Archivos diarios: noviembre 25, 2011

NEOANALFABETISMO, NUEVAS TECNOLOGÍAS, Y CULTURA EN CAMAGÜEY (3)

Lo que más me gustó del encuentro que sostuvimos el pasado miércoles en “La Ciudad Simbólica”, es que dejamos a un lado el trillado sollozo tercermundista, y nos concentramos en imaginar las cosas que se podrían hacer con lo que ahora mismo tenemos.

El indiscutible subdesarrollo tecnológico que padecemos, sumado a una estrategia institucional que (desde mi punto de vista), todos los días es superada por la implacable sentencia de la realidad, no justifica la abulia de muchos de nuestros intelectuales (al menos en Camagüey) hacia estos asuntos. Creo que al final se cumplió el objetivo perseguido: sembrar inquietudes en las mentes, más que pretender resolver problemas que sólo el tiempo podrá depurar.

Por lo pronto, las instructivas intervenciones de Oscar Casas, webmaster del Portal Príncipe, y Lázaro David Najarro Pujols, nos dejaron ver cuánto puede aprovecharse el impacto de las redes sociales, por ejemplo, en la promoción y mercadeo (sí, porque al menos a mí me parece superficial la satanización que muchas veces hacemos del mercado) de nuestra cultura. Yo pienso que en vez de atacar en bloque todo lo que hace “el enemigo”, se pudiera estar atento a lo que ya es una realidad inevitable, y poner en práctica aquellas ideas que pueden beneficiarnos.

Pondré un ejemplo personal. El otro día por casualidad tropecé en Internet con una librería en los Estados Unidos que tiene varios de mis libros. Y “Bloguerías”, por mencionar uno, que aquí cuesta seis pesos moneda nacional (unos treinta centavos en moneda convertible), allí se vende a diecinueve dólares más diez de envío. Está claro que de esa venta no percibo un centavo, pero a mí no me molesta porque en el fondo eso es promoción. Lo que no me explico es por qué la UNEAC de Camagüey no podría tener su propia librería electrónica, y comercializar las obras de sus escritores por esa vía, y ya de paso obtener ingresos.

Ya sé que hay criterios encontrados sobre la razón de ser de la UNEAC, y que la comercialización no entra dentro de sus objetivos. O al menos dentro de sus propósitos esenciales. Pero la UNEAC nació en un momento en que la actual revolución electrónica ni siquiera se sospechaba, por lo que permanecer como si nada pasara ante las nuevas demandas de la época lo único que hará es resaltar un peligroso anacronismo. Cabría aquí citar aquello que en 1972 escribía la polémica antropóloga Margaret Mead:

“Nuestro pensamiento nos ata todavía al pasado, al mundo tal como existía en la época de nuestra infancia y juventud. Nacidos y criados antes de la revolución electrónica, la mayoría de nosotros no entiende lo que ésta significa. Los jóvenes de la nueva generación, en cambio, se asemejan a los miembros de la primera generación nacida en un país nuevo. Debemos entonces reubicar el futuro. Para construir una cultura en la que el pasado sea útil y no coactivo, debemos ubicar el futuro entre nosotros, como algo que está aquí, listo para que lo ayudemos y protejamos antes de que nazca, porque de lo contrario sería demasiado tarde”.

Es de la renovación del pensamiento que queríamos hablar (y hablamos) en ese encuentro. Preparar desde ya esa futura manera de pensar la tecnología es primordial, porque de nada vale que mañana mismo, ocurrido un milagro, todos los ciudadanos de este país tuviesen acceso libre a Internet, y no tengan la menor idea de cómo aprovecharlo mejor.

Pero no hablo de lo utópico, sino de lo concreto. Es preciso que, quienes desde la UNEAC de Camagüey tienen la posibilidad de conectarse con este nuevo mundo y no lo hacen, acaben de asumir que como vanguardia intelectual están desertando de un futuro que ya vive entre nosotros. Por otro lado, recomendaría también tener en cuenta aquella reflexión de José Luis Brea: “El pensamiento más intolerable -en relación a la «cuestión de la técnica»: imaginarla neutral. Es preciso saberla culpable, juzgarla siempre con implacabilidad. Ella nos trae el mundo que tenemos”.

Juan Antonio García Borrero