Archivos diarios: octubre 24, 2011

LAS LUCES, BRÓDER, LAS LUCES…

Hay un poema de Sigfredo Ariel que a mí me mata, sobre todo por las poderosas imágenes que me provocan la lectura de sus últimos versos: “Y se borrarán los nombres y las fechas/ y nuestros desatinos/ y quedará la luz, bróder, la luz/ y no otra cosa”.

Solo la poesía, con su particular lenguaje, alcanza a describir con algo de misteriosa nitidez ese caos armónico en que solemos levitar los seres humanos. Desde luego que también en las buenas novelas y películas alcanzo a reconocer, a ratos, este manojo de contradicciones que soy yo mismo. Pero la poesía tiene un algo eficaz, por inefable, que permite reconstruir, casi sin azoro, ese largo camino hacia la luz (como diría García-Espinosa) que en realidad no es otra cosa que la tortuosa Historia de nuestras andanzas en las sombras.
Hablo como ese aprendiz de historiador del cine cubano al que le intriga mucho más el origen intelectual de nuestras obras, que el simple inventario o festejo de lo hecho. No es empresa fácil, desde luego. Me ha tocado nacer y vivir en un país donde los extremos muchas veces se pregonan como virtudes. Y donde la diferencia en los puntos de vistas se suele evaluar como algo personal.

Esta actitud excluyente, empobrecedora de los infinitos matices que contiene toda realidad, será difícil de curar entre nosotros. Lo cual no quiere decir que no hayan existido miradas que, más allá del particular modo de percibir el mundo, intuyen un horizonte común. Estoy pensando justo en otro poeta cubano (Heberto Padilla), a propósito del obituario que escribió en ocasión de la muerte de Tomás Gutiérrez Alea.

Cuando Titón murió se escribieron páginas hermosas, y otras donde se quiso convertir el rencor a los obstáculos que nos pone a todos la existencia, en argumento contra un hombre que siempre huyó de la simplificación, no sólo ideológica. Padilla tuvo ocasión de ser uno de los que hablara desde el resentimiento. Razones para ello tenía. En Cuba fue maltratado en vida, y hasta donde sé, murió sin recibir un desagravio público en su patria.

Y sin embargo, sin dejar de decir lo que pensaba sobre el proceso político del cual se había desencantado desde hacía mucho, optó por finalizar su nota en El Nuevo Herald de este modo:

“Por el recuerdo de que todos estuvimos unidos en un sentimiento de justicia durante un momento más ingenuo de la historia cubana, cuando no eran necesarias las rupturas dolorosas que más tarde nos azotarían; por el recuerdo de cuando éramos Titón o Pepe y lo único que nos inflamaba de entusiasmo era el arte, ajenos por completo a la seducción de la política, escribo estas líneas de despedida al viejo amigo Titón”.

Juan Antonio García Borrero

BLOGUEANDO LA RUTINA

Otras veces he comentado la tremenda impresión que produjo en mí leer el breve diario de John Stuart Mill, y sobre todo esa reflexión que anotó el 8 de enero de 1854, que fue el día en que lo inició:

“Este librito es un experimento. Aparte de cualquier otra cosa que pueda lograr, servirá para ejemplificar, al menos en el caso del autor, qué efecto se produce en la mente cuando uno se obliga a tener por lo menos un pensamiento cada día, que merezca ponerse por escrito. Para este propósito no puede contar como pensamiento el mero especialismo, ya sea de ciencia o de práctica. Tiene que estar referido a la vida, al sentimiento o a la alta especulación metafísica.

Probablemente, lo primero que descubriré en el intento será que, en vez de uno por día, sólo tenga un pensamiento así una vez al mes; y que sean sólo repeticiones de pensamientos tan conocidos de todos, que ponerlos por escrito sólo serviría para revelar la pobreza de la tierra”.

Al principio no tuve conciencia de que un blog podía funcionar también de ese modo. Pensaba en el blog más bien como un vehículo para insertarme en lo público. Un vehículo para decir cosas que de otro modo jamás podría expresar. Hoy, afortunadamente, me he vuelto mucho más modesto en las pretensiones, tal vez porque al fin comprendí que un blog no es más que eso: un compendio de impresiones muy personales. Es decir, algo que jamás tendrá una influencia decisiva en lo que Aron llamaba “el veredicto de la realidad”.

Así que he conseguido incorporarlo con naturalidad a la arquitectura de mi rutina existencial. Y como Mill, intento descubrir “qué efecto se produce en la mente cuando uno se obliga a tener por lo menos un pensamiento cada día, que merezca ponerse por escrito”. Ya son varios los que han percibido que, en verdad, aquí el cine cubano es apenas un pretexto para hablar de la vida, de los sentimientos, de la memoria y el olvido.

Lo paradójico está en que no estoy muy seguro de que este blog existiera de yo vivir en un sitio donde Internet no fuera un lujo, y la velocidad de la conexión una pesadilla. En realidad lo que me estimula a mantener el sitio son las dificultades que hay que vencer cada día. Desde la precariedad técnica hasta la ausencia de voluntad para debatir las ideas que se plantean, sobre todo por los otros.

¿Cómo explicar entonces esta suerte de obsesión por lo inútil? La clave me la ha dado Flaubert en una espléndida sentencia: “La vida sólo es tolerable con una manía, un trabajo cualquiera. En cuanto uno abandona su quimera se muere de tristeza”.

Juan Antonio García Borrero

CONFERENCIA: El DOCU es MENTAL, impartida por Jorge Luis Sánchez

El viernes de la semana siguiente a las 2:00 pm en la Sala Titón del 5to. piso del ICAIC, continúa el ciclo de conferencias que con frecuencia mensual organiza la Oficina de Creación Artística sobre temáticas relacionadas con la realización audiovisual.

La próxima de estas conferencias, destinadas principalmente a estudiantes de carreras artísticas y realizadores jóvenes, será impartida por el cineasta Jorge Luis Sánchez sobre la realización documental bajo el título: El DOCU es MENTAL.

Jorge Luis Sánchez (Director)

Graduado en Pedagogía. Se inicia como cineasta aficionado a los 18 años. Es Fundador de la Federación Nacional de Cine Clubes de Cuba. En 1981 comienza su vínculo profesional con el ICAIC como asistente de cámara, luego Asistente de Dirección, hasta Primer Asistente de Dirección. Ha cursado estudios de dramaturgia, estética e historia del cine. Organizó en 1987 el Taller de Cine y Vídeo de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), espacio donde se da a conocer, en el audiovisual cubano, la llamada generación de los años ochenta. En 1992 fue presidente de esta agrupación. Entre 1990 y 1991 trabajó con Santiago Álvarez en el Noticiero ICAIC Latinoamericano como subdirector artístico. Con sus filmes ha participado en diversos festivales y eventos, tanto nacionales como internacionales. Es fundador de la Muestra Joven y en varias ocasiones la ha presidido. Se ha desempeñado como profesor de cine en el ICAIC y en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio. Artículos suyos sobre la problemática del cine han sido publicados en la Revista Cine Cubano. En 2010 Ediciones ICAIC publica Romper la tensión del arco. Movimiento cubano de cine documental.

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