Archivos Mensuales: octubre 2011

A PROPÓSITO DE LAS PLURALIDADES Y LOS CUBANOS.

En el blog de Pedro Armando Junco, el también escritor camagüeyano Oriol Marrero ha expuesto sus impresiones, a propósito de lo sucedido en aquel encuentro que sostuvimos en la UNEAC, convocados por Jorge Santos Caballero, con el fin de conversar sobre “La cultura del debate en Cuba”.

Como no llevé por escrito lo que en ese momento expuse, no recuerdo si reiteré la idea que otras veces he dicho: en la nación cubana (no en la isla de Cuba: en la nación cubana, que rebasa su espacio físico) estamos aprendiendo ahora a escribir la palabra “diversidad”, pero todavía vamos por la “v”… Por lo que un comentario como ese no solo es necesario, sino estimulante.

Hay algo que sí me gustaría puntualizar. Para mí “democracia” y “cultura del debate” no es lo mismo. Al menos yo, he podido comprobar que se puede vivir en Camagüey o en Miami, y compartir similares códigos de intolerancia hacia ese “otro” que piensa de una manera diferente. En las democracias, tal como la entendemos ahora mismo, abunda la dictadura de la opinión, la dictadura de “los muchos” que hoy defienden esto y mañana lo otro, y en el afán de imponerse aunque sea de modo efímero aplastan todo aquello que suene distinto al parecer dominante. Le llamo a eso “la dictadura de los humores”, porque sencillamente en esos casos no hay debate, sino pretensiones de imponer por la fuerza los criterios de una mayoría que se asocia (de modo oportunista) a “lo más sabio”.

Lo que propuse en esa charla, e intento poner en práctica en el blog, es una alternativa a esa manera tan pedestremente binaria de convivir. Ni dictadura de “muchos” ni de “uno”. La vida es demasiado rica como para creer que una persona o un grupo de ellas puedan tener toda la verdad en sus manos. Por eso en mi “Blogroll” hay gente de aquí y de allá. Eso no significa que esté de acuerdo con todo lo que suscriben los autores en sus respectivas bitácoras, pero es una manera de recordarme a mí mismo que soy un simple individuo en medio de ese siempre renovado y trágico espectáculo que se llama “mundo”.

Ya en el plano personal, el comentario de Oriol Marrero me ha recordado la carta que Freud le escribiera a Einstein, a raíz de la pregunta que este último le enviara: “¿es posible dirigir la evolución psíquica de los hombres de modo tal que sean capaces de resistir la psicosis del odio y la destrucción?”.

Me la recuerda porque en algún momento de los apuntes de Marrero, a uno le queda la impresión de que los cubanos podríamos ser educados para obtener algún día esa armonía soñada que tanto imploramos. Como cuando dice: “Se necesita llegado ya el tiempo en que los fundamentalistas —acaso guiados, a su manera, en la búsqueda del bien común— y los heterodoxos, no avivemos el fuego de los sectarismos y corramos, de mano en mano, los cubos de agua para apagar el fuego de la terquedad infecunda, para que la patria no arda en el desconcierto hasta las cenizas”.

Y eso, como retórica, suena hermoso y al mismo tiempo peligrosamente ingenuo. Por supuesto que a mí me encantaría experimentar ese minuto de reconciliación definitiva, ya no solo entre cubanos, sino entre naciones. Pero la respuesta de Freud a Einstein nos puede ayudar a desterrar la tentación del autoengaño:

“Forma parte de la innata e inevitable desigualdad entre los hombres el hecho de que ellos se distingan en líderes y seguidores. Los seguidores, que representan la inmensa mayoría, necesitan una autoridad que tome decisiones por ellos, y por lo general se someten incondicionalmente a ésta.

El ideal sería una comunidad humana que hubiese sometido su vida pulsional a la dictadura de la razón. Ninguna otra cosa podría producir una tan perfecta y duradera unión entre los hombres, capaz de resistir incluso a la renuncia de recíprocos vínculos emocionales. Pero, con toda probabilidad, ésta es una esperanza utópica”.

Tal evidencia es lo que casi siempre me empuja a optar por lo que otras veces he nombrado optimismo trágico. Aspirar a vivir en un mundo donde no existan los conflictos, donde la cortesía a la hora de discutir asuntos que tienen una importancia colectiva sea lo dominante, es sencillamente un modo bastante ramplón de evadirse de la realidad. O de enmascarar intereses más mezquinos. La violencia siempre va a existir, ya sea en sus modalidades más gráficas, o a través de las sutilezas que le otorga lo simbólico. “Y es que”, como nos ha recordado Nietzsche, “ciertamente, toda filosofía oculta otra filosofía; toda opinión es un escondite; toda palabra, una máscara”.

Por eso aquella tarde insistí tanto en que la cultura del debate tiene que ver más con la calidad de los argumentos que con la multiplicidad de opiniones. Y gesto cultural al fin, sí creo que se puede aprender a debatir con altura. No a opinar (que es algo natural y no necesita aprendizaje alguno), sino a debatir con profundidad.

Desde luego, jamás habrá un debate profundo allí donde no exista antes garantías para la más absoluta libertad de expresión de los contrincantes. Lo cual tampoco solucionaría el drama, pues como mismo dije en esa charla y ahora reitero, si bien la historia de la censura entre cubanos puede relatarse en un libro de mil páginas, la historia de la autocensura demandaría unos veinte tomos.

Juan Antonio García Borrero

GUSTAVO ARCOS SOBRE EL XIII TALLER DE CRÍTICA CINEMATOGRÁFICA “MARIO RODRÍGUEZ ALEMÁN”

Hola Juany,

Hace unos días regresé de la ciudad de Santa Clara, donde participé como jurado en la edición 13 del Taller de Crítica Cinematográfica, Mario Rodríguez Alemán. Como sabes, es un evento que, como muchos otros en la isla, ha pasado por todo tipo de vicisitudes organizativas y presupuestarias que ha debilitado su poder de convocatoria. Para los que no estén familiarizados con las características de este concurso, les digo que se trata de un evento bienal, que pretende reconocer el ejercicio crítico o ensayístico sobre el cine y el audiovisual. Se supone que no participen con textos, los críticos ya establecidos o legitimados por los medios pues se trata de estimular la apreciación audiovisual, la crítica, o la escritura especializada en el tema cine, desde un ámbito aficionado. Estudiantes de periodismo y comunicación social, promotores culturales, cinéfilos, gente que organiza cine debates en comunidades o espacios del país, profesores o instructores de arte, encuentran aquí la vía para dar a conocer sus ideas o experiencias.

Lo verdaderamente interesante de este taller, es el singular diseño de su concurso. En nuestro país hay eventos competitivos de todo tipo, pero, reproducen un mismo modelo de participación: los autores presentan sus textos o filmes, estos son apreciados por el jurado, que trabaja antes, o al margen del evento y el último día se dan a conocer los premios. Hay fotos, aplausos, buffet y palmadas en el hombro. Al día siguiente nadie recuerda lo que pasó y la vida sigue igual. La mayor parte de las obras premiadas no encontrarán difusión, los textos apenas serán leídos o publicados y la vida intelectual en la comunidad, provincia o nación donde estos eventos tienen lugar seguirá su curso “hasta el próximo año”.

Y es que en la mayor parte de estos certámenes no se produce una interacción real entre “los especialistas”, concursantes y público. Asombra como instituciones, ideólogos “de la cultura”, creadores o artistas se mantienen al margen de estos eventos. Los jóvenes o estudiantes tampoco se muestran motivados. Las estructuras y dinámicas que reproducen estos festivales suelen ser las mismas cada año y si además, muchos de ellos apenas cuentan ya con apoyo financiero y logístico del Ministerio de Cultura o las autoridades locales, poco podrán hacer los organizadores por sacarlos dignamente, adelante.

Las convocatorias o estrategias organizativas al uso diseñan programas que corren paralelos, mayormente dislocados que no permiten una confrontación de las obras, filmes o textos, con los espectadores, quienes nunca saben por qué fueron valorados o despreciados por los jurados. Los artistas participantes son solo figuras decorativas para los medios. No hay manera de reflexionar públicamente sobre las propuestas más audaces o rigurosas, no hay un trazado de jerarquías, y lo que es peor, rara vez se generan diálogos o debates donde queden expuestas, tendencias, líneas de pensamiento o búsquedas estéticas. Por ello, muchos de estos eventos que realizamos en la isla se ofrecen apenas como una vitrina, un experimento local de laboratorio, aislados realmente de la comunidad que los cobija y que una vez finalizados, no dejan huella.

Sin embargo en este taller de crítica, los concursantes tienen sus “15 minutos de fama” al exponer por su propia voz, los textos. Son escuchados en la sala, no solo por los asistentes sino también por el jurado que está presente. Una vez terminada la exposición, se debate entre todos y el jurado debe dar sus valoraciones y sugerencias públicamente. Se habló de cine, claro está, pero también de gustos, de públicos, de consumo audiovisual, de estilos narrativos, de la relación cine-literatura o cine –sociedad. También del placer, de entrenar el ojo para “leer el cine” y del dramático estado de nuestras salas cinematográficas. Creo que fue un ejercicio ejemplar de participación y transparencia, donde nadie fue minimizado. No hubo burla, censuras, escarnio, o vanidad, sino análisis, debate y “masaje” intelectual. Allí, se escucharon diferentes opiniones, aristas de un fenómeno, puntos de vista encontrados, y desde luego, polémicas, pero aun en las valoraciones más agudas o feroces realizadas por los presentes, cara a cara con el autor, se respiraba respeto, sabiduría y aprendizaje.

Recordé entonces mucho de lo que este blog ha pretendido durante años. Ofrecer un espacio para el diálogo y la confrontación de ideas diferentes, un modo de mirar la Historia desde una perspectiva plural. Un estilo editorial que presta atención a las diferencias y las opiniones más diversas, sobre lo que nos inquieta, soñamos o deseamos.

Este Taller de Crítica tal vez sea uno más, de los tantos eventos del país. Y aunque cada uno de los presentes regresó a su rutina, prefiero pensar que el simple y esencial gesto de escuchar al otro con humildad, ha significado para todos, un verdadero crecimiento espiritual.

Un abrazo desde La Habana,

Gustavo Arcos.

Premios del 13 Taller de Crítica Cinematográfica Mario Rodríguez Alemán.

Crítica Especializada: (La) Casa vieja, aún de Dagoberto Batista.

Mención: Cuando la belleza es también afín con el vacío, de Alexander Guevara

Crítica para los Medios: Ciudadano Zuckerberg, de José Luís Aparicio

Mención: La última obra de Camino, de Susana Hernández.

SOBRE LA MEMORIA HISTÓRICA DE “EL ALMACÉN DE LA IMAGEN”, UN EVENTO CAMAGÜEYANO.

La joven periodista Yanetsy León, del periódico camagüeyano “Adelante”, me hizo llegar la semana pasada un cuestionario que no pude responder en tiempo. Por suerte, ella consiguió terminar su reportaje, el cual puede ser consultado aquí.

A “El Almacén de la Imagen” lo recuerdo como uno de esos sueños finalmente cumplidos en una época donde la voluntad de soñar era bien precaria, porque lo único que parecía importar era sobrevivir. Pero es apenas un recuerdo personal, y por eso mismo, unilateral. Y leyendo el reportaje de Yanetsy se me iluminan muchas zonas relacionadas sobre todo con su origen, que pienso que ya es hora de registrar con más precisión en un documental.

¿Acaso no es una suerte de contrasentido que siendo El Almacén de la Imagen parte de la memoria del audiovisual exhibido en Cuba a partir de los noventa, no haya sido capaz de conservar la memoria de su origen y desarrollo?, ¿podrá reconstruirse algún día la historia de todas estas citas?, ¿será posible consultar la papelería generada en cada encuentro?, ¿los debates y contribuciones?

Mientras las respuestas a estas preguntas llegan, ensayo las mías al cuestionario de Yanetsy León, ahora que justo comienza hoy, en Camagüey, la XXI edición del evento. Por lo pronto, aprovecho para invitarlos al espacio “La ciudad simbólica”, hoy a las cinco de la tarde en Nuevo Mundo, donde estaremos hablando de El Almacén de la Imagen y su memoria histórica.

Juan Antonio García Borrero

En una ciudad con tradición cinematográfica, ¿cómo se insertó un evento pensado desde y para el audiovisual?

Ante todo debo advertir que no tuve nada que ver con la concepción del evento. La paternidad la asocio a Jorge Campanería. Y a Luciano Castillo, que en aquel momento trabajaba en el Centro Provincial del Cine como especialista. Por aquellas fechas yo estaba al frente del Departamento de Promoción Cinematográfica, y recuerdo que Luciano llegó ante nosotros con todas las ideas que tenía, incluyendo eso de organizar en el cine Casablanca y Encanto una suerte de pre-evento que tenía como propósito crear un ambiente preliminar, además de recaudar algo de fondos. Obviamente, no es lo mismo pensar en “El Almacén de la Imagen” ahora, que en el momento en que fue creado. Es decir, en aquel momento me parecía “otro evento”. No podía percibir todavía la importancia que adquiriría con el tiempo.

¿Influyó el Almacén en el surgimiento del Taller?

A primera vista, creo que no. Pero pensándolo con más calma, tendría que responder de manera afirmativa. Y es que detrás de todo estaba Luciano, incitándonos a crear espacios de promoción y pensamiento alrededor del audiovisual. Si apelamos a la perspectiva de conjunto, pienso que el Taller de la Crítica es hijo de todo ese movimiento intelectual vinculado al cine que inició en la ciudad Luciano Castillo.

¿Consideras el Almacén un espacio aglutinante?

Desde luego. Tuve la oportunidad de dirigir la Primera Muestra de Jóvenes Realizadores organizada en La Habana en el año 2000, y que hoy es si dudas uno de los espacios que más agradecen los jóvenes realizadores de audiovisual en el país, pero antes estuvo El Almacén de la Imagen, que le concedió posibilidades de contacto sobre todo a creadores de la zona oriental. Recuerda que ya desde antes se organizaban en La Habana encuentros de cineastas aficionados, pero estaba el inconveniente de la distancia geográfica. El almacén la de imagen se convirtió muy pronto en un referente insoslayable.

En cuanto a las inquietudes hacia el fenómeno del audiovisual, ¿cómo calificas el espíritu de los 90 y el de los 2000?

Yo creo que ahora hay una preocupación en el plano, digamos formal, que en los noventa casi nunca estaba presente, porque el imperativo se asociaba a la necesidad de dejar testimonio audiovisual de una época en la que apenas se podía hacer cine, dada la crisis económica. Claro, no digo que sea algo dominante, porque todavía sigue faltando el respaldo teórico para esta producción tan ecléctica. Pero me parece bien interesante de que, a estas alturas, varios realizadores de aquella época ya tengan películas significativas en sus filmografías. Películas que, más allá de las coyunturas, dialogan de tú a tú con nuestros grandes hitos cinematográficos.

¿Cómo catalogas el hecho de crear y mantener en plenos 90 un evento de este tipo (en seguida vino la experiencia del Taller)?

La verdad es que todavía miro aquello como lo más parecido a la locura. La crisis que golpeaba entonces al país apenas permitía reparar en las cosas del espíritu. La tarea principal era sobrevivir. ¿Cómo es que pueda explicarse que este grupo de jóvenes idearan esa actividad, pero además de eso, la mantuvieran, la enriquecieran en medio de la más oscura noche? Esas son las preguntas que a veces me hago, sobre todo en tiempos que siguen siendo desfavorables en el plano económico, pero que están bien lejos de parecerse a aquellos. No sé, tal vez esa pregunta que me has hecho sea la más difícil de responder. Ahora, mantener El Almacén de la Imagen en estos tiempos tiene también su mérito indiscutible, y en ese sentido habrá que agradecer a Reynaldo Pérez Labrada, su actual presidente, toda su tenacidad.

Ahora, cuando no es el único espacio para los jóvenes realizadores, ¿qué consideras imprescindible para que no pierda autenticidad ni poder de convocatoria?

Yo sueño con que en Camagüey se borren todas esas fronteras y límites que a veces, de modo involuntario, establecen los diversos eventos entre sí. Camagüey es una ciudad que puede darse el lujo de tener Almacén de la imagen a lo largo del año, porque lo que importa no es el nombre que le des al espacio, sino al espíritu que consigues impregnarle. Pero ese espíritu tiene que mantenerse despierto a lo largo del año, convocando a la discusión sistemática de todos esos trabajos que se producen. El Coffea Arábiga, por ejemplo, podría llegar a ser un sitio que convoque a la discusión ilustrada y sistemática. Lo otro sería la constante actualización de las posibilidades que brindan las nuevas tecnologías para que el evento llegue más allá de los límites físicos que ahora mismo ha conocido.

XXI MUESTRA AUDIOVISUAL “EL ALMACÉN DE LA IMAGEN”

PROGRAMA GENERAL
XXI Muestra Audiovisual “El Almacén de la Imagen”

Miércoles 26

3.00 pm – Recibimiento de los participantes / Café Literario “La Comarca”, Casa del Joven Creador.
5.00 pm – Encuentro de cine, arte y ensayo, “La Ciudad Simbólica”, dedicado al Almacén de la Imagen / Sala video Nuevo Mundo.
8.00 pm – Espectáculo de apertura, a cargo del proyecto Cinema Play / Parque Charlot.
8.30 pm – Inauguración –Proyección de obras en concurso / Sala video Nuevo Mundo.
8.30 pm – Pantalla Gigante, Proyección de materiales audiovisuales / Balcón de la artes, Casa del Joven Creador.
10.30 pm – Cóctel Bienvenida – Presentación Pagina Web de la Muestra Audiovisual, El Almacén de la Imagen / Café Literario “La Comarca”, Casa del Joven Creador.
10.45 pm – Descarga con Jóvenes Artistas – Grupo de jazz del Conservatorio “José White” / Balcón de las artes, Casa del Joven Creador.
11.00 pm – Proyección de visuales, Proyecto Play / La terraza, Casa del Joven Creador.

Jueves 27

9.00 am – Sección teórica. “Estrategias narrativas en el cine: narrador y punto de vista en el relato cinematográfico” impartida por Senel Paz / Sala video Nuevo Mundo.
2.00 pm – Muestra audiovisual 25 aniversario de la EICTV / Sala video Nuevo Mundo.
2.30 pm – Conferencia “Búsquedas de fondos para proyectos audiovisuales” impartida
por Yumey Besú productor Muestra Joven ICAIC. / Sala Video Canal 11, Casa del Joven Creador.
3.00 pm – Actividad de extensión audiovisual, Proyecciones en la Escuela de Instructores de Arte “Nicolás Guillen”.
5.00 pm – Debate entre realizadores de obras en concurso: “La animación como forma narrativa” / Café Literario “La Comarca”, Casa del Joven Creador.
7.00 pm – Actividad de extensión audiovisual en las comunidades. Encuentro con realizadores del filme “Habanastation” / Consejo Popular “La Belén” .
8.30 pm – Muestra Audiovisual II. Proyección de obras en concurso / Sala video Nuevo Mundo.
8.30 pm – Pantalla Gigante, Proyección de materiales audiovisuales /Balcón de la artes, Casa del Joven Creador.
8.30 pm – Muestra Audiovisual. Proyección de obras en concurso / Sala Video Canal 11, Casa del Joven Creador.
10.30 pm – Exposición fotográfica“Imagen y semejanza” de Annielsis Pérez Dieppa /
Café Literario, Casa del Joven Creador.
10.30 pm – Descarga con Jóvenes Artistas – Orquesta de Trombones del Conservatorio “José White” / Balcón de la artes, Casa del Joven Creador.
11.00 pm -Proyección de visuales, Proyecto Play / La terraza, Casa del Joven Creador.

Viernes 28

9.00 am – Sección teórica. Encuentro con Ian Padrón y equipo de realización Habanastation / Sala video Nuevo Mundo.
9.00 am – Programa de presentación de proyecto de ficción, “La imagen del Almacén” (Pitching) / Sala Video Canal 11, Casa del Joven Creador.
2.00 pm – Muestra audiovisual 25 aniversario de la EICTV / Sala video Nuevo Mundo.
2.30 pm – Encuentro Productora Audiovisual Trimagen / Sala Video Canal 11, Casa del Joven Creador.
3.00 pm – Actividad de extensión Audiovisual, Proyecciones en la Academia de la artes “Vicentina de la Torre”.
5.00 pm – Debate entre realizadores de obras en concurso: “Un espacio. Dos miradas”
/ Café Literario “La Comarca”, Casa del Joven Creador.
7.00 pm – Actividad de extensión Audiovisual en las comunidades. Encuentro con realizadores del filme “Habanastation” / Reparto Florat.
8.30 pm – Muestra Audiovisual III. Proyección de obras en concurso / Sala video Nuevo Mundo.
8.30 pm – Pantalla Gigante, Proyección de materiales audiovisuales /Balcón de la artes, Casa del Joven Creador.
8.30 pm – Muestra Audiovisual. Proyección de obras en concurso / Sala Video Canal 11, Casa del Joven Creador.
10.30 pm – Descarga con Jóvenes Artistas – Grupo Alas/ Balcón de la artes, Casa del Joven Creador.
11.00 pm – Proyección de visuales, Proyecto Play / La terraza, Casa del Joven Creador.

Sábado 29

9.00 am – Sección teórica. /Sala video Nuevo Mundo.
9.00 am – Programa de presentación de proyecto de ficción, “La imagen del Almacén” (Pitching) / Sala Video Canal 11, Casa del Joven Creador.
2.00 pm – Muestra audiovisual 25 aniversario de la EICTV / Sala video Nuevo Mundo.
2.30 pm – Encuentro con Sergio Acosta y Olga Behar de VJ Movement – Muestra de Video Journalism Movement / Sala Video Canal 11, Casa del Joven Creador.
5.00 pm – Debate entre realizadores de obras en concurso: “El videoperiodismo y la creación audiovisual” / Café Literario “La Comarca”, Casa del Joven Creador.
8.30 pm –Premiaciones. Anuncio del proyecto seleccionado. Concierto “Aceituna si hueso”. Clausura de la Muestra. /Centro Cultural Caribe.

EN MEMORIA DE FIDEL ARANGO DE QUESADA

En “Virgilio Piñera: entre él y yo”, Antón Arrufat nos habla de ese tipo de relación que “Unamuno llamó, empleando un término militar, la estantigua, la hueste antigua, la procesión de los muertos, formada por aquellos que hemos leído, cuya lectura nos ha marcado, y por los difuntos que tratamos en vida y algo significaron para nosotros”.

Acá en Camagüey acaba de morir Fidel Arango de Quesada. Y mientras intento acostumbrarme a esa idea inesperada, llega a mi mente el recuerdo de nuestros primeros encuentros. Lo asocio al momento en que comencé a escribir Radio Imagen, un programa radial de la emisora Cadena Agramonte dedicado a la promoción cinematográfica, y cuyo impulso se lo debo primero a Alejandro Hernández Mora, y luego a Pepe Martínez.

Fidelito ya era toda una institución en el medio. Uno de los mejores editores de sonido que ha podido pasar por allí. Y un locutor cuya voz podía provocar en el oyente las más imprevistas reacciones. Su imagen insobornablemente irreverente (lo más parecido que se pueda recordar en Camagüey a esos hippies que abundaron en los Estados Unidos de los sesenta), era algo que desde muchacho me impresionaba. Yo todavía no conocía de su musicomanía. Tampoco de su gran sentido del humor.

Conservo gratos recuerdos de nuestra colaboración en Radio Imagen. Y creo que no se me va a olvidar, mientras viva, aquella madrugada en que editó el primer programa. En aquel momento mi nula experiencia de escritor para radio no alcanzaba a comprender cuánto de magia hay en ese medio, cuando se pone por delante la voluntad creativa. Fidelito tomó las voces grabadas, y las mezcló con un sinnúmero de efectos y temas musicales (recuerdo que uno de ellos era el tema de amor de Blade Runner). Yo no alcanzaba a reconocer lo que con indiscutible torpeza había escrito en mi debut radial, pues ahora el ritmo era otro, y los mensajes se habían multiplicado gracias a la maestría de Fide.

Volviendo a la relación de estantigua a la que aludía Unamuno en su momento. Fidel Arango de Quesada va a seguir rondándonos durante un largo tiempo. No sólo era un locutor con un sello muy propio. Fue también una persona que, mientras vivió, se empeñó en ser auténtico con sus actos. Y la autenticidad siempre marca, perdura.

Juan Antonio García Borrero

LAS LUCES, BRÓDER, LAS LUCES…

Hay un poema de Sigfredo Ariel que a mí me mata, sobre todo por las poderosas imágenes que me provocan la lectura de sus últimos versos: “Y se borrarán los nombres y las fechas/ y nuestros desatinos/ y quedará la luz, bróder, la luz/ y no otra cosa”.

Solo la poesía, con su particular lenguaje, alcanza a describir con algo de misteriosa nitidez ese caos armónico en que solemos levitar los seres humanos. Desde luego que también en las buenas novelas y películas alcanzo a reconocer, a ratos, este manojo de contradicciones que soy yo mismo. Pero la poesía tiene un algo eficaz, por inefable, que permite reconstruir, casi sin azoro, ese largo camino hacia la luz (como diría García-Espinosa) que en realidad no es otra cosa que la tortuosa Historia de nuestras andanzas en las sombras.
Hablo como ese aprendiz de historiador del cine cubano al que le intriga mucho más el origen intelectual de nuestras obras, que el simple inventario o festejo de lo hecho. No es empresa fácil, desde luego. Me ha tocado nacer y vivir en un país donde los extremos muchas veces se pregonan como virtudes. Y donde la diferencia en los puntos de vistas se suele evaluar como algo personal.

Esta actitud excluyente, empobrecedora de los infinitos matices que contiene toda realidad, será difícil de curar entre nosotros. Lo cual no quiere decir que no hayan existido miradas que, más allá del particular modo de percibir el mundo, intuyen un horizonte común. Estoy pensando justo en otro poeta cubano (Heberto Padilla), a propósito del obituario que escribió en ocasión de la muerte de Tomás Gutiérrez Alea.

Cuando Titón murió se escribieron páginas hermosas, y otras donde se quiso convertir el rencor a los obstáculos que nos pone a todos la existencia, en argumento contra un hombre que siempre huyó de la simplificación, no sólo ideológica. Padilla tuvo ocasión de ser uno de los que hablara desde el resentimiento. Razones para ello tenía. En Cuba fue maltratado en vida, y hasta donde sé, murió sin recibir un desagravio público en su patria.

Y sin embargo, sin dejar de decir lo que pensaba sobre el proceso político del cual se había desencantado desde hacía mucho, optó por finalizar su nota en El Nuevo Herald de este modo:

“Por el recuerdo de que todos estuvimos unidos en un sentimiento de justicia durante un momento más ingenuo de la historia cubana, cuando no eran necesarias las rupturas dolorosas que más tarde nos azotarían; por el recuerdo de cuando éramos Titón o Pepe y lo único que nos inflamaba de entusiasmo era el arte, ajenos por completo a la seducción de la política, escribo estas líneas de despedida al viejo amigo Titón”.

Juan Antonio García Borrero

BLOGUEANDO LA RUTINA

Otras veces he comentado la tremenda impresión que produjo en mí leer el breve diario de John Stuart Mill, y sobre todo esa reflexión que anotó el 8 de enero de 1854, que fue el día en que lo inició:

“Este librito es un experimento. Aparte de cualquier otra cosa que pueda lograr, servirá para ejemplificar, al menos en el caso del autor, qué efecto se produce en la mente cuando uno se obliga a tener por lo menos un pensamiento cada día, que merezca ponerse por escrito. Para este propósito no puede contar como pensamiento el mero especialismo, ya sea de ciencia o de práctica. Tiene que estar referido a la vida, al sentimiento o a la alta especulación metafísica.

Probablemente, lo primero que descubriré en el intento será que, en vez de uno por día, sólo tenga un pensamiento así una vez al mes; y que sean sólo repeticiones de pensamientos tan conocidos de todos, que ponerlos por escrito sólo serviría para revelar la pobreza de la tierra”.

Al principio no tuve conciencia de que un blog podía funcionar también de ese modo. Pensaba en el blog más bien como un vehículo para insertarme en lo público. Un vehículo para decir cosas que de otro modo jamás podría expresar. Hoy, afortunadamente, me he vuelto mucho más modesto en las pretensiones, tal vez porque al fin comprendí que un blog no es más que eso: un compendio de impresiones muy personales. Es decir, algo que jamás tendrá una influencia decisiva en lo que Aron llamaba “el veredicto de la realidad”.

Así que he conseguido incorporarlo con naturalidad a la arquitectura de mi rutina existencial. Y como Mill, intento descubrir “qué efecto se produce en la mente cuando uno se obliga a tener por lo menos un pensamiento cada día, que merezca ponerse por escrito”. Ya son varios los que han percibido que, en verdad, aquí el cine cubano es apenas un pretexto para hablar de la vida, de los sentimientos, de la memoria y el olvido.

Lo paradójico está en que no estoy muy seguro de que este blog existiera de yo vivir en un sitio donde Internet no fuera un lujo, y la velocidad de la conexión una pesadilla. En realidad lo que me estimula a mantener el sitio son las dificultades que hay que vencer cada día. Desde la precariedad técnica hasta la ausencia de voluntad para debatir las ideas que se plantean, sobre todo por los otros.

¿Cómo explicar entonces esta suerte de obsesión por lo inútil? La clave me la ha dado Flaubert en una espléndida sentencia: “La vida sólo es tolerable con una manía, un trabajo cualquiera. En cuanto uno abandona su quimera se muere de tristeza”.

Juan Antonio García Borrero

CONFERENCIA: El DOCU es MENTAL, impartida por Jorge Luis Sánchez

El viernes de la semana siguiente a las 2:00 pm en la Sala Titón del 5to. piso del ICAIC, continúa el ciclo de conferencias que con frecuencia mensual organiza la Oficina de Creación Artística sobre temáticas relacionadas con la realización audiovisual.

La próxima de estas conferencias, destinadas principalmente a estudiantes de carreras artísticas y realizadores jóvenes, será impartida por el cineasta Jorge Luis Sánchez sobre la realización documental bajo el título: El DOCU es MENTAL.

Jorge Luis Sánchez (Director)

Graduado en Pedagogía. Se inicia como cineasta aficionado a los 18 años. Es Fundador de la Federación Nacional de Cine Clubes de Cuba. En 1981 comienza su vínculo profesional con el ICAIC como asistente de cámara, luego Asistente de Dirección, hasta Primer Asistente de Dirección. Ha cursado estudios de dramaturgia, estética e historia del cine. Organizó en 1987 el Taller de Cine y Vídeo de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), espacio donde se da a conocer, en el audiovisual cubano, la llamada generación de los años ochenta. En 1992 fue presidente de esta agrupación. Entre 1990 y 1991 trabajó con Santiago Álvarez en el Noticiero ICAIC Latinoamericano como subdirector artístico. Con sus filmes ha participado en diversos festivales y eventos, tanto nacionales como internacionales. Es fundador de la Muestra Joven y en varias ocasiones la ha presidido. Se ha desempeñado como profesor de cine en el ICAIC y en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio. Artículos suyos sobre la problemática del cine han sido publicados en la Revista Cine Cubano. En 2010 Ediciones ICAIC publica Romper la tensión del arco. Movimiento cubano de cine documental.

Información recibida por correo electrónico.

LA CRÍTICA COMO ARTE LITERARIO

En el fondo, lo que denota el grueso de nuestro ejercicio crítico cinematográfico, es la ausencia de una auténtica teleología analítica. ¿Para quiénes escribimos y por qué?, debería ser la pregunta que con más frecuencia nos hiciéramos.

Sin embargo, a veces me asalta la impresión de que nuestras críticas de cine, a diferencia de las literarias, las de artes plásticas o incluso las de teatro, se pretenden ellas mismas simples ejercicios del momento, crónicas para ser leídas por nuestros vecinos de tiempo y espacio, pero nunca pensadas con la secreta aspiración de formar parte alguna vez de la exigente “República de las letras”, un ingreso para el que se requiere sobre todo sensibilidad ante el idioma, creatividad con el lenguaje y agudeza en la reflexión, no para ganar adeptos sino para movilizar así sea fuerzas encontradas a su derredor.

Guillermo Cabrera Infante, luego de varios años de ejercicio fecundo en la analítica cinematográfica, ha podido inquietarnos con una reflexión seductora por sugerente: para el autor del ya mítico Un oficio del siglo XX, en realidad la crítica de cine no existe; lo que existe es un grupo de escritores que escriben sobre cine.

Esta idea conduce a otra, pues me hace pensar que la efectividad de nuestros escritos estará entonces directamente vinculada a la eficacia literaria de ellos: no bastará sólo el concepto, el juicio brillante pero expuesto con desaliño; tan necesario como el qué digo es el cómo lo digo, y aquí se tendrían que tener en cuenta aquellas lecciones que van desde un Alfonso Reyes (por cierto, probable pionero de la crítica cinematográfica en español, a deducir por los escritos firmados junto a Martín Luis Guzmán, con el seudónimo de Fósforo en el Madrid de 1915) hasta Alejo Carpentier, que hizo de sus comentarios en torno al séptimo arte, otra expresión de su arte literario.

Juan Antonio García Borrero

DOLLY BACK (1986), de Juan Carlos Tabío

Este post pudiera ser la segunda parte de aquel que publiqué en el blog con el título de “Esa escandalosa mentira que es la realidad”. Digamos que entonces, a propósito de la revisión de Dolly Back, se me quedaron en la cabeza algunas inquietudes relacionadas con la propuesta que Juan Carlos Tabío hace en el corto. Inquietudes relacionadas, en este caso, con la parte formal.

La tesis de la película parece resumida en lo que el personaje que interpreta Frank González (el director ficticio del filme dentro del filme) confiesa al final a su entrevistadora: “Esta película pretende que el espectador reflexione acerca de los engañosas que pueden resultar las apariencias. La película, el filme, trata de demostrar cómo cualquier juicio superficial, cualquier visión esquemática de la realidad conduce a un fracaso, a un escache, vaya”.

Sin embargo, aunque lo conceptual tiene aquí una indiscutible importancia, es lo formal (la manera en que se ha escogido narrar esa historia) lo que en el fondo estimula el interés. Se trata de un ejercicio de “cine dentro del cine”, donde es ese movimiento de la cámara que conocemos por dolly back lo que va diseñando nuestro horizonte de expectativas.

El cine producido por el ICAIC hasta ese momento más bien se había caracterizado por el anti convencionalismo. Lo cual no está mal, si se toma en cuenta aquella reflexión de Emerson: “¿Por qué, estando como estamos rodeados por esta Naturaleza que todo lo crea, suave y fluida como una nube o como el aire, hemos de ser unos pedantes tan obstinados y ensalzar unas pocas formas? ¿Por qué hemos de dar cuenta del tiempo, o de la magnitud o de la forma?”

De los cineastas cubanos, Tabío ha sido uno de los que más ha combatido ese empobrecimiento expresivo. En sus películas, que suelen ser “realistas”, podemos encontrar una y otra vez acciones imprevistas que buscan arruinar la identificación pasiva del espectador con aquello que le están contando. Como si de repente el mago le describiera a su público cómo es que consigue asombrar a todos con sus trucos.

Pero no se trata de una experimentación a secas. Tabío apela todo el tiempo al humor. Y puede decirse que, en este sentido, ni siquiera se toma demasiado en serio su particular cruzada contra la solemnidad que otros han tratado de imprimirles a sus estilos. Tabío es, definitivamente, un maestro del choteo ilustrado.

Juan Antonio García Borrero