DESMEMORIAS DEL CANON

Mi querido Gustavo:

No hay mucho que añadir a lo que de modo tan lúcido tú has apuntado. Tampoco mucho que hacer por el momento. Sofocar los excesos del canon icaicentrista; impedir que en nombre de un decreto impersonal se siga excluyendo a lo que es parte del cuerpo nacional, lleva su tiempo. Y ni siquiera estoy seguro de que nuestra generación pueda ver el cambio. Más bien hay que actuar siguiendo aquel imperativo poético que dictaba Fina García Marruz en algún poema suyo: “Sé sabiendo que cuando nada seas/ de ti se ha de quedar lo que quisiste…”.

Lo interesante sería preguntarnos si lo que ha sucedido ahora con Memorias del desarrollo en Beirut sigue siendo la regla, o de alguna forma ya comienza a convertirse en excepción. Pienso que este tipo de suceso hoy en día a muchos le parece más excéntrico que natural. No en balde la película de Coyula ha sido exhibida con absoluta naturalidad lo mismo en el marco de la Muestra de Nuevos Realizadores (auspiciada precisamente por el ICAIC), en el Festival de Cine en La Habana, o en el Taller de la Crítica de Camagüey, por mencionar apenas tres espacios.

Una decisión tan torpe como la que estamos comentando, en realidad responde a esa mentalidad binaria que puso en boga la Guerra Fría. Entonces era más bien fácil argumentar las exclusiones. El Estado-nación parecía algo monolítico, con funciones que se asociaban sobre todo a la confrontación con un enemigo que permanecía al acecho en el exterior, poniendo en peligro la paz interna. Colocarse en el “afuera”, hablar desde “afuera”, podía interpretarse (y se interpretó así casi siempre) como una señal de “no cubanía”.

Hoy en día ya las cosas no funcionan de esa manera, porque el mundo ha cambiado. Los incesantes flujos migratorios, comunicacionales y económicos adquieren otro alcance. Y Memorias del desarrollo no puede ser más descriptiva en ese sentido. Los parámetros binarios que antes fijaban con escalofriante rigidez conceptos relacionados con lo nacional y lo extranjero, por ejemplo, ahora pierden eficacia ante la complejidad extrema de las nuevas circunstancias. Y nos exige que tengamos un mayor cuidado a la hora de nombrar aquello que se resiste a ser clasificado según el parecer de la antigua retórica.

¿Qué pueden hacer los críticos, los historiadores, y en sentido general, los estudiosos del cine cubano cuando tropiezan con este tipo de equívoco persistente, por llamarlo de algún modo? Alertar públicamente, desde luego, como lo acabas de hacer tú. Pero no se trata solamente de combatir el canon establecido, el canon “glorioso” que apenas reconoce a unos pocos, y deja en las sombras a no sé sabe cuántos actores del proceso cultural. Tenemos que esforzarnos en que en nuestro gremio este tipo de debate se convierta en algo sistemático.

De lo que hablo es que ese cambio de mentalidad tiene que empezar por casa. Es de nosotros (los críticos, los historiadores) que debe salir la propuesta de renovación. Y con ello contribuir a que, ya sea en las academias, en los festivales, o en la prensa, pensemos en el cine cubano como algo verdaderamente rico y en permanente evolución.
Un abrazo grande,

Juan Antonio García Borrero

Publicado el noviembre 10, 2011 en REFLEXIONES. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. No se si Memorias del desarrollo es una película “cubana” (whaever that means), pero es una película que expresa de manera inteligente el mundo amplio dentro del cual vive Coyula, alguien que se mueve con “naturalidad” entre Nueva York y la isla de Cuba.

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