LICHI

No alcancé a disfrutar de ese sentido del humor que dicen era fabuloso en él. Lo he leído poco, pues luego que publicara “Informe contra mí mismo” su nombre se hizo entre nosotros fantasmal, y sus libros, intangibles. Pero si algo me engancha aún de esa prosa que ha llegado a mí (un buen escritor tiene la ventaja de ser invocado todo el tiempo en presente, aún cuando falte en lo físico), de sus maneras de decir las cosas, es su vocación a exorcizar los resentimientos, y priorizar la búsqueda de una reconciliación con los otros, y consigo mismo.

No es fácil mantener esa voluntad fraternal en un contexto tan polarizado como el cubano. Eliseo Alberto, mejor conocido por Lichi, fue valiente asumiendo una postura que en modo alguno es mayoritaria en la nación. Porque integrarse a los grupos que confrontan entre sí siempre reportará mucho más seguridad que defender nuestras dosis de verdades desde el individuo frágil y aislado que somos.

Este mismo año un amigo común me hizo llegar su dirección electrónica, pues tenía interés en que me hablara de su amistad con Titón, de los proyectos en los cuales trabajaron juntos. Yo ni siquiera conocía de sus problemas de salud, y hasta temí que siendo un escritor “famoso” nunca me respondiera. Pero allí está ese breve correo que me envió:

“Juan Antonio: cuenta conmigo para lo que necesites. Por Titón, todo. Podemos seguir comunicándonos por acá. Un abrazo.

Eliseo

Manda cuestionario, lo que quieras”.

Ahora ya no podré preguntarle sobre el inicio de esa amistad creativa relacionada con el cine, que tuvo su primer crédito público con “Cartas del parque”, cinta dirigida por TGA en 1988, basada en un guión de Eliseo Alberto, Gabriel García Márquez, y el propio Titón. Antes, ambos habían presentado al ICAIC un argumento titulado “Contra su voluntad”, que no sería filmado por Alea hasta 1995 con el título de “Guantanamera”. Asimismo el cortometraje “Contigo en la distancia” (1991), cuyo guión otra vez Lichi concibió junto a García Márquez. También llegaron a trabajar en dos argumentos más, aunque no rodados: “Homo sapiens” y “Otra tumba para Leroy”.

Pero más allá de la afinidad hacia un oficio, sospecho que había aquí una verdadera comunión de afectos, una profunda complicidad espiritual, ya que en Titón y Lichi la postura cívica, la inconformidad con lo que la cotidianidad nos propone de modo autoritario como el orden natural, iba por delante de las meras representaciones artísticas.

A los dos les interesaba asomarse a ese abismo voraginoso que es la condición humana. No en balde los personajes de sus respectivas tramas suelen ser individuos zarandeados por las circunstancias colectivas, por el absurdo de la coexistencia, y no en balde (como ellos mismos lograron), consiguen ingresar a esa otra dimensión de la realidad donde la finitud encarnada en la muerte ya no es posible, porque se han ganado la memoria del espíritu, que como sabemos, nos sobrevive cuando ostenta finesa.

Juan Antonio García Borrero

PD: A raíz de la muerte de Lichi he leído muchísimos obituarios en la red, pero en lo personal recomendaría la lectura de los escritos por Reynaldo González y Rafael Rojas.

Publicado el agosto 11, 2011 en CINEASTAS EN LA DIÁSPORA. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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