Archivos diarios: noviembre 10, 2011

HOMENAJE A FAUSTO CANEL EN LA UNIVERSIDAD DE LA FLORIDA

El investigador Gerardo Muñoz ha organizado un encuentro académico en la Universidad de La Florida, con el siguiente título: “Early Revolutionary Cuban Film 1961-1968: Ideology, Aesthetics, and Censorship (Homage to Fausto Canel)”.

Ya de paso aprovecho para agradecer públicamente la invitación que en su momento me hizo llegar, si bien siempre tuve mis dudas de que en tan poco tiempo (menos de un mes) se pudieran cumplir todos los trámites que se exigen para viajar.

Desde luego que me hubiese encantado participar en el evento por varias razones. En el plano académico, promete mucho, según lo que el propio Muñoz ha argumentado: “Intentando distanciarnos de los análisis maniqueos que aún perduran en la historiografía crítica sobre el cine cubano de los sesenta, el doble filo de esta conferencia es repensar los debates de aquellos años dentro de un marco interdisciplinario y abierto a la multiplicidad de lecturas y visiones encontradas sobre la compleja encrucijada entre Revolución y la cultura”.

Luego está el merecido homenaje a Fausto Canel, uno de los fundadores del ICAIC (formó parte del reducido grupo inicial que ocupó el quinto piso del edificio Atlantic), colaborador de “Lunes de Revolución”, y realizador de largometrajes como Desarraigo y Papeles son papeles, o documentales como Hemingway.

Hace un par de años, acá en Camagüey, también le dedicamos el Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica a la relectura de la llamada “década prodigiosa del cine cubano”. Recuerdo que surgieron criterios de algunos que no entendían por qué se tenía que regresar al pasado, cuando en la teoría nos haría falta examinar críticamente el presente, con el fin de proyectarnos mejor al futuro.

Entonces escribí aquel post que titulé “Exceso de historia, déficit de vida”. Mi argumentación de entonces creo que coincide, en esencia, con el planteamiento que ahora hace Gerardo Muñoz. Necesitamos desmarcarnos de las visiones estereotipadas del pasado, pero urge también comenzar a construir ese “marco interdisciplinario y abierto a la multiplicidad de lecturas y visiones encontradas” que permita iluminar aquello que hasta ahora ha permanecido en las sombras, o se sigue interpretando de un modo bastante parcial.

Eventos como este, como el celebrado en su momento en Camagüey, pueden contribuir a concederle carácter académico a lo que hasta ahora ha sido sobre todo interminable disputa ideológica.

Juan Antonio García Borrero

DESMEMORIAS DEL CANON

Mi querido Gustavo:

No hay mucho que añadir a lo que de modo tan lúcido tú has apuntado. Tampoco mucho que hacer por el momento. Sofocar los excesos del canon icaicentrista; impedir que en nombre de un decreto impersonal se siga excluyendo a lo que es parte del cuerpo nacional, lleva su tiempo. Y ni siquiera estoy seguro de que nuestra generación pueda ver el cambio. Más bien hay que actuar siguiendo aquel imperativo poético que dictaba Fina García Marruz en algún poema suyo: “Sé sabiendo que cuando nada seas/ de ti se ha de quedar lo que quisiste…”.

Lo interesante sería preguntarnos si lo que ha sucedido ahora con Memorias del desarrollo en Beirut sigue siendo la regla, o de alguna forma ya comienza a convertirse en excepción. Pienso que este tipo de suceso hoy en día a muchos le parece más excéntrico que natural. No en balde la película de Coyula ha sido exhibida con absoluta naturalidad lo mismo en el marco de la Muestra de Nuevos Realizadores (auspiciada precisamente por el ICAIC), en el Festival de Cine en La Habana, o en el Taller de la Crítica de Camagüey, por mencionar apenas tres espacios.

Una decisión tan torpe como la que estamos comentando, en realidad responde a esa mentalidad binaria que puso en boga la Guerra Fría. Entonces era más bien fácil argumentar las exclusiones. El Estado-nación parecía algo monolítico, con funciones que se asociaban sobre todo a la confrontación con un enemigo que permanecía al acecho en el exterior, poniendo en peligro la paz interna. Colocarse en el “afuera”, hablar desde “afuera”, podía interpretarse (y se interpretó así casi siempre) como una señal de “no cubanía”.

Hoy en día ya las cosas no funcionan de esa manera, porque el mundo ha cambiado. Los incesantes flujos migratorios, comunicacionales y económicos adquieren otro alcance. Y Memorias del desarrollo no puede ser más descriptiva en ese sentido. Los parámetros binarios que antes fijaban con escalofriante rigidez conceptos relacionados con lo nacional y lo extranjero, por ejemplo, ahora pierden eficacia ante la complejidad extrema de las nuevas circunstancias. Y nos exige que tengamos un mayor cuidado a la hora de nombrar aquello que se resiste a ser clasificado según el parecer de la antigua retórica.

¿Qué pueden hacer los críticos, los historiadores, y en sentido general, los estudiosos del cine cubano cuando tropiezan con este tipo de equívoco persistente, por llamarlo de algún modo? Alertar públicamente, desde luego, como lo acabas de hacer tú. Pero no se trata solamente de combatir el canon establecido, el canon “glorioso” que apenas reconoce a unos pocos, y deja en las sombras a no sé sabe cuántos actores del proceso cultural. Tenemos que esforzarnos en que en nuestro gremio este tipo de debate se convierta en algo sistemático.

De lo que hablo es que ese cambio de mentalidad tiene que empezar por casa. Es de nosotros (los críticos, los historiadores) que debe salir la propuesta de renovación. Y con ello contribuir a que, ya sea en las academias, en los festivales, o en la prensa, pensemos en el cine cubano como algo verdaderamente rico y en permanente evolución.
Un abrazo grande,

Juan Antonio García Borrero