ENRIQUE ÁLVAREZ SOBRE SU FILME “MARINA” (2011)

 

Marina salió de una imagen, la primera que está en la película, de Claudia suspendida sobre el agua de la bahía de Gibara repleta de botes de pescadores.

Claudia fue el motivo, el sujeto de la inspiración y la protagonista de una escritura que comenzó a poblar de sus vivencias y sus sensaciones. Ella es Marina, el personaje y la película toda. Yo le tracé un mapa, una trayectoria, y ella inventó los personajes y las situaciones. Escribió como si fuera un diario, como si todo lo que le sucede a Marina solo pudiera interesarle a ella. Es una historia muy intima, contada en un susurro, desde la voz de Claudia.

Yo necesitaba desarrollar una trama de sucesos mínimos que fueran develando, a través del itinerario físico de la protagonista, una búsqueda interior y le pedí a Claudia que me ayudara; entonces descubrimos su capacidad para desarrollar situaciones y escribir diálogos; ella fue la que propuso la idea de un diario perdido y recuperado por Marina, y ella misma lo escribió y lo elaboró como objeto, a partir de los recuerdos de sus niñez. Hay una mirada en la película que pertenece a su sensibilidad y a las vivencias de su generación.

Marina ha sido hasta hoy, mi proceso de realización más fulgurante; entre aquella idea inicial y su terminación han pasado solo dos años y creo que tiene la impronta de un gesto, lento y moroso como los movimientos curativos de algunas artes marciales chinas. Al menos es mi cura después de estar más de 10 años sin rodar un largometraje.

Mirándola, escuchándola, nadie puede imaginar que la rodamos a un ritmo frenético con un equipo mínimo de técnicos y actores. Su realización es un testimonio de la capacidad del ICAIC, para asumir riesgos productivos y creativos que rompen sus esquemas de producción tradicionales y una muestra de la pericia laboral de sus técnicos y especialistas.

Los presupuestos son sencillos y pasan por idear una historia que pueda ser filmada en nuestras condiciones reales. Mientras más obstrucciones mejor; si uno trabaja con esta disposición, los obstáculos se convierten en estimulo para la creatividad. No se trata de filmar una entelequia,  las decisiones estéticas nacen con el diseño de la producción, se determinan entre sí y crean juntas un estilo de trabajo.

La idea fue aprovechar la experiencia que yo había tenido rodando algunos cortometrajes con un mínimo de recursos y tratar de probar la factibilidad de este estilo de producción “independiente” dentro del modelo industrial.

Por eso busqué la complicidad de Javier Gonzáles; yo necesitaba un productor que confiara en mi propuesta y estuviera dispuesto a tirar del mismo carro conmigo; Javier había sido el director de producción de La ola y hacía unos meses habíamos vuelto a trabajar en Al día siguiente, con un funcionamiento eficaz y objetivo. Él, con Isabel Prendes, logró modelar un proyecto factible, que muy bien coordinado con la producción de Cine Pobre, nos permitió controlar nuestra movilidad y nuestros recursos durante toda la preparación y el rodaje.

Marina, resultó una filmación muy física, nos movíamos todo el tiempo trazando el itinerario de los personajes a través del espacio que abarca las dos orillas de la bahía de Gibara. Para mí, esto era muy importante porque me ayudaba a escribir y describir el vínculo emocional de Marina con los lugares que iba recorriendo en su viaje de regreso y revelaciones.

Lo pudimos hacer gracias a toda la gente de Gibara y el pueblo de Juan Antonio que nos ayudaron con una sensibilidad y una comprensión por nuestro trabajo extraordinarias. A ellos, a Humberto que abrió en esos lugares todos los caminos del Cine, y a la memoria de mi padre, estará dedica esta película.

Marina ocurre en una Cuba interior, donde la acción de irse y volver está enraizada en las vivencias de sus personajes. Son gestos asumidos, naturalizados, y ya no significan otra cosa que no sea una necesidad existencial. Más que accionar, lo personajes reaccionan, responden a instintos, a necesidades primarias. Como en los cuentos de Hemingway, lo más importante ocurre bajo la superficie del agua y tiene que ver con tirar un anzuelo y esperar… a ver si pica una ballena. En Marina, la espera es la acción que define la sabiduría del viejo pescador, y el sosiego que alcanza su protagonista, cuando tira su propio anzuelo, su ancla, y renuncia seguir siendo un ave migratoria.

Marina no quiere demostrar nada, no es una película de tesis, es una ventana, una sucesión de pequeños sucesos que discurren a través de sus personajes. Pero el relato tiene un secreto, un misterio guardado en una caja china que tiene que ver con el buen sabor de la ternura, y con el derecho de Marina a endulzar el instante esperado de su felicidad.

Kiki Álvarez

Publicado el octubre 5, 2011 en FESTIVAL DE GIBARA. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

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