Archivos diarios: agosto 26, 2011

OTRA PAUSA

La próxima semana no estaré por acá, así que el sitio recesará durante ese tiempo. Nos vemos al regreso.

JAGB

LA “COCOONIZACIÓN” DEL CINE EN CUBA

La tendencia parece imparable, tal como lo había vaticinado en los noventa la consultora de marketing Faith Popcorn, al detectar que en lo adelante habría una propensión a refugiarse en casa, y desde allí, ordenar compras, fomentar el mercado electrónico, o el empleo a distancia. Llamó cooconing a esa tendencia, porque nada mejor que la imagen de un capullo para sugerir ese repliegue al ámbito protector de lo doméstico.

En Cuba todavía está lejos de vivirse el apogeo de esa mercadotecnia electrónica desde lo privado, y sin embargo, ya el consumo del audiovisual nos está mostrando de una manera bastante explícita cómo podría comportarse en un futuro esta modalidad. Basta examinar la popularidad cada vez más creciente de esa práctica a través de la cual se alquilan “paquetes” de programas televisivos y filmes para disfrutar  “en familia”; por lo general, en esos paquetes suelen encontrarse los estrenos más novedosos de Hollywood, y por supuesto, los del cine cubano, ya sea producidos por el ICAIC o de modo independiente a esta institución, incluso más allá de la isla.

Ante un fenómeno así, cabría preguntarse: ¿desaparecerán las salas de cine ante el empuje vertiginoso de esas tecnologías que tienden a privatizar un placer (el placer de ver un filme) que antes era colectivo? Es una buena pregunta que merece no una buena respuesta, sino una buena investigación. Para empezar, tendríamos que estudiar con seriedad hasta qué punto el espectador cubano promedio ha visto afectado su horizonte de expectativas con estos cambios tecnológicos.

Ya en lo personal, no creo que desaparezcan esas salas públicas (como no desaparecerán los estadios a pesar de la calidad de las transmisiones televisivas), pero sí pienso que no se debe insistir en recuperar los cines “tal como eran antes” sin tener argumentos mínimos que nos indiquen qué es lo que espera el espectador moderno. Pero ese estudio del receptor contemporáneo sigue siendo una asignatura pendiente en nuestro país.

Juan Antonio García Borrero

 

GUSTAVO ARCOS SOBRE LA COCOONIZACIÓN DEL CINE EN CUBA

Juany:

Muy oportuno tu comentario sobre esa tendencia que se viene produciendo en nuestro país a consumir (y disfrutar) en privado, obras audiovisuales de las más disímiles naturalezas. No hace ni dos meses que en un espacio que organizamos en la UNEAC habanera, discutimos estas nuevas prácticas de consumo. Allí estaban representantes de dos centros: el Juan Marinello y el de Investigaciones de la TV cubana, quienes en fechas relativamente recientes, habían realizado encuestas y pesquisas sobre el comportamiento del consumo en la población cubana. Fueron muy reveladores estos datos y aunque se circunscribían a una población radicada en la capital, recuerdo que por ejemplo solo el 4,6% de los encuestados escogía al cine como lugar donde pasar el tiempo libre, muy por debajo de otras actividades como ver TV, escuchar música, dormir, pasear, charlar con amigos o leer.

En Ciudad de la Habana se ha producido un extraordinario crecimiento en el otorgamiento de las licencias para ejercer como vendedores de discos, con filmes, programas de entretenimiento, novelas y videojuegos. Lo curioso es que estos nuevos “oficios”, que a todas luces se ejercen gracias a la piratería de los materiales, están amparados por el Estado, al otorgarles “patentes de corso” para esta función a los que la ejercen. A algunos de estos cuentapropistas no les interesa la calidad de los filmes o productos que ofrecen, sino la venta pura y neta. En tal sentido se viene imponiendo el concepto cultural (¿?) del Combo. Una actual interpretación del viejo lema: Hacer más con menos. Reconvertido ahora por muchos de estos vendedores “del placer visual” quienes ofrecen comprimidas, varias películas en un solo disco DVD, afectando notablemente su calidad, imagen y sonido. Ofertas de combos con 5 películas de Van Damme, Stallone o Diesel, pueden ser las de mayor demanda. Como son de alta aceptación los shows mexicanos o miamenses donde las personas se insultan y golpean unas a otras en el estudio.

Como el ensayo de Eco, tenemos apocalípticos e integrados. Los que ven estas nuevas opciones como un fenómeno diabólico y aún más embrutecedor y los que lo ven con esperanza en tanto, nos hacen ciudadanos intelectualmente más libres y es que la OPCION, la posibilidad de escoger entre múltiples ofertas, no ha sido desde hace tiempo el punto fuerte de los cubanos. El asunto es que da igual cómo lo mires porque no por ello dejará de impactar en nuestras vidas. Es algo que llegó para quedarse. Entonces, ¿cómo dialogamos con esta realidad? ¿Cómo las instituciones, los que controlan los medios masivos y los que diseñan las políticas culturales pueden interactuar con tales circunstancias? No me parece que éstas tengan claro, cuál es aquí su papel. Creo que por el momento, se ven desbordadas ante tal impacto tecnológico.

Las nuevas tecnologías diversifican ineludiblemente estas prácticas. También nos colocan ante un nuevo reto cultural. Ya no tenemos solamente que “disfrutar” de las imágenes, o conocer la versión del mundo y las cosas que nos daba Papá Estado. Ahora las oportunidades de entretenimiento y conocimiento se han ampliado para todos en el país y aunque sigue siendo la televisión y su programación habitual la fuente principal de información y placer que utilizan los cubanos, cada vez los soportes y materiales alternativos ganan mayor protagonismo en nuestras vidas. Ese cambio, operado gracias a las tecnologías, implica una nueva revolución cultural, cuyo impacto social no ha sido aún calculado.

¿Por qué cada vez nuestros espectadores concurren menos a las salas o ven menos nuestra tv? Es que el cine ha dejado de ser para millones de cubanos una opción real, un espectáculo, un espacio ideal para las relaciones sociales, o una experiencia colectiva de disfrute sensorial. Encaminados al disfrute individual, o a la conformación de nuevas comunidades virtuales reunidas por la afición hacia un tipo de cine u obra, el filme a toda pantalla ha dejado de ser atractivo para las nuevas generaciones de cubanos, que han crecido viendo las películas en sus videos caseros, la televisión o las computadoras. Eso ha generado un nuevo espectador, al que por cierto, no parece importarle mucho la calidad artística o técnica de una obra, sino el ansia de ver, disfrutar y poseer. Una suerte de fiebre por ver “lo último”,  o quizás lo que siempre les fue denegado y denostado: los programas de Miami, los concursos, las novelas rosas y los shows humorísticos- musicales.

De esto pudiéramos hablar largo rato. Es un extraño fenómeno de consumo y distribución alternativa que al mismo tiempo resulta paradójico cuando se nos ha dicho durante décadas que somos el país más culto del mundo. Un país que cada vez en mayor medida consume con voracidad los espectáculos más mediocres del planeta. Entonces el análisis adquiere otra dimensión. ¿Saturación del mensaje en nuestros medios? ¿Necesidad de evasión hacia otra realidad? ¿Conocer lo prohibido? ¿Curiosidad? ¿Placer por placer? ¿Retórica y falta de rigor artístico en nuestros medios? ¿Exceso de didactismo en nuestras programaciones? Y por cierto, ¿dónde están las alternativas audiovisuales generadas por las instituciones? Me refiero a opciones que logren competir y satisfacer esta demanda. ¿Dónde están las tiendas de video? ¿Dónde pueden adquirirse películas cubanas? ¿Dónde hay un mercado regular y coherente para los productos audiovisuales del país? ¿Dónde pueden los interesados adquirir filmes de culto, de realizadores relevantes, cine de género o experimentales? ¿Dónde están las tiendas de videojuegos, canciones infantiles, programas juveniles, animados, científicos o de corte histórico? ¿Cuándo la Tv nacional dejará de mirarse el ombligo y comenzará a pensar en el público? ¿Por qué nuestras series, programas de entretenimiento, policiacos y musicales o informativos suelen ser tan anticuados y aburridos? ¿Por qué no pueden los cubanos disfrutar en nuestra Tv de los grandes torneos deportivos de disciplinas como el beisbol o el baloncesto de gran arraigo popular?

Volviendo al cine, es raro encontrar  filmes en 35 mm. ¡Hasta en los Festivales o Semanas de cine las películas llegan en soportes DVD! Las salas en la capital han tenido que cerrarse por decenas y muchas de las que funcionan no tienen la más mínima calidad técnica, faltan lunetas, aire acondicionado y la higiene en los baños y pasillos deja que desear. El cine de barrio desapareció y los otrora cines grandes y de lujo para los estrenos, ofrecen pálidas exhibiciones que alternan su programación con conciertos de música popular bailable o partidos de futbol internacionales para los cuales, por cierto tienen colas espectaculares. Las recaudaciones por concepto de entrada en taquilla son irrisorias y muchas veces las funciones se suspenden por falta de espectadores. ¡Hasta la sala del Chaplin, la mejor del país, se ha visto amenazada con el cierre! ¿Por qué la experiencia de las multisalas, que salvó a gran parte de los exhibidores de todo el planeta, no se ha extendido a otros sitios de la ciudad o el país?

No solo es un problema que ha venido acumulándose, deteriorando estos locales, su razón de ser y su función cultural, sino que tal descalabro ha impactado en el gusto del público, su cultura y también su comportamiento cívico. Espectadores que gritan o hablan en las salas, que corren por ellas o tiran objetos al escenario. Rechiflas, carcajadas, burlas a situaciones que viven los personajes en la pantalla y otros lamentables comportamientos pueden observarse frecuentemente en nuestros locales de exhibición. No hay apenas promoción de filmes, ni carteles, ni anuncios en las marquesinas, o la entrada, en fin que el desastre se esparce por todas las esferas, relacionadas con el espectáculo cinematográfico.

Para todas estas cuestiones parece existir una justificación, una razón superior, un criterio “lógico”. No es cuestión aquí, de señalar con el dedo a los responsables de tal retroceso cultural, puesto que de ese asunto hay mucha tela o cabezas que cortar, pero lo que viene ocurriendo desde hace más de una década con las salas de cine, la educación de nuestro pueblo y la exhibición, resulta una vergüenza. Por eso aplaudo una obra como Habanastation que ha vuelto a reconciliar el público con las salas. ¿Cuestión de suerte? ¿Será la luz al final del túnel?

Un saludo desde La Habana

Gustavo Arcos

 

ABELARDO MENA O EL CINE ES PARA LLEVAR A LAS NOVIAS

Pese a su objetividad, el aporte de Gustavo parece inclinarse más- desde sus acentos- hacia la versión apocalíptica” del fenómeno.

Debemos levantar la mirada por encima del Malecón, y otear la situación del cine en el mundo. Del cine como espacio social. Revisemos las estadísticas en España o EEUU, y veremos resultados semejantes. La caída en la asistencia de los espectadores al cine, y el aumento en el visionaje privado de los mismos materiales. Lo mismo sucede con la venta de música en CD, contra el aumento de la presencia de la música en streaming.

¿Es que acaso alguien puede competir, por ejemplo, contra la oferta de cine de todo el mundo que ofrece Netflix por solo 8 usd al mes, en la pantalla de tu monitor? Y que incluye filmes cubanos, y en buena cantidad…..

Solo Hollywood, y probablemente Bollywood, logran maniobrar frente a esta situación, recurriendo al estreno de megaproducciones que incluso así, solo alcanzan a evitar los números “rojos”.

Lo que nuestra población está haciendo es aprovechar el potencial democratizador de los medios digitales. Una vez más, adelantándose a la imprescindible creación de empresas estatales de distribución audiovisual que -soportadas en el famoso cable desde Venezuela- podrían ofrecer el cine más valioso, de ahora y de la historia del cine, pagando las licencias correspondientes. Si nadie cubre esta demanda, siempre habrá un emprendedor que lo haga. Benditos sean, ¡no tenemos derecho a esperar!

Respecto a los distribuidores privados de series, filmes, etc, por favor, no los demonicemos. Sus gustos son tan variados como diversos son los espectadores. El “mío”, por ejemplo, solo distribuye series de TV de gran calidad, esas mismas que desde HBO han sacudido el carácter elitista del cine de autor en 35 mm. Ahora mismo disfruto “Cuéntame como fue”, serie española sobre la España de Franco y la transición. ¿Es que alguien en su sano juicio va a sintonizar la producción nacional de dramatizados frente a la calidad de estas series?

Otro tema es la situación de los cines en Cuba. Hay que refuncionalizarlos, convertirlos ya sea en multisalas o en otros espacios de interacción comunitaria (cine-teatro-restaurant) con participación sustentable de capital estatal y/o privado. Creo que la asistencia popular a las salas durante el festival de cine latinoamericano muestra que la cultura cinematográfica del cubano permanece imbatible, pese a todo. Reencontrar este público con sus cines será fruto de una intensa labor de promoción. Una que recupere esa maravillosa costumbre que, cada sábado de pase de la beca, practicábamos en la adolescencia: el cine es para llevar a las novias.

pd: ¿Y Camagüey, ya recuperó el cine?

Sin más,

 

Abelardo Mena

 

JORGE PUCHEUX SOBRE EL CINE EN LOS TIEMPOS DEL AUDIOVISUAL

Hola Juany, Uds siempre tan acertados en sus comentarios y Post. Muy interesante este tema que no solo es cubano el asunto, que lo es también mundial. Un tips de  acá. Los cines como tales se han convertido en estacionamientos para autos, sobre todo los que estaban en el Centro de la ciudad. Luego aparecieron las salas de videos, de ahí se pasó a las salas de videos multiculturales, ya sabes, exposiciones de pinturas, fotos, pláticas, Talleres, café, teatro, etc, de ahí aparecieron los cine múltiples, con tecnologías en 3D y sonido  más allá de lo real¡¡¡, Butacones de primer mundo, casi sofás, estos son los que han triunfado, solo que se encuentran dentro los famosos Moles de tiendas, cafeterías, juegos para niños, salas de juegos en general, heladerías, Bares, Discotecas. Solo así han permanecido la gente asistiendo al CINE, para luego pasear por todos el Mol, saludar amigos, dejarse ver sus mejores ropas, etc.

Pero, últimamente, muchos jóvenes han vuelto al pequeño salón de cafetería- heladería- exposiciones-teatro y cine. En estos lugares se dan encuentros con los realizadores, gentes de los medios, pintores, conversatorios de cine. Se realizan muestras de cine universitario o de Escuelas de Cine, Festivales internacionales, muestras rodantes de lo mejor de los Festivales Nacionales y extranjeros. Son lugares pequeños pero con muy buen gusto, bien diseñados,  y agradables, donde te tomas un café, un helado y escuchas una conferencia sobre tal película o se debaten también, y qué decir del Internet. Salitas para estos fines. Yo ya me ido acomodando a estos eventos. Me agradan y me siento útil, pues hasta colaboro. Y sí pienso que es hora de comenzar a pensar en todo esto.

Es indiscutible que se viene encima como un tornado. Y mira que sí, que lo sacude  todo, ya verán.

Un abrazote y sigan adelante,

Jorge Pucheux (desde México)