SUMBE (2011), de Eduardo Moya

Sumbe: Ed Wood resucita en Cuba

Por: Antonio Enrique González Rojas

Tras una desafortunada incursión en seriados telenovelescos cubanos,  que marcaron deplorablemente la faz televisiva criolla durante el primer lustro de los 2000, borrando, por mucho, el buen sabor dejado por su serie bélica Algo más que soñar, de mediados de los 1980; Eduardo Moya, decidió al parecer optar por el protagonismo en los extremos inferiores de las listas de directores cinematográficos cubanos, cual Ed Wood (Glen o Glenda, Bride of the Monster, Plan 9 from Outer Space) o Uwe Boll (Alone in the dark, BloodRayne, 1968, Tunnel Rats, todas nominadas a los Razzies) criollo, con menos del ingenuo encanto del primero y más del grosero despilfarro de recursos del segundo. Tras par de décadas alejado del tema guerrero, su primera cinta oficial (ya que Algo más… fue realizada en 35 mm, con estética fílmica), Sumbe (2011) coadyuva con mucho al propósito de convertirse en un cineasta de culto, de tan malo que es.

Esta suerte de tercera pieza que completa el (hasta ahora) tríptico angolano de nuestro cine, precedida por Caravana y Kangamba (Rogelio Paris, 1990 y 2008), precipita abruptamente la calidad de éste, ya resentido significativamente en la segunda cinta de Paris, donde sólo la dirección de arte y las escenas de combate salvan el decoro de un famélico guión, pletórico de meros esbozos de personajes, débilmente sostenidos por diminutas conflictualidades y pésimos matices caracterológicos, sacrificada toda humanidad, filosofía y antibelicismo, legadas al patrimonio cinematográfico por cintas como All Quiet on the Western Front (Lewis Milestone, 1930), Path of Glory, Full Metal Jacket (Stanley Kubrick, 1957 y 1987) Apocalipsis Now (Francis Ford Coppola, 1979), Platoon (Oliver Stone, 1986), The Thin Red Line (Terrence Malick, 1998), Líbano (Samuel Maoz, 2009) y Redacted (Brian De Palma, 2007), a la narración epopeyista de los acontecimientos, carente de tesis, concomitando más con Sands of Iwo Jima (Allan Dwan, 1949), A Bridge Too Far (Richard Attenborugh, 1977), Pearl Harbor (Michael Bay, 2001), Black Hawk Down (Ridley Scott, 2002), Cuando éramos soldados (Randall Wallace, 2002), Tears of the Sun (Antoine Fuqua, 2003), prevaleciendo la exaltación patriótica sobre percepciones más complejas.

De este último apartado se alejaron un tanto la serie Algo más… y Caravana, de coherente concepción de personajes, acertadas direcciones actorales, sin tampoco indagar más allá en los demonios que la guerra libera sobre los hombres. Mas la cuestión en el cine, es ser o no ser verosímil, sin que valga nunca ser verídico.  Kangamba y Sumbe (basadas ambas en acontecimientos reales) liman cualquier aspereza atractiva en los personajes, y cuentan,…mal, sobre todo la entrega de Moya, todo un dechado de trompicones, yerros, torpezas e ingenuidades, donde el ligero mérito se lo llevan las explosiones de intenso tono flamígero.

Fuera de esto, el filme sigue el ABC sentado por su predecesora: asedio de un grupo de cubanos en Angola por la UNITAde Sabimbi, sean soldados o civiles, quienes resisten heroicamente (nadie niega que haya sido así en realidad), seguido por la subsiguiente asistencia de la aviación y los helicópteros,  que provoca la precipitada fuga de los crueles enemigos, alternada con acciones heroicas de cubanos. Moya lleva esto a extremos de torpeza en la dirección de actores y extras: burdas actuaciones de todos los personajes y un extra mira hacia la cámara en primer plano, durante las escenas iniciales; en el montaje: las escenas de personas corriendo de una lado para otro aburren; la dirección de arte, que permitió que varios jefes militares de ambos bandos utilicen el mismo tipo de mapa para trazar estrategias, los uniformes lucen demasiado nuevos y a nadie le brota sangre de las heridas cuando les impactan las balas; en la dirección musical, la cual injerta incoherentemente dos temas de Silvio Rodríguez: Te amaré, y La Era, este último, engarzado con un torpe parlamento machista de Fernando Echevarría, sobre la necesidad de proteger a las mujeres porque paren hijos… y como La Era habla de parir (un metafórico corazón), pues verde con pinchos, es guanábana.

Consigue entonces Eduardo Moya articular uno de los bodrios fílmicos cubanos más estrepitosos de los últimos años, cuya descualificación puede extenderse más allá del resultado meramente creativo, deviniendo peligroso contrasentido respecto a los mensajes extra-artísticos pretendidos por la cinta.

Publicado el agosto 19, 2011 en GUIA CRITICA DEL CINE CUBANO. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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