Archivos diarios: noviembre 23, 2011

ROMÁN GUBERN SOBRE “CRONOLOGÍA DEL CINE CUBANO”, de Arturo Agramonte y Luciano Castillo

Aunque el Festival de Nuevo Cine Latinoamericano que se celebra en La Habana tiene carácter internacional, no puede negarse que en el marco del mismo se realizan actividades que buscan promover un mejor conocimiento del audiovisual realizado en Cuba.

Entre esas actividades está la presentación de libros, y este diciembre no será la excepción, pues serán “lanzados” textos como “José Martí, el ojo del canario”, de Carlos Velazco, “Literatura y cine. Lecturas cruzadas sobre las Memorias del subdesarrollo”, de Astrid Santana, “Las trampas del oficio”, de Ambrosio Fornet, “El cine, décima musa de Alejo Carpentier” (compilación de Salvador Arias), “El mito Hemingway en el audiovisual cubano”, de Miryorly García, “Memorias de Cuba Baila” (compilación de Lola Calviño y Mario Naito), “Ciudadano cartel”, de Sara Vega, Alicia García, y Claudia Sotolongo, “A 50 años de Historias de la Revolución” (compilación de Mario Naito), así como el que considero desde ya el gran hito editorial de lo relacionado con el cine de la isla, la “Cronología del cine cubano (1897-1936)”, de Arturo Agramonte y Luciano Castillo.

Recuerdo que en su momento, cuando Luciano Castillo me hizo llegar la introducción que había escrito para su libro el español Román Gubern (otro de mis grandes guías en este complejo oficio de historiar), le escribí el siguiente mensaje:

“No me puedo imaginar un prólogo mejor para ese libro que estoy seguro se convertirá en una de las piezas claves de nuestra historiografía. Si en algo coincido con Gubern es que el título se queda muy por debajo de lo que el libro está proponiendo. Y esta impresión la obtengo a partir de la lectura parcial que he hecho de los diversos capítulos a los cuales he accedido. Supongo que mis sospechas se harán mayores en la misma medida en que pueda leer el libro íntegramente. Cosa que ansiamos ya todos los que de un modo u otro tenemos que ver con la investigación del cine cubano”.

Al igual que el resto de las publicaciones que he mencionado, la “Cronología del cine cubano” ha sido editada por Ediciones ICAIC, nada más y nada menos que en tres tomos que llegan hasta 1959. Por más que lo intento, me es francamente difícil imaginar alguna zona del cine nacional que no fuera tocada por estos infatigables investigadores que son Arturo Agramonte y Luciano Castillo.

Juan Antonio García Borrero

MUCHO MÁS QUE UNA CRONOLOGÍA
Por Román Gubern

En 1966 Arturo Agramonte publicó una preciosa Cronología del cine cubano, editada por el ICAIC, y en 2008 María Eulalia Douglas completó aquel trabajo pionero con su Catálogo del cine cubano (1897-1960), publicado por la Cinemateca de Cuba. Y ahora, con el título excesivamente modesto de Cronología del cine cubano aparece la apabullante investigación histórica de Agramonte y Luciano Castillo, una exhaustiva indagación que desborda largamente la modestia de su título. Pues nos hallamos, en efecto, ante una monumental investigación hemerográfica y archivística, insólita en el panorama de la historiografía de los cines nacionales.

La catarata de sugerencias que ofrece la lectura de este libro casi podría generar otro volumen repleto de comentarios, pero aquí me ceñiré a algunas pocas reflexiones que me parecen relevantes desde el punto de vista de un historiador español del cine. La primera reflexión que me asalta se refiere a los orígenes del cine en la que se llamó Gran Antilla. El cine nació en Francia el mismo año en que murió José Martí y poco después de la desaparición del poeta cubano Julián del Casal (1863-1893), pionero del modernismo. Aunque Cuba padecía entonces una sumisión colonial, puede afirmarse que sus elites estaban en sintonía con lo más avanzado de la cultura europea. Las giras frecuentes de compañías teatrales españolas mantenían a la burguesía cubana al día de los gustos de la metrópoli, que por cierto se benefició del talento creativo de la dramaturga cubana Gertrudis Gómez de Avellaneda, que vivió gran parte de su vida en España. Estas frecuentes giras teatrales implantarían, por otra parte, los gérmenes de sus dos grandes géneros cinematográficos futuros: la comedia y el melodrama. Uno puede imaginarse fácilmente a don Leonardo Buñuel –padre del genio surrealista- frecuentando las funciones ofrecidas por sus compatriotas sobre los escenarios. Y al referirme a la riqueza cultural autóctona, no puedo pasar por alto la contribución fundamental de músicos como Ignacio Cervantes (1847-1905), José White (1835-1918), José Marín Varona (1859-1912) y del imprescindible Ernesto Lecuona (1896-1964), a quien tantas veces recurrirá el cine sonoro. Lee el resto de esta entrada