ESLINDA NÚÑEZ

Nuestros directores de fotografía no nos han explicado todavía, como se debiera, de qué manera han trabajado en nuestro cine la fotogenia. Para Néstor Almendros, por ejemplo, el hecho de saber iluminar un rostro exigía más arte que retratar imponentes paisajes. Y allí nos han quedado los memorables fotogramas donde aparece deslumbrante Meryl Streep en “La decisión de Sophie”.

Lo de la fotogenia (que es un término que acuñó en su momento Louis Delluc para distinguirla de la fotografía) es algo muy difícil de explicar. No necesariamente aquellas personas que son naturalmente hermosas quedan bien ante una cámara. Y viceversa. En lo fotogénico hay más misterio que explicaciones racionales. Yo creo que tiene que ver más con eso inefable que conocemos por persistencia retiniana, que con lo que podríamos estar mirando con fijeza, y que a la larga pierde su encanto por evidente.

En mi caso, tengo varios planos de actrices cubanas que se han empeñado en persistir en mi retina, debido al fijador fotogénico de esas iluminaciones. Mencionaré apenas algunas: Mirtha Ibarra en “Hasta cierto punto”, Daisy Granados en “Retrato de Teresa”, Isabel Santos en “Se permuta” y “Clandestinos”, Luisa María Jiménez en “Barrio Cuba”, Adela Legrá en “Manuela”, Broselianda Hernández en “La anunciación”, Alina Rodríguez en “María Antonia”, María Isabel Díaz en “Una novia para David”, Beatriz Valdés en “La Bella de Alhambra”.

¿Qué es lo que permite que esos rostros perduren en nuestras memorias?, ¿qué se hagan casi tangibles en medio de tantas cosas sólidas que de repente se evaporan, y olvidamos que han existido al instante? Algo de esto me gustaría preguntarle a Eslinda Núñez, a quien acaban de adjudicar el Premio Nacional de Cine por sus indiscutibles cualidades histriónicas, pero que tiene a su favor también ser una de las actrices más fotogénicas de nuestro cine.

Sé que tendría que tener cuidado con esto que afirmo, toda vez que la desconfianza feminista pudiera ver en mi observación otra variante de la fetichizacion que ha hecho la mirada falocéntrica de la hembra. Correré el riesgo. En un cine como el nuestro, donde el exceso de épica no exactamente cotidiana, sino impregnada de trascendencia sudorosa, se ha extraviado tantas veces el sentido de lo sutil erótico, podemos entender mejor aquello que aseguraba de la Serna: “Una oruga subiendo por las nalgas de una estatua la dota de sexo”.

Directores como Humberto Solás, Gutiérrez Alea, Manuel Herrera, Tomás Piard, o Nelson Rodríguez (quien asumió ese rol en “Amada”), entre otros, han sabido explotar ese filón fotogénico que hay en una actriz como Eslinda Núñez. Y como espectadores nunca terminaremos de agradecer esa invitación que ellos nos han hecho a contemplar la nación, también desde lo más íntimo. O desde la fotogenia misteriosa, que siempre perdurará más que la burda y efímera belleza de moda.

Juan Antonio García Borrero

Anuncios

Publicado el junio 2, 2011 en LA MUJER EN EL CINE CUBANO. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Alejandro Gonzalez

    Eslinda Nuñez….profesionalismo,belleza y Mujer…..Grande! De mis preferidas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: