Juan Antonio:

Soy de los que, viviendo fuera de Cuba, leo tu blog con interés. Recientemente he visto un post de Gustavo Arcos pidiendo que se vea TODO el cine cubano, incluyendo el que se realiza fuera de Cuba (como en otras ocasiones yo he reclamado) en un hipotético encuentro anual sobre nuestro cine.

Te escribo para hacerme nuevamente eco de esa, por llamarla de alguna manera, solicitud. Es insólito que en los tiempos que corren no se reconozcan determinadas obras como patrimonio del cine nacional. Vuelvo a hablar de mi obra, no me corresponde sustituir otras voces que quizás ni siquiera estén interesadas en esta propuesta, y que conste, que lo hago, sobre todo, desde el respeto. Pero no reconocer la existencia de Melodrama (tú eres de los pocos que lo ha hecho públicamente), Si Me Comprendieras (ni siquiera sé si la has visto), Cercanía o Actrices, Actores, Exilio como parte del quehacer nacional  (y por supuesto no hablo de calidades, estoy dispuesto a toda tipo de polémica) me resulta cuasi patético, si no fuera por el dolor que me causa que para nuestra gente siga siendo sólo el autor de algunos noticieros, documentales y de Los Pájaros Tirándole a la EscopetaEn Tres y Dos

Sé que algunos censores al hacer referencia a la palabra  dolor, sentirán que se han salido con la suya… Triste papel el de aquellos que se consideran Yoes Supremos de la Cultura, qué ironía, qué pobreza de espíritu.

Feliz año para ti y para todos los lectores de tu blog.

Rolando Díaz.

HISTORIA DE UN BALLET (SUITE YORUBA) (1962), de José Massip

Ficha técnica:

(1962)/ 30’/ D: José Massip/ P: Antonio Henríquez/ G: José Massip/ F: Jorge Haydú/ E: Mario González/ S: Eugenio Vesa/ Actúan: Conjunto de baile del Teatro Nacional de Cuba.

El coreógrafo y los bailarines del Teatro Nacional montan un “wemilere” en honor de un santo pagano y van a aprender este arte de los anónimos artistas del pueblo. En el filme los ensayos se mezclan con la presentación teatral.

“No estoy conforme con mi trabajo en el campo documental. Del mismo, lo único que me satisface en alguna medida, son dos cosas: una, la secuencia final de Historia de un Ballet, donde creo haber logrado una cierta poesía del movimiento (siempre he tratado de buscar una poesía en mi trabajo en cine); otra, mi trabajo junto a Joris Ivens, que significó el contacto con una inteligencia y una sensibilidad excepcionales que ha sido decisivo para mi formación como cineasta. De todas maneras, quizás el no estar conforme con mi trabajo en el documental, sea debido a que probablemente, mi verdadera vocación es el cine-ficción” (José Massip).

“José Massip continúa en Historia de un Ballet la línea iniciada en su primer documental: Los tiempos del joven Martí (¿la más cercana a su sensibilidad?): encontrar en las raíces de nuestra nacionalidad sus relaciones con el presente, sus aspectos más vigentes y viceversa. Así Historia de un Ballet no es solo la historia del ballet Suite Yoruba, de sus ensayos, de los estudios preparatorios que realiza el coreógrafo y el diseñador, etcétera; es también y fundamentalmente, la raíz histórica que sustenta esa determinada manifestación artística actual que es el ballet Suite Yoruba. Un planteamiento así que evitaba el camino fácil de la divulgación cinematográfica del ballet, exigía del director concentrar todos sus esfuerzos en resolver ese análisis, más que cualquier otro, en términos artísticos. Sin embargo, es en la última parte, justamente cuando el ballet teatral es divulgado como espectáculo, que el documental –con una excelente edición- alcanza su momento más alto, su momento más artístico. El resto, es decir, todo lo que antecede a ese momento es desigual pese a la fotografía de Jorge Haydú que mantiene casi siempre un nivel profesional. Massip no podía dejarse tentar por una actitud sociológica, como lo demuestran algunas escenas donde el texto se hace francamente didáctico, en detrimento de la solución artística que le exigía su propio planteamiento” (Julio García Espinosa).

“(…) En los años sesenta, el cine cubano se hizo en blanco y negro. Estos fotógrafos hicieron los primeros trabajos en color como Haydú con Historia de un ballet que es realmente notable utilizando el color. Visto años después se ve como algo novedoso, con una utilización extraordinaria del color y del montaje. Hay un trabajo en la iluminación que no ha envejecido y en el caso  de Jorge Herrera con Los días del agua, una película muy experimental desde el punto de vista de la imagen y el color. El cine cubano en color se caracteriza, y esto es un ejemplo, por ser una cosa totalmente anticonformista” (Raúl Rodríguez, director de fotografía)

Premios:

Gran Premio “Paloma de Oro”. V Festival Internacional de Cine Documental y de Cortometraje, Leipzig, R. D. A., 1962 // Diploma de Honor. IX Festival de Cine de Cortometraje. Oberhausen, R. F. A., 1963 // Primer Premio “Medalla de Oro”, VI Certamen Internacional de Cine Documental Iberoamericano y Filipino. Bilbao, España, 1964 // Mención de Honor. VI Semana Internacional de Cine en Color. Barcelona, España, 1964 // Primer Premio “Carabela de Oro”. II Festival Internacional de Arte Cinematográfico. Lisboa, Portugal, 1965.

MAÑANA, EN LA SALA CARACOL DE LA UNEAC, DOCUMENTAL DE ENRIQUE COLINA.

El Centro Teórico-Cultural Criterios y la UNEAC, en el espacio mensual de exhibición y debate Ver para Creer presentan mañana jueves 22, a las 4 pm (Sala Caracol de la UNEAC) el documental, Los bolos en Cuba y una eterna amistad, dirigido por Enrique Colina.

Sinopsis:

Un acercamiento reflexivo utilizando imágenes de archivo y entrevistas a casi tres décadas de presencia soviética en Cuba. Las marcas o huellas que tanto en el orden individual como social o ideológico dejó en la isla esta relación. El documental tiene poco más de una hora de duración, será presentado por el propio autor y posteriormente, como es habitual en este espacio, tendrá lugar un debate con los realizadores.

 

EL AUDIOVISUAL CUBANO EN EL 2011

Esta relación de materiales audiovisuales exhibidos en Cuba este año, y que me envía la directiva de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica con el fin de seleccionar “lo más destacado”, puede contribuir a concederle todavía más solidez a las demandas de Gustavo Arcos, Jorge Luis Sánchez y Sergio Benvenuto, en cuanto a la urgencia de implementar nuevos espacios, nuevas estrategias de promoción y exhibición del audiovisual cubano.

En lo personal, no votaré. Una cosa es comentar aquello que más nos ha impresionado en estos últimos doce meses transcurridos, de acuerdo a lo que se ha visto, y otra pretender establecer tablas de valores desde un subjetivismo feroz, con la agravante de que no he podido apreciar ni siquiera la mitad de los materiales que se anuncian.

No critico a quien lo haga, pero a mí me hace sentir incómodo hablar maravillas de diez filmes que han sido exactamente los que he visto, porque son los que el ICAIC distribuye de un modo más o menos “normal”. ¿Qué hago entonces con aquello que sigue siendo rehén de las sombras?, ¿sigo contribuyendo con mi pasiva aceptación de este orden de cosas a legitimar un canon que es diseñado desde un centro de poder? Cada cual que haga lo que entienda pertinente, pero mi criterio es que actuando así, lejos de resaltarse la posible fortaleza del audiovisual cubano, lo que se hace es empobrecer aún más ese concepto ya empobrecido que tenemos del cine cubano.

De todas formas publico la relación en el blog, porque puede funcionar como mapa general, y tal vez estimule a poner en marcha algunas de estas ideas que se vienen comentando aquí.

Juan Antonio García Borrero Lee el resto de esta entrada

NUEVAS REFLEXIONES DE GUSTAVO ARCOS

Juany, Jorge Luís, Sergio, amigos y amigas del blog:

En un post anterior, aprovechando la clausura del 33 Festival de Cine, preguntaba: ¿Qué entendemos hoy, por Cine Cubano? La interrogante es sencilla y aunque muchos pueden considerarla trivial o demodé estoy seguro que tendríamos múltiples respuestas a ella. Decía también, que resultaba alentador apreciar cómo, a pesar de la escasez de recursos, se estaban produciendo una decena de largometrajes al año y cientos de documentales, animados, telefilmes y cortos. Tengo sin embargo la percepción (creo que compartida con muchos otros) que esa eclosión productiva se mueve sobre una superficie irregular, caótica, muchas veces confusa y hasta ilegal. Lamentablemente se observa también una dispersión total de realizadores, un distanciamiento entre funcionarios, creadores, críticos y promotores, una suerte de sálvese quien pueda, donde algunos solo se miran al ombligo, librando peleas individuales, entre insultos y desprecios mutuos, con o sin razón pero que poco favor le hacen al rescate de nuestra cinematografía. Porque de eso se trata, de salvar, recuperar, reconstruir y rediseñar, ese proyecto de extraordinaria trascendencia que fue el Cine Cubano.

Desde hace al menos tres años, por ejemplo, se viene insistiendo en la necesidad de implementar una Ley del Audiovisual que incluya la justa demanda de los artistas del sector a ser reconocidos con creadores autónomos, teniendo en cuenta las nuevas realidades económicas, sociales y tecnológicas que existen en la isla. Se habla incluso de revisar la extraordinaria Ley 169 que hace ya más de 50 años permitió la creación del ICAIC. Se habla de muchas cosas, pero, siento que poco se hace. Como un rompecabezas, tenemos múltiples piezas, pero ninguna imagen concreta. Así que, como dijera Jack el destripador: vayamos por partes.

Es un hecho que la tecnología y el desarrollo actual de los medios ha provocado una atomización de la producción audiovisual. Las Escuelas de Cine, los talleres y cursos alternativos y la pasión que muchos sienten por este arte, ahora al alcance de millones, genera un tipo de creador autosuficiente o autónomo que piensa y trabaja bajo diferentes formas de producción. La dinámica de la creación ha cambiado completamente en la isla y las instituciones, las leyes o el gobierno deben de una vez encarar este asunto que ha sido dejado, como los griegos, para las calendas. Hay un extraordinario talento que se pierde pues cree encontrar fuera “de las industrias oficiales” o el país, su verdadero y rápido camino al éxito. Son pocos los jóvenes que encuentran real estímulo en producir dentro de la “industria” pues encuentran mayor libertad creativa y beneficios salariales, conformando pequeños grupos artísticos para ser contratados. No son pocas las obras realizadas bajo el sello ICAIC que han sido conformadas en algunos de sus momentos, sobre todo si de posproducción se trata, en entornos privados. La realidad es que hoy, la mayor parte de los creadores pide, se les otorgue un marco legal y justo para ejercer de forma independiente sus oficios y habilidades. Pagarían sus impuestos y tendrían las mismas obligaciones y derechos que cualquier otro ciudadano del país. Pero no resulta cómoda esa ley para el Estado quien, dueño de los medios de difusión y las salas de cine, ha determinado hasta el día de hoy, qué, cuándo y cómo se ve una obra audiovisual. Un “destino manifiesto” que se ha vuelto inoperante, barrido por las múltiples formas de realización, promoción y difusión alternativas, existentes.

Ese panorama fragmentado reporta igualmente la notable apatía del espectador cubano que apenas va al cine durante el año y que ha encontrado miles de resquicios ( burlando también las leyes) para ver filmes, series, programas de televisión, espectáculos deportivos y de todo tipo, sin necesidad de moverse de sus hogares. Ya no es el Estado, sus instituciones culturales, o sus medios de difusión los que deciden lo que vemos, sino el vendedor de discos piratas de una esquina o un amigo con una antena parabólica. Tal desafío cultural no ha encontrado una respuesta coherente, ni responsable en las instituciones. En el campo del cine vemos como los festivales y eventos languidecen, por la falta de presupuestos o de conceptos que los legitimen. Casi todos se parecen y sus organizadores no cuentan con amparo legal para realizar formas de autogestión que los lleven más allá de puntuales experimentos de laboratorio, que rara vez se integran a la comunidad y la trasciendan una vez finalizados. La promoción del cine nacional es sosa e insuficiente, las copias piratas de nuestros filmes y documentales llenan los estantes de los vendedores particulares que a rio revuelto obtienen las ganancias de los pescadores, porque, a fin de cuentas, cuándo “la industria oficial” se preocupó por lanzar casettes o discos con los filmes nacionales. Se llegó tarde a este mercado y solo tímidamente se han visto en los meses recientes algunos lanzamientos en soporte DVD de nuestras producciones. ¿Dónde hay tiendas para adquirir estas películas? ¿Cuántas hay en la isla, especializadas en los productos asociados a la industria del cine? ¿Qué ocurrió con las decenas de salas de video que serían administradas por la UJC o la AHS? ¿Por qué si el audiovisual está en el centro de nuestras vidas no se imparte en ningún nivel de nuestra enseñanza? La carencia de espectadores o de su inmovilismo ha llegado al punto de reconvertir nuestras maravillosas salas, en sitios para conciertos de agrupaciones populares, shows humorísticos y… ¡transmisiones de futbol internacional!

Los espectadores, sin embargo están ahí. Solo hay que ir a buscarlos y motivarlos a que dejen por un rato sus telenovelas y series para que regresen al cine. Pero estoy hablando de un cine donde pueda disfrutarse de un auténtico espectáculo de imágenes y sonido, no un local maloliente y descaracterizado que proyecte oscuras figuras en movimiento. Apoteósica por ejemplo, ha sido la recepción de filmes como Habanastation y Juan de los muertos. Pero atención, ambas son producciones gestadas desde espacios, grupos y sujetos que se mueven en la periferia de la industria oficial. Sus propios realizadores y equipos de producción, integrados mayormente por jóvenes sin aparente experiencia, han empujado con eficacia ambos proyectos utilizando diseños de promoción mucho más agresivos y funcionales que utilizan espacios tradicionales como virtuales. Los resultados son evidentes y muestran una señal de que hay que articular nuevas formas de pensar el cine si se quiere con seriedad rescatar ese valor para la cultura nacional.

Gestar una Semana de Cine Cubano, no debe verse como una competencia, ni sustituto al Festival de La Habana, ni a ningún otro. Es una urgencia. Se trata de diseñar un espacio para que el cine cubano todo, encuentre su lugar. Un sitio para dialogar con los espectadores, los críticos, los especialistas y los artistas que lo hacen posible. Una verdadera fiesta de imágenes y proyectos, una muestra sin rivalidades, premios, ni competencias, que dedique cada día sus jornadas a la exhibición de nuestras películas, sin limitaciones por su género, soporte, extensión o formas de producción. Un lugar que honre a nuestros artistas y técnicos, jóvenes y veteranos, mujeres y hombres que se sientan mimados por el público y las casas productoras para las que trabajan. Debe ser una vitrina y un lugar de encuentros, que promocione el cine y el audiovisual nacional, pero que también lo piense, debata y avizore su destino. Y cuando hablo de cine cubano incluyo por supuesto todo aquel realizado dentro y fuera del país por cineastas cubanos, por todos aquellos que sin importar el sitio donde se encuentren hoy, sientan que esta pequeña isla del Caribe sigue siendo su lugar, su cultura, sus sueños y su pasión.

Gustavo Arcos
Diciembre 2011

SERGIO BENVENUTO SOLÁS A PROPÓSITO DEL POST DE GUSTAVO ARCOS Y EL TEXTO DE JORGE LUIS SÁNCHEZ.

Sobre la eclosión del cine independiente nacional, el emergente audiovisual  cubano y la necesidad de nuevos espacios de exhibición o debate.

Por Sergio Benvenuto

Los últimos veinte años han cambiado mucho nuestro país pero el cine y el audiovisual cubanos requirió de una década de espera (la de los noventa) para reaccionar y reacomodarse a la crisis y las transformaciones económicas y sociales. Este proceso de reacomodo fue acompañado con el surgimiento de propuestas como la de la Muestra de Nuevos Realizadores y el proyecto del Festival del Cine Pobre Humberto Solás (2001-2011), etapa en la que paralelamente al debut y fuerza propulsiva del proyecto de Gibara, inaugurado en 2003, múltiples espacios que en su mayoría ya existían encontraron la posibilidad de consolidarse y por primera vez figurar junto al Festival de la Habana brindándose entonces un escenario de eventos diverso y armónico.

El panorama audiovisual nacional confronta actualmente otros desafíos, pues  ante los nuevos cambios que se plantea la nación la institucionalidad en el cine se encuentra desarmada dado que hoy presenta un deterioro que la incapacita a liderar proceso alguno. El ámbito cultural, y no exclusivamente el del ICAIC, sufre de un  inmovilismo preocupante, a lo que se suma con desproporción la torpeza y la miopía de aquellos que han interpretado la necesidad de ahorrar como oportunidad de cercenar o destruir todo aquello que por su eficacia y brillo amenaza a una ineficaz burocracia cultural que convive en nuestros días con este ámbito tan diverso, sugerente y creativo.

Al margen de las dificultades que enfrenta el festival capitalino, sigue siendo éste el espacio social y comunitario cultural más excepcional, por ello es un Festival que debe protegerse aunque le debamos exigir la coherencia adecuada, pero sin perder de vista su  importancia, complejidad y trascendencia continental. Cualquier propuesta que implique o sirva a actores oportunistas, incluidos los ataques desmesurados al evento habanero, no será constructiva para el ámbito audiovisual cubano en general. El Festival del Nuevo Cine Latinoamericano ha de aprender de los errores de esta edición de 2011  dado que sus organizadores han recibido múltiples señales y avisos, pero es preciso entender que un proyecto de su dimensión para sobrevivir ha requerido de consolidar estrategias y de procurar la gestión de fondos para su ejecución; y en esta ocasión a pesar de las carencias evidentes pudimos ver también numerosos filmes de todo el  orbe, adquirir con facilidad un diario de calidad, y a pesar de sus contracciones o de los deslices en la programación, la Habana volvió a lucir su diciembre de multitudes ávidas de espiritualidad, mientras un ICAIC apagado y pesimista amenaza con sucumbir. Y por suerte para todos, de la catarsis detonada por las torpezas, emerge la oportunidad de prestar atención a Vinci, de Eduardo del Llano, y a Verde Verde, de Pineda Barnet, de manera bien exclusiva, quizás dos de los proyectos de largometraje más interesantes del año. Podemos deslindar esto, que es parte de lo fundamental, de la hojarasca que afloró públicamente. Finalmente los únicos protagonistas verdaderos están siendo los más osados cineastas quienes sobrevivirán sin dudas a esta nueva etapa de desvaríos.

Nuevamente y de manera muy atinada se coloca sobre la mesa, con la propuesta pertinente de Gustavo Arcos y los avales de Jorge Luis Sánchez, la necesidad de forjar un nuevo espacio audiovisual y cinematográfico nacional que se dedique a propulsar todo lo cubano, sin distinción de origen y formato. Un espacio, agregaría,  que sirva para retomar los ¨debates¨, pero que de una vez en esta ocasión estén dedicados a nuestro cine anterior y al actual, a nuestra memoria y a nuestros autores; un espacio integrador y no manipulado que respete los intereses y las necesidades de los cineastas y realizadores cubanos, que se aparte del oportunismo arribista y lo demuestre también admirando lo que otros foros han logrado (La Habana, la Muestra de Nuevos Realizadores, el Taller de la Crítica, etc), y por ende, que contribuya democrática y teóricamente al diseño de una nueva política adecuada al presente para el cine y el audiovisual nacional y erradique el ¨olvido¨, a mi modo de ver, una de las urgencias principales que enfrentamos todos.

Este eventual espacio audiovisual tendría que surgir en sintonía con las nuevas necesidades de los cineastas – en diálogo con ellos –  por lo que no debe representar a una sola institución o grupo de intereses en el medio audiovisual, pues no serviría de nada y no entenderíamos ni resolveríamos entonces el adecuarnos a los nuevos tiempos en los que se ha consolidado saludablemente una diversidad de propuestas y la autonomía de los autores, cuando nos corresponde entonces fortalecer y adecuar las estructuras de apoyo, de producción, distribución y promoción del cine y el audiovisual a esta nueva realidad concreta del panorama audiovisual y del cine cubano que enfrenta igualmente numerosos retos. Un espacio así, paralelo y no domesticado, fortalecería también al ICAIC actual, pues lo conminaría a evolucionar, a adecuarse, y especialmente a no sucumbir envejecido e inmóvil.

La Habana, 18 de diciembre de 2011

JORGE LUIS SÁNCHEZ A PROPÓSITO DEL POST DE GUSTAVO ARCOS

Juan Antonio:

Casualmente, por estos días me siento aborrecible. Padezco del síndrome de la croqueta. Esa fatalidad de estar entre acorazadas tapas de pan ejerciendo cada una su cuota de fuerza, mientras la croqueta queda ahí, a merced del centro, soportando dentelladas. Por culpa de esa imagen impotente me animo a escribirte, después de leer las ideas de Gustavo Arco publicadas en tu blog, específicamente las contenidas en el último párrafo, pues hace unos cuantos años sugerí la estratégica conveniencia de diseñar este tipo de evento.

Cuantitativamente, en aquellos años la producción de cine del ICAIC era inconstante y era una verdad que la idea no tendría mucho sentido. Ahora cuando crecientes fuerzas producen filmes, se necesita de un espacio convenientemente lúcido para remover conceptos sobre cada esfuerzo que terminamos convirtiendo en largometraje de ficción, documental y animado.

En medio de un país que quizás debe estar celebrando entre anual, y bianualmente, más de una decena de Festivales y Festivalitos sobre cine, ninguno está diseñado para confrontar y exhibir tonos y matices de toda la producción nacional. Los perfiles de esos eventos, legítimos, alientan intereses específicos según sus objetivos.

Si verdadera, y sosteniblemente, aumenta la producción cuyo principal contrasentido es que el dinero que pagan los espectadores en taquilla no sirve todo lo que debiera para invertirlo en la producción de un filme, urge esa idea que ahora reactualiza Gustavo. No apoyaría una vitrina, si no lúcidos espacios para debatir sobre una variedad de cruciales asuntos que, al menos yo, croquetamente hablando, no acabo de encontrar donde ventilarlas. Aunque escribo por mi, no creo que sea diferente para el resto de los que hacemos cine. Y hay ríos revueltos. Desafueros. Cansancios. Desconciertos. Suplantaciones. Cansancios.  Avestruces. Ignorancias. E ideas sobre el fin de una institución sin siquiera tener en cuenta la opinión de los cineastas; las croquetas. Aclaro que cuando escribo cineastas no estoy refiriéndome únicamente a los directores, sino a todos los artistas que intervienen en el proceso de creación del filme.

Frente a la dispersión, el diálogo. Escucharnos sobre las formas de producción, la tecnología, la dramaturgia, el tipo de cine que hacemos, los públicos, la crítica, la diversidad, la proyección internacional de lo que hacemos, el mercado, qué no es cine cubano, qué no es cine latinoamericano, la piratería, entre muchísimas cuestiones de actualización y supervivencia para el cine cubano todo, incluyendo algo tan aparentemente lejano como que en Cuba se acabe de legislar una Ley de Cine.

Sirva de ejemplo como va durando la inercia con que seguimos esperando del público el apoyo en taquilla a nuestro cine. Es una garantía que creemos eternamente renovable, pero que puede gastarse mientras nuevos y viejos obstáculos acechan como para que los cubanos no pongan un pie en una sala de cine.

Si como parece, que próximos filmes por estrenar sacarán nuevamente a los cubanos de sus casas, avivemos con luz larga esa saludable cresta, tan necesaria entre los cineastas, los espectadores y la cultura de este gran país.

 

Jorge Luis Sánchez

 

GUSTAVO ARCOS SOBRE EL RECIÉN CONCLUIDO FESTIVAL DE CINE DE LA HABANA

Juany:

El Festival terminó. Una decadente ceremonia de clausura, donde fueron literalmente despachados los premios, sin brillo, ni emoción, cerró las cortinas de la edición número 33 de este evento. Recuerdo aquellas sensaciones que por décadas despertaba el mismo, entre los que amamos el cine. Una cita trascendente en nuestras vidas, esperada cada año con impaciencia y recibida con extraordinario placer. No solo eran los filmes, sino el ambiente todo que se respiraba en los debates, las conferencias de prensa, las presentaciones especiales, los jardines del Nacional, los pasillos del ICAIC y las fiestas, a las que casi todos podían asistir. El Festival era realmente un acontecimiento que trastocaba la vida de muchos, cineastas, artistas o simples espectadores.

Pudieran decirse muchas cosas sobre estos eventos, contar anécdotas, recordar sus momentos sublimes y también dramáticos. Nada es perfecto, la felicidad no es eterna y aunque eran festivales “en pesos cubanos” todos los disfrutábamos con verdadera pasión. Los tiempos son diferentes y lo que por muchos años fue el casi único evento de cine latino en el mundo, hoy debe coexistir con decenas de ellos, más generosos y promocionados. Pero no será éste, el texto que reflexione sobre la posible pérdida de identidad que tiene el Festival, sobre su concepción y organización actual o sobre las maneras que el comité de selección procede. Por el momento solo me interesa hacer algunas observaciones tomando como centro  el cine cubano y entiendo por ello, a todo lo que en materia de imágenes audiovisuales se viene produciendo en la isla.

Primero: No recuerdo un Festival con tantas películas cubanas terminadas y listas para exhibir. Sobre la mesa de los organizadores han estado filmes intimistas con poéticas singulares y personales como La piscina, Vinci, Chamaco, Marina o La guarida del Topo. Relatos casi minimalistas, rodados en espacios cerrados y con apenas recursos que han compartido cartel con propuestas genéricamente más convencionales, como Fábula o estructuradas sobre diseños de producción y  estrategias de promoción mucho más ambiciosas, como Habanastation y Juan de los Muertos.

Segundo: ¿Qué es el cine hoy? Como responder a esa cuestión pudiera llevarnos demasiado tiempo, solo quiero apuntar que los que piensan el Festival deben actualizar sus ideas al respecto y atender a propuestas que, por ser realizadas en un entorno como el de la televisión, no dejan de tener fuerza e interés artístico, siendo de tanta o mayor validez que las que se realizan por el ICAIC. Ni el  soporte, el medio o el formato deben ser objeto de exclusión hoy. Filmes como Extravíos y Del otro lado del velo, no son menores por el simple hecho de estar generados en la televisión nacional. Hay que entender de una vez que los creadores y las historias interesantes están ahí, y mientras no tengamos una industria competente y estable, con recursos para enfrentar todo tipo de propuestas, los artistas buscaran las formas de sacarlas adelante, a través de aquellas instituciones, grupos creativos o casas productoras que le den la posibilidad. Da la impresión que las obras producidas por la televisión, la Facultad de Medios Audiovisuales del ISA o los grupos alternativos de video están condenadas a ser colocadas en la sección Hecho en Cuba, un profundo saco donde, como un consuelo, cabe “todo lo otro”.

Tercero: El gran suceso del Festival fue Juan de los muertos. La primera película cubana de zombis que capitalizó muy bien una estrategia de marketing que la mantuvo “oculta” al público nacional durante meses, mientras recorría con éxito otros festivales. Tumultos, peleas y largas colas acompañaron sus escasas proyecciones que se vieron coronadas con el Premio del público. Como toda “primera vez”, Juan.., ocupará su lugar en la Historia del Cine Nacional y un análisis de sus valores o deficiencias artísticas quedarán pendientes para otra ocasión. Por el momento, debo resaltar su diseño de producción, tal vez inédito en nuestro contexto, la ingeniosidad de muchos de sus diálogos y la voluntad desmitificadora y arriesgada de sus creadores quienes juegan, se divierten y parodian elementos, figuras y componentes no solo del cine clásico sino del discurso simbólico construido sobre la nación.

Cuarto: Varios realizadores expresaron molestias por la forma en que sus obras fueron apartadas del concurso oficial. Todo evento tiene sus “políticas o leyes” y también su comité de selección. Se trata de un Festival de Cine Latinoamericano, no de cine cubano. Hoy se están produciendo casi una decena de películas al año, cientos de documentales y cortos generados, no solo por el ICAIC, sino también por otras fuerzas creativas. Inscribir las obras no es un pasaporte seguro a su inclusión en el programa principal. Alentadora resulta la reanimación de la producción y mientras más filmes se hagan, mayor deberá ser la ganancia de la industria y el arte del cine en el país. Eso exigiría mucho más a los encargados de seleccionar las películas pues mientras este Festival siga siendo el único y más relevante de su tipo en la isla, tendrán ellos que legitimar (de ahí su responsabilidad) entre cientos de obras, aquellas que verdaderamente representen la mejor búsqueda en el plano estético y artístico. Pudiera decir además que si usted no cree en los festivales, los premios y los jurados, si le parece que todo esto es una pasarela, fuego fatuo, un acto trivial o un juego del poder para congraciarse con los artistas, sencillamente no inscriba su obra pues lo verdaderamente importante es que usted crea en ella.

Quinto: Llamó la atención el radical corte que se le hizo al documental cubano. Solo uno, entre cientos filmados durante el período, fue seleccionado al concurso principal. Los otros, incluyendo también a los cortos de ficción, quedaron ubicados en la sección Hecho en Cuba. ¿ Debemos dar la razón a los que hablan de una profunda crisis del género en el país?. Sabemos que, lamentablemente, hay muchos reportajes o crónicas periodísticas de fuerte marca televisiva que pasan por documentales. Hay una seria confusión en cuanto a lo que se espera hoy, de éste modo de expresión artístico. Sea lo que sea, algo está ocurriendo y tal vez, la marcada “exclusión” sea un llamado de atención a los autores e instituciones que se ocupan de producirlo.

Sexto: Como soñar no cuesta nada, sería oportuna la idea de organizar de forma oficial y “con toda la energía posible” una Semana de Cine Nacional. Un evento anual que permita la inclusión de TODA la obra audiovisual generada en la isla durante un año. Soñar con pre-estrenos de filmes, maquetas y trailers en las pantallas. Diseñar espacios para el debate del cine nacional, el diálogo entre los artistas, el descubrimiento de nuevos talentos, la presentación de nuevos proyectos o la realización de talleres de guiones u otras especialidades. Asaltar las páginas webs, los blogs y los sitios interactivos con reflexiones y comentarios acerca del cine nacional. Comercializar libros, revistas y DVD con los filmes nacionales. Propiciar espacios en las universidades, las comunidades y la televisión donde se hable del cine cubano e interactúe con sus protagonistas. No se trata de una Muestra de Nuevos Realizadores, un Cine Pobre, Santiago Álvarez o un Almacén de la Imagen, eventos todos legítimos y que tienen sus propias convocatorias o limitaciones. Se trata de diseñar una semana de auténtico y único cine cubano, sin premios, ni jurados, una fiesta de imágenes que permita a la industria lanzar sus proyectos, a los creadores alternativos encontrar un espacio, a los autores mostrar sus obras sin importar la edad, el género o el soporte y al público encontrar de nuevo su amor por las salas de cine.

¿Los sueños, sueños son?.

Gustavo Arcos.